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El infierno de ser médico de atención primaria durante la segunda ola de la Covid-19 en España – EL ESPAÑOL

Autor: El Espanol

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Durante los últimos días, sobre todo y en gran parte por los hechos ocurridos en la Comunidad de Madrid y las grandes dificultades que está teniendo su sistema sanitario para hacer frente a la segunda ola de Covid-19 en España, se está hablando cada vez más sobre el “colapso sanitario”.

Muchos, ingenuamente, creerán que estos términos son una novedad. Por desgracia, no es así: la Atención Primaria lleva años al borde del colapso, y la pandemia del Covid-19 ha acabado con lo poco que quedaba de ella.

Si bien algunos gobernantes quieren hacer creer que no hay suficientes profesionales sanitarios para contratar en el Sistema Nacional de Salud, la problemática real no es por cantidad, sino por calidad: cuando las condiciones laborales no son las adecuadas, la tendencia es buscar lugares mejores; y la realidad es miles de profesionales sanitarios  han abandonado España estos últimos años en busca de mejores condiciones en otros paises. 

Daños directos de la Covid

La Atención Primaria era, fue y siempre será la puerta de entrada a la atención sanitaria. Desde hace años, cuando se iniciaron los recortes en sanidad, los profesionales de este ámbito han ido observando como poco a poco se les cargaba con más y más trabajo: informes, bajas, agendas médicas interminables, apenas cinco minutos por cada paciente (que en su mayoría acuden por más de un motivo de consulta), y un largo etcétera. 

Entonces, llegó la pandemia por Covid-19, añadiendo la necesidad de ver de forma urgente los casos susceptibles de posible Covid, solicitarles la prueba PCR “en las primeras 24 h de síntomas”, y además rastrear a sus posibles contactos con la finalidad de contener posibles brotes.

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Todo iría bien si todas las comunidades hubiesen hecho los deberes y hubiesen reforzado los servicios de Atención Primaria con más recursos humanos, mejoras en la vía telemática (tanto vía telefónica como vía email), y hubiesen contratado rastreadores. Pero no ha sido así.

Daños colaterales 

Pero, como se quejan muchos de mis pacientes (e imagino que los de todos los compañeros sanitarios en todo el país), “no todo es Covid”.

Y no les falta razón; laCovid no es más que la guinda del pastel. La Atención Primaria siempre ha sido mucho más, pero todo tiene límites.

Como ya relató Mª Ángeles Medicina, presidenta de la Sociedad Valenciana de Medicina Familiar y Comunitaria en una entrevista a la Agencia EFE, el colapso sanitario está afectando a los cimientos del sistema.

Con la pandemia, y sobre todo durante la época del confinamiento generalizado, los equipos de los centros de salud y de los hospitales se centraron casi única y exclusivamente en atender sospechas de casos Covid: solo se hacían pruebas PCR a casos graves o muy graves, y solo se atendían casi exclusivamente a estos; ante síntomas leves, se intentaba aislar al caso y sus contactos, y sin más.

Todo ello, a su vez, obligó a dejar de lado muchas otras enfermedades, y muchos controles necesarios para otros pacientes que no tenían nada que ver con el nuevo coronavirus: analíticas de control, pacientes con diabetes, pacientes hipertensos, pacientes con diversos tipos de cáncer, y pacientes con una enorme diversidad de otras patologías. No, no todo es Covid en nuestro país, y los profesionales sanitarios lo tenemos más que claro. No es necesario que nadie nos lo recuerde.

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Como recordaba también Medina, esos meses han dado lugar a un aumento inusitado de los retrasos en todo tipo de listas de espera, por si no ibamos ya mal antes: llegamos tarde a diagnósticos tan importantes como una sospecha de cáncer, porque la pandemia nos ha colapsado más de lo que ya estábamos anteriormente.

El problema no es nuevo. Antes de la pandemia una lista típica de un médico de familia solía rondar, como mínimo, los 35 o 40 pacientes por día, a una media de 6-7 minutos por paciente.

Y nos faltaba una pandemia mundial, con toda su burocracia: posibles casos, pruebas PCR, rastreo, y las consiguientes bajas laborales o informes sobreañadidos, “en las primeras 24h”. Todo tiene un limite, y no es humano ni viable atender a 60, 80 o hasta 100 pacientes diarios como han tenido que hacer algunos compañeros en algunas comunidades como Madrid. Porque, además, los profesionales sanitarios también han precisado solicitar bajas laborales y no se han conseguido sustitutos para todos. 

Como he podido comprobar, por desgracia, muchos compañeros llegan a acabar de trabajar en sus consultas médicas a las cinco o seis de la tarde, cuando nuestro horario laboral finaliza a las tres de la tarde. 

Telemedicina y negacionistas

Para finalizar, por si no fuese suficiente, no pueden faltar los ya conocidos como “negacionistas“, individuos que esgrimen sin argumento científico alguno que “el coronavirus no existe”, y que todo es una gran mentira de las grandes élites que controlan el mundo.

Veamos un ejemplo sobre cómo ser ciego ante la evidencia: cuando se produce un caso positivo, se inicia el rastreo de contactos, que en el mejor de los casos pueden ser “solo” 10 personas en los últimos dos días; pero  existen casos con 40 o 50 contactos en apenas un par de días. Porque, por mucho que nos aconsejen “reducir la vida social”, la mayoría de la población está haciendo caso omiso de dicho consejo.

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A todos esos contactos se les debe realizar una PCR; y alguna de estas acaba dando positivo aunque sea sin síntomas: de nuevo, se debe realizar un rastreo de los contactos. Todo ello significa que, aunque en una provincia determinada “solo” haya 50 casos positivos en un día, se han realizado llamadas y pruebas PCR a al menos 500 personas (o más) a raíz de esos casos en un solo día. Evidentemente, no se dejan aglomerados dentro del centro de salud: se les realiza prueba y vuelven a casa, aislados entre 10 o 14 días según el caso y según el protocolo del Ministerio de Sanidad.

Además, las comunidades autónomas han impuesto la consulta telefónica y reducir la presencia física de pacientes en los centros de salud para reducir el riesgo de contagio.

Sin embargo, esto se ha convertido en un arma de doble filo: no todo se puede solucionar vía telefónica, y muchos pacientes requieren ser vistos en consulta; por tanto, se llevan a cabo dos consultas: una telefónica para “filtrar” el motivo de consulta, y una segunda consulta para poder explorarle.

Y eso suele pasar muchas veces en una sola mañana. La vía telefónica es buena opción para aligerar burocracia, como resultados de pruebas o realizar informes, pero no para realizar consultas médicas reales.

No, los centros de salud no están cerrados. Y no, los hospitales no son la primera línea de batalla: la vía de entrada al sistema sanitario es la Atención Primaria, una atención desgastada, falta de recursos humanos y materiales, sin posibilidad de sustitución desde hace años, y al borde de la huelga en algunas comunidades.

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