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E3: nacimiento, evolución y muerte de la mayor feria de los videojuegos

Autor: vidaextra

¿Habría tenido algún sentido que se celebrase un E3 en 2024? La realidad se impone cuando programar un vídeo en YouTube es la opción gratuita más eficaz y potente frente a un super-despliegue de menos cinco minutos sobre un escenario. A esto hay que sumar el tener que competir con otros 40 anuncios con el mismo plan. Lo triste es que esto no es una exageración.

Muchos recordamos el E3, la Electronic Entertainment Expo, como una sucesión de presentaciones generosamente regada de anuncios y sorpresas. Pero lo cierto es que eso solo es una de las varias caras del mismo dado: la Entertainment Software Association (ESA) también se dedicaba a hacer un repaso de la industria y presentar el hardware a puerta cerrada para los desarrolladores; tendía lazos entre empresas y, por supuesto, gestionaba los puestos y exhibiciones en el Centro de Convenciones de Los Ángeles de cara a los asistentes, incluyendo la prensa y el público. 

Ahora casi todo eso se puede hacer online. No es lo mismo, pero el alcance y la comodidad es drásticamente mayor. Las conferencias a puerta abierta o a puerta cerrada rara vez tienen esas referidas puertas. Y luego está el hecho de que un simple tuit puede tener más fuerza y repercusión que esas enormes y carísimas vallas que envolvían el centro de convenciones.

Si, además, lo que tienes entre manos es bueno o muy esperado, el mensaje llegará a escala planetaria al minuto, en tus términos y gratis. Pero para ser justos toca ver la imagen completa: durante años el mayor evento anual del videojuego fue un factor trascendental a la hora de transformar y hacer evolucionar la industria del entretenimiento.

La razón de ser del E3: mucho más que una valla publicitaria gigante

Hasta hace unos años, los grandes anuncios de videojuegos se diseñaban para que llegasen de manera exponencial. Se celebra un evento, los asistentes recogen el testigo y lo amplifican a través de sus propios medios. Ya bien sea un pequeño blog o el noticiero local o a escala nacional. Pero, claro, hubo un tiempo en el que los videojuegos se ponían al lado de los electrodomésticos en los grandes almacenes.

Ahora, como compañía, buscas la viralidad. El golpe de efecto. Y eso es un factor clave en un momento en el que toda la industria del videojuego se tambalea y hasta los titanes tienen que medir los tiempos, los gastos y cuando y cómo realizar los anuncios. Un arma de doble filo en según que casos.

Ya sea de cara a mostrar GTA 6 al mundo, anunciar la próxima consola de Nintendo o hacer oficial de que has comprado Activision Blizzard por una millonada. Ese tipo de bombazos pueden ocurrir en cualquier momento, pero antes todo eso se hacía -y se hizo- en el E3. Porque era una de sus razones de ser.

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  • Desde aquel mando con forma de plátano para PS3 junto con una consola (de muestra y que no funcionaba) y que era fotografiado desde todos los ángulos imaginables para saciar la incertidumbre de los fans.

  • A la promesa de un nuevo Zelda con Miyamoto apareciendo de la nada blandiendo una gloriosa Espada Maestra. A veces conquistándonos a la primera y otras ganando a pulso nuestra confianza.

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  • Y, claro, ¿cómo olvidar aquellos tatuajes que Peter Moore se hacía para cerrar sus presentaciones? Uno para anunciar que Grand Theft Auto llegaba a Xbox. Otro para Halo 2

Sobra decir que el panorama era completamente diferente hace diez años, y mucho más hace dos décadas. El E3 tenía un peso sustancial tanto en la industria del videojuego y los enamorados del medio: Sony le comió la tostada a SEGA cuando le puso el precio a la PlayStation y, casi 20 años después, prácticamente ganó la octava generación antes de salir impulsando su PS4 frente a todos los contras de la Xbox como traer incluido Kinect, la obligación de la conexión de internet y un precio mucho más atractivo.

En aquellas ferias había muchísimo en juego. A veces todo. Pero hoy la manera de comunicar es diferente. Lo cual nos lleva al origen de todo.

El primer E3 tuvo lugar en 1995, una etapa apasionante y prolífera para la industria del videojuego. Durante décadas fue ese gran punto de encuentro y gran exposición que necesitaban y venían pidiendo las pequeñas y grandes compañías, los medios dedicados y los enamorados de los videojuegos. Al cabo de muy pocas ediciones su formato quedó establecido: estaba la gran feria de los Ángeles y, en un segundo plano, todo lo demás. Pero la realidad es que, incluso en esas, lo que nos llevó a su desaparición es que la ESA no se supo adaptar a los tiempos.

Por mucho que nos pese a los que lo vivimos como lo que era: esa ventana a todo lo que estaba por llegar, presentada entre bombazos sorpresa y fanfarrias. Esa que abríamos con optimismo e ilusión, y cerrábamos agotados. Casi siempre satisfechos. Pero, ¿cómo comenzó todo? Técnicamente, Mortal Kombat tuvo mucho que ver.

Mayo de 1995, se celebra el primer E3

Tweet 1734790249706901958 20231213 232357 Via 10015 Io Michael Jackson jugando a Tekken en el primer E3

En abril de 1994 nace la ESA. Bueno, técnicamente lo que en 2003 pasará a ser la actual ESA. Y no de manera caprichosa: los videojuegos ya era mucho más que juguetes, con lo que el propósito de la Interactive Digital Software Association (IDSA) buscó ser ese punto en común de todas las diferentes aristas de la industria del videojuego. Algo impulsado en gran medida por las polémicas de Mortal Kombat. Aquello iba desde el sistema de clasificación por edades a Las grandes compañías, los fabricantes de Hardware y aquellos que buscaban hacer negocios más allá de los formatos habituales.

Dicho de otro modo: había otros grandes eventos y ferias, como la Consumer Electronic Shows (CES) pero la popularidad de los videojuegos y la emergente necesidad de un lugar en el que exhibir los anuncios demandaba un formato propio y dedicado. Las otras ferias de electrónica y consumo se les habían quedado pequeñas. Así que la IDSA, la futura ESA, creó junto al International Data Group el primer E3 en mayo de 1995. Su éxito fue arrollador, y no fue para menos.

En el primer E3 debutaron y coexistieron títulos como el primer Resident Evil, Rayman, Comix Zone o Chrono Trigger, así como las esperadísimas secuelas de Donkey Kong Country o FIFA entre muchísimos otros grandes lanzamientos. Sin embargo, el atractivo principal pasaba por cómo se dibujaba el futuro del videojuego.

SEGA anunció que Saturn llegaría de manera inminente, PlayStation irrumpió a lo grande y lanzó el guante a todas las demás con su catálogo de lanzamiento y una cifra histórica: 399 dólares. Nintendo empezó la conversación en torno a N64. Hasta la 3DO puso toda la carne en el asador.

El primer E3 fue mucho más más exitoso de lo esperado. No solo puso el merecido foco a la industria del videojuego que llevaba más de una década reivindicando, sino que sirvió como nexo entre todas las partes implicadas. Los fans que no asistían devoraban cada pequeño anticipo mostrado en los medios de televisión y papel.

¿Había anuncios sorpresa? Sí, pero no como con ese efecto brutal de los que llegarían a posteriori. Aquel E3 de 1995 fue la piedra de toque de lo que pasará a ser la gran feria del videojuego y el máximo escaparate a nivel mundial de esta pasión, y la ESA supo capitalizar el momento.

E3 2007, toca empezar a adaptarse a los tiempos modernos y asumir las primeras bajas

Diez años después, el E3 se posicionó como el epicentro durante una semana de la industria del videojuego. Y estar ahí era carísimo. ¿Cuánto cuesta tener una exposición en el Centro de Convenciones durante esos días? Según datos recogidos por Engagement, entre 5 y 10 millones de dólares.

Siendo justos, lo que Microsoft, Nintendo o Sony invertían para tener su propio gran evento de la feria estaba a otro nivel, y no solo en presupuesto. Ahora bien, a diferencia del resto, estas compañías conseguían retener la máxima atención como si fuesen pararrayos. Cada minuto sobre el escenario y cada anuncio era valiosísimo y bien ejecutado quedará en la retina de los jugadores para siempre. Pero no todo era el espectáculo por “ganar el E3”: fuera de los escenarios se establecían sus estrategias y futuras alianzas. Durante años la ausencia al E3 no era una opción. ¿Por qué?

Para las grandes o las pequeñas, estar fuera del E3 era ceder un terreno vital ante todos los que sí iban a participar. Tanto si exhibías como si buscabas estar en el candelero. Era elegir entre formar parte de la conversación, aunque sea de pasada, o estar fuera con lo que eso implicaba. La otra cara de la moneda es que los altos costos de presentarse eran un problema y, a la vez, un filtro para muchos juegos.

Y sobra decir que todavía quedaba un poquito, pero no mucho, para que explotase definitivamente el boom por los juegos independientes.

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Los problemas empezaron a llegar a su debido tiempo. El modelo del E3 no solo empezaba a dejar de ser atractivo o una opción para muchos de los participantes, y eso sumado a la cada vez mayor afluencia de visitantes que, por diversas razones, no suponían el impacto publicitario por el que se realizase el enorme desembolso (mucho antes de que el concepto de influencers echase raíces y con YouTube y Twitter en pañales) la ESA decidió darle un nuevo enfoque al E3: menos expositores, menos espacio y menos asistentes, pero elegidos de manera más selectiva. El remedio fue peor que la enfermedad.

Aquella idea de ofrecer un E3 más enfocado al carácter profesional y menos al gran espectáculo no duró demasiado. Muchos de los asistentes empezaron a despegarse del proyecto y Activision, una de las grandes compañías, se bajaría del carro en 2008 con Bobby Kotick (su CEO) afirmando rotundamente que sus proyectos eran demasiado grandes para el E3. Aquella fue la primera gran escisión de todo lo que llegará después.

La década de 2010: los medios y las prioridades han cambiado

El E3 siguió siendo la gran feria del videojuego cuando retomó sus cauces a partir de 2009, pero la salida de Activision fue solo la primera de muchas. En 2013 Nintendo optó por dejar de hacer conferencias y eventos y ofrecer un formato de vídeos pregrabados, lo que derivará en los Nintendo Directs que hoy, de un modo u otro, se han estandarizado.

El formato de eventos grabados y emitidos de Nintendo no solo evitaba tener que compararse con lo que hacen el resto de compañías (aunque la Gran N sabía aprovechar muy bien esos momentos) sino que además son más eficaces y se controla mucho mejor el qué, el cuándo y el cómo. Por no mencionar la manera de desgranar las reacciones de los espectadores y ofrecer algo del agrado del público occidental y oriental. Con todo, la delicada salud de Satoru Iwata, el presidente de Nintendo que nos dejará dos años después, tuvo mucho que ver.

Se venían tiempos de cambio, pero hasta 2018 todas las grandes compañías se volcaron de lleno en el referido concepto de “ganar el E3”. Una competición fomentada cada vez más con el auge de las redes sociales. ¿Algo saludable para la industria? Bueno, como comentamos algo de eso ya estaba presente en el primer E3. Y que ninguno quisiese ser menos beneficiaba a los jugadores y a quienes llevaban todo un año esperando el evento.

Pero volvamos a 2016, porque la gradual canida del E3 no fue algo repentino. Electronic Arts – otro de los titanes- decidió ir un paso más allá que Nintendo y Activision y no solo se retiraba del E3, dejando la puerta abierta a intervenciones en otras conferencias en calidad de invitado, sino que montó su propio evento alternativo. El EA Play. El primero de una tradición intermitente que lograba que los juegos de la compañía tuviesen todo el protagonismo condensado y, ya puestos, darle un tratamiento especial a medida al regreso de sus sagas anuales. Las cuales salían a la venta solo un par de meses después.

Y no lo vamos a negar: es complicado no darles la razón a EA cuando anunciar que un nuevo FIFA o Madden en el E3 llevaba siendo una jugada tan previsible como carísima durante demasiados años. Era necesario buscar un espacio en el que sus grandes juegos, cada vez más costosos, se luciesen en propiedad cada minuto en lugar de lograr reacciones que iban desde lo predecible en adelante.

¿Eso quiere decir que el E3 había perdido su magia? En Absoluto: un año antes, en 2015, PlayStation se sacará de la chistera una de las conferencias más emblemáticas en la que su PS4 (que había sido coronada en el mismo E3 años antes frente a Xbox One) se aseguraba la llegada de juegazos como Final Fantasy VII Remake, recuperaba Shenmue y su largamente esperada tercera parte y llenaba de ilusión a los jugadores de DualShock 4.

Lo que nadie sospechaba entonces es que PlayStation solo regresará al E3 tres veces más a partir de ese punto: en 2019 Sony anunciará que no volverá a la feria de los Ángeles y, como Electronic Arts, se centrará en sus propios eventos. Un formato que funcionaba de maravilla para un público que ya no se informaba desde el papel o la televisión, sino a base de tráilers en YouTube, hilos de Reddit, directos de Twitch y filtraciones en Twitter.

Todo esto, cabe decir, en vísperas de un muy esperado relevo generacional y de un acontecimiento que lo cambiará todo: los años de pandemia. Los mismos que obligarán a bajar la persiana a más de medio planeta, incluyendo el Centro de Convenciones de los Ángeles.

El último E3 fue en 2021… aunque entonces no lo supimos hasta dos años después

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Retomamos la pregunta inicial: ¿Tenía sentido que se celebrase un E3 en 2024? En 2020 no se celebró la gran feria de los videojuegos. Los motivos fueron de causa mayor y la salud de todas las partes implicadas fue la prioridad. Hicieron bien.

Sin embargo, quedó más que patente que en un mundo de eventos digitales, con sorpresas estudiadas y filtraciones los 365 días del año y en el que las coberturas se hacen desde cualquier lugar del planeta, sobre la marcha y en tiempo real, lo que quedaba de aquel gran evento era más el romanticismo de la experiencia.

Toca recordar que el E3 no era solo lo que pasaba entre los stands y las salas de conferencia: era un punto en el que convergía toda la industria del videojuego. En el que pequeños y grandes desarrolladores se intercambiaban las tarjetas de visita. En el que se mostraba a puerta cerrada cómo sería la siguiente gran consola o ese hardware con el que se quería revolucionar el videojuego.

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La otra realidad es que el mundo gira cada vez más rápido y la ESA no supo adaptarse para hacer lo suficientemente atractivo su formato. Ni de cara a las grandes participantes, ni tampoco a unos asistentes presenciales y online casi, casi inmunizados ante grandes anuncios que no sean mega bombazos.

Y no lo vamos a negar: que todas las partes implicadas tuviesen su propio evento digital y galas como los Game Fest o los Game Awards acaparasen todos los grandes anuncios y sorpresas, convirtieron la ausencia del E3 en una anécdota. No hubo sensación de vacío y la actualidad del videojuego, incluyendo la presentación de las nuevas consolas, se abrió paso a través de nuevos cauces.

El último E3 fue en 2021, aunque entonces no lo supimos hasta dos años después. Se apostó por un formato presencial y online. Microsoft, Ubisoft o Square Enix lo dieron todo. Capcom y Nintendo añadieron sus propios formatos de cara al calendario de los eventos digitales. Le pusimos fecha de lanzamiento a Starfield, Resident Evil Village, pero también se demostró que ni la gran feria de los videojuegos podía hacer milagros con Babylon’s Fall, Back 4 Blood o la secuela de  Mario + Rabbids.

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Como resultado a esto, y de manera escalonada, Ubisoft, SEGA o Tencent adelantaron que no asistirían a los siguientes E3. En enero de 2023 Nintendo, Sony y Xbox se bajaban del carro y ofrecerían sus anuncios a través de otros formatos. Había toda una variedad de opciones.

El último acto por la iniciativa constó de dos movimientos: no celebrar el E3 2023 para, meses después, anunciar que no se volverá a celebrar la gran feria del videojuego de Los Ángeles. Casualidad o no, apenas unos días después de unos Game Awards 2023 que nos dejaron con casi medio centenar de anuncios.

El E3 legitimó nuestro medio, nuestra industria, nuestra pasión

¿Qué pasará a partir de este punto? Está claro que aquella competición abstracta por “ganar el E3” con el mejor anuncio o el hardware más atractivo le daba vidilla a cada edición. Pero está claro que no nos vamos a quedar sin conocer las novedades del videojuego. No cuando incluso se nos filtran horas antes.

Pero al hacer un repaso nos quedamos con esa otra cara de la que no hemos hablado hasta ahora. La de los momentos de Keanu Reeves recordando a los asistentes que le dejan sin aliento. La de los tatuajes de Peter Moore. La de Reggie, de Nintendo, sentenciando que su cuerpo “está listo” para subirse a la Balance Board de Wii. La de Shigeru Miyamoto haciendo estallar de júbilo a los asistentes al anunciar un nuevo juego de The Legend of Zelda.

Según palabras de Peter Moore, quien acudió como representante de SEGA, Xbox y hasta Electronic Arts al E3, el evento fue trascendental para que la industria del videojuego fuese lo que es hoy. Razón no le falta.

“El E3 legitimó nuestro medio, nuestra industria, nuestra pasión. Fue divertido, irreverente y disruptivo. Impulsó los juegos a las portadas y a las noticias principales cada verano. Fue costoso y llevó mucho tiempo, pero finalmente valió la pena cada centavo y la sangre, el sudor y las lágrimas.”

La Electronic Entertainment Expo es cosa del pasado. Y no es algo nuevo, ni que nos pille con la guardia baja. Lo que perdemos es algo más que una cita anual con la sorpresa y el futuro del entretenimiento, sino también con esa cara no tan corporativa y más apasionada de la industria del videojuego. Con motivos para ser competitivos, licencia para ser gamberros y mucho margen para seducir a los fans del medio.

Esa clase de emociones que le dan una razón de ser a nuestra obsesión favorita y que, independientemente de todo lo demás, era lo que hacíamos que esperásemos el siguiente E3 con la ilusión y el optimismo de la que ha sido y siempre será la gran feria del videojuego.

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