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De ciudad en ruinas a ícono global: un paseo virtual por la historia de Brooklyn

Autor: MSN

© Proporcionado por Clarín
Paseo por la historia de Brooklyn (CONTENIDO EXCLUSIVO NEW YORK TIMES) (Zack DeZon/The New York Times).

Por Michael Kimmelman

NUEVA YORK – Brooklyn fue incorporada a los Estados Unidos de forma oficial en 1834. Al momento de la Guerra Civil, ya era la tercera ciudad más grande del país. Poco más de un siglo después estaba en ruinas y perdiendo empleos en masa.

Ahora es un ícono global, una gloriosa y compleja megalópolis de calles prósperas donde se cruzan la gentrificación y pobreza, sus florecientes barrios iluminados por un millón de luminarias y sus emblemas más notorios un salto en paracaídas y una vieja y querida montaña rusa.

Thomas J. Campanella enseña planificación urbana y dirige el programa de Estudios Urbanos y Regionales de la Universidad de Cornell. Historiador residente del Departamento de Parques y Recreación de la Ciudad de Nueva York, es un nativo de Brooklyn de cuarta generación y el autor del libro Brooklyn”: La ciudad del principio del futuro.

Este artículo forma de una serie de notas que, debido a la cuarentena, se han convertido en paseos virtuales por la ciudad con arquitectos y otros especialistas. Hablé con Campanella por teléfono y compartimos los mapas de Google.

Campanella propuso un paseo desde Brooklyn Heights hasta las puertas del Astillero Naval de Brooklyn. El paseo serpenteaba por el Cadman Plaza Park y Vinegar Hill: un par de kilómetros que engloban una historia de cientos de años.

Campanella sugirió “reunirse” en el Fulton Ferry Landing, debajo de los Heights, a la sombra del Puente de Brooklyn. Es el “comienzo de la historia”, dijo, donde los ferrys a Manhattan comenzaron a cruzar el East River en 1642.

–¿La historia de Brooklyn comienza aquí?

–La del Brooklyn moderno, sí. Brooklyn fue durante mucho tiempo el hogar de una tribu de indígenas americanos, los Lenape. Se localizaban alrededor del sitio donde desembarca el ferry y, sobre todo, en el extremo sur, alrededor de Gerritsen Creek, el actual Parque Marino, y también en Barren Island y Bergen Beach.

Los holandeses llegaron a principios del siglo XVII. Los ferries que cruzaban el East River comenzaron a abastecer a Nueva Ámsterdam de comida, provisiones y madera. Frederick Law Olmsted, el arquitecto paisajista que trazó el Central Park y Prospect Park, se refirió una vez a Manhattan como una ciudad amurallada, cercada por el agua. Brooklyn era un vasto y abundante territorio que sostuvo a Manhattan por un par de cientos de años.

Alrededor de 1814, Robert Fulton desarrolló el primer ferry de vapor rápido y fiable entre este lugar y la parte baja de Manhattan, que hizo la travesía en pocos minutos. Eso desencadenó un auge en el desarrollo de viviendas. Uno de los inversores y amigos de Fulton fue Hezekiah Beers Pierrepont, que compró tierras en Brooklyn Heights, trazó una cuadrícula y comenzó a construir casas unifamiliares en hileras.

–Los primeras proyectos que se hicieron pensando en el tráfico. Pierrepont le puso su nombre a una calle.

–Hicks, Furman y Remsen hicieron lo mismo. Son los primeros desarrolladores de los Heights. Pierrepont anunció que el barrio combinaba todas las ventajas rurales con la mayoría de las comodidades urbanas.

–El prototipo del suburbio.

–Brooklyn Heights fue el primer suburbio de Estados Unidos. En la década de 1860, el barrio estaba floreciendo. Las primeras casas, como 24 Calle Middagh, eran en su mayoría construcciones de madera. Cada vez más, están hechas de ladrillo y revestidas con una arenisca color chocolate extraída de una cantera en Portland, Connecticut, y luego enviadas por el río Connecticut a Red Hook o Gowanus en un barco apropiadamente llamado Brownstone.

A la gente le gustaba la piedra marrón porque era cálida, suave y fácil de trabajar. Esto también implica un problema en la actualidad, ya que mantenerla es un problema porque se desmorona y erosiona fácilmente. Los años 1860 y 70 fueron el apogeo del eclecticismo en la arquitectura estadounidense. Así fue que terminamos con los brownstones del renacimiento griego, los italianas y los neogóticos.

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Los primeros tenían mucha piedra tallada y hierro forjado. Los interiores eran de madera tallada a mano. En la década de 1880, con la producción en masa, una gran parte del trabajo en madera se había automatizado, el hierro fundido reemplazó al hierro forjado, se empezó a usar terracota en vez de piedra tallada y el revestimiento se volvió cada vez más delgado.

Un ejemplo es el 76 Calle Willow. Es un edificio de ladrillo con un fino revestimiento frontal de piedra marrón, como el glaseado de chocolate en una torta. Unas pocas puertas más abajo está el 70 Willow, que sólo tiene un revestimiento de piedra marrón. Allí vivió Truman Capote en la década del 50, después de que los Heights entraran en declive y fueran colonizados por artistas e intelectuales.

–¿Qué precipitó el declive del barrio?

–La suburbanización, el mismo fenómeno que había creado los Heights. En la década del 20, las viejas elites anglo-holandesas huían hacia Scarsdale y Bronxville. En los 50, se había venido un poco abajo. El mismo brownstone había pasado de moda mucho antes de eso.

La Exposición Mundial Colombina de 1893 en Chicago de repente hizo que el neoclasicismo se pusiera de moda. La piedra caliza se convirtió en la moda entre los neoyorquinos ricos. La cantera de piedra caliza en Connecticut cerró no mucho tiempo después. Ahora es un parque de aventuras.

–Usted desciende de una larga línea de nativos del lugar.

–Cuarta generación. Crecí en Marine Park, en lo que sería el equivalente de clase media de un brownstone de los años 20, una casa unifamiliar del estilo renacimiento Tudor. El celular al que me llamó era el número de teléfono de la casa de mi infancia. Mi madre creció en Vinegar Hill, iremos allí.

La familia de mi padre vivía en Coney Island. Su familia se mudó del Lower East Side alrededor de 1902 para escapar de un brote de cólera. Su abuelo, Michael Onorato, abrió una peluquería en Coney Island a la vuelta de la esquina de Steeplechase Park (se llamaba Michael’s Tonsorial Parlorial Parlor). Uno de sus clientes era George C. Tilyou, el fundador de Steeplechase.

Debido a esto, todos mis parientes consiguieron trabajos de verano en el parque. Mi tío abuelo Jimmy se convirtió en gerente general durante 40 años. Era una leyenda en Coney Island. Le decían Jimmy de Steeplechase. Durante los veranos, mi padre operaba el Salto en Paracaídas. Luego fue a la escuela nocturna en el G.I. Bill, se recibió de ingeniero eléctrico y abrió un pequeña negocios de motores eléctricos en Bensonhurst con mi abuelo. Después volvió para obtener otro título en literatura inglesa. Probablemente fue el único reparador de motores en Brooklyn que citara a Byron, Shelley y Shakespeare.

Caminemos desde los Heights por la calle Orange hasta Cadman Plaza West, cerca de la salida del tren A, donde se encontraba la imprenta de los hermanos Rome.

–Fueron los que publicaron el libro Leaves of Grass, también nativos del barrio.

–El edificio de los Rome fue demolido a principios de los 60 en la última fase de una enorme campaña de renovación urbana que Robert Moses había iniciado décadas antes. Todo formaba parte del proyecto para hacer el Centro Cívico de Brooklyn. Su idea era crear un reluciente centro cívico y administrativo para el centro de Brooklyn. Moses limpió toda la suciedad urbana que se había acumulado en esta área, y había mucha. Lo que ahora es el Cadman Plaza Park solía ser una densa madriguera de líneas ferroviarias entrelazadas, vías de tren elevadas, edificios comerciales y fábricas que habían productos de manufactura liviana.

–¿Había viviendas también?

–Algunas. Era una mezcla de grupos étnicos, aunque no había muchos negros. El principal barrio afroamericano estaba al sur del Astillero Naval de Brooklyn, que fue bombardeado para construir lo que se convertiría en uno de los proyectos de vivienda pública más grandes de la historia de EE.UU.: las Casas de Fort Greene (que ahora son las Casas Ingersoll y Whitman).

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–Supongo que los habitantes de Brooklyn protestaron por las demoliciones del Centro Cívico.

–No mucho. El proyecto fue alabado por la gente de más poder dentro del municipio, el más importante de los cuales fue un tipo llamado Cleveland Rodgers. Estaba en la comisión de planificación de la ciudad, y era un buen amigo de Moses. Escribió notas de opinión alabando el proyecto en el Brooklyn Eagle. La sede de Brooklyn Eagle fue derribada como parte de la última fase de renovación.

–Triste. George L. Morse era el arquitecto.

–Era un lindo edificio. Moses calificó el parque, que estaba bordeado por plátanos, como el equivalente en Brooklyn a la Plaza San Marcos de Venecia. Los diseñadores fueron dos de sus más fieles consultores, Gilmore D. Clarke y Michael Rapuano.

–También diseñaron el Paseo Marítimo.

–Entre muchas otras cosas. Rapuano volcó lo aprendido durante sus estudios en la Academia Americana en Roma en la década del 20 en su trabajo. Vio cómo los artistas y diseñadores del Renacimiento italiano jugaban con la perspectiva y el escorzo. Admiraba las filas de plátanos en la colina del Janículo y en la Villa Aldobrandini. Diseñó el parque de una manera que resaltara su elemento central, el Memorial de la Guerra de Brooklyn, que recuerda a los casi 12.000 oriundos del barrio muertos durante la Segunda Guerra Mundial.

Hubo un concurso abierto de diseño para el monumento. Lo curioso es que los finalistas eran todos los favoritos de Moses. El equipo que hizo el proyecto ganador incluía a Clarke y a Eggers y Higgins, un estudio con inclinaciones Beaux-Arts que hizo el Monumento a Jefferson en Washington. Las esculturas del monumento son de Charles Keck, un estudiante de Augustus Saint-Gaudens. Es un monumento austero y magnífico, el último gran ejemplo del neoclasicismo de Beaux-Arts en Nueva York.

Si caminamos hacia el este desde el parque en Tillary podemos pasar por uno de los pocos supervivientes del plan de renovación de Moses, el Edificio Federal y la Oficina de Correos, del arquitecto Mifflin Bell.

Sigamos hacia el este en Tillary, giramos a la izquierda en Jay, luego a la derecha bajo el B.Q.E. (Brooklyn-Queens Expressway) en Sands Street, que termina en el Brooklyn Navy Yard. Sands Street es ahora una autopista de doble ancho. Pero solía ser una calle densa, vibrante y diversa, repleta de marineros, llena de tiendas, peluquerías, cafés, restaurantes, salas de juego, salones de tatuajes, burdeles y bares. Quienes rondaban la Casa de Febrero paseaba por los bares y se empapaba del color.

–William Thomas McCarthy y Rosario Candela fueron los arquitectos de Concord Village, por cierto.

–Ah, claro. Sands era un blanco caliente y brillante para Moses, que se las daba de cruzado moral. Lo derribó todo y construyó una flota de torres de vivienda pública en forma de asterisco llamadas las Casas Farragut –mi tío Sebastián vivió allí al principio y le encantaba– que en los años 70 era un barrio problemático. Lo único que queda de los viejos tiempos, arquitectónicamente hablando, es el 167 de Sands St., el antiguo YMCA de Brooklyn Navy Yard.

–Una obra de piedra caliza y ladrillo estilo Beaux-Arts de 1902 con motivos náuticos. Convertido hace algunos años en vivienda, creo.

–Esta zona es parte de lo que hoy en día se conoce como Vinegar Hill. Como Brooklyn Heights, fue un desarrollo especulativo en el siglo XIX. En este caso, estaba dirigido a los inmigrantes irlandeses de clase trabajadora que inundaban la ciudad durante la década de 1850, muchos de los cuales consiguieron trabajo en el Astillero Naval. La avenida Hudson, cerca de Sands, era un exponente típico del barrio original: empedrada, maravillosamente escalonada, con casas de tres pisos del renacimiento griego y negocios en la planta baja.

–Algo muy buscado ahora.

–Mi madre creció en la década del 30 en el 96 de la avenida Hudson, cuando Vinegar Hill era conocido como el quinto distrito y no era un barrio del que uno hiciera alarde. He visto fotografías aéreas de esa época. Los enormes tanques de almacenamiento de gas natural estaban a centímetros de los edificios de viviendas.

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Mi madre me dijo que los niños se hacían sombreros de diario para protegerse la cabeza de las cenizas y el hollín que llovía cuando se limpiaban las calderas de la planta de turbinas de vapor por las tardes.

–Una de las chimeneas de la planta de turbinas sigue ahí.

–Solía haber cuatro chimeneas. El barrio era en su mayoría italiano, lituano, polaco, algunos negros. Tenía una impronta de las que le gustaban Jane Jacobs, con un fuerte sentido de la comunidad y la vida en la calle. Era un poco áspero pero era un lugar donde la gente miraba por sus ventanas y se gritaban unos a otros.

–Mantenían los ojos en la calle.

–Exactamente. Como una pequeña niña católica, mi madre sentía vergüenza de vivir a la vuelta de la calle Sands, así que tuvo sentimientos encontrados cuando Moses hizo desaparecer la vieja calle Sands. Por otro lado, no estaba contenta de que demoliera su casa familiar.

–¿Dónde fue eso?

–En la parte de atrás de la tienda de mi abuelo. Allí vendía pastas, queso, algunas frutas y verduras frescas. Mi abuelo, Giovanni Tambasco, abrió el lugar en la década del 20. En mi heladera todavía tengo un cuarto de rueda de queso de 80 años de su tienda. Iba un par de veces a la semana al amanecer con su carrito al Mercado Wallabout, justo afuera del Astillero Naval.

En aquel entonces, ese era uno de los mercados de productos más concurridos de Estados Unidos. Atendía gente de todo Brooklyn. Fue derribado cuando el astillero se expandió durante la Segunda Guerra Mundial. Los edificios del gran renacimiento flamenco. Cuando se fue, la tienda de mis abuelos estaba condenada. 

–Dijiste que querías terminar en el Astillero Naval, que es un largo y maravilloso paseo por sí mismo.

–Ahora hay un Wegmans cerca de la puerta de la calle Sands y un Russ & Hijas dentro. La última vez que mi madre vio el barrio, a finales de los 80, fue tan triste y sombrío. El patio data de 1801. En el pico de las operaciones durante la Segunda Guerra Mundial, 75.000 hombres y mujeres construían el Iowa y el Missouri, en el que la guerra terminó en el Pacífico. Algunos de los mayores barcos de la historia americana se construyeron en el astillero. El Vincennes, de la década de 1820, fue el primer buque de la marina en circunnavegar el mundo. El Niágara, a partir de 1855, colocó el primer cable transatlántico.

–En el museo del Astillero Naval, he visto una fotografía de un portaaviones que sale del astillero y trata de girar en el Río Este hacia el puerto. Es un vehículo de 18 ruedas que navega por las calles de una pequeña ciudad italiana en las colinas. El astillero se ha vuelto claramente anticuado para los nuevos buques de guerra de gran tamaño.

–El patio fue desmantelado en 1966. Miles de personas perdieron sus trabajos. Para entonces, los Dodgers habían dejado Brooklyn. El Parque de Carreras de obstáculos había cerrado. Las empresas de todo Brooklyn huían de los disturbios laborales, la violencia y los altos impuestos del sur de EE.UU.

El Astillero Naval es la historia de Brooklyn en pocas palabras, desde principios del siglo XIX a través de los cataclismos de la renovación urbana, el declive industrial, hasta hoy, cuando el astillero está prosperando y el municipio es una marca global.

–El símbolo de la renovación.

Nueva York siempre encuentra una manera de recuperarse.

© 2020 The New York Times

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