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Cuál será la narrativa que orientará la política exterior de los Estados Unidos

Autor: Infobae

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden

Toda política exterior necesita contar con una narrativa que la justifique ante propios y extraños. ¿Porqué hacemos lo que hacemos? ¿Cuáles son nuestros valores e intereses? ¿Y nuestros límites? Pero si bien esto es cierto en términos generales, lo es aún más en el caso de los Estados Unidos.

En efecto, a lo largo de su historia la población de los Estados Unidos no se ha conformado con la idea de que su política exterior debe limitarse a defender los intereses nacionales. Es por este motivo que los ocupantes de la Casa Blanca han tenido que brindar una visión más amplia. Al inicio de su historia esta motivación fue el destino manifiesto que impulsaría la expansión territorial, durante la Guerra Fría la defensa del mundo libre y luego de los ataques a las Torres Gemelas la lucha contra el terrorismo y la promoción (por la fuerza de ser necesario) de la democracia liberal. ¿Y ahora?

El gobierno de Joe Biden ya ha dado señales de cuál será su narrativa. En un reciente discurso en Bruselas, el Secretario de Estado Antony Blinken afirmó que los Estados Unidos buscará fortalecer sus alianzas con otras democracias liberales para, de esta manera, defender sus valores e intereses y, al mismo tiempo, detener las agresiones de regímenes autoritarios y nacionalistas como los de China y Rusia. Para esto, sostuvo, se requiere un sistema internacional abierto y basado en reglas de juego claras. Pero, a pesar de esto, los funcionarios del nuevo gobierno también han dejado en claro que sigue existiendo espacio para colaborar con regímenes no democráticos a la hora de promover una agenda que beneficie a la comunidad internacional. El cambio climático y la lucha contra la pandemia son dos posibles áreas de trabajo.

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¿Es útil este tipo de discurso? Por lo pronto cumple con algunos objetivos. En primer lugar, sirve para reafirmar el compromiso de Estados Unidos con la OTAN y, en particular, con Francia y Alemania. Estos socios de Washington tuvieron que atravesar los años de un Donald Trump hostil. Asimismo, brinda legitimidad a un conflicto estratégico con China que promete dominar las relaciones internacionales en las próximas décadas. De esta manera, la disputa con la potencia asiática no se debería sólo a cuestiones que hacen a los intereses económicos o de seguridad nacional, sino también a la necesidad de defender la democracia contra el autoritarismo del Partido Comunista de China. Finalmente, y a pesar de la retórica confrontativa, deja una puerta abierta para colaborar con todos los Estados.

El Secretario de Estado, Antony Blinken

El Secretario de Estado, Antony Blinken

Pero a pesar de sus ventajas, esta narrativa también genera interrogantes. ¿Refleja este discurso la nueva distribución de poder a nivel mundial? Por ejemplo, mientras que Europa ya no tiene el peso militar y económico que poseía durante la Guerra Fría, hoy los países asiáticos se han convertido en actores centrales. ¿La política de alianzas de Washington se puede dar el lujo de dejar de lado alianzas con naciones que, como India, tienen gobiernos nacionalistas? ¿Podrá Estados Unidos mantener este discurso cuando necesite de la ayuda de Arabia Saudita, Rusia, Indonesia o Turquía para proteger sus intereses? En definitiva, es posible que el limitarse a formar alianzas con otras democracias liberales le restará a Washington un margen de maniobra que, dado los numerosos desafíos que enfrenta, seguramente necesitará.

Otro problema es la continuidad de este discurso a lo largo del tiempo. Los Estados Unidos vencieron en la Guerra Fría en parte porque su clase dirigente mantuvo una misma estrategia a lo largo de décadas. Hubo, por supuesto, cambios en las tácticas adoptadas por las distintas administraciones. Pero, a grandes rasgos, la estrategia y la retórica fue siempre la misma. La narrativa que promueve Biden no parece tener el mismo nivel de consenso interno.

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Si bien existe un claro consenso entre republicanos y demócratas respecto a la necesidad de impedir el ascenso de China como gran potencia mundial, la retórica y valores de un republicano conservador no necesariamente coinciden con los de un demócrata progresista. Es más, con la llegada de Trump el Partido Republicano pasó a defender una agenda nacionalista que cuestiona la importancia que los demócratas suelen darle a temas como el cambio climático, la desigualdad económica y la promoción de la agenda de género. Finalmente, el rechazo que los demócratas sienten por los líderes nacionalistas y conservadores populares no es necesariamente compartido por la mayoría de los republicanos.

¿Existe alguna alternativa a la narrativa que propone Biden? No está del todo claro. Debido al idealismo de la sociedad estadounidense, el discurso realista que promovieron Richard Nixon y Henry Kissinger nunca fue del todo exitoso. Por otra parte, si bien el nacionalismo de Trump ha dejado una importante huella en la política exterior estadounidense, su visión no es compartida por la dirigencia demócrata y tampoco por una parte importante de la población.

Para concluir, es posible que la retórica que respalde la “gran estrategia” de los Estados Unidos en las próximas décadas todavía no haya sido enunciada. Al igual que sucedió una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, los períodos de transición internacional como el actual son sumamente complejos. Esto hace que a los Estados les lleve tiempo y esfuerzo adaptarse. Pero lo que sí queda claro es que una narrativa de este tipo será necesaria tanto para motivar a una población que deberá realizar sacrificios como para facilitar la formación de alianzas con otros Estados.

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