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Alejandro G. Iñárritu: ‘Hacer ‘Bardo’ ha sido una catarsis y puede ser irritante para mucha gente’

Autor: Astrid Meseguer

Después de que cineastas como Alfonso Cuarón, Paolo Sorrentino, Almodóvar o el propio Spielberg -estrena The Fabelmans este diciembre- hayan sentido la necesidad de bucear en sus propio pasado para darle forma de película, Alejando G. Iñárritu (Ciudad de México, 1963) ha hecho lo propio ahora con Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, su obra más personal que recala en la sección Perlak del Festival de San Sebastián, donde hoy tiene su proyección oficial en el teatro Victoria Eugenia.

El realizador  mexicano, ganador de cuatro premios Oscar, llevaba siete años sin hacer un filme tras El renacido y con Bardo lleva de la mano al espectador por un viaje repleto de nostalgia, surrealismo y comedia en el que su álter ego Silverio Gama, un reconocido periodista y documentalista mexicano interpretado por un magnífico Daniel Giménez Cacho, transita por diversos aspectos emocionales de la vida de Iñárritu en una puesta en escena exuberante en la que no faltan las referencias a México, la paternidad, el miedo, la pérdida de un hijo, la violencia o la sensación de sentirse extranjero cada vez que viaja a Estados Unidos, país en el que reside desde hace dos décadas. 

Giménez Cacho es el alter ego de Iñárritu en la película

Giménez Cacho es el alter ego de Iñárritu en la película

Netflix

Tras dar la mano a su interlocutor, un Iñárritu vestido completamente de negro, se sienta en el sillón y responde con generosidad a las preguntas de un grupo de periodistas, entre ellos La Vanguardia. Si en el pase de la película en Venecia los espectadores vieron los 174 minutos que dura el metraje, para San Sebastián el cineasta ha decidido recortar 22 minutos. “Terminé la película dos días antes de ir a Venecia y como fui el editor nunca tuve la oportunidad de verla con gente, amigos y colaboradores. Ciertos efectos visuales me pusieron contra la pared y me di cuenta inmediatamente que podía trabajar en el ritmo interno de algunas escenas. La película está intacta, es la misma. Lo que hice fue atender y entrar con capacidad de síntesis más audaz a los mismos temas de una forma más rápida. De hecho hay una escena más que no estaba en Venecia y removí cosas. Musicalmente también hice algunas mezclas y al final ha acabado más delgada y me siento muy satisfecho porque para mi una película no la acabas hasta que te la quitan. Es un proceso indefinido”. 

Hacer una película a veces es inútil y soñar es inútil. La nostalgia es una trampa

Para el director de Babel, hacer esta historia ha sido “un proceso catártico y necesario. Creo que incluso puede hasta irritar a muchas personas. Abrir la bodega es inútil, hacer una película a veces es inútil y soñar es inútil. La nostalgia es una trampa. Tenía la necesidad de poner las cosas en orden a mi edad, después de estar 21 años fuera de mi país. Todo lo que eso implica, todo el costo de ese estado mental y la sensación de desplazamiento han llenado muchas de mis reflexiones, mis miedos, decisiones y cuestionamientos. Quise poner todo eso en orden y compartir con el corazón, la vulnerabilidad, la fragilidad y el riesgo, porque hay mucho riesgo cuando haces una película así, no hay recetas, mi mirada  y mis incertidumbres, que es la sustancia de esta película. También ha sido un proceso catártico para mi familia”.

Iñárritu presenta en la sección Perlak su nueva película

Iñárritu presenta en la sección Perlak su nueva película

EFE/Javier Etxezarreta

 Ese largo tiempo fuera de México ha generado una profunda nostalgia en Iñárritu. “Es la frontera donde está situada la película, por eso se llama Bardo, porque no es solo la frontera geográfica donde nos encontramos. Aunque vuelvas ya no puedes volver, te encuentras en una situación donde la identidad está fracturada, mi patria y mi familia. Como millones de personas que viven esta cultura híbrida, sí hay una sensación de desasosiego que es muy difícil de converger si no la has vivido”. 

El director se refiera a la escena del aeropuerto en la que un empleado le dice que no puede considerar EE.UU. su hogar cuando le pide la razón de su viaje. “Es una escena literal y que me ha pasado muchas veces. Podría hacer una película de todas las cosas que me han pasado en la frontera, en donde la persona que te niega la entrada tiene origen latino. Muchas veces la integración exige desintegración para poder reinventarte”. Y añade: “Hemos vivido millones de cosas complejas y no es una queja, es parte de esa desintegración-integración donde un papelito puede quitarte la identidad y decirte que no eres nada ni nadie, cabrón”. 

Aunque regreses a tu país ya no hay vuelta atrás. Te encuentras en una situación donde la identidad está fracturada

Mientras la crítica de Venecia, que no ha sido muy positiva con el filme, vinculó Bardo como el 8 y medio de Fellini, Iñárritu ha preferido remitirse a escritores como Borges o Cortázar. “Hay mucho desconocimiento, sobre todo anglosajón. A mi nadie me ha hablado en Los Ángeles de Octavio Paz, nadie lo conoce. Me hablan del jardinero…lo que quiero decir es que tenemos una cultura propia con un imaginario muy poderoso, milenario, y la literatura, desde García Márquez, me ha influenciado mucho”. 

“Para poder utilizar ese imaginario del tiempo, de las narrativas, desde Amores perros o 21 gramos, tenemos una forma de ver las cosas. La referencia musical no es de Nino Rota, como han dicho, sino de bandas mexicanas de Guajaca. Tampoco puedo pedir que toda la gente vea toda la cantidad de lecturas de la película, porque me pertenece a mí y a mi país. Fellini es uno de los grandes directores de cine, pero hay más de Buñuel en Bardo que de Fellini. Y está bien que la gente reaccione en contra de una película, pero que hablen de ella y si hay una película que gusta a todo el mundo es muy sospechosa. La indiferencia para mi es el peor castigo”. 

No puedo pedir que la gente vea toda la cantidad de lecturas de la película, porque me pertenece a mí y a mi país

La mayor parte del filme está rodado en gran angular, una técnica que al realizador le gusta “para envolver al personaje en el contexto de la ciudad. No quería reafirmar las convenciones sino romperlas. Me parecía interesante ir de lo íntimo a lo épico y que todo el tiempo los objetos de Silverio, su departamento y la ciudad lo envolvieran”. Bardo, una producción de Netflix, llegará a las salas de cine el 4 de noviembre y estará disponible en la plataforma a partir del 16 de diciembre.

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