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El renacer de Álvaro Trigo: el deporte como cura después del coma

Autor: Michael Viperino

Álvaro Trigo tras terminar uno de sus retos deportivos

Álvaro Trigo tras terminar uno de sus retos deportivos abc

deporte

Afrontar complicados retos ha ayudado al madrileño, de 27 años, a superar las graves quemaduras que sufrió en la mitad de su cuerpo en 2018 durante el incendio de su casa

Michael Viperino

El efecto beneficioso del deporte y las ventajas físicas y mentales que conlleva su práctica no son nada nuevo, aunque considerarlo como un tratamiento de rehabilitación también parece extremo. Puede sonar extraño, pero esto fue lo que le pasó a Álvaro Trigo Puig, un madrileño de 27 años que, gracias al deporte, volvió a renacer.

Su vida era la de un joven normal amante del deporte, hasta que en febrero de 2018, durante una visita en Jaén a su abuela, sufrió un accidente. Su casa se incendió y él, como pudo, intentó apagar el fuego. La situación tuvo un giro dramático cuando cayó a las llamas, sufriendo quemaduras en el 63% de su piel.

Los meses posteriores al accidente supusieron un duro golpe para él y para su familia. Debido a las heridas, estuvo en coma 10 días y cuatro meses ingresado en el hospital de Sevilla. No solo sufrió un duro percance médico, también tuvo que renunciar a su sueño de ser bombero, carrera para la que opositaba cuando ese incendio le cambió la vida.

En el hospital, los médicos advirtieron a su familia de que el 90% de la gente que entra en este estado no sale con vida. Justo en este momento comenzó la historia de superación de Álvaro. Después de tres operaciones y dolorosos injertos de piel logró seguir adelante y salir de la pesadilla poco a poco. «Me cogían mi propia piel, de las piernas y me las ponían en los brazos. Pero tenía tantas quemaduras que necesité de un tratamiento experimental con células madre para crear una especie de ‘piel cultivada’ y así completar la cura», recuerda a ABC.

La recuperación fue lenta y sin tener la seguridad de poder volver a caminar y, por lo tanto, de poder hacer cualquier tipo de deporte. «A nivel físico ha sido muy doloroso, la piel que me pusieron sangraba mucho. Durante un año y medio tenía que cambiarme todos los días las sábanas donde dormía porque se llenaban de sangre».

Álvaro tras el accidente

Álvaro tras el accidente ABC

Tras meses de aislamiento y tratamientos (necesita hasta 12 pastillas al día para aguantar el dolor), pudo salir del hospital y empezó a entrenarse porque le obsesionaba la idea de volver a practicar deporte. A pesar de que los médicos le comunicaron que podía volver a correr, las charlas con los padres eran más reales y diferentes. «A mis espaldas, los sanitarios le decían a mi familia que en un año nadie vuelve a practicar deporte después de un accidente como el mío». Pero él solo tenía un objetivo en mente: el maratón de Sevilla de febrero de 2019, que se celebraba justo un año después de aquel horrible incendio.

Una nueva vida

Comenzó de nuevo a andar con la ayuda de su madre, que lo acompañaba en todo momento porque no podía hacer esfuerzos. «El tono muscular era nulo, sentía mucha impotencia, pero empecé a mejorar tan rápido que me obsesioné con el tema y me entrenaba dos veces al día, por la mañana y por la tarde. Al gimnasio iba con ropa oscura porque se me llenaba de sangre y llegaba a casa muerto de dolor». El desafío mental le permitió prepararse para el maratón y conseguir correrlo, aunque con mucho dolor, en febrero de 2019. «Lo logré con muchísimo dolor, llevé la medalla al hospital para que la pusieran ahí, para la gente que estaba como yo. Ahí me di cuenta de qué con el deporte podría ayudar a más personas. Desde entonces empecé a plantearme retos deportivos solidarios».

Álvaro, a partir de aquel momento, comenzó a marcarse cada año un reto deportivo. En 2020 nadó en solitario desde Formentera a Ibiza y en 2021 hizo lo mismo desde las islas Cíes a Vigo con los pies encadenados. El año pasado también realizó un camino solidario, corriendo desde su casa, en Ubrique, hasta el estadio del Betis (110 kilómetros) para recaudar fondos para un chico que se quemó y necesitaba unas prótesis que tenían un costo muy elevado.

El reto de este año es hacer una travesía en kayak desde Ibiza hasta Jávea, para una asociación de África, la ONG Formación Senegal que regala unas becas llamadas ‘Formarse para quedarse’. El objetivo es fomentar el empleo y la formación para las muchas familias que ven cómo sus hijos abandonan el hogar porque no hay oportunidades de aprendizaje. «Apróximadamente son 100 kilómetros en kayak y, dependiendo del viento y del mar, son entre 18 y 24 horas. Voy con un barco de apoyo que me entregará agua, comida y ayuda. He entrenado muchas horas y he hecho carreras de resistencia enfocadas a esto. El objetivo es salir el 14 (de agosto) a las 12 de Ibiza y llegar a Jávea la mañana siguiente», concluye el madrileño.

La historia de Álvaro es la demostración que el deporte no es y no puede ser solamente pasión sino esperanza, salida y como en este caso también un tratamiento de recuperación.

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