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El runner ciego que desarrolló un dispositivo para correr sin asistencia

Autor: Rodrigo Capeans

“Primero tuve que decirle adiós al poder ver de noche, y a la edad de 20 años, ya estaba ciego”, cuenta Thomas Panek sobre cómo perdió la vista. Debido a una condición genética, a medida que dejaba atrás su niñez y entraba en la joven adultez, los objetos y personas iban perdiendo su definición.

Todo se volvía borroso, como si alguien apagara la luz poco a poco, año tras año. Hasta que, finalmente, ocurrió lo inevitable: el mundo que conocía acabó fundiéndose a negro. Lo diagnosticaron no vidente y a los 26 tuvo su primer perro guía. Su vida cambiaba para siempre, pero él no estaba dispuesto a dejar que la vida lo cambiara: aún quería seguir corriendo.

Hoy, Thomas tiene 50 años, la mitad de ellos vividos sin el don de la vista. Atraviesa la mediana edad como esposo y orgulloso padre de familia en la ciudad de Nueva York. Melissa, su compañera desde hace más de dos décadas, es su roca y apoyo incondicional.

Tiene cuatro hijos, tres varones y una chica, además de contar con Blaze, su perro guía desde hace dos años. Es presidente de Guiding Eyes for the Blind (“Ojos guía para los ciegos”), una organización sin fines de lucro que entrena perros de asistencia para personas ciegas o con visión reducida.

Panek y su perro Blaze, un amigo inseparable.
Panek y su perro Blaze, un amigo inseparable.

Como padre no vidente, hay cosas que no puede hacer, cuenta, como jugar al fútbol con sus hijos o conducir hasta la escuela. “Tampoco puedo ver sus caras cuando sonríen”, admite con pesar.

Pero ahora puede hacer algo que jamás hubiera imaginado posible y que lo llena de orgullo: a fines del 2020, corrió cinco kilómetros en el icónico Central Park sin asistencia humana ni canina. “Les pude enseñar a mis hijos a estar activos y sanos, y les mostré que todo es posible”, dice, emocionado.

Gracias al Proyecto Guideline, una tecnología pionera desarrollada por Google que guía a las personas no videntes mediante señales sonoras en sus auriculares, hoy Thomas puede correr de forma independiente. Como cuando era chico y podía ver. O como nunca, porque su hazaña marca un hito único que llena de esperanzas a millones de personas en todo el mundo. Y todo comenzó con un hackatón.

El momento que más feliz me hizo sentir fue cuando finalmente noté que no tenía que correr detrás de alguien más lento que yo: finalmente podía moverme tan rápido como yo quisiera.

Thomas Panek, runner

El nacimiento de una idea

En realidad, Thomas Panek nunca dejó de correr. Cuando perdió la visión, su vida se convirtió en una búsqueda constante por dar con la solución ideal que le permitiera seguir haciendo eso que tanto lo apasiona.

“Es un sentimiento de libertad”, describe al correr. “Sentís el aire contra tu cara; te da una sensación de felicidad y emoción a la vez.”

Lo probó todo: corrió con asistencia humana, atado a un guía que iba por delante de él. También con ayuda canina pero, en ambos casos, se sentía limitado a una resistencia y velocidad que le eran ajenas. Correr amarrado a una bicicleta no hizo la diferencia. Es más: le costó romperse ambos brazos, una pierna, costillas e incluso la cabeza.

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Pero Thomas estaba decidido. Si bien había logrado correr más de 20 maratones con guía, convirtiéndose en toda una leyenda del running no vidente, estaba seguro de que algo más debía poder hacerse. Algo que le hiciera sentir verdaderamente libre.

Otoño del 2019. El equipo de Google de Estados Unidos organizaba un hackatón en Nueva York, un encuentro de programadores en el cual el objetivo era desarrollar nuevas soluciones tecnológicas en colaboración con la comunidad.

Sin nada que perder, Panek, entre los asistentes al evento, se acercó a uno de los grupos de diseñadores e investigadores con una pregunta concreta: saber si era posible dar con una solución que le permitiera correr de manera independiente.

“Seguramente pensaron que muy cuerdo no debía estar”, se ríe hoy Thomas. Pero su inquietud, lejos de ser blanco de burlas o recibir una negativa, despertó interés. No sería fácil, pero algo se podía intentar. El desafío estaba servido.

“Nos sentamos a pensar, y algunas de las ideas que nos surgían era muy rebuscadas”, admite hoy Ryan Burke, Creador Productivo del Creative Lab de Google, especializado en tecnología experimental y de impacto social.

“Pensamos en tomar la computadora que usan los vehículos autónomos y ponerla en una mochila, y que esta se comunicara con Thomas mediante un casco… Pero si cargaba todo eso, ¿¡cómo iba a poder correr!?”

Panek pudo seguir las líneas pintadas a través de señales sonoras que llegaban a través del celular.
Panek pudo seguir las líneas pintadas a través de señales sonoras que llegaban a través del celular.

El problema exigía una respuesta sencilla pero eficaz; funcional y adaptable. Fue entonces que surgió la idea perfecta: pintar líneas amarillas en el piso, como las que uno encuentra en una ruta, y atar un celular a la cintura de Thomas.

Cuando él corriese, la cámara del dispositivo las detectaría y le enviaría señales sonoras a sus auriculares: un zumbido calmo si se encuentra sobre la línea; una señal de advertencia si comienza a desviarse a los costados; y una orden de parar si abandona la ruta.

Manos a la obra: ese mismo día del evento, el equipo de Google pintó unas líneas temporales en el edificio para probar un modelo embrionario. “Nos dimos cuenta que había potencial y que era posible: el último año, trabajamos con Thomas para pasar de esa idea a la realidad”, dice Burke.

Todo comienza a tomar forma

“Es importante remarcarlo: fue un proceso de co-diseño”, aclara Ryan. “El equipo de Google no hizo algo para ayudar a Thomas, sino que Google y Thomas hicieron algo juntos para ayudarle.”

La filosofía que se aplicó para el proyecto de las líneas guía se conoce en el campo del diseño como Start with One (“Comienza de a uno”). Al desarrollar una solución, el objetivo no es pensar en cambiar la vida de millones de personas a la vez, sino los problemas específicos de una sola. De tener éxito, luego esa solución podrá adaptarse para su uso general.

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Tras cada testeo y prototipo, Thomas daba una devolución sobre cómo se sentía: si las señales sonoras eran efectivas, si era fácil tomar las curvas o si el sistema era cómodo. “Y siempre les recordaba: ‘¡No se olviden que quiero correr en el Central Park!’”, ríe Panek.

Los desafíos fueron múltiples y complejos. Los primeros testeos, realizados en la pista de atletismo de nivel olímpico Armory Track en Nueva York, resultaron ser muy distintos de la realidad del mundo exterior.

En interiores, Thomas pudo dar hasta ocho vueltas consecutivas a la pista siguiendo líneas preestablecidas. Pero afuera, todo era impredecible y complejo: la luz no es constante y la posición del sol puede proyectar sombras contra las líneas. El color del piso varía dependiendo del material, y pueden aparecer obstáculos imprevistos, como ramas o árboles. Incluso, el follaje juega una mala pasada.

En pleno otoño, la ciudad muta de piel, con cientos de hojas amarillas cubriendo el suelo. Algo que puede confundir a una tecnología diseñada para leer líneas de ese color como caminos a seguir: Thomas terminaba siguiendo rutas que realmente no existían, algo potencialmente peligroso.

Las soluciones a cada instancia problemática no dejan de asombrar, como si salieran de un cuento de ciencia ficción. Pero todo era real, tanto como el sueño de Thomas.

Para sortear el desafío de las hojas, uno de los miembros del equipo, Phil, experto en tecnología 3D, desarrolló un entorno virtual por computadora en el que recreó cómo sería el camino real. Y dentro de ese mundo 3D colocó hojas, generando miles de imágenes que utilizó para enseñar al sistema a ignorar el follaje en entornos verídicos.

Los artefactos también aprenden: “El machine learning es enseñar a una máquina a reconocer algo usando probabilidades”, explica Burke. “A más ejemplos de una ‘cosa’ que reciba el sistema, más confianza estadística hay de que la reconocerá.”

La tecnología del Proyecto Guideline está entrenada para leer solo una cosa y descartar lo demás: líneas, o la ausencia de ellas. El resto no se registra. La cámara de Thomas procesa imágenes a una velocidad de 30 cuadros por segundo, descartando aquellas que salen corridas por el movimiento al correr. Mientras más se usa, más efectivo resulta el sistema.

De los primeros testeos en 2019 al noviembre de 2020, el equipo de Google y Panek alcanzaron una versión lo suficientemente acabada como para animarse al gran reto: por primera vez, un runner no vidente correría por su cuenta, sin asistencia.

“Hoy iremos un paso más allá al probar esta tecnología: intentaré correr cinco kilómetros siguiendo una línea temporalmente dispuesta en Central Park”, escribió Panek en una entrada de blog el 19 de noviembre del 2020, horas antes de lanzarse a la hazaña. Todo estaba sucediendo. Todo era real.

Mi esposa estaba con Blaze, ¡y el perro quería soltarse para ir a ayudarme! Desde que me levanto hasta que me voy a dormir, él está conmigo; no entendía lo que estaba pasando.

Thomas Panek, runner

El celular de Panek lee las líneas del camino y las transforma en señales sonoras que funcionan como guías.
El celular de Panek lee las líneas del camino y las transforma en señales sonoras que funcionan como guías.

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La prueba

“El momento que más feliz me hizo sentir fue cuando finalmente noté que no tenía que correr detrás de alguien más lento que yo: finalmente podía moverme tan rápido como yo quisiera”, rememora. “Era como si pudiera volar.”

Cuando Thomas se cansaba, podía aminorar la marcha. Pero cuando quería desafiarse a sí mismo y romper sus propios límites, también podía hacerlo. La decisión estaba finalmente a su alcance.

Melissa y tres de sus cuatro hijos lo esperaban del otro lado, al final del recorrido. Uno de ellos, aún atónito, prefería seguirlo detrás suyo, para asegurarse de que todo saliera bien. Papá ya se había dado más de un golpe a lo largo de los años. Pero no pasó mucho tiempo hasta que Thomas lo dejó atrás, corriendo confianzudo. Nadie lo podía creer. Aún menos Blaze.

“Mi esposa estaba con él, ¡y el perro quería soltarse para ir a ayudarme! Desde que me levanto hasta que me voy a dormir, él está conmigo; no entendía lo que estaba pasando”, cuenta.

Blaze se acercó cariñoso, a lamer el sudor de sus palmas, transpiradas. Uno de hijos colocó su mano en su hombro, orgulloso. Melissa era pura sonrisas. “Sabía que todo estaba bien”, narra.

Ahora, el desafío es alcanzar a otros Thomas que sueñan con mayor independencia. Se estima que más de 285 millones de personas viven con ceguera o disminución parcial de la vista en todo el mundo.

Idealmente, se llegará a cada una de ellas, pero los pasos son graduales. La tecnología, aún en fase de prueba, seguirá siendo testeada en los Estados Unidos antes de pensarse como producto masivo, aunque siempre bajo dos directrices: la información se almacena localmente en el dispositivo celular para mayor discreción, y no se precisa conexión a Internet.

Google hoy trabaja en alianzas con diversas fundaciones de no videntes para seguir recolectando experiencias de usuarios y mejorar la cantidad de entornos que el sistema sabe reconocer.

A futuro, se planea incorporar la detección de obstáculos y sistemas por carriles en vez de segmentación por líneas. El amarillo está de salida: las próximas guías serán de color morado, para que no se confundan con las de tráfico, y para que los peatones sepan que se trata de un área inclusiva con no videntes. Aún falta mucho, pero el engranaje ya está girando. Se comenzó con uno. Se comenzó con Thomas. Y eso es un montón. 

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