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Cuando Mitterrand conoció a monsieur González

Autor: Silvia Hinojosa

Pedro Sánchez y Emmanuel Macron revalidarán este jueves en Barcelona, en el marco de la 27 cumbre hispano-francesa, el buen momento de la relación bilateral, que entre otros progresos ha alumbrado el futuro corredor de energía verde que unirá la península ibérica con Francia. Cooperar y tener proyectos comunes parece algo lógico entre países vecinos. Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que los Pirineos suponían una barrera infranqueable. Hubo un tiempo en que, lejos de colaborar, el Gobierno francés mostraba una actitud abiertamente hostil hacia asuntos que eran claves para España como la lucha contra ETA o el ingreso en el mercado común europeo. 

Pero todo eso empezó a cambiar el día que François Mitterrand descolgó el teléfono en el Elíseo y llamó a la Moncloa.

Fue en noviembre de 1983. Una conversación privada entre  Mitterrand y el entonces presidente Felipe González marcó un cambio en la política francesa hacia España. “Está completamente dispuesto a comprometerse”, reportó González, en un escrito dirigido a otras autoridades del Estado, en el que daba cuenta del cambio de actitud de Francia respecto a los años nefastos de Giscard d’Estaing. El presidente del Gobierno español se mostraba totalmente optimista respecto a una nueva vía de cooperación francesa en la lucha antiterrorista “mucho más eficaz”, que supondría el fin del refugio que se brindaba a  ETA al norte de los Pirineos. 

Lucha antiterrorista

Mitterrand ofreció su colaboración, pero pidió discreción a González

“Reiteró varias veces su disposición”, escribió González sobre el contenido de su charla con Mitterrand, en la que el presidente francés también le expresó su compromiso a favorecer el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea (CEE). Para ello, proponía que se intensificaran los encuentros bilaterales a nivel de ministerios, pero pedía a España discreción. Mitterrand le planteaba también a González la conveniencia de que ambos mantuvieran un encuentro en breve, igualmente sin publicidad, que se acabaría produciendo un mes después. “Me reitera que todo me lo dice como amigo, para que conozca su actitud”, reportó el presidente español. Mitterrand temía que la opinión pública francesa reaccionara en contra.

En enero de 1984, Francia pasó de las buenas palabras a los hechos y practicó la primera redada contra ETA. Se expulsó a seis de sus miembros, en lo que marcó el inicio de una nueva etapa en las relaciones hispano-francesas, que favoreció también el ingreso de España en la CEE, el germen de la Unión Europea. El  tratado de adhesión se firmó en 1985 y entró en vigor en enero de 1986.

¿Fue únicamente resultado de las conversaciones entre González y Mitterrand? ¿Fue el factor humano, del que escribió, en otro contexto, Graham Greene? La Moncloa matizó el alcance de la relación con el vecino del norte. España había tendido en paralelo sus cables con otros aliados. Estados Unidos, Alemania o Italia habrían presionado a su vez a Francia para que cambiara su actitud anterior respecto a la lucha contra ETA y el ingreso de España en el club europeo. 

La relación entre presidentes

“A Chirac le dolió que España, con Aznar, se pusiera del lado de Washington”, subraya Ignacio Molina

En los años siguientes, en el nuevo clima de cooperación, se produjeron nuevas detenciones y extradiciones de etarras y la cooperación antiterrorista -con altibajos- fue uno de los asuntos que empezaron a abordarse de forma regular en el contexto de un nuevo foro que se inauguró el 12 de marzo de 1987, con la primera cumbre hispano-francesa, celebrada en Madrid. El tándem González-Mitterrand protagonizó ocho de las cumbres bilaterales que se celebraron en los años siguientes, hasta 1994, de forma alternativa en Francia y España.

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A la derecha, el rey Juan Carlos y François Mitterrand, y a la izquierda, Felipe González y Jacques Chirac, en Madrid, en la primera cumbre hispano-francesa, en 1987

Patrick Robert – Corbis / Getty

“Analizar la relación bilateral es una manera de analizar implícitamente dos asuntos importantes, el primero es cómo ha avanzado el proceso de integración europea, cuál era la agenda a principios de los 80 y cuál es la actual, y segundo, cómo ha cambiado España”, detalla el investigador del Instituto Elcano Ignacio Molina. “Las preocupaciones de la diplomacia española en aquel momento eran cómo entrábamos en la Comunidad Económica Europea, porque aún éramos casi un paria, en el contexto europeo e internacional, después del franquismo; cómo conseguíamos convencer de que éramos una democracia que merecía complicidad judicial y policial en la lucha contra el terrorismo, y como podíamos ser un país que dejara de temer que sus productos cruzaran la frontera, porque los agricultores franceses, amparados por su gobierno, frenaban el paso de los proyectos agrícolas españoles”, recuerda.

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Chirac y González, en la foto en la Moncloa, tras la novena cumbre hispano-francesa, en 1995, con los ministros Barnier,  Debre, Solana, De Charette, Pons y Belloch

JACQUES DEMARTHON / AFP

En 1995, Madrid volvió a acoger otra cumbre hispano-francesa, que fue la última de González. El Elíseo tenía un nuevo inquilino, Jacques Chirac, y ya se intuían los cambios que estaban por llegar en la relación bilateral, cuando se materializara la victoria del PP, que todos los sondeos ya apuntaban, y que confirmó el giro hacia Estados Unidos que marcó la presidencia de José María Aznar.

A partir de 1996, Chirac y Aznar, a pesar de tener ambos una ideología conservadora, no se llevaron especialmente bien, y eso se trasladó a la relación bilateral. “Aznar apostó por Washington, y eso tuvo una traducción evidente en la guerra de Irak. Mientras que Chirac, junto al alemán Schroeder, estaba muy implicado en el enfrentamiento con George Bush -destaca Ignacio Molina-. En Estados Unidos, se decía “after Irak, Chirac”, después de hacer una guerra a Irak, el principal enemigo es Chirac… y, claro, a él le dolía especialmente que un país como España que, con cierto paternalismo, Francia sigue muchas veces asumiendo que de forma natural va a apoyarles, estuviera con Blair y con Bush”. Con Chirac en el Eliseo y Aznar en la Moncloa se celebraron ocho cumbres hispano-francesas.

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José María Aznar y Jacques Chirac, en la rueda de prensa conjunta tras la cumbre hispano-francesa de Carcassonne, en noviembre de 2003

PATRICK KOVARIK / AFP

La cuestión del terrorismo siguió siendo un punto central del diálogo durante estos años, pero no el único. En la cumbre de diciembre de 1997, celebrada en Salamanca, ambos países expresaron la voluntad compartida de solucionar los problemas bilaterales que afectaban al transporte de frutas y hortalizas españolas a través de Francia, y de pactar criterios en política exterior, en áreas como el Mediterráneo, Oriente Próximo o América Latina, o ante las cumbres de medio ambiente de Kioto. 

Sin embargo, el buen entendimiento entre París y Madrid en materia de lucha antiterrorista iba dando frutos. En la última cumbre que comparten Aznar y Chirac, en diciembre de 2003, en la localidad francesa de Carcassonne, se acuerda la creación del primer equipo conjunto de investigación, que permitiría a policías españoles perseguir a sospechosos de terrorismo en Francia con las mismas facultades que sus colegas en este país. Con todo, este equipo no se creará hasta el 2004, con un nuevo Gobierno socialista en la Moncloa.

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José Luis Rodríguez Zapatero, Pasqual Maragall y Jacques Chirac, el 13 de noviembre de 2006, en Girona, donde se celebró la XX cumbre hispano-francesa 

LLUIS GENE / AFP

En 2004, con el relevo al frente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero participó en diciembre en su primera cumbre hispano-francesa, que se celebró en Zaragoza.  Francia y España ampliaron la colaboración a la nueva amenaza común del terrorismo islamista. Zapatero y Chirac coincidieron en tres cumbres. La última de ellas se celebró en noviembre de 2006 en Girona. Ha sido hasta ahora la única que ha tenido lugar en Catalunya, y contó con la participación del entonces presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall. España y Francia hablaron de  inmigración, cooperación policial y judicial en la lucha contra el terrorismo y de las interconexiones gasistas y energéticas, entre otras cuestiones.

Peso internacional

Sarkozy apoyó la participación de España en la cumbre del G-20

En enero de 2008, París acogió otra cumbre bilateral, en el Elíseo, que tenía desde mayo de 2007 un nuevo inquilino, Nicolas Sarkozy. Ese año se firma un acuerdo histórico para la interconexión eléctrica entre Francia y España. Zapatero y Sarkozy protagonizaron una segunda cumbre, en Madrid, coincidiendo con la visita de Estado del presidente francés. Se acordaron medidas para reforzar la cooperación policial contra ETA y para extenderla a otros ámbitos, como el crimen organizado y la inmigración ilegal. En la rueda de prensa conjunta, ambos mandatarios no escatimaron elogios. “Estará en Nueva York porque tiene derecho”, aseguró ese día Sarkozy, preguntado sobre la participación de España en la próxima cumbre del G-20. “El mundo necesita una España que ejerza su responsabilidad a nivel internacional”, añadió.

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El presidente francés Nicolas Sarkozy y su esposa, Carla Bruni, con el presidente Rodríguez Zapatero y su esposa, Sonsoles Espinosa, en los jardines de la Moncloa, el 28 de abril de 2009.

Emilia Gutiérrez

En octubre de 2012, París volvió a acoger una cumbre bilateral. Fue la primera de las cuatro que mantuvieron en los años siguientes, hasta el 2017, Mariano Rajoy y François Hollande. “Con Zapatero y Sarkozy, la situación bilateral ya se ha normalizado, y con Hollande la relación fue buena, incluso con Rajoy. En ese momento, a pesar de la distancia ideológica, la relación entre España y Francia ya se ha hecho estructuralmente profunda en el ámbito económico y también de la geopolítica -subraya Ignacio Molina, que es también profesor de la Universidad Autónoma de Madrid-. Tenemos diferencias, pero va variando. Por ejemplo ahora en la carpeta del Magreb nos hemos acercado mucho, porque España tradicionalmente había intentado mantener un cierto equilibrio respecto a Argelia y Marruecos, y ahora nos hemos hecho más pro-Marruecos, como ha sido siempre Francia”. 

El investigador del Instituto Elcano destaca, con todo, que las similitudes entre España y Francia son muchas: “Son dos países europeístas, con una apuesta clara por la seguridad y la defensa europea, dos países muy a favor del euro, aunque no son los más sólidos del euro, pero que a la vez tienen una relación estrecha con Estados Unidos. Hay muchos elementos de complicidad que hacen que, una vez pasada la crisis de Irak, se pudiera recuperar una relación positiva, tanto de Zapatero con Sarkozy como de Rajoy con Hollande, a pesar de que nunca llegaron a coincidir ideológicamente”.

27 / 11 / 2013    DANI DUCH  CUMBRE HISPANO FRANCESA EN EL PALACIO DE LA MONCLOA MARIANO  RAJOY   FRANÇOIS HOLLANDE Y  PRIMER MINISTRO JEAN-MARC AYRAULT

François Hollande bromea con Mariano Rajoy, en la Moncloa, junto al primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, el 27 de noviembre de 2013, en el marco de la XXIII cumbre hispano-francesa

Dani Duch

Pese al anuncio del cese definitivo de la actividad armada de ETA, en octubre de 2011, el asunto de la cooperación antiterrorista se mantiene en la agenda de las cumbres bilaterales, por la amenaza yihadista. Otra carpeta fija son las interconexiones eléctricas, objeto de frecuentes fricciones por la resistencia de Francia a facilitar el acceso español al mercado europeo. La economía es uno de los asuntos centrales en la relación de dos países que comparten importantes foros internacionales, y que se ven de forma frecuente en las reuniones del Consejo Europeo, en Bruselas.

El 27 de noviembre de 2013, en la cumbre celebrada en la Moncloa, Rajoy y Hollande aprovechan para preparar el Consejo Europeo que tendrá lugar en diciembre, en el que los líderes comunitarios deben seguir perfilando la unión bancaria y concretar un plan para conceder créditos baratos a los países de la eurozona para que lleven a cabo reformas estructurales en el mercado laboral o en las pensiones. También se firmó un acuerdo para poner en marcha la línea de alta velocidad que permitió unir Barcelona y París.

La pandemia y los ciclos electorales dejan sin celebración de cumbres bilaterales los años el periodo 2015-2015 y 2018-2020. El 15 de marzo de 2021 se celebra, con un formato mixto, mitad presencial, mitad telemático, la última cumbre bilateral, en la localidad francesa de Montauban. Los ministros participan por videoconferencia desde Madrid y París. Pedro Sánchez y Emmanuel Macron constatan en ese momento la necesidad de que se acelere la puesta en marcha de los fondos Next Generation para los respectivos planes de recuperación tras la pandemia. 

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Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, en una ofrenda floral en la tumba de Manuel Azaña, en Montauban, durante la última cumbre bilateral, el 15 de marzo de 2021

Alberto Estévez / EFE

“Sánchez y Macron tienen bastante afinidad ideológica porque son dos líderes, digamos, de centro izquierda.  Sánchez internamente es más de izquierda, por sus aliados, mientras que Macron siempre tiene primeros ministros de centro-derecha, pero a nivel europeo e internacional ambos son bastante parecidos -destaca Ignacio Molina-. Son europeístas relativamente liberales, atlantistas, y ahora están muy unidos también en el tema de Ucrania”. El investigador del Elcano destaca también que Francia y España son dos buenos aliados de Alemania, pero interesados en que haya un contrapeso importante a la forma alemana de ver la Unión Europea. “En general la relación es muy sólida, está muy asentada, y hoy es mucho mejor que la relación que tiene Francia con Italia y con Reino Unido”, constata.

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