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“El hecho de que José Antonio y Lorca fuesen amigos provoca cortocircuitos”

Autor: Luis Sanchez-Molini

Jesús Cotta (Cártama, Málaga, 1967) se define a sí mismo como un hombre “tradicional y creyente”, pero estos atributos no le impiden que lleve un pequeño pendiente en su oreja derecha, lo que, junto a su cabeza afeitada, le dan un aspecto de corsario berberisco o rockero viejo. “Sólo me lo pongo en verano y navidades. Durante el curso me lo quito”. Profesor de instituto de Lenguas Clásicas y Filosofía (actualmente enseña en el Murillo), en él se unen la fascinación por el mundo antiguo (con especial predilección por Homero) y el cultivo de las raíces cristianas. En esto no se diferencia de dos humanistas del Renacimiento que ha traducido para la editorial Cypress: el holandés Rodolfo Agrícola (’Sobre la Natividad de Nuestro Señor’) y el italiano Petrarca (’La vida solitaria’). De sus ensayos destacamos dos: ‘Topicario y arpones contra el pensamiento simple’ (Almuzara), un alegato contra el lugar común; y sobre todo ‘Rosas de plomo. Amistad y muerte de Federico y José Antonio’ (Stella Maris), donde, para escándalo de algunos, estudia la amistad entre dos personajes históricos aparentemente enfrentados. Poeta que busca a Dios –es un ferviente devoto del Cristo de los Desamparados– tiene en su haber libros como ‘Gorriones de acera’ (Pre-Textos), con el que ganó el Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás, y ‘Digno del barro’ (Renacimiento), entre otros.

–Un malagueño en Sevilla.

–Soy oriundo de Cártama, un pueblo malagueño de origen cartaginés. Cart significa ciudad en púbico, de ahí Cartagena, Cartago… De mi pueblo, dice una leyenda local, era Claudia Procula, la mujer de Poncio Pilatos. Un historiador de Cártama, Francisco Baquero Luque, dice que se llegó a encontrar una lápida en la que constaba el nombre “C. Procula”, pero que el dueño de la finca, que era un bruto, la destruyó. Yo estoy empeñado en hacer una obra de teatro sobre esta mujer.

–¿Y a Sevilla, cuando llegó?

–Vine a estudiar Filología Clásica, donde conocía a Díaz Tejera, una celebridad, catedrático de Indoeuropeo. Fue el único examen que suspendí. Sin embargo hoy me gusta mucho. La carrera la acabé en Málaga. Elvira Roca Barea era de un curso superior al mío.

–Es profesor de instituto de Griego, Latín y Filosofía. ¿Se considera una especie en extinción?

–Estamos acorralados. Cada vez nos cierran más secciones de Griego y ya sólo se puede estudiar en los institutos grandes. El acoso a las lenguas clásicas no es nada nuevo. Con cada nueva ley se les clava un puñal. Recuerde que el primero fue un ministro de Franco, José Solís.

–Es famosa la anécdota –y no sé si leyenda– de cuando preguntó para qué servía el latín y Adolfo Muñoz Alonso le contestó: “para que usted sea egabrense y no cabrón” (era natural de Cabra).

–Es un prejuicio que no tiene color político y está en la mente de todo el mundo. Vivimos en una época muy utilitaria. Sin embargo, yo digo que vivo de Homero y en Homero. Me da de comer. Él es el nacimiento de la literatura universal.

Lo mejor de Homero es que no es partidista. Él alaba al guerrero valiente sea del bando que sea”

–Homero es una buena lectura para el verano.

–Todas las literaturas empiezan con balbuceos, pero la occidental lo hace con Homero. Grecia tiene el problema de que su literatura empezó con el mejor. Compare usted la Ilíada o la Odisea con la épica de los islandeses o los germanos, que son duras como pierdas… Homero es de una finura… Como cuando define la muerte diciendo: “y su alma huyó de sus miembros llorando porque dejaba un cuerpo vigoroso y joven”. Todo en Homero es así: plástico, dinámico, bello.

–Algunos de sus versos son entrañables e inmortales. Como cuando dice más o menos así (cito de mala memoria): “Y los aqueos huyeron como esos burros a los que los niños les tiran piedras en una era”…

–… También cuando Aquiles le dice a Patroclo: “¿Por qué vienes a mí como un niño que llorando le tira de la falda a su madre?”… O “Como en sueños ni el que persigue puede alcanzar al perseguido, ni éste huir de aquél; de igual manera, ni Aquiles con sus pies podía dar alcance a Héctor, ni Héctor escapar de Aquiles.” Todos hemos soñado alguna vez que nos persiguen y no podemos escapar.

–Homero es inagotable.

–Lo mejor de Homero es que no era partidista. Él era griego, pero alaba al guerrero valiente fuese del bando que fuese. Para él un hombre es bueno no por la causa que defiende, sino por su valor. Es una lectura que nos vendría muy bien en esta época.

–Tiene usted un libro que me llama la atención ‘Topicario y arpones contra el pensamiento simple’.

–Ese libro fue un éxito porque Carlos Herrera le dedicó un artículo. Vivimos en un mundo en el que todos nos creemos muy informados y muy libres, pero lo único que hacemos es repetir tópicos. Este libro es una especie de diccionario de estos lugares comunes. Los tópicos, que suelen ser resultones, con frases como “los calladitos son los peores”, se expanden como virus a base de las repeticiones y nos colonizan la cabeza.

–¿Qué tópico es el que más daño ha hecho?

–El de que los países del sur de Europa, los católicos, somos peores que los del norte, que hemos contribuido menos al progreso y la civilización. Es una idea que hemos interiorizado. Cuando somos noticia es porque somos pintorescos y pasionales, pero no por buenos profesionales. El progreso es otro gran tópico.

–Hay dos libros de usted en los que veo un denominador común: ‘Rosas de Plomo. Amistad y muerte de Federico y José Antonio’ y ‘Las vírgenes prudentes’. En ambos narra la amistad entre personas que, según las convenciones ideológicas, según los tópicos, tendrían que ser enemigos.

–El que se tengan creencias e ideologías distintas no tiene por qué condenarnos a la enemistad. Yo soy tradicional y creyente, pero tengo amigos que son ateos a los que, sin embargo, me unen un montón de cosas: una concepción simpática de la vida, el gusto por los mismos poetas, las mujeres, el cine… Vivimos en una España donde nos hacen creer que las ideas políticas son lo que nos define, cuando simplemente son un elemento más, y no precisamente el más importante. El peligroso no es el que piensa distinto a nosotros, sino el que quiere que todos lo hagamos igual.

Vivimos en un mundo en el que todos nos creemos muy libres, pero lo único que hacemos es repetir tópicos

–En ‘Las vírgenes prudentes’ cuenta una historia de solidaridad durante la Guerra Civil entre unas monjas y unas prostitutas.

–Cuando el pueblo está en manos republicanas las prostitutas ayudan a las monjas, y cuando cae en el bando nacional, al contrario.

–Solemos recordar el aspecto más cainita de la historia de España. Sin embargo, durante la Guerra hubo grandes ejemplos de fraternidad (o sororidad, como es el caso) entre gentes de distintos bandos.

–El periodista Alfredo Valenzuela me dijo una vez que tenía que escribir un libro sobre los héroes de la Guerra Civil, que no son los que lucharon por su bando, sino los que lo hicieron por defender a cualquier persona, independientemente de sus ideas. A todos estos habría que levantarles una estatua, no a los sectarios de uno y otro lado. No todo el mundo fue un cabrón en esos años. Convendría saberlo, pero los políticos no ayudan mucho.

–Hablando de prostitución, ahora está enconado el debate sobe su abolición. ¿Es posible?

–La prostitución no se podrá abolir nunca, porque siempre habrá una persona que tenga ganas de sexo y dinero y otra que necesite el dinero y pueda ofrecer sexo. Ocurre hasta con los chimpancés. Hay estudios que demuestran que algunas hembras cambian sexo por alimentos.

–Hablemos (antes de que lo prohíba el gobierno) de su libro sobre la amistad entre José Antonio Primo de Rivera y Federico García Lorca.

–Aquel libro levantó mucho interés y me hicieron muchas entrevistas. La de La Vanguardia quedó muy bien. El País mandó un periodista que hizo un buen trabajo. Después me llamó para decirme que el periódico había decidido no publicarla. Volvemos a lo de antes: España es un país que está muy dividido y la gente suele pensar que la ideología es lo más importante de una persona. El hecho de que Lorca y José Antonio fuesen amigos provoca cortocircuitos.

–¿Pero existió realmente esa amistad?

–En el libro recojo testimonios de gentes que dicen que no y de otras que dicen que sí. Estos últimos parecen más convincentes. Entre ellos el de Gabriel Celaya, que era comunista. Hubo mucho rechazo a esta posibilidad tanto por la derecha como por la izquierda. Los primeros porque creían que era una forma de insinuar que José Antonio era homosexual; los segundos porque creían que se manchaba el recuerdo puro de Federico. Unos y otros eran incapaces de comprender que, en su vida privada, ambos eran algo más que el jefe de la Falange y el poeta homosexual aupado por la República. Ante todo, eran personas.

El peligroso no es el que piensa distinto a nosotros, sino el que quiere que todos lo hagamos igual

–Pero, ideológicamente, Lorca y José Antonio no tenían nada en común.

–Los dos tenían la misma idea de España. Una España moderna y abierta que no renunciaba a la tradición. La poesía de Lorca era universal y a la vez muy española, gustaba a todo el mundo y era muy poco ideológica. Por eso decía José Antonio: “Federico no lo sabe, pero es el poeta de la Falange”. El líder falangista era muy listo y se daba cuenta de que la modernidad era hacia donde iban Alberti y Lorca, no Pemán y Maeztu. Él quería captar a esos poetas. No era un reaccionario, sino un accionario. Recientemente he descubierto a la persona que los presentó. Lo voy a contar próximamente en un artículo.

–Y Lorca, ¿qué pensaba políticamente?

–Federico no se casaba con nadie. Morla Lynch le preguntó sobre sus ideas y le dijo: “soy partidario de los pobres, pero de los pobres buenos”. Era andaluz, homosexual, devoto de la Virgen y con muy pocas ideas políticas.

–Pero lo mataron los del bando nacional.

–No le favoreció nada su amistad con José Antonio y el que se refugiase en casa de los hermanos Rosales, porque Ramón Ruiz Alonso, del que partió la orden de detención, los odiaba a todos. Para él fue matar dos pájaros de un tiro.

–Hablemos de su obra poética. Es muy importante la presencia de Dios, quien no deja de ser el gran desaparecido de la literatura contemporánea.

–En la poesía menos que en la novela, porque es un género en el que el autor se desnuda más y finge menos. En mi último libro Gorriones de acera (Pretexto) hay una gran presencia de Dios y el jurado del Premio Antonio Oliver Belmás lo ha premiado. Los poetas, en ese sentido, son poco prejuiciosos.

–Pero, como usted decía, fuera de la poesía es difícil encontrar a Dios.

–Este olvido es a veces hasta forzado. ¿Cómo hacer una película sobre un náufrago perdido en medio del océano sin que en un momento dado el personaje ruegue o impreque a Dios? Pues la han hecho.

–Usted es católico.

–Con todos los papeles.

–¿Cuál es el mejor poema para acercarse a Dios?

–Siempre San Juan de la Cruz, es incluso mejor que Homero. “Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,/ aunque es de noche.// Aquella eterna fonte está escondida,/ que bien sé yo do tiene su manida,/ aunque es de noche.” Lo suelo recitar con los ojos cerrados para buscar a Dios, porque siempre tengo la angustia de que no me oye.

–Esa es una angustia muy contemporánea. Al fin y al cabo, es usted un hombre de su tiempo.

–Mi padre, que también era poeta, antes de morir compuso una copla en la que expresaba su miedo a que al cerrar los ojos no hubiese nada. Es difícil creer en un mundo donde la mayoría se esfuerza en demostrarte que Dios no existe.

–El silencio de Dios…

–Una vez fui a una playa de Huelva y le dije. “Señor, que en el paseo me encuentre una concha blanca para que sepa que estás ahí”. Anduve kilómetros y no me encontré ni una. “¿Qué te costaba, Señor”, le dije. Aún así no dejo de rezar todos los días. Soy muy devoto del Cristo de los Desamparados, el que está en el Santo Ángel.

Es difícil creer en un mundo donde la mayoría se esfuerza en demostrarte que Dios no existe

–Gran obra de Martínez Montañés… Ha traducido del latín al español ‘Sobre la natividad de Nuestro Señor’, del humanista holandés del siglo XV Rodolfo Agrícola.

–Me lo propuso el editor José Luis Trullo, que está haciendo mucho por recuperar a los humanistas. Fue un libro que me encantó, casi un pregón navideño. Responde muy bien a eses espíritu que intentó recuperar lo mejor de la antigüedad clásica sin olvidar las raíces cristianas.

–Aunque uno no sea creyente, la natividad de Jesús es uno de los mitos más hermosos jamás escritos.

–Como decía Luis Rosales, es muy bonito que Dios se haga niño. Eso no pasa en otras religiones, cuyos dioses son majestuosos y violan a mujeres y esas cosas. Aquí Dios aparece en pañales y llora. Pese a que lo intentan, la Navidad es muy difícil de erradicar.

–También tradujo ‘La vida solitaria’, de Petrarca.

–A Petrarca, un escritor fundante, todo el mundo lo conoce, pero nadie lo lee. En ese libro Petrarca hace un elogio a la soledad para dedicarse a la literatura y Dios. La vida solitaria como salvación y tarea del poeta. Pero es una soledad voluntaria. Como él dice, “escojo e invito a los míos”.

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