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CRÍTICA| Catherina Campillay: La confusión de un cuerpo en «Presunta desgracia»

Autor: El Desconcierto – Prensa digital libre

Catherina Campillay (Viña del Mar, 1994) es una poeta chilena que el 2019 publicó la plaquette «Mal de ojo». Este año, apareció «Presunta desgracia» (2021), editado por Victoria Ramírez y publicado por Libros del Pez Espiral. Lo interesante de «Presunta desgracia», es que no solo se trata de un montón de cadáveres y enumeraciones de personajes desaparecidos, sino también de una o varias mujeres que por equis razón, ya no están. Un único poema compuesto por distintos momentos de la búsqueda y las memorias de uno o varios cuerpos.

La verdad es que esperé meses el libro Presunta Desgracia de Catherina Campillay. Incluso asistí al conversatorio que organizó la Escuela de Literatura de la Universidad Finis Terrae. La invitada era Catherina y también Carlos Soto Román, en compañía del poeta Gastón Carrasco, moderador de la jornada. En el conversatorio Catherina contó que buscó bases de datos de personas desaparecidas en Chile para escribir este libro que, en sus propias palabras, “se mete en los puntos ciegos del archivo”, ya que dialoga con un montón de noticias y recortes sobre incidentes reales.

Presunta desgracia relata historias de personas desaparecidas que nunca fueron encontradas. Sabemos que no están, pero no sabemos exactamente qué les pasó. Se hacen denuncias por presunta desgracia para decir que alguien salió y nunca más volvió. Como los cuerpos no son encontrados, la tragedia tiene una connotación hipotética e invisible. Las familias que viven una pérdida de este tipo nunca tendrán la experiencia ritual de enterrar el cuerpo de sus muertos. Todo lo que es presunto acarrea un fantasma de impotencia y angustia.

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Fotos que no fueron tomadas

Los poemas de este libro no tienen título. Algunos describen situaciones con indiferencia y distancia, como si relataran una noticia o crónica roja en TV abierta: “Fotos que no fueron tomadas / por funcionarios del registro civil”. Otros en cambio, son emotivos y personales porque interpelan directamente a alguien: “Creo que no ha vuelto / porque piensa que estamos enojados”. Se barajan distintas posibilidades de accidente: la presunta desgracia pudo ocurrir en un terremoto, en un rapto o por culpa de los ovnis. Todas las opciones son válidas.

Las desgracias marcan rutas y mapas. Es por eso que el poemario incluye menciones a lugares e instituciones que representan cierta rutina burocrática del acontecer humano: viajes en el metro, idas al Registro Civil o a la PDI e incluso, viajes al centro. Las siguientes pistas aparecen en objetos que podrían dar alguna señal o servir como prueba: fotografías, documentos policiales, datos, cartas y fechas. Porque recordemos que, todos los desaparecidos componen su identidad a partir de los elementos materiales que utilizaban, como por ejemplo ropa, celular, aros, joyas, etc. También hay marcas distintivas en sus cuerpos que pueden colaborar en un futuro reconocimiento. Se trata de huellas y singularidades, como las pecas, manchas, tatuajes o lunares. Catherina Campillay en un acto casi estadista, enumera todos estos detalles para crear una imagen de los desaparecidos.

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Lo interesante de Presunta desgracia, es que no solo se trata de un montón de cadáveres y enumeraciones de personajes desaparecidos, sino también de una o varias mujeres que por equis razón, ya no están. Es por eso que los poemas no tienen títulos, porque en realidad el libro puede ser leído como un único relato. Un único poema compuesto por distintos momentos de la búsqueda y las memorias de uno o varios cuerpos. Digo esto y entiendo porqué remarqué un verso de la segunda página: “es como si se la hubiese tragado la tierra”. Así, reconstruyo la historia tal cual fue, descubro los elementos escondidos que guardó y descubrió, con mucho cuidado, Catherina Campillay en esta presunta desgracia. 

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Presunta desgracia

Catherina Campillay

Libros del Pez Espiral

44 páginas

Precio de referencia: $7.000

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