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Es inglesa, pero defiende el medioambiente desde Córdoba hace más de 50 años: “Lo de Malvinas fue una idiotez”

Autor: Gustavo Molina

Christine Edward recorre las Sierras Chicas de Córdoba dando clases sobre ambientalismo en las escuelas de la zona, donde los chicos, además de flora y fauna autóctona, aprenden sobre ecología. “Los chicos se ríen por mi manera de hablar; somos muy compinches. Muchas veces ellos nos enseñan a nosotros sobre la defensa del ambiente”, le contó a El Destape esta ex periodista inglesa que vive en nuestro país hace más de medio siglo, pero aún conserva su acento británico. La mujer llegó en barco durante su juventud en pleno Cordobazo y no le importó la convulsión que se vivía entonces con tal de vivir su “aventura” en ese “paraíso verde”, como definió a la Argentina. Más de 50 años después, no se imagina viviendo en otro lugar. 

Integrante muy activa de la Mesa del Agua y Ambiente La Granja -en las Sierras Chicas de Córdoba, a pocos kilómetros de esta Capital- Christine Edward, o simplemente Chris, para quienes la conocen; comenzó a interesarse por la naturaleza y el medioambiente desde chica en su casa de Woodford Green, Essex, en el noreste de Londres. 

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En 2012, cuando las sierras sufrieron una sequía aguda, Christine se volcó de lleno a la lucha ambientalista en la provincia. Junto a unos vecinos de La Granja, un pueblito ubicado a 51 kilómetros al noroeste de la capital cordobesa, conformó la Mesa de Agua y Ambiente, una ONG ambientalista que lucha, entre otras cosas, “por la Ley de Bosques, en defensa del bosque nativo, contra la deforestación y el desmonte en la provincia de Córdoba. Puntualmente en La Granja trabajamos por la defensa de la Reserva Natural de Ascochinga, como un espacio de recreo y conservación”.

Las luchas ambientales en Córdoba son transversales y las distintas asambleas participan en las actividades contra la deforestación para ampliación de la frontera agroganadera; o la quema de bosque nativo para cambio de uso del suelo y la construcción de megaproyectos urbanísticos o la traza de la Autovía de Punilla.

“La ventana daba a un típico jardín inglés, pequeño, pero lleno de color. Allí, nuestro jardín era en forma de L y veíamos los pájaros que llegaban. Mi mamá había puesto una mesa en el jardín, para que los pájaros descansen, se alimenten y se hidraten. Incluso las gaviotas llegaban del mar a nuestro patio”, remarcó Chris al recordar cómo empezó a interesarse por el medioambiente. Chris contó también que su padre, David, le había regalado por esos años unos binoculares que le permitieron observar todos los detalles de las plantas silvestres. Se pasaba horas mirándolas. Su interés por la naturaleza se acrecentó con las caminatas que hacía con su madre por un bosque de las afueras de Londres, Epping Forest, donde en el pasado cazaba la realeza, hasta que comenzó a administrarlo la Corporación de la Ciudad de Londres.

Christine admitió que le llevó tiempo “querer el ambiente, el clima de Córdoba” porque era más seco en comparación con Inglaterra. Elegí vivir en Argentina por la no destrucción ambiental. Había bosque nativo, monte, verde, naturaleza. Pero te estoy hablando de casi 53 años atrás, medio siglo. Allá en Europa ya se hablaba del cambio climático, veníamos de los movimientos ecologistas, de la bomba atómica y la amenaza nuclear en plena Guerra Fría. Y acá era un paraíso verde. Ahora, en Argentina estamos peor que allá, por la extensión del país el daño es mayor al de los países de Europa, además por el uso indiscriminado de agrotóxicos que están afectando la vida de todo el medioambiente”, enfatizó.

Para esta inglesa que llegó a Argentina a fines de la década del ’60 y eligió a Córdoba como su lugar en el mundo, en la provincia hay “un ecocidio”: “El cambio climático es real y en Córdoba se sufre. Los incendios que sufrimos año a año, dan muestra de que en Córdoba no se respeta el medioambiente, por eso la lucha que llevamos adelante en la Mesa de Agua y Ambiente y en las distintas asambleas de toda la provincia son en defensa del ambiente, pero más que nada de los humanos. Porque sin un ambiente, sin agua, sin verde, estamos condenados”, 

Desde La Granja luchan para que se lleve adelante un plan de desarrollo urbano con ordenamiento ambiental. “Los que nos gobiernan y sus socios tienen el signo dólar en la frente. Hacen leyes para proteger el ambiente, pero hacen todo en contra del ambiente, en contra de la salud de su propia población, sin pensar en el futuro de nuestros hijos y nietos. Por eso estoy en la lucha, que es la misma lucha de los ’60 contra la guerra y en defensa de la humanidad”, denunció. 

Entre el Mayo Francés y el Cordobazo

“Llegué a Argentina en barco, como buena migrante. En Inglaterra yo trabajaba en un diario, como periodista. Y había decidido venir a visitar a mi hermano David que vivía en Buenos Aires porque se había casado con una argentina. Mis compañeros de la redacción me habían mostrado las noticias del Cordobazo y me preguntaban ‘¿Vos vas a viajar ahí?’, y yo les respondí que sí. Para mí, venir a Argentina, a esa Argentina convulsionada era toda una aventura. Yo tenía 23 años, Europa estaba muy movilizada por la Guerra de Vietnam. Era 1969, veníamos del Mayo Francés y llegué a la Argentina del Cordobazo, era una aventura. Ver los “Neptuno” (camiones hidrantes de la Policía), los militares en la calle, como periodista estaba en mi salsa”, contó Chris a El Destape.

En Inglaterra, los Edward eran una típica familia de clase media donde no faltaba nada, pero tampoco sobraba: “Después de que Daddy volvió de la guerra, tuvimos la vida de todos los ingleses de clase media. Fue una buena vida, no sufrimos pobreza. El Welfare State (Estado de Bienestar) aseguraba educación gratis, universidad gratis y trabajo digno”. En su infancia y adolescencia en las afueras de Londres, Chris estudió en la escuela pública y luego se mudó a estudiar Literatura en la Universidad Birmingham, donde los jóvenes europeos de la posguerra abrazaban las ideas liberales y progresistas.

Ya en nuestro país, la joven turista inglesa, que había renunciado al diario donde trabajaba para vacacionar y recorrer otras latitudes se quedó unas semanas en lo de David: “Mi hermano también era ambientalista. David se casó con una argentina que conoció en EE.UU.; él era ingeniero químico de Shell y trabajaba en Dock Sud. Pero más que nada era un artista”.

Desde Buenos Aires, por una invitación de una conocida, Chris recaló en La Calera, una pequeña localidad del oeste del Gran Córdoba separada de la Capital por los terrenos del Ejército: “La que me invitó a Córdoba fue mi compañera de camarote. Erica era una pelirroja, descendiente de tiroleses. Y esa noche salimos. Lo conocí a Manuel, estaba todo oscuro, casi no se veía, y me terminé casando con él”, recordó entre risas al contar su historia. 

Instalada en Córdoba, Chris consiguió trabajo como profesora en la Cultura Británica y la Academia Argüello y probó suerte como corresponsal en Córdoba del Buenos Aires Herald: “No recuerdo quién me entrevistó, si fue Robert Cox o quién, imagínate, fue hace medio siglo. Finalmente, no llegamos a un acuerdo”.

Con sólo 23 años, Christine Edward era una de las profesoras más pedidas por los alumnos. Muchos pasaron por sus aulas. Entre sus mejores anécdotas, reconstruyó dos historias con alumnos: “Siendo profesora de conversación, tuve a un Chicago Boy que terminó siendo ministro de (Carlos) Menem: Roque Fernández. Hace poco encontré un libro, donde había anotado una deuda de Roque, que como corresponde, pagó a los pocos días”. También, la joven profesora le daba clases de conversación a “la esposa de un economista famoso que se aparecía en pantuflas”. “Yo me reía. Pero todos me trataban como una reina”, aseguró. 

En 1971, Christine regresó a Inglaterra, donde se casó con Manuel Vázquez. La pareja vivió en el condado de Essex, en las afueras de Londres hasta 1975. En Inglaterra había nacido Manolo, su hijo mayor; y al regresar a Córdoba ya estaba embarazada de Victoria y en Argentina se vivía la antesala del golpe cívico militar más sangriento de la historia. “Cuando les dijimos a nuestros amigos que decidimos volver a Córdoba, ellos nos decían ‘No vengan ahora’, ‘¿qué van a hacer?’. Y nos vinimos. El 24 de marzo yo lloré. Vivíamos en Yrigoyen y Buenos Aires, en pleno Nueva Córdoba. Mi suegra salía al balcón a saludar a los militares, yo me escondía en el baño a llorar”.

De Nueva Córdoba. se mudó a Alberdi, “era otra cosa, estaba lleno de estudiantes de Medicina”. Una vez, vinieron los militares, andaban por los techos; y quisieron entrar a casa. Yo les dije que sólo entrarían si dejaban las armas afuera porque había niños. Hicieron caso”.

Vivir Malvinas como inglesa en Argentina

“Malvinas fue una idiotez. Yo vengo de una militancia pacifista, antimilitar y antiguerra. Era una guerra y no era una guerra. Daddy fue a la guerra contra la Alemania nazi. Nosotros tuvimos la guerra ahí, y sufrimos los bombardeos nazis. Acá, recuerdo perfectamente un domingo a la mañana, puede ser el 4 de abril, pasa por encima de casa un Hércules llevando, suponía yo, los chicos al Sur. Nunca voy a olvidar ese ruido. También recuerdo que teníamos que protegernos de la bomba atómica, la Central de Embalse era un objetivo militar y Thatcher tenía la bomba atómica. Yo, siendo inglesa, tenía miedo de los ingleses. Afortunadamente, los militares argentinos no nos hicieron nada por ser británicos. En cambio, sé que allanaron a un escocés que había venido en 1978 y que les habían pedido las listas de empleados a Shell”.

Pasados los primeros días de la recuperación de las Islas por parte de Argentina, Christine se convenció que Inglaterra enviaría tropas: “Yo sabía que iban a venir, más una persona como Thatcher. En la guerra se involucró a los niños de acá, y a los niños de allá. Porque con 18 años eran niños. Mucho se dijo que Inglaterra tenía un Ejército profesional, y es cierto, pero cuando hay pobreza, la clase obrera desempleada se alista en las FFAA. Inglaterra tenía una de las peores crisis, y en 1982 la desocupación llegaba al 15%. Muchos de esos desempleados, muchos saliendo del colegio, encontraron una salida laboral en las FFAA. Acá eran conscriptos de 18 años, allá profesionales de 18 años”.

Christine ya tenía su familia constituida cuando la democracia regresó a Argentina. “Me llamó la atención que la derecha decía ser ‘liberal’, cuando en Inglaterra, la cuna del liberalismo, el progresismo es liberal. Tuve que hacer un curso rápido de política y economía argentina, para entender un poco de qué hablaban”, recordó. 

Fanática del Tottenham gracias a la influencia de su hermano David, en Córdoba repartió sus amores futboleros por Belgrano de barrio Alberdi y por Instituto de barrio Alta Córdoba, un club que al igual que estuvo ligado en sus inicios a los obreros ferroviarios llegados desde Inglaterra: “David miraba al Tottenham en el living de casa,y pegaba saltos hasta el techo. A mí, al contrario, el fútbol me tranquiliza. Y no tengo tele, así que escucho los partidos por radio y leo noticias”.

Pese a vivir en la sierras de Córdoba, más allá de su amor por el Tottenham, Christine sigue de cerca lo que pasa en su Inglaterra natal: “Será difícil reemplazar a Isabel. Era one-off (única). Algo estable. La Reina sobrevivió a todos los cambios desde post-colonialismo hasta post- Brexit ¡Era realmente patriota!”.

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