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El ADN de Picos de Europa, en California

Autor: Ana Gaitero

El secreto de Susan Hutchers estaba guardado en un banco de ADN. Esta californiana que reside en Sacramento, capital del estado, empezó a tirar del hilo de su verdadera identidad en 2017. «Nací en San Francisco en 1969. Mi mamá había llegado de Centroamérica. Yo sabía que mi padre no era mi padre», explica en una mañana de junio recién llegada a la capital leonesa con su marido y sus hijos.

«Dios, encuentra a mi papá verdadero», clamaba para sus adentros cuando decidió volcar sus muestras biológicas en el Ancestry DNA, un banco especializado en la búsqueda de antepasados a través de la genética por rasgos regionales. La primera pista fue una sorpresa para Susan Hutchers: «Tenía un 83% de europea», comenta. La búsqueda se fue afinando al cruzar sus datos con personas afines hasta que se puso en contacto con ella «una mujer de San Diego de 45 años y me dijo: ¿Cómo es que estamos tan relacionadas?».

«I don´t know, no lo sé», respndió Susan. Beatriz lo tuvo claro desde el principio: «Mi abuelo es tu padre», le vaticinó. «No me lo podía creer, hablamos durante horas…», relata. Fueron atando cabos y el hilo de la historia le ha traído, cinco años después, desde Sacramento hasta Posada de Valdeón. Las pruebas de ADN corroboraron que su ‘padre’ no era su padre biológico. Y su madre le confesó la verdad. «Mi papá biológico ya estaba casado cuando se ‘cogió’ con mi madre y tenía cinco hijos», comenta. «No te quería abortar, quería que fueras mi compañerita», le contó su madre.

Mateo Pérez de la Cruz sacaba 33 años a Elba Concepción Navarrete, la madre de Susan Hutchers, que había nacido en El Salvador y vivía en San Francisco. «Mi padre trabajaba pintando casas en San Francisco y se le veía bien joven», comenta mostrando las fotos que ha recopilado en estos cinco años de búsqueda. «Mi madre me pidió perdón y yo lo acepté, pero cambia mi identidad, mi sangre. Ahora sé por qué he tenido siempre una fascinación por España. Mi abuelo Ildefonso me ha estado llamando», relata emocionada.

Mateo era uno de los cuatro hijos de Ildefonso Pérez Noriega, nacido en Los Llanos de Valdeón el 23 de enero de 1870. Era el tercero de los cinco hijos de Francisco Pérez. Ildefonso salió del pueblo rumbo a Estados Unidos hacia el 20 de noviembre de 1911. Tenía 41 años y su sueño era montar una lechería. Se casó con una mexicana y tuvo cuatro hijos: Blanca Flor, Mateo, Mariano y Gildarda.

Mateo nació en 1917 y falleció en 2005 en Tijuana. «Con mi madre estuvo solo un momento», explica. No sabe cuánto tiempo estuvo en San Francisco. «Mi madre se enamoró de él, le gustaba mucho… ¡era un español». Tenía 52 años cuando nació la hija que tuvo fuera del matrimonio y que ha regresado este verano a Valdeón para conocer la tierra de sus antepasados y a los familiares que ha ido encontrando en Posada, Soto y Los Llanos.

Una carta de su tío abuelo Manuel, fechada el 6 de diciembre de 1960 en Los Llanos de Valdeón y dirigida a su tía Gildarda ha sido provincial para encontrar el origen en Picos de Europa. Sin este documento, el puzle no se hubiera podido completar. «Sabemos que fueron detenidos en el estado de Tejas» y las últimas noticias que tuvieron sus familiares en el pueblo es que se había quedado en México, mientras otros compañeros consiguieron llegar a su destino. La carta se la entregó su medio hermano Gustavo Pérez, que reside en Tijuana y con quien se ha encontrado varias veces. «Carnelita, te voy a mandar una carta que es muy importante», le dijo su medio hermano. En ella se cuentan los avatares vividos por la familia durante la Guerra Civil, época en la que huyeron del pueblo a la zona dominada por los sublevados (nacionales, dice en la carta).

Las últimas noticias que habían tenido de Ildefonso es que había fallecido atropellado por un coche, pero después llegó al pueblo la voz de que le habían visto en Tampico en una panadería.

Las pesquisas de Susan Hutchers sitúan a su padre en San Francisco en la época en que mataron a Robert F. Kennedy, en octubre de 1968. Su madre se casó con el hombre que la crió en marzo de 1969 y en septiembre nacía la niña. Le dijeron que se había adelantado el parto, pero ahora sabe que su madre iba embarazada de su verdadero padre.

La identidad de Susan ha cambiado. De ser hermana mayor se ha convertido en la pequeña de la familia oficial de su padre biológico. «Tú te pareces más a nuestro padre», le dice su hermano Gustavo. Ni su abuelo ni su padre volvieron nunca a España. Y Susan Hutchers, una vez encajado el puzle, se puso como objetivo hacer el viaje de vuelta en su nombre y conocer la tierra de la que habían salido. «Voy a buscar a mi familia», se propuso.

No se imaginaba un lugar tan idílico como Picos de Europa, aunque a través de internet ya se pudo hacer una idea de la majestuosidad de las montañas cantábricas y sus verdes valles. Pero la gran sorpresa ha sido encontrarse con los Pérez, los descendientes de Francisco Pérez Cuevas, su bisabuelo, que aún viven en Picos de Europa. Unos conservan la vieja casa familiar y la granja y otros viven de modernos negocios de hostelería.

Susan ha hecho ya dos viajes a León y Picos de Europa. El primero con su esposo. «Regresé y traje a mis hijos y me siento completa», aseguraba recién llegada a León a finales del mes de junio de este año. Este verano ha cumplido el sueño de devolver simbólicamente a su abuelo a la tierra de donde salió en 1911. «Nadie sabe lo que le pasó a mi abuelo y le voy a traer de regreso».

En el cementerio de Llanos de Valdeón ha colocado una lápida en cuya inscripción se puede leer: «Abuelo. Ildefonso Pérez Noriega. Me quisiste desde el cielo y te pude traer de regreso a tu casa. Ahora puedes descansar aquí, junto a tu padre. Gracias abuelo por traerme a nuestra tierra. No te olvidaremos. Tus hijos nietos y biznietos».

Susan Hutchers está convencida de que el secreto de su identidad le ha sido revelado no solo por los avances de los estudios genéticos y la conexión que estableció el banco Ancestry DNA entre ella y Beatriz. Está segura de que el espíritu de su abuelo ha estado detrás de todo el proceso de búsqueda y de un final extraordinario.

El entusiasmo de la familia Hutchers por el extraordinario hallazgo de sus orígenes lo han dejado estampado en unas camisetas que lucen con la bandera de España: «It’s in my ADN». Un caudal genético que se suma al que han dispersado las sucesivas oleadas migratorias que llevado a gente de los valles intrincados entre las montañas cantábricas a Argentina, México, Estados Unidos y otros países. Es singular el caso de California, Nevada, Utah, Wyoming y Arizona, que recibieron a más de 1.200 pastores vascos, leoneses, cántabros y asturianos entre la II Guerra Mundial y mediados de los años 60. La Western Range Association Company y otras empresas ante la escasez de mano de obra para atender las millones de ovejas que poseían debido a la movilización de soldados para la guerra en Europa.

«Claro que volveré», asegura Susan Hutchers desde su casa de Estados Unidos una vez cumplido el periplo por España y su misión de devolver la memoria de su abuelo Ildefonso a su tierra natal en Picos de Europa. Ahora descansa bajo la lápida de su padre, el bisabuelo de Susan, Francisco Pérez. Susan ya está pensando en obtener la nacionalidad española para completar el mapa de su nueva identidad.

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