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El odio hacia los judíos: desde Tito hasta nuestros días

Autor: Las2orillas

El odio, la persecución y la exclusión de los judíos data de mucho antes del Holocausto. ¿Cómo ha marcado la historia y por qué tiene que ver con nosotros?

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.

El antisemitismo no es un fenómeno contemporáneo, sino un mal multisecular que durante dos milenios ha sido sinónimo de hostilidad, exclusión y persecución para con los judíos*, especialmente en Europa. Forma de proceder que desde la toma de Jerusalén por Tito (año 70 d. C.) causó su dispersión por toda la cuenca del Mediterráneo**, donde en su mayoría fueron vendidos como esclavos, en tan gran número que su ‘precio de mercado’ se desmoronó en todo el Imperio romano.

Judíos dominados y perseguidos durante la mayor parte de su historia (de 5.782 años, según el calendario hebreo), siendo relativamente poco el tiempo que fueron independientes en el Reino Unificado de Israel (o Casa de David según el Antiguo Testamento). Reino situado en una estrecha franja entre las orillas del mar Mediterráneo y el río Jordán que, a la muerte de Salomón su tercer y último monarca, se dividió hacia el siglo X a. C. en Samaria (Reino del Norte) y Judá (Reino del Sur). Pueblo judío que fue sojuzgado en diversas épocas por egipcios, asirios, griegos, romanos, bizantinos, árabes, cruzados cristianos y turcos. Surgiendo de su religión monoteísta el cristianismo y siglos más tarde el islam, religión musulmana nacida en La Meca (siglo VII d. C.), que también considera a Adán, Noé, Abraham, Moisés y a Jesús como profetas anteriores a Mahoma (Muhammad).

Comunidades de cristianos y musulmanes que, con sus diversidades y variedad de denominaciones, reúnen más de la mitad de la población mundial, pero que pese al origen común de sus religiones han sido muy escasos los momentos de tolerancia y convivencia hacia las comunidades judías. Sentimiento antijudío que en el mundo árabe resulta incomprensible, ya que también son semitas, y que desde la promulgación del Edicto de Milán por el que se declaró el cristianismo religión oficial del Imperio romano (Constantino el Grande año 313 d. C.), se ha fomentado en todo el mundo occidental mediante ‘el cargo de deicidio’. Olvidando que Jesús jamás desistió de su condición de judío y cubriendo ‘a todos los judíos’ de condenas morales (anatemas), sin tener en cuenta que el judaísmo de ese tiempo no era un bloque homogéneo***, sino que tenía distintos cismas tales como la de los samaritanos, zelotes, fariseos, saduceos o esenios, entre veinte sectas disidentes más (a las que se le sumaría la de los ‘nazarenos’ o judeocristianos).

Judeofobia acentuada por la posterior violencia de las Cruzadas (1096 d.C.) y la injusticia de la Inquisición (fundada en 1184 d.C. en Lanquedoc / Francia), que acabó impidiendo no solo la convivencia entre cristianos y judíos, sino con cualquier tipo de integración. No siendo en la antigüedad la noción del monoteísmo judío la que chocaba con las otras religiones: noción esta que, por ejemplo, no era ajena al pensamiento griego ya que estaba presente desde la filosofía presocrática anterior al siglo V a. C., sino que la idea de un dios que conspiraría junto a su pueblo, para lograr el exterminio de los otros pueblos del mundo. no podía menos que disgustar a griegos y romanos. Junto a sus ‘practicas consideradas como incomprensibles’, de la circuncisión obligatoria o berith milah (señal que identifica ser del «pueblo elegido»), la prohibición del cerdo (por ser una carne impura), la costumbre del sabbat (considerada como una ‘exhortación a la pereza’) y la proscripción del matrimonio con extranjeros (ofensiva para la mayoría de pueblos no judíos).

Dios de la fe judío ‘que debe ser interiorizado para que aparezca’, puesto que no tiene rostro y ninguna imagen le sirve de apoyo: ‘Dios que no permite su representación en forma humana y menos aún la deificación de reyes’, así se trate de Alejandro Magno o del emperador Augusto. En ciudades Estado, primero griegas y luego romanas, estrechamente aferradas por ese entonces a la representación divina. De tal modo que una ‘pequeña muesca’ hecha en la estatua de un dios era considerado como un acto perverso de hostilidad o de impiedad mayor, y la persona podría llegar a ser desterrada. Tal como sucedió con dos filósofos griegos, Anaxágoras y Protágoras en la Atenas del siglo V a. C., por intentar proponer ideas lejanamente similares a la de los judíos. Heredando los romanos el totalitarismo intelectual de los griegos, en el que un ser humano era considerado ante todo como leal al conjunto de ciudadanos que constituían la ciudad (civitas romana), de lo contrario se situaba entonces entre los enemigos del imperio.

Religiones del mundo mediterráneo romano y de más allá (Germania, Dacia, Sármata, Ponto, Capadocia, Armenia), todas indoeuropeas y de conjuntos de ritos colectivos destinados a mantener la cohesión social de la ciudad. Religiones que intercambiaron hasta sus dioses, convirtiendo por ejemplo a Zeus en Júpiter (que a su vez era el Ammón egipcio), y cuyas estatuas no eran simples imágenes, sino evocaciones e invocaciones de sus divinidades fundadas en los lugares donde el culto y los ritos se cumplían. Ritos tanto cívicos como religiosos que garantizaban la ley moral y jurídica, constituyéndose además en un corolario de la sedentarización.

Noción de adopción de una forma de vida sedentaria, también ausente en las leyes del judaísmo, al ser específicamente religiosas; ya que la interioridad del Dios judío lo hace indisociable de su pueblo, pues ‘en todas partes donde estén, Él está’. Haciendo innecesario su arraigo en lugar alguno como clave misma de la diáspora judía. Antijudaísmo que en lo que se refiere al cristianismo, se derivó del disenso fundamental sobre el papel del Mesías. Concepto de ‘Hijo y encarnación de Dios’ esencial para el cristianismo, que para los judíos equivale a una blasfemia.

Antisemitismo europeo**** que nació del racismo, que concibe a los judíos como miembros de una raza inferior: la raza semita. Palabra que sustituyó al antijudaísmo cristiano, que veía a los judíos como los portadores de una religión culpable de haber condenado a Jesús, es decir (por absurda que sea la expresión en el caso de este Dios resucitado), culpables de su muerte. Siendo hoy necesario diferenciar el antisemitismo, del antisionismo y del antiisraelismo. Antisionismo que no sOlo rechaza el establecimiento de los judíos en Palestina, sino, en definitiva, la existencia de Israel como nación. Ignorando el hecho de que en el siglo de los nacionalismos (ideología que se desarrolló durante el siglo XIX)., respondió a la aspiración de numerosos judíos rechazados por otros países, de constituir su nación. Aspiración como concreción del movimiento sionista, cuyos objetivos son que el pueblo judío posea un Estado propio en la tierra de Israel, con Jerusalén como su núcleo urbano.

Siendo el antisraelismo el movimiento que se opone al establecimiento de Israel en tierras árabes, pero que reconoce de manera implícita la existencia de la nación israelí. Con una segunda tendencia que nace de una crítica política global: la actitud del poder israelí frente a los palestinos y el desconocimiento de las resoluciones de la ONU que exigen su regreso a las fronteras de 1967. Represión y denegación de los derechos palestinos, que aumentan los deslizamientos del antiisraelismo hacia el antijudaísmo, principalmente en todo el mundo islámico (más de 1.800 millones de personas que viven principalmente en países de Asia y África).

Notas

*El pueblo judío (יהודים Yehudim) es una colectividad religiosa y cultural descendiente de los hebreos (nómadas originarios de Canaán / Mesopotamia) y de los antiguos israelitas del levante mediterráneo, cuya religión, prácticas culturales, sociales y lingüísticas, constituyen el principal aspecto de pertenencia a su pueblo. Pueblo que tiene su origen en Abraham, proveniente de Ur de Caldea, siendo su primer patriarca y a quien según sus tradiciones ‘se reveló el Dios único’ (realizando Dios un pacto con Abraham y su descendencia para ser el «pueblo elegido»). Judíos descendientes de Judá hijo de Jacob, quién a su vez era hijo de Issac y nieto de Abraham.

**La Cuenca del Mediterráneo, incluye los territorios del sur de Europa (exceptuando gran parte de la península ibérica, y la del centro y del este de la cuenca del mar Negro), el norte de África (prolongándose hacia el interior de la cuenca del Nilo) y la zona más occidental de Asia ribereña (conocida como Oriente Próximo o Levante). Cuenca que fue el escenario del origen de la navegación, anterior incluso a los periplos griegos o fenicios y a las escasas referencias bíblicas.

***Divisiones entre los judíos que hoy hacen referencia a las distintas comunidades étnicas del mundo, en las que existen más de 71 tipos identificados. Al ser el judaísmo una cultura y una religión, en las que unas y otras se distinguen por pequeñas diferencias locales (idioma, vestido, comida) y en algunas pocas formas de interpretar sus oraciones. Divisiones cuyos principales grupos étnicos modernos son: los asquenazíes, cuya lengua típica es el yidis; los sefardíes, que hablan el ladino; y los mizrajíes, que en su gran mayoría se entienden con el árabe. Siendo el hebreo la lengua oficial y común a todos los grupos judíos.

****Antisemitismo europeo, que  según estudio realizado en los 12 países de la Unión Europea con más población judía (entre ellos Francia, Alemania, Reino Unido, Bélgica, Suecia y Holanda), es la persistencia del viejo anti-judaísmo cristiano y el legado del antisemitismo francés. En el que, sin embargo, hay que tener en cuenta que tras la colaboración de los antisemitas franceses con la ocupación de Hitler y el descubrimiento del horror del genocidio nazi, el viejo antisemitismo nacionalista-racista ya desacreditado, en forma parcial entró en decadencia.

Paralelamente con la evolución de la Iglesia católica donde se debilitó el antijudaísmo, mediante la encíclica “En nuestra era” (Segundo Concilio Vaticano de 1965), que volvió la espalda a 1900 años de enseñanzas y prácticas antijudaicas. Pese a que aún en Europa persisten vestigios o raíces del “inquietante carácter extranjero” del judío  (Ver obra ‘La Rumeur d’Orleans’ de Edgar Morin / 1969).

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