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Corea del Sur, Confucio con un bate de béisbol

Autor: La Vanguardia

El confucianismo se apoya en la creencia de que el ser humano es esencialmente bueno pero susceptible de mejorar a través del aprendizaje, tanto individual como colectivo, y considera como principales virtudes la honestidad, la integridad, el honor, el respeto, la benevolencia, la sabiduría, la fidelidad, la discreción, el ascetismo, la autodisciplina y la falta de ostentación. La influencia cultural china determinó su introducción en la sociedad surcoreana, y hoy es un factor muy importante en la moral, el modo de vida, las relaciones entre jóvenes y mayores e incluso el sistema legal.

Con el béisbol, deporte nacional, los surcoreanos se pasan un poco por alto las enseñanzas de Confucio, porque abandonan por completo cualquier pretensión de moderación o decoro. El exceso impera en los estadios, acudir a un partido es una ocasión para desmadrarse, dentro de un orden. Así como en Estados Unidos es una experiencia esencialmente silenciosa y hasta cierto punto distante, en la que los espectadores van a su bola (charlan, salen a comprar palomitas, cervezas y cocacolas incluso en los momentos culminantes), en Seúl, Daegu o Busan todo es ruido. Hay cheerleaders, animadores que tocan el tambor y dirigen la coreografía de los aplausos, y la multitud grita, baila y canta (cada jugador dispone de una canción dedicada a él).

El rincón para desmadrarse
Las entradas valen siete euros, la gente lleva comida y bebida, y hay un cántico para cada jugador

Cuando alguien hace un home run, es tradición que tire el bate al aire,para que dé varias vueltas antes de caer al suelo, a veces a muchos metros de distancia. Es lo que se llama un flip, y los más espectaculares se muestran en la televisión y en las redes sociales. En los Estados Unidos, en cambio, es algo que está muy mal visto, y si alguien lo hace se considera una provocación innecesaria que fácilmente puede desembocar en una pelea. Lo correcto es dejar caer suavemente el palo al suelo, antes de recorrer las bases.

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Los norteamericanos se han familiarizado con el béisbol de Corea del Sur y sus peculiaridades culturales durante la pandemia, cuando el suyo quedó en el dique seco (eventualmente los Dodgers de Los Ángeles ganaron las Series Mundiales), y fue uno de los primeros deportes en regresar a los estadios (vacíos) junto con el australian rules (una especie de fútbol gaélico que se juega en Australia). Un aliciente adicional fue poder ver en acción a estrellas estadounidenses como Eric Jokisch (de los Héroes de Kiwoon), Chad Bell o Jake Brigham. Otros, como Eric Thames de los Washington Nationals, o Josh Lindblom, de los Milwaukee Brewers, utilizaron la KBO (Korean Baseball Organization) como plataforma para regresar a casa con contratos multimillonarios.

Aficionados surcoreanos al béisbol asisten a un partido de las Korean Series
(Ahn Young-joon / AP)

La liga está integrada por diez equipos, que llevan incorporado a su nombre el de la firma comercial que los patrocina, como los Gigantes de Lotte (una cadena de grandes almacenes), los Tigres de KIA, los Mellizos de LG, los Leones de Samsung, o los desaparecidos Unicornios de Hyundai… Cada franquicia puede disponer en la plantilla de hasta tres extranjeros, y los estadios tienen capacidad para entre 13.000 y 26.000 espectadores (el Sajik de Busan, el más grande). Antiguamente los aficionados eran casi exclusivamente hombres, que bebían, fumaban y se peleaban de una manera muy poco confuciana. Ahora el tabaco y el consumo de licores fuertes están prohibidos (no así la cerveza), y el deporte se promociona entre las mujeres (un 40% de los asistentes) y las parejas, sobre todo jóvenes. Las entradas son muy baratas, unos siete euros, y está permitido llevar la comida (es popular el pulpo seco) y la bebida.

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Los Gigantes de Lotte, con base en Bujan, son el equipo más popular, aunque sólo han ganado las Series Coreanas dos veces (1984 y 1992), y con frecuencia son bastante malos. Los Yankees de Corea del Sur son los Tigres, antes de Haitai (una empresa con base en Seúl de comida instantánea, helados y bebidas) y ahora de KIA, que se han llevado once veces el título. A pesar de la comercialización de los nombres, las franquicias tienen una fuerte identidad con su ciudad y son un fuerte elemento de orgullo e identidad local.

El béisbol llegó a Corea en el siglo XIX de la mano de un misionero estadounidense presbiteriano, que lo introdujo entre los jóvenes que frecuentaban los YMCA. La popularidad del deporte aumentó cuando los marines norteamericanos montaron un par de partidos amistosos en 1896, y más tarde bajo el dominio japonés entre 1910 y 1945. En 1921 las mejores estrellas nacionales desafiaron a un combinado norteamericano, y el resultado fue una vergonzosa derrota por 23 a 3, que asumieron sin estridencias, con la modestia que enseña Confucio.

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