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Cómo prevenir y tratar el asma desde la medicina natural

Autor: Dr. Daniel Bonet

El asma bronquial es una de las enfermedades de tipo alérgico más frecuentes y se caracteriza por una sensación de falta de aire, con tos, respiración acelerada, ruidos respiratorios semejantes a silbidos y expectoración espesa.

Se calcula que en España hay más de tres millones de adultos asmáticos y más de medio millón de niños hasta los 14 años.

Un 75% de los asmáticos tienen un sustrato alérgico, es decir, les ha sido diagnosticada alguna alergia.

Estas personas suelen producir cantidades excesivas de inmunoglobulina E (IgE), un tipo de anticuerpo que, al reaccionar con el alérgeno (polen, ácaros, etc.), provoca la liberación de mediadores químicos de la inflamación.

Esto induce la contracción del músculo liso bronquial, así como el aumento de la secreción de moco y la inflamación de los bronquios, todo lo cual dificulta el paso del aire.

Suele decirse que las personas asmáticas son “hiperreactivas” en el sentido de que tienen facilidad para efectuar una contracción brusca de los pequeños músculos lisos bronquiales.

¿Qué tipos de asma hay?

El asma suele dividirse en dos categorías principales: extrínseca e intrínseca.

La primera se considera de tipo alérgico y se acompaña de un aumento de los niveles séricos de IgE. La intrínseca se asocia a una reacción bronquial no debida a alérgenos sino a productos tóxicos, aire frío, ejercicio, infecciones o estados emocionales intensos.

Pero en ambos tipos se liberan sustancias como la histamina, implicadas en los procesos inflamatorios.

Hay en el asma un componente genético o hereditario. Las personas alérgicas pueden transmitir a sus descendientes lo que podría denominarse una “constitución alérgica”, sea a los hijos o dando uno o varios saltos generacionales. Las probabilidades aumentan cuando los dos progenitores son alérgicos.

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¿Influye el ambiente en el desarrollo del asma?

Sin embargo, el hecho de que el asma haya doblado su incidencia en los últimos años obliga a centrar la atención en determinados factores ambientales.

Este incremento no solo se debe a estímulos alergénicos (ácaros del polvo, pólenes, pelo animal), sino que se relaciona con factores relativamente nuevos como la contaminación ambiental (química y electromagnética), el humo del cigarrillo, la alimentación industrial (aditivos como conservantes y colorantes), el abuso de fármacos (antiinflamatorios y betabloqueantes) y vacunas, así como el estrés y más recientemente el cambio climático.

Esto hace que el sistema defensivo, que debe protegernos de peligros reales (microorganismos patógenos, células cancerosas…), se encuentre alterado y reaccione a veces exageradamente frente a estímulos naturales (humedad, polvo, alimentos…) que en principio no deberían disparar la alarma de la alergia.

Científicos de la Universidad de Michigan señalan que los antibióticos pueden modificar la flora intestinal y aumentar la presencia de levaduras (Candida albicans), lo que a su vez favorece una alteración inmunitaria con respuestas exageradas frente a sustancias comunes presentes en el aire.

El uso exagerado de antibióticos en el niño dificultaría la adecuada maduración de su sistema inmunitario.

¿Es malo el exceso de higiene?

Una hipótesis sorprendente es la que afirma que un exceso de higiene, sobre todo en los niños, favorece la aparición de asma y eccemas.

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Significa que en las últimas décadas se ha pasado de una higiene macroscópica (evitar la suciedad visible) a otra microscópica (asepsia frente a los microbios).

Según esta hipótesis, a mayor obsesión por la higiene más enfermedades alérgicas.

Las defensas del organismo están diseñadas para actuar, por ejemplo, frente a las infecciones, pero en un ambiente pobre en gérmenes, el sistema inmunitario atacaría a sustancias anodinas en forma de alergia o incluso favoreciendo enfermedades autoinmunes.

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¿Qué dieta es la más adecuada?

Una dieta equilibrada, rica en alimentos no procesados y de origen vegetal, parece ser la más indicada para prevenir el asma.

Un estudio sobre los hábitos alimentarios de varios miles de mujeres demuestra que aquellas que consumen un elevado porcentaje de zanahorias, tomates y hortalizas en general presentan menos incidencia de asma.

Se ha comprobado que los vegetales ricos en vitaminas (C, B y E) y flavonoides contribuyen a prevenir las alergias.

También se recomienda incluir ajos y cebollas en la alimentación, pues contienen un potente flavonoide, la quercitina, que ayuda a disminuir las reacciones alérgicas. El licopeno presente en el tomate actuaría en el mismo sentido.

Se debería evitar o moderar la ingesta de grasas hidrogenadas como la margarina, el chocolate y el azúcar. También se da mayor prevalencia de asma entre quienes abusan de la sal.

Uno de los agentes implicados en el proceso inflamatorio del asma es el ácido araquidónico, una ácido graso presente en las membranas celulares.

Un estudio efectuado en Alemania ha demostrado que el asma es más habitual en niños con niveles elevados de este ácido. Son alimentos ricos en esta sustancia la carne, el marisco o los cacahuetes.

Las personas de tendencia asmática deberían reducir su ingesta y tomar alimentos ricos en omega-3 o complementos a base de ácido gammalinolénico (aceite de borraja u onagra), que disminuyen la presencia de ácido araquidónico.

El papel de probióticos y antioxidantes

Los probióticos son bacterias que favorecen la salud intestinal y por ende la de todo el organismo.

El más conocido es el Lactobacillus acidophilus del yogur, pero existen muchos otros: Lactobacillus casei, Lactobacillus bulgaricus, Streptococcus termophilus, etc.

Se utilizan para restablecer la flora intestinal, por ejemplo después de un tratamiento antibiótico, lo que refuerza el sistema inmunitario.

El tratamiento farmacológico del asma (corticoides, broncodilatadores, etc.) es útil y necesario en muchas ocasiones, pero no está exento de efectos secundarios y no aporta la corrección del “terreno” que favorece esa respuesta inmunitaria exagerada.

El estudio de sustancias naturales presentes en la alimentación y que pueden tomarse como complemento dietético indica su posible uso para prevenir el asma o aliviar sus síntomas.

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La fibra previene el asma

Diversos autores consideran que la presencia de radicales libres (algunos generados por el cuerpo, pero muchos debidos a la contaminación) influyen en la aparición del asma, por lo que se empieza a usar la terapia con antioxidantes:

  • La vitamina C resulta muy útil por ser un gran antioxidante natural. Tomarla cuando se realiza actividad física intensa ayuda a quienes sufren broncoespasmo inducido por el ejercicio.
  • La vitamina E tiene un efecto positivo frente al asma por su poder antioxidante y porque modula el sistema inmunitario y reduce la reacción alérgica.
  • La piridoxina o vitamina B6 en suplementos ha demostrado tener un efecto beneficioso en los síntomas.
  • La vitamina B12 (a dosis de 1,5 mg) disminuye la aparición del broncoespasmo en procesos asmáticos no alérgicos, como en los inducidos por sulfitos (presentes, por ejemplo, en el vino).
  • El selenio es un poderoso antioxidante que protege frente al asma, pues forma parte de la glutatión peroxidasa, una enzima que actúa eliminando radicales libres. Su acción se refuerza con la de la vitamina E, ya que ambos protegen a las células de la oxidación.
  • La deficiencia en cinc, necesario para una respuesta inmunitaria adecuada, es frecuente en personas asmáticas, por lo que la suplementación podría ayudar.
  • El magnesio interviene evitando el broncoespasmo, lo que resulta útil porque la contractibilidad de los músculos lisos bronquiales aumenta en el proceso asmático. Una mayor concentración intracelular de este mineral ejerce además un beneficioso efecto antiinflamatorio.

¿Tiene el asma un componente emocional?

En el cuadro asmático existe un claro componente emocional, lo que no significa que sea la causa principal.

No solo la dificultad respiratoria provoca angustia en quien la padece, sino que la tendencia asmática se da con mayor frecuencia en personas generalmente sensibles.

El exceso de sensibilidad a factores alergénicos externos puede ir a la par con cierta hipersensibilidad emocional.

Los neumólogos comprueban cada vez más la relación del asma con el estrés, la ansiedad o la depresión, evidenciando que el componente emocional afecta a la evolución y el pronóstico de la enfermedad.

Antonio Cano Vindel, de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, lo explica así: “Existen dos caminos principales por los que la ansiedad puede afectar al asma, el primero es a través de la hiperventilación, o respiración agitada, y está muy relacionado con aquellas respuestas que acompañan a todo estado emocional intenso, como llorar o reír. El segundo camino es la respuesta broncoconstrictora, que se incrementa a través de los cambios del sistema nervioso autónomo que se dan en toda reacción emocional”.

La posible relación entre asma y emociones ha sido constatada de manera científica por investigadores de la Universidad de Wisconsin (EEUU), que han comprobado que hay dos regiones del cerebro (el córtex cingulado anterior y la ínsula) implicadas en la inflamación y obstrucción de las vías respiratorias.

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Sucede en ocasiones que el asmático, frente al miedo a sufrir un ataque, puede en cierta medida favorecer su aparición, anticipando mentalmente lo que puede suceder.

Por eso las técnicas de relajación, el yoga y la meditación, así como la homeopatía –tanto en niños como en adultos–, pueden ser importantes para disminuir las crisis asmáticas.

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Tomar el sol para prevenir el asma

Según investigadores australianos, dosis moderadas de luz ultravioleta (de 15 a 30 minutos) antes de la exposición a un alérgeno en el laboratorio reducen los síntomas respiratorios del asma.

El 28% de los niños asmáticos presenta bajos niveles de vitamina D, lo que se relaciona con un aumento de marcadores alérgicos como la IgE y los eosinófilos.

Esta vitamina es importante en el embarazo, pues los hijos de madres deficientes tienen mayor riesgo de padecer asma.

La luz solar es el principal factor que permite la síntesis de vitamina D en el organismo a través de su irradiación sobre la piel.

No es preciso que sea sobre toda la superficie del cuerpo, pero sí conviene tomar moderadamente el sol durante todo el año.

10 estrategias para superar el asma

  • Hacer ejercicio. Los asmáticos que realizan ejercicio físico moderado y regular aumentan la ventilación pulmonar y la capacidad de oxigenación, así como la salud cardiovascular.
  • Evitar la leche de vaca. La homogenización de su proteína crea moléculas capaces de atravesar la pared intestinal y causar síntomas a nivel de la mucosa respiratoria.
  • Comer manzana. Comer al menos dos manzanas a la semana disminuye entre un 22 y un 32% el riesgo de padecer asma. Si se toma en forma de zumo aumenta su eficacia.
  • Homeopatía. Puede aplicarse frente a ataques agudos, pero sobre todo puede ser beneficiosa para prevenir y tratar la tendencia asmática.
  • Fitoterapia. Varias plantas pueden ayudar: dong quai (Angelica sinensis), que inhibe la producción de IgE); regaliz, antiinflamatorio y antialérgico; guindilla, cuya capsaicina combate los ataques de asma, etc.
  • Medicina tradicional china. Al regular la energía de los meridianos mediante acupuntura, masajes y plantas medicinales, puede ser beneficiosa en pacientes asmáticos.
  • Tomar cúrcuma. La infusión de una cucharadita de esta especia por taza de agua tomada dos veces al día puede prevenir ataques de asma. También puede usarse culinariamente.
  • Té verde. Contiene sustancias antioxidantes y teofilina, un broncodilatador natural. Una taza al día reduce el riesgo de sufrir ataques.
  • Oligoterapia. Ciertos oligoelementos tienen una acción catalítica reguladora frente al asma, como el Manganeso o la asociación Manganeso-Cobre. Se toma una ampollita de 3 a 6veces por semana.
  • Higiene. Si el polvo es un alérgeno, conviene eliminar las alfombras y cortinas que lo acumulen, así como limpiar las habitaciones con un paño húmedo. Hay sistemas para depurar el aire de las casas.

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