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De Canarias a California: así afecta la deshumanización de las personas migrantes a la salud pública

Autor: Mariana Goya

En 2020, más de 281 millones de personas eran migrantes internacionales, lo que supone el 3,6% de la población mundial. La Organización Internacional de Migración (OIM) estima que 1 de cada 30 personas no vive en su país natal, una estadística que triplica —con creces— las cifras de 1970. 

Sin embargo, no todo migrante elige serlo. Según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en lo que llevamos de 2024, más de 120 millones de personas han sido desplazadas forzosamente. 2022 cerró con más de 100 millones y 2023, con 117,3.  

La migración ha experimentado una significativa evolución en las últimas décadas, tanto en términos de volumen como de las rutas y los perfiles de los propios migrantes. Europa y Asia han sido los destinos que han aumentado más su población, con 86,7 y 85,6 millones, respectivamente, de migrantes internacionales, principalmente provenientes de África y Oriente Medio. Por su parte, América del Norte, también en la cúspide, con 58,7 millones de extranjeros, en su mayoría, de América Latina.

En el caso de la UE, Eurostat asegura que, junto con Noruega y Suiza, recibió en 2023 más de 1,14 millones de solicitudes de asilo, lo que significa un 18% más que en 2022 y la cifra más alta desde 2016, según datos de la Agencia de Asilo de la Unión Europea (AAUE). 

Pero todo esto no es resultado de un único factor. Han sido varias las causas que han contribuido al aumento de la migración reciente. Guerras, conflictos armados y violencia generalizada son uno de los principales motivos de desplazamiento, en concreto, la situación de países como Siria, Yemen y Afganistán, donde la guerra obliga a millones de personas a abandonar sus hogares. 

América Latina, especialmente Venezuela, ha experimentado una significativa emigración debido a crisis económicas. Y es que la inestabilidad y el desempleo presente en muchas regiones impulsan a buscar mejores condiciones de vida en otros países. Junto a ello, el cambio climático, presente en sequías prolongadas, inundaciones y huracanes cada vez más frecuentes y severos, ha incrementado la migración. 

La situación canaria

En enero de 2024, el número de extranjeros que residían en España ascendía a 6,5 millones de personas. De estos, estudios de 2021 estiman que entre 405.000 y 446.000 personas residían sin papeles, una cifra que no deja de aumentar en lugares cercanos a la costa africana, en concreto en Canarias. 

El archipiélago arrancaba el año con cifras especialmente altas de situaciones irregulares. En marzo de 2024, el número de inmigrantes en las islas ya había aumentado un 539%. Tan solo en los dos primeros meses, enero y febrero, llegaban 11.932 personas, en marzo fueron 1.183 y, en abril, se sumaban al rededor de 2.800 nuevos migrantes en las islas. 

Hasta el momento, se considera que existen tres rutas marítimas diferentes a Canarias: la del sur de Marruecos, la de Mauritania y la de Senegal. Los cayucos —las embarcaciones propias de estos viajes— llegan desde diferentes puntos de Marruecos, Sáhara Occidental, Mauritania, Senegal e, incluso, Gambia, a 1.600 km de la costa española. 

De este conjunto de siete islas, ha sido El Hierro —a pesar de no ser el primer terreno avistado en la ruta desde África— la que se ha convertido en lugar predilecto para quienes huyen de sus hogares. 

Falta de comida, escasez de agua, largas distancias, la crueldad del mar y una inexistente seguridad en las embarcaciones han hecho de esta ruta un ‘viaje a la muerte’. El colectivo de Caminando Fronteras, centrado en la defensa de los derechos de las personas y las comunidades migrantes, asegura que, en 2023, más de 6.000 migrantes fallecieron tratando de encontrar una vida mejor. 

Más allá de Europa

Sin embargo, esta situación no es solo una cuestión europea y, en Estados Unidos, la migración también ha sido un tema central en la política nacional, especialmente bajo las administraciones de Donald Trump y Joe Biden

El republicano optó por estrictas políticas de control fronterizo, reduciendo significativamente el número de refugiados admitidos. Por su parte, Biden ha tratado de revertir algunas de estas políticas, desde su llegada a la Casa Blanca el 20 de enero de 2021. 

Reuniones transfronterizas en el muro que separa a México y Estados Unidos.

Reuniones transfronterizas en el muro que separa a México y Estados Unidos. shakzu Istock

En 2019, aproximadamente el 27% de la población de California eran inmigrantes, convirtiéndose en el destino por excelencia, tal como afirma el Centro de Estudios Migratorios. Además, según el Pew Research Center, 1,85 millones de los inmigrantes en este territorio eran indocumentados en 2021, una situación que ha mejorado respecto al 2007, donde contaban con 2,80 millones de personas en esta posición. 

Políticas como la separación de familias en la frontera y el intento de terminar con el programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), destinado al retraso de la deportación de las personas que llegan a Estados Unidos cuando son niños y no tienen documentación, fueron medidas identificadas como una ‘guerra’ de Trump contra de los derechos humanos.

La deshumanización del migrante

Ser migrante, especialmente en situaciones irregulares, implica enfrentarse a innumerables adversidades y peligros, incluso, más allá de lo que supone la propia travesía. Según un estudio realizado por la Universidad de Granada, el 53% de las personas migrantes que llegan a la península presentan síntomas de trastorno de estrés postraumático (TEPT), además de otros problemas de salud mental y física. 

Hacinamiento en los centros de recepción, denuncias de malos tratos o falta de profesionales y servicios básicos, incrementan la deshumanización a la que estos migrantes deben hacer frente.

Una investigación realizada por Bruce Link, profesor en la Universidad de California, asegura que la retórica utilizada por líderes políticos como Trump al referirse a los migrantes como “animales”, legitima la estigmatización e incrementa el estrés y la discriminación. 

La estigmatización aumenta el estrés, lo que causa o exacerba una serie de problemas de salud física y mental, entre ellos, enfermedades cardíacas, problemas gastrointestinales, presión arterial alta, ansiedad, depresión y trastornos del sueño”, explica Link.

Una situación que se enfrenta a la escasa probabilidad de que los migrantes busquen atención médica como consecuencia del temor ser discriminados o deportados. “Ir al médico es una amenaza porque está vinculado a una autoridad y esto se intensifica cuando te preocupa que te traten de forma diferente y negativa”, añade el profesor de la UCR.

Un ciclo de miedo y marginación que resulta en un efecto dominó en la salud pública, tanto para el propio bienestar de los migrantes, como en lo relativo a la expansión de enfermedades contagiosas. 

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