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Entrevista a Belén Jiménez, médico experta en gestión emocional

Autor: Webconsultas Healthcare

Una relación médico-paciente de calidad es fundamental para la humanización de la medicina, pero para conseguirlo es necesario que los médicos dispongan de herramientas que les ayuden a gestionar sus emociones para comprender mejor las de sus pacientes, afirma Belén Jiménez Gómez, licenciada en Medicina y Cirugía, especialista en psiquiatría, diferentes variedades de psicoterapia y mindfulness, y autora de Manual de gestión emocional para médicos y profesionales de la salud (Desclée de Brouwer, 2020), un libro que constituye una guía de apoyo para afrontar y mejorar los estados emocionales y la comunicación con los demás, algo especialmente necesario en la situación actual de pandemia por COVID-19 porque, como nos explica Belén, “sin estas herramientas los médicos acabamos o bien quemados, con el famoso síndrome del burnout o desgaste profesional, o bien anestesiados y robotizados, en un proceso en el que parece que ni sientes ni padeces”.

El título de tu libro es ‘Manual de gestión emocional para médicos y profesionales de la salud’, pero he visto que en realidad puede servir como una guía emocional para todos, médicos y pacientes. ¿Cuál ha sido tu objetivo al escribirlo?

Mi intención era cubrir un poquito una necesidad de formación en gestión de emociones y comunicación, que no se nos da durante la formación ni en la carrera, ni cuando somos residentes, ni a lo largo de nuestro ejercicio profesional. Y aunque es verdad que todas las herramientas de las que hablo sirven para cualquier persona de cualquier profesión, a la vez hay algunos matices que son propios de la profesión de cuidado y de asistencia sanitaria, y por eso le he añadido algunos aspectos más propios de la misma, bien porque los he vivido yo en primera persona, o porque los han experimentado otros compañeros.

Los médicos tienen que enfrentarse a menudo a situaciones tristes y desagradables, porque la enfermedad y la muerte lo son, y mucha gente afirma que tienen que acostumbrarse para que no les afecte emocionalmente. ¿Es cierto que uno se acostumbra, o hay que recurrir a herramientas psicológicas para sobrellevarlo?

Por desgracia no se nos forma, y es como si fuera una exigencia asociada al hecho de estar formado como médico, porque nos dan formación teórica y técnica, pero muy poquito en este ámbito del acompañamiento emocional. Sí que estamos acostumbrados, pero simplemente por el hecho de que es una constante en nuestro día a día, y no por eso quiere decir que lo procesemos, que no nos invada, o que no estemos un poco anestesiados, como se ve en alguna de las reacciones que puedes encontrar en los médicos.

Hay personas que por rasgos de su personalidad quizás tengan un grado más de consciencia de la necesidad de adquirir esas herramientas, como ha sido mi caso, que yo por mi cuenta a lo largo de toda mi formación como médico y como psiquiatra, me he ido formando en psicoterapia y también he recibido terapia y he adquirido herramientas para mí y para mis pacientes. Pero ha sido algo que yo he hecho en paralelo por mi cuenta.

Merece la pena aprender a gestionar las emociones, sin estas herramientas los médicos acabamos o bien quemados, o bien anestesiados y robotizados

No se nace sabiendo cómo manejar el dolor, la tristeza, o la impotencia que se genera muchas veces en consulta cuando no podemos curar, o ante la muerte y el hecho de perder también pacientes a los que tenemos cariño, por estar constantemente en contacto con el sufrimiento y el dolor. Para eso hay que prepararse y tener herramientas.

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¿Es imprescindible entonces que los médicos aprendan a gestionar sus emociones para aprender a entender a sus pacientes en la consulta?

Sí, merece la pena hacer un trabajo personal para saber gestionar las emociones, para que la consulta se convierta en lo que los médicos siempre deseamos, un encuentro y una facilitación de la ayuda al otro porque, desgraciadamente, sin estas herramientas los médicos acabamos o bien quemados, con el famoso síndrome del burnout o desgaste profesional, o bien anestesiados y robotizados, en un proceso en el que parece que ni sientes ni padeces. En estas situaciones el propio médico no está contento ni satisfecho con su profesión, por lo que acaba o quemado por la sobresaturación e implicación, o convirtiéndose casi en un oficinista aséptico.

Desde tu punto de vista como médico y como paciente, ¿cuáles crees que son los principales obstáculos para que se establezca una comunicación fluida entre ambas partes?

Yo creo que hay un punto de distanciamiento en el rol del médico que tiene la exigencia de dar una información muy técnica sin tener en cuenta la faceta emocional. Cuando nosotros los médicos nos reconocemos como personas que también podemos tener miedo, o susto, o enfado, y eso nos puede paralizar y no entender bien, es más fácil que sepamos cómo acompañar al paciente cuando reconocemos esas emociones en él, antes de darle toda la información técnica.

Cuando los médicos nos reconocemos como personas que también podemos tener miedo o enfado es más fácil que sepamos cómo acompañar al paciente cuando reconocemos esas emociones en él

No desde la teoría, porque a veces nos dan cursos sobre cómo comunicar malas noticias, especialmente en áreas como la oncología, pero siempre desde una formación muy teórica. Por ejemplo, dicen, “debe ser usted empático“, pero uno no puede dar a un botón y ser empático de forma natural cuando a lo mejor hay algo en el paciente que te está generando rechazo o miedo a tu mismo desbordamiento emocional. Las guías las tenemos, y son correctas, pero no nos enseñan a ejecutarlas y a ponerlas en práctica para poder acompañar a las personas. Por eso yo siempre abogo por formaciones que sean experienciales y vivenciales, y no tanto teóricas, que como digo son correctas, pero insuficientes.

Cada vez más pacientes buscan información en internet, ¿puede ayudar la red a facilitar esta comunicación o es, por el contrario, contraproducente?

Yo creo que es normal consultar en internet y tanto médicos como pacientes buscamos información de manera inmediata en internet; por lo tanto, no podemos decir a los pacientes que no lo hagan. Pero hay información fiable, y otra no, por lo que tiene más sentido que nosotros les dirijamos a portales web donde sabemos que la información es fiable, pero comprendiendo que es normal que el paciente venga incluso preocupado por su síntoma después de haber hecho todo un rastreo en internet y haber revisado muchísima información.

Cómo gestionar las emociones ante la pandemia del coronavirus

Hay médicos a los que eso les incomoda porque se sienten un poco señalados, o porque incluso el paciente puede traer más información de ese síntoma concreto de la que tiene el propio médico, pero yo creo que hay que aceptarlo, que tiene sentido y debe aprovecharse para hacer la consulta más colaborativa, y que con lo que traiga el paciente, o con cosas extra que el profesional haya buscado en otros ámbitos, elaborar una especie de plan terapéutico estratégico, donde también el paciente siente que forma parte del abordaje de su patología.

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Comunicación con el paciente en tiempos de COVID-19

¿Cómo ha cambiado la comunicación entre médico y paciente durante la pandemia por coronavirus?

La tecnología en este caso ha sido una gran ayuda, porque hemos podido mantener las consultas a pesar de la situación de pandemia por COVID-19 y de no podernos ver físicamente. Y yo siempre abogo para que, en la medida de lo posible, se trate de una conversación (como puede ser una videollamada), y evitar que sea algo escrito donde se pierde mucho el tono, la intención…, y no hay una comunicación fluida, sino que se convierte en una consulta fría.

La tecnología ha sido una gran ayuda durante la pandemia, pero siempre que sea posible es mejor mantener una comunicación fluida con el paciente, como mediante una videollamada

También ahora los pacientes poco a poco se van atreviendo a preguntar más, a investigar, a traer sus propias exploraciones…, y yo creo que es importante entender que hay mucha información médica accesible para todo el mundo y que tenemos que cambiar la forma de trabajar con los pacientes.

gestionar las emociones ante el covid

La pandemia lamentablemente puede alargarse bastante. ¿Qué consejos darías a los médicos, tanto a los que están en primera línea, como a los que tienen que atender a otros pacientes con procesos agudos o enfermedades crónicas, para afrontar mejor esta situación?

Yo creo que es muy importante que presten mucha atención a su autocuidado, a tener presente que para poder estar disponibles para otro uno tiene que estar sereno y con sus conflictos o emociones procesadas, con lo cual, si carecen de herramientas propias, que las pidan, y que soliciten asistencia y acompañamiento psicológico, no solo para el momento agudo, cuando uno está muy mal y ya se ha manifestado la sintomatología, o incluso la patología, como puede ser la ansiedad, la depresión, el estrés postraumático…, sino de forma preventiva, para no llegar a esos extremos. Es como quitarnos este disfraz de inmunidad que nos hemos puesto y pedir ayuda para nuestra propia regulación.

Los médicos han de prestar mucha atención a su autocuidado, quitarnos este disfraz de inmunidad que nos hemos puesto y pedir ayuda para nuestra propia regulación de las emociones

Merece la pena hacer un trabajo personal para aprender a gestionar las emociones, para que la consulta se convierta en lo que los médicos siempre deseamos: un encuentro y una facilitación de la ayuda al otro, porque desgraciadamente sin herramientas los médicos acabamos –como explicaba antes– o bien quemados, o bien robotizados.

Humanización de la medicina

Hablas también de la humanización de la medicina, afirmando que lo artificial ha sido la deshumanización, ¿por qué crees que se ha producido esta deshumanización que ahora es necesario solucionar?

Pienso que hay dos factores importantes; uno ha sido convertir lo que es un servicio asistencial como es la medicina en un producto que tiene que ser rentable. Así se cosifica tanto al paciente, como al médico, y se introducen criterios como ahorrar en pruebas o en tratamientos, cuando ese no debe ser el criterio por el que uno prescribe o no una prueba. Por eso creo que ha sido como convertir la medicina en un negocio, que hace que tenga que ser más fría y que a veces no puedas introducir factores como puede ser tiempo para acompañar a un paciente, que económicamente puede ser menos rentable, pero a largo plazo casi lo es más, porque el paciente va enfermando menos y viene menos a consulta; pero hay que entender que se trata de una inversión a largo plazo.

Convertir un servicio asistencial como la medicina en un producto que tiene que ser rentable es uno de los factores que ha influido en la deshumanización de la medicina

El otro factor que ha influido en la deshumanización de la medicina es la tecnología, que es maravillosa bien utilizada, pero ha llegado a invadir la consulta médica, empezando simplemente por el hecho de la pantalla del ordenador que nos separa físicamente e impide el contacto visual con el paciente. Claro que las historias clínicas tienen que estar informatizadas porque facilita mucho el trabajo, pero eso supone que tengamos que dedicar mucho tiempo a escribir mirando la pantalla, y al final los pacientes, los médicos y los tratamientos acabamos siendo números, y aunque esto es muy útil para sacar conclusiones informáticas o epidemiológicas, está demasiado presente en la relación médico-paciente.

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Una buena comunicación entre médico y paciente es clave para la humanización de la medicina pero, ¿qué otros factores hay que tener en cuenta para conseguirlo?

Para mí es importante que entendamos que la relación médico-paciente es algo sagrado; de hecho, hay una asociación que pretende que se reconozca como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, y por ello creo que hay que darle una inmensa importancia al cuidado y el encuentro emocional entre médico y paciente para una medicina humanizada.

Por ejemplo, algo que yo reivindico mucho es el tiempo en consulta en el sistema público, y especialmente en el caso de los médicos de Atención Primaria, porque a día de hoy a veces tan solo tienen siete minutos –que es el ratio aceptado en el 2020– para recoger, atender, explorar, diagnosticar y tratar a un paciente. Y es materialmente imposible hacerlo en ese periodo, con lo cual es indispensable tener en cuenta el factor tiempo para mejorar la relación médico-paciente.

En 7 minutos es imposible atender, explorar, diagnosticar y tratar a un paciente, con lo cual es indispensable tener en cuenta el factor tiempo para mejorar la relación médico-paciente

Y luego hay otra aspecto muy importante que es cambiar la visión de los médicos, que se reconozcan humanos y vulnerables y con necesidades respecto a su propia gestión emocional, para poder estar más presentes y poder acompañar al paciente en consulta. Creo que habría que anteponer lo sagrado de una relación médico-paciente, y ver qué necesita también un médico para poder estar sereno acompañando al paciente.

 ¿Y qué podemos hacer como pacientes para colaborar con los médicos y el resto de los profesionales sanitarios?

Yo siempre animo a que haya un feedback de los pacientes, tanto de lo que les ha ayudado, como de lo que les gustaría que fuera distinto, porque muchas veces cuando un paciente no se siente bien tratado desaparece de esa consulta, pero el médico desconoce en qué ha fallado, o qué no le ha gustado a ese paciente.

También es muy agradable recibir la felicitación o el agradecimiento cuando hemos hecho algo bueno, con lo cual yo animaría a los pacientes a que de una forma cautelosa y educada dieran un feedback, para que vayamos recibiendo una guía de lo que sirve y lo que es importante para los pacientes, y qué tendríamos que mejorar, porque si no, seguimos repitiendo los mismos errores, y también nos fijamos en médicos mayores que son como nuestros modelos, que también repiten esos errores porque nunca nadie les ha dicho “eso me ha dolido”, o “eso no me ha gustado”.

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