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California pide a los trabajadores médicos positivos de COVID que sigan laborando

Autor: Hayley Smith

Esperas de un día en la sala de urgencias, sin nadie que responda a los teléfonos, tampoco quien saque la basura. Y cada día llegan más pacientes.

Esa es la escena que se está produciendo en algunos hospitales del sur de California, luego de que la oleada de COVID-19, provocada por Ómicron, ha ocasionado escasez de médicos, enfermeras y otros trabajadores sanitarios. Aunque Ómicron está causando un número significativamente menor de enfermedades graves que la oleada invernal del año pasado, la cantidad sin precedentes de personas infectadas ha colocado la infraestructura médica al límite.

Las autoridades estatales están intentando solucionar la escasez de personal en California mediante un cambio radical de la política que permite a los trabajadores sanitarios asintomáticos que hayan dado positivo en las pruebas del coronavirus volver a laborar inmediatamente, sin necesidad de aislamiento ni pruebas. La política, que estará en vigor hasta el 1 de febrero, está diseñada para mantener a más trabajadores sanitarios en el trabajo en un momento en que los hospitales esperan más pacientes.

Algunos expertos afirman que la postura de California es una solución poco ortodoxa pero necesaria para un problema difícil. Sin embargo, muchos trabajadores de la salud y miembros de la comunidad dicen que la política no solo es desacertada, sino potencialmente peligrosa.

“La situación es desesperada”, dijo Erin McIntosh, enfermera de respuesta rápida en el Riverside Community Hospital. “Entré al sector salud queriendo ayudar a la gente, pero ahora soy el vector. Alguien viene a mí en busca de ayuda, y yo podría estar contagiándole COVID”.

McIntosh dijo el lunes que más de 300 enfermeras y muchos otros miembros del personal del hospital están de baja por culpa del COVID-19, y que los que quedan están al límite de sus fuerzas. Algunas enfermeras están teniendo que atender a demasiados pacientes, mientras que otras ni siquiera pueden encontrar un asistente para ayudar a llevar a los pacientes al baño.

Pero exponer potencialmente a los pacientes a los trabajadores del hospital que han dado positivo -incluso si los trabajadores no se sienten enfermos o no muestran síntomas- no es la solución, dijo McIntosh. Ya ha oído hablar de trabajadores positivos al coronavirus que atienden a parturientas, pacientes de quimioterapia y pacientes de cuidados intensivos neonatales.

“Ahora son aún más vulnerables”, manifestó.

El Departamento de Salud Pública de California dijo que los hospitales están llegando a su capacidad, y que la decisión fue impulsada en gran parte por la escasez de personal que dificulta la prestación de la atención esencial.

“Dadas esas condiciones, el departamento está proporcionando flexibilidad temporal para ayudar a los hospitales y a los proveedores de servicios de emergencia a responder a un aumento sin precedentes y a la escasez de personal”, dijo la agencia.

Según las directrices, los hospitales deben agotar todas las demás opciones antes de recurrir a la nueva política, y los trabajadores que hayan dado positivo en las pruebas del virus deben “ser asignados preferentemente a trabajar con pacientes positivos al COVID-19″. Los trabajadores deben llevar siempre mascarillas N95.

El anuncio fue recibido con indignación por muchos en la industria de la salud.

La decisión es “irresponsable y un gran error que pondrá en peligro la salud de todos”, comentó Rosanna Méndez, directora ejecutiva del SEIU 121RN, un sindicato que representa a los trabajadores del sur de California. “Este plan no tiene base científica y es peligroso y, dado lo que sabemos sobre la transmisibilidad de la nueva variante, creemos que pondrá a los trabajadores sanitarios y a los pacientes en un riesgo innecesario”.

Pero algunos expertos afirman que los pacientes atendidos por trabajadores asintomáticos que siguen los protocolos adecuados están relativamente seguros, y que la política -aunque no es perfecta- es un acto necesario para evitar que el sistema colapse.

“¿Es la situación ideal? No”, declaró el Dr. Robert-Kim Farley, epidemiólogo y experto en enfermedades infecciosas de la Escuela de Salud Pública Fielding de la UCLA. “¿Es el menor de los dos males de no tener a nadie que atienda a los pacientes, frente a tener personal que los atienda y que pueda tener COVID? Sí, es el menor de los dos males”.

Kim-Farley dijo que la política es un reconocimiento de la importante tensión que los hospitales están experimentando en medio de un aumento del número de pacientes y la disminución del personal. Las posibilidades de transmisión por parte de un trabajador asintomático son mínimas, consideró, sobre todo porque éste tomaría precauciones, como el uso de mascarillas médicas de alta calidad.

Pero, añadió, “cuando la carga de pacientes empiece a disminuir, y también la escasez de personal, deberíamos dejar de lado este enfoque extraordinario”.

La situación en muchos hospitales ya parece insostenible, y algunos trabajadores de la salud señalaron que la nueva política está creando más estrés para una fuerza de trabajo ya sobrecargada. Otros dijeron que era hipócrita que el Estado pidiera a los empleados con coronavirus que se presentaran a trabajar después de instituir un mandato de vacunación que les costó el puesto a algunos trabajadores.

Gabriel Montoya, técnico de emergencias médicas en Kaiser Downey, dijo que cuando llegó al trabajo un día de la semana pasada, todavía había pacientes en la sala de espera que estaban sentados allí cuando él se fue la noche anterior.

Todas las camas del servicio de urgencias -incluidas 80 en la sala de emergencias y 20 en una tienda de campaña en el exterior- han estado llenas desde el comienzo del año, dijo. El personal de limpieza, los trabajadores de servicios medioambientales, los repartidores e incluso los trabajadores del laboratorio que procesan las pruebas de COVID-19 están enfermos.

Sin embargo, el cambio de política no tiene en cuenta la realidad de la atención diaria a los pacientes, que a menudo requiere “trabajar a centímetros de distancia”, destacó. En lugar de resolver el problema, podría agravarlo.

“El resultado será que haya más gente enferma”, subrayó Montoya. “Eso es lo que va a pasar”.

Es más, dijo que el cambio expone no solo a los pacientes y trabajadores, sino también a sus seres queridos. Montoya cuida a su madre en casa.

“Los trabajadores sienten que se les está devaluando, que se les está faltando al respeto a sus propias vidas y a las de sus familias”, manifestó. “Y luego se están ‘retraumatizando’ al tener que ir de nuevo al lugar de trabajo enfrentándose a obstáculos a los que no tuvimos que enfrentarnos el día anterior”.

La Dra. Joanne Spetz, directora del Instituto Philip R. Lee de Estudios de Política Sanitaria de la Universidad de California en San Francisco, dijo que la novedad de Ómicron hace difícil comparar el riesgo de escasez de personal con el riesgo de exposición de los pacientes, ya que hay pocos datos sobre la nueva variante.

Sin embargo, lo que está claro es que la falta de personal supone un riesgo importante para los pacientes. Las investigaciones han revelado que la escasez de personal provoca más muertes, más morbilidad y más accidentes y errores, expuso.

“Los hospitales se encuentran entre la espada y la pared, ya que la escasez de personal y el aumento del volumen de pacientes son factores que contribuyen a la crisis”, afirma Spetz. “¿Qué se hace en una situación así?”

Algunos hospitales, incluyendo Los Angeles County-USC -el mayor hospital público de Los Ángeles- están sopesando las opciones. El Departamento de Servicios de Salud del Condado de Los Ángeles está revisando las directrices propuestas, pero aún no ha emitido una política oficial, dijeron funcionarios del hospital en un correo electrónico.

“Como siempre, al abordar cualquier cambio en nuestras prácticas previstas, el Departamento de Servicios de Salud del Condado de L.A. hará ajustes que sigan la ciencia basada en datos y mantengan nuestra responsabilidad con el bienestar del personal, los pacientes y las comunidades a las que servimos”, dijeron.

El secretario de Salud y Servicios Humanos de California, el Dr. Mark Ghaly, dijo igualmente el lunes que las directrices no son un requisito y pidió a los sistemas de salud que utilicen la medida solo si han explorado todas las demás opciones.

Pero el martes, las enfermeras y los representantes del sindicato SEIU 721 se congregaron fuera de la reunión de la Junta de Supervisores del Condado de Los Ángeles en el centro de la ciudad para hablar en contra de la medida. La Asociación de Enfermeras de California dijo que estaba planeando igualmente un “día de acción” el jueves para condenar la decisión del estado.

La Dra. Ileana Meza, presidenta del sindicato SEIU y enfermera practicante en Los Angeles County-USC, dijo que la situación del personal en el hospital era grave. Cuando llegó al trabajo el lunes, el estacionamiento parecía vacío porque había mucha gente enferma. Treinta enfermeras de urgencias y 40 de quirófano se dieron de baja la semana pasada, y algunos pacientes están esperando hasta 20 horas para ser admitidos.

Pero hay otras soluciones más seguras para la crisis de personal que pedir a los trabajadores sanitarios que dan positivo en el coronavirus que atiendan a los pacientes, dijo, como invertir en más personal, hacer esfuerzos para mejorar la compensación y la moral, reforzar los controles de visitas, cancelar todos los procedimientos no electivos y no críticos y centrarse en la telemedicina.

“Con esta nueva decisión, si vienes al hospital para una revisión rutinaria, puede que te registre un empleado que sea positivo, puede que te tome las constantes vitales una enfermera que sea positiva, puede que te vea un médico que sea positivo”, expuso Meza.

“Eso significa que llegas al centro sin el virus y puedes contraerlo”, subrayó. “Esta no es la forma de hacer retroceder la pandemia”.

El redactor del Times Gregory Yee contribuyó a este informe.

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí

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