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Ciudades ecológicas del futuro para la revolución verde de China

Autor: ELMUNDO

El señor Vincent Li cuenta que sólo le falta un permiso municipal para levantar en cada uno de los cinco edificios que está construyendo en Haidian, un barrio en el tercer anillo de Pekín, un bosque vertical. A este veterano urbanista y arquitecto se le ocurrió la idea el año pasado, en una charla con un arquitecto italiano llamado Stefano Boeri Architetti, quien hace cuatro años popularizó en China este concepto.

Entonces, el proyecto versaba en convertir una zona de Liuzhou, una ciudad de más de un millón de habitantes al sur del país asiático, en la primera urbe forestal del mundo, con 40.000 árboles y más de un millón de plantas cubriendo unos edificios que, además, estarían dotados de paneles solares. El arquitecto italiano estimaba que cuando la nueva ciudad verde estuviera lista, absorbería 10.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2) al año y produciría 900 toneladas de oxígeno.

Vincent dice que cada uno de sus bosques verticales absorberán hasta 15 toneladas de dióxido de carbono cada año. Serían los primeros en la capital de China. “En Pekín, el Gobierno ya requiere que el 50% de los nuevos edificios urbanos sean certificados como sostenibles. Pero el futuro está en las nuevas ciudades ecológicas, lugares en los que se combine la industria y la tecnología con vegetación que cubra los techos de los edificios y las fachadas”, explica.

Esas nuevas ciudades a las que se refiere Vincent ya están en marcha. Como Xiongan, que se está construyendo a 100 kilómetros al suroeste de Pekín. La idea es levantar una ciudad verde y tecnológica en un entorno tradicionalmente industrial, donde se puedan mudar hasta 2,5 millones de vecinos de la capital.

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Xiongan formaría parte de las nuevas áreas de desarrollo que actúan como ciudades satélites de grandes urbes, como Pekín o Shanghai, para aliviar la presión de población que sufren. Al sur de otra gran ciudad, Chengdu, hace diez años empezaron a desarrollarse varios centros tecnológicos rodeados de espacios verdes. En Shenzhen, colindante con Hong Kong, ya está en marcha el proyecto de la Net City, una ciudad del tamaño de Mónaco construida por el conglomerado tecnológico Tencent. Se trataría de dos millones de metros cuadrados, rodeados de rascacielos con bosques verticales, donde únicamente podrán circular vehículos autónomos.

“China se ha pasado 40 años construyendo una potencia económica. Lo ha hecho muy rápido, sin medir el impacto ambiental que eso conllevaba. Ahora está en un momento que busca construir bien, utilizando menos recursos, reduciendo las emisiones de carbono, aprovechando las energías renovables y con una alta proporción de los llamados edificios verdes”, explica el arquitecto Austin Williams, autor del libro Revolución Urbana de China. “En 2012, China tenía 11 ciudades ecológicas. Cuatro años después, el país anunció que tenía 284. Está claro que los movimientos de China van en una dirección para posicionarse como el líder ambiental en el escenario mundial”, continúa Williams.

Las nuevas ciudades que China está construyendo forman parte de la “revolución verde” de la que habló el presidente chino, Xi Jinping, el pasado septiembre durante la Asamblea General de la ONU. Hay que recordar que China es la mayor fuente de CO2 del mundo, responsable de alrededor del 28% de las emisiones globales. Y que, por la pandemia, las negociaciones climáticas globales están estancadas y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP26) aplazada hasta noviembre de 2021.

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En este contexto, el líder chino se comprometió a que su país iba a llegar al tope de emisiones de carbono antes de 2030 y alcanzar la neutralidad en sus emisiones en 40 años. Es decir, que a partir de 2060 la segunda potencia mundial no va a liberar CO2 adicional a la atmósfera. La neutralidad de carbono a la que se ha referido Xi Jinping se consigue cuando se emite la misma cantidad de CO2 a la atmósfera de la que se retira por distintas vías.

Es la primera vez que el mayor emisor de dióxido de carbono -según los últimos datos concretos, los de 2019, las emisiones en China fueron de 11.535.200 kilotoneladas, un 3,39% más respecto a 2018- mencionó sus planes concretos para lograr la llamada “huella cero”. Aunque el gigante asiático lleva años abanderando el liderato de las energías renovables y adaptando cada año una postura pública más firme sobre la acción climática.

“China aumentará sus contribuciones previstas determinadas a nivel nacional mediante la adopción de políticas y medidas más enérgicas”, dijo Xi, que también instó al resto de países a buscar una “recuperación verde de la economía mundial en la era posterior a la Covid, aprovechando las oportunidades históricas que presenta la nueva ronda de la revolución científica y tecnológica”.

La revolución verde más visible de China comenzó en su lucha para eliminar la niebla de contaminación que bañaba a diario ciudades como Pekín, dominada por la combustión de carbón y los vehículos de motor. En 2013, Pekín adoptó medidas más sistemáticas e intensivas para el control de la contaminación del aire. Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, que analiza el control de la contaminación durante 20 años en Pekín, a finales de 2017, la contaminación por partículas finas (PM2.5) se redujo en un 35%.

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“Gran parte de esta reducción provino de medidas para controlar las calderas de carbón, proporcionar combustibles domésticos más limpios y reestructuración industrial. Durante este período, las emisiones anuales de dióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOx), material particulado (PM10) y compuestos orgánicos volátiles en Pekín disminuyeron en un 83%, 43%, 55% y 42%, respectivamente”, señala el informe.

El Gobierno chino asegura que está luchando para cerrar minas de carbón con el propósito de apostar por una transición energética más limpia. Según los informes del año pasado de la Asociación Nacional de Carbón de China, las autoridades inspeccionaron 159.000 minas, ordenaron detener la producción en 6.210, cancelaron las licencias de producción de 929 operaciones mineras y emitieron multas por un total de 1.327 millones de yuanes (167 millones de euros). En cambio, según los documentos de la Administración Nacional de Energía, se autorizaron la producción de 141 millones de toneladas de carbón, aumentando un 2,6% respecto al año anterior.

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