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De Alicante a Pamplona por San Fermín

Autor: Sara Rodriguez

El 7 de julio es, por excelencia, un día señalado con tinta roja en el calendario de los pamploneses. La festividad de San Fermín toca a la puerta en los primeros días del séptimo mes del año, cuando el calor empieza a apretar. Que todas las fiestas compartan un denominador común: traspasar horizontes, lo demuestran los seiscientos setenta kilómetros que separan Alicante de Pamplona, una distancia que a cuatro alicantinos y tres monoveros no les ha importado recorrer. 

Su amor y pasión por el mundo del toro y todo lo que lo envuelve es, sin duda, mucho mayor que cualquier distancia. Para ellos, no hay «nada que iguale» la experiencia de correr en un encierro de San Fermín.

Los corredores describen el encierro como una «explosión de sensaciones»

Los aficionados coinciden en que el peor momento, el que les crea un «nudo en el estómago», es el instante previo al inicio de la carrera. Concentrados una hora antes del chupinazo, a las 7 de la mañana, los nervios y la tensión se apoderan de ellos.

Sin embargo, como señala el monovero Rafa Carbonell, «ya no hay vuelta atrás». En el polo opuesto de esas sensaciones, contrasta la satisfacción de completar los 875 metros de carrera, habiendo salido ilesos tanto ellos como sus amigos y compañeros.

Este año será el tercero que Sergio Muñoz, un alicantino de 28 años, viaje a Pamplona para participar en un par de encierros. Para él, la preparación es fundamental, desde enero comienza a entrenar, corriendo tanto por Alicante como por las afueras.

Sergio Muñoz muestra el tatuaje de San Fermín de su brazo.

Sergio Muñoz muestra el tatuaje de San Fermín de su brazo. / Rafa Arjones

Muñoz ha tenido algún que otro susto. Sin ir más lejos, el año pasado, a la entrada de la Plaza de Toros, tropezó y se abrió una ceja: «Me aparté como pude para no entorpecer al resto de los mozos y uno de los toros me pisó las costillas», relata.

Desde los 18 años, Jacobo Gómez-Angulo ha corrido en los encierros de San Fermín, y ahora, a sus 29, sigue desafiando al destino en las calles de Pamplona.

Este alicantino subraya que, aunque el entrenamiento físico es importante, la preparación mental es crucial: «Hay momentos en los que quieres ponerte delante de un toro, pero tu mente te dice que no», comenta.

Con ocho años de experiencia a sus espaldas, Gómez-Angulo admite que no ha estado libre de percances. En un encierro, se fracturó dos costillas tras caer sobre una montonera de gente: «Los toros me pasaron cerca y eso me impactó», relata.

Es un sueño correr en un encierro en Iruña. Los veo en la televisión desde los cuatro años

Este año, será el debut de Aarón Clemente en los encierros de San Fermín. A sus 18 años, ya ha participado en carreras con astados de otras fiestas provinciales, como las de Benissa, pero nunca antes lo ha hecho en Pamplona.

Su pasión por los toros se la ha transmitido su abuelo: «Para mí, es un sueño correr en San Fermín. Lo he estado viendo en la televisión desde que tenía cuatro años», asegura emocionado. Junto a Carlos Rives, un profesional del recorte, dormirán en el coche que alquilaron para el viaje desde Alicante a Pamplona, ya que afirman hospedarse allí costaba entre 2.000 y 4.00 euros.

Entre los rituales para atraer la suerte en el cara a cara con los astados, Rives confiesa que «siempre me santiguo cinco veces. Por mis cuatro abuelos y un amigo mío que falleció con 16 años». 

Alejandro Vidal, Vicente Enrique  Navarro, Rafa Carbonell y su hija Thais, ayer de camino a Pamplona.

Alejandro Vidal, Vicente Enrique Navarro, Rafa Carbonell y su hija Thais, ayer de camino a Pamplona. / INFORMACIÓN

Los alicantinos no están solos en esta aventura, pues tres vecinos de Monóvar, Alejandro Vidal, Vicente Enrique Navarro y Rafa Carbonell junto con la joven Thais de 12 años, viajan también hacia Pamplona para los Sanfermines. Los monoveros se han adelantado al chupinazo oficial, lanzando uno en la mañana de ayer sábado desde una estación de gasolina, de camino a la «tierra prometida».

Vicente corre en los encierros de Pamplona desde 2016 y recuerda cómo, hace seis años, vivió uno de los recorridos más anecdóticos bajo su experiencia: «Comenzó a llover antes de empezar el encierro y corrimos bajo la lluvia con las farolas encendidas, el cielo estaba negro. Fue algo que no sucedía desde hacía más de 60 años y es poco probable que vuelva a repetirse», afirma.

La familia nos dice que tengamos cuidado, saben que es una pasión tan intensa que continuaremos

Todos han confesado que son los familiares quienes sufren más durante los tres minuto, aproximadamente, que dura un encierro. Con velas encendidas y rezos, aguardan inquietos que los corredores salgan ilesos en su frenética danza con los astados desde Santo Domigo hasta la Plaza de Toros. «Nuestra familia ya nos considera unos casos perdidos», bromea Rafa Carbonell. 

«Al principio, mi madre encendía velas, mi mujer se negaba a ver la televisión, y mi hija lloraba. Pero hoy en día, lo único que nos dicen es que tengamos cuidado, porque no les queda otra opción, saben que esta pasión es tan intensa que, por más que opinen, mientras estemos en condiciones, seguiremos subiendo a Pamplona para disfrutar de lo que amamos», expresa Carbonell.

Siete alicantinos se lanzan así hacia Pamplona, dispuestos a desafiar la suerte en San Fermín, confiados en que cada encierro será un recuerdo más que potencie su pasión.

Thais, de 12 años acompaña a su padre Rafa a los Sanfermines

La pequeña viaja desde Monóvar con su padre Rafa Carbonell y dos amigos más, también vecinos del municipio. Thais participa en el encierro «txiki», un recorrido por las calles de Pamplona en el que los pequeños son los protagonistas. Después de que los mayores se jueguen el tipo con los astados, los menores como Thais disfrutan corriendo delante de toros de cartón. Se trata de un espectáculo distinto que permite que las generaciones más pequeñas se «empapen» de las festividad de San Fermín. La monovera explica que cuando ve a su padre entrar por la plaza después del encierro es todo «un alivio», ya que confirma que «no le ha pasado nada».

Es la tercera vez que la joven acompaña a su padre y a los amigos de este a vivir la experiencia de la fiesta grande de Pamplona. La joven sostiene que uno de sus momentos favoritos es mientras espera a que se celebre en el encierro: «En la plaza ponen música y una ‘kiss cam’. Es un momento muy divertido». Thais recomienda a «todo el que pueda» a ir una vez en la vida a los Sanfermines, ya que para ella son «unas fiestas estupendas». Promete también no dejar de acompañar a su padre.

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