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Félix M. Cruz Jusino y la identidad negra en Puerto Rico; entrevista por Wilkins Román Samot

Autor: Letralia Tierra de Letras
Félix M. Cruz Jusino
Félix M. Cruz Jusino: “El Caribe es una construcción nueva que vibra al ritmo del tambor, pero se reinventa a diario para integrarse a una sociedad universal”.

Félix M. Cruz Jusino (San Germán, Puerto Rico) es biólogo, educador, periodista e historiador. Es, a su vez, poeta, novelista, cuentista y un destacado ensayista. Es doctor en Comunicación Social con concentración en Periodismo de la Universidad del Valle (Ph. D., 1988), Colombia, y en Historia de Puerto Rico y el Caribe en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (Ph. D., 2020). Estudió un primer grado en Biología y Educación en la Universidad Interamericana de Puerto Rico (B. A., 1982), San Germán, y un segundo grado en Estudios Generales (B. A., 2016) en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Ponce. Tiene una Maestría en Historia de Puerto Rico y el Caribe (M. A., 2017) del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, y otros estudios en Justicia Criminal, Relaciones Obrero-Patronales y Astrología Esotérica. Tiene una hoja de vida con una amplia experiencia laboral y empresarial en Estados Unidos, España, República Dominicana, Chile y Puerto Rico. En Nueva Jersey fue docente-investigador del Proyecto Latino Scholars en la Universidad de Rutgers, asistente del gobernador James Florio, y director de la Oficina de Asuntos Minoritarios de la Oficina del Gobernador y de la Oficina del Congresista Robert Torricelli. En Nueva York, fue subdirector de la Administración de Asuntos Puertorriqueños, y en Galicia fue promotor internacional de la Xunta de Galicia. En la República Dominicana tuvo a su cargo el Programa de las Aldeas Artesanales con la Organización de Estados Americanos. En Chile trabajó en proyectos de construcción de viviendas para Latinoamérica. Don Félix ha dado respuesta a mis preguntas; todas sus respuestas son para ser compartidas con vosotros.


Publicó el año pasado Ebenecer López Ruyol y la conceptualización de la identidad del puertorriqueño negro (2020). ¿De qué trata en este libro? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

La obra es un estudio analítico sobre la identidad del puertorriqueño negro y la aportación que en su conceptualización contemporánea ha ejercido el licenciado Ebenecer López Ruyol a través de su trabajo como abogado, activista social, sindicalista y escritor. Evaluamos la evolución sociocultural del puertorriqueño negro desde 1508 hasta el presente. Destacamos los diferentes movimientos literarios y sociales que han influenciado en la formación de la identidad negra en Puerto Rico y el Caribe. Para definir el puertorriqueño negro analizamos a su vez las diferentes concepciones de puertorriqueño desde el siglo XIX hasta la actualidad, entre ellos las expuestas por escritores como Manuel Alonso en El Gíbaro, Matienzo Cintrón con su personaje Pancho Ibero, Antonio S. Pedreira en Insularismo y las desarrolladas por Palés Matos, Tomás Blanco, Morales Carrión y Ricardo Alegría, entre otros.

Además, investigamos el proceso formativo de López Ruyol como ciudadano y profesional y cómo éste influyó en su aserción identitaria. Condujimos una indagación sobre sus orígenes familiares, la influencia de sus maestros, sus diferentes experiencias laborales y activismo cívico y cómo éstas enriquecieron su percepción de lo que es el puertorriqueño negro. Tratamos temas como el racismo, la xenofobia o el discrimen por concepto de género, que son importantes de conocer para poderlos erradicar en vías de construir mejores sociedades.

Me impactaron profundamente todas las contribuciones que López Ruyol ha hecho a la sociedad y cultura puertorriqueñas, así como su lucha contra el racismo.

Discutimos el conflicto existente entre los términos afrodescendiente y negro, cómo diferentes estudiosos se banderizan con uno u otro, y la conclusión de López Ruyol sobre el aparente conflicto entre los dos términos que buscan identificar los procesos históricos formativos de las comunidades negras latinoamericanas.

La obra, originalmente una tesis para la obtención de un grado doctoral en Historia de Puerto Rico y el Caribe, es también una celebración de las aportaciones de los puertorriqueños negros dentro del marco del Decenio de la Afrodescendencia, decretado por la Organización de las Naciones Unidas.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta, debo comenzar diciendo que, aunque conocí a López Ruyol en mi juventud, mi amistad con él se consolidó hace unos cinco años a través de mi gran amigo el artista plástico, antropólogo e historiador dominicano Geo Ripley. Trabajé con Geo hace más de veinte años en la República Dominicana con el programa de las aldeas artesanales. Colaboramos en proyectos investigativos sobre la negritud, las religiones afrocaribeñas, la cultura dominicana y las bellas artes. Geo insistió en que me comunicara con López Ruyol para que colaborara con él en temas relacionados con la lucha contra el racismo y la integración de Puerto Rico en los diferentes proyectos de afirmación identitaria caribeña. Me comuniqué con el abogado y poco a poco me fui familiarizando con sus diferentes proyectos, leyendo sus publicaciones y participando activamente en el Concilio Puertorriqueño Contra el Racismo (CPCR). Me impactaron profundamente todas las contribuciones que López Ruyol ha hecho a la sociedad y cultura puertorriqueñas, así como su lucha contra el racismo. Decidí que su historia de vida debía ser estudiada y compartida. Desde mi perspectiva y la de muchos, Ebenecer es un héroe para estos tiempos. Vivimos en una sociedad decadente, hedonista y consumista, necesitamos figuras ejemplares, seres humanos con virtudes y defectos que nos estimulen a construir una sociedad más justa donde el bienestar de todos sea el norte. Le presenté mi proyecto a López Ruyol y aceptó convertirse en figura de estudio. Ebenecer López Ruyol y la conceptualización de la identidad del puertorriqueño negro es no sólo el resultado de esa investigación, sino que a su vez constituye un monumento a la lucha identitaria del puertorriqueño negro en una sociedad que busca ocultar su negritud, pero vibra al primer repique de un tambor.

“Ebenecer López Ruyol y la conceptualización de la identidad del puertorriqueño negro”, de Félix M. Cruz Jusino
Ebenecer López Ruyol y la conceptualización de la identidad del puertorriqueño negro, de Félix M. Cruz Jusino (Centro de Estudios e Investigaciones del Sur Oeste, 2020). Disponible en Amazon

¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Ebenecer López Ruyol y la conceptualización de la identidad del puertorriqueño negro y su trabajo creativo previo y posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño-caribeño y su memoria personal de lo caribeño dentro de Puerto Rico y el Caribe?

Inicié mis estudios sobre el puertorriqueño negro en 1982. En ese momento llevé a cabo la celebración de una semana sobre la aportación del acervo negro a la cultura puertorriqueña en el Recinto de San Germán de la Universidad Interamericana. Titulé la celebración Y tu agüela ¿a’ onde está? Publicamos varios trabajos, pero desde mi punto de vista, el logro mayor fue la exhibición de parte de la colección de objetos africanos del Museo de Ponce, la cual conseguí gracias a don Luis A. Ferré. Mientras viví en Estados Unidos, publiqué varios trabajos sobre la negritud y sus diferentes manifestaciones en el Caribe (hispano, franco, anglo, neerlandés), Uruguay, México, Argentina, Belice, Brasil, Honduras, Perú, Colombia, Panamá, Venezuela…

La negritud y sus manifestaciones ha sido sólo uno de los temas de estudio que en los últimos cuarenta años he llevado a cabo, siendo los principales las manifestaciones culturales de la identidad latinoamericana en Estados Unidos; el Xacobeo (la fiesta de Santiago Apóstol en Galicia); la economía iberoamericana; la historia y cultura canaria, cubana, dominicana, gallega y portuguesa; las diversas manifestaciones identitarias puertorriqueñas (costa, montaña, oriental, occidental, norteña, sureña…), el sindicalismo y más recientemente, la modernidad líquida.

Sobre mi experiencia personal en cuanto a la temática negra, puedo decirte que vengo de una familia muy orgullosa de su historia ancestral. Mis abuelos maternos eran hijos de primos hermanos. Ellos, quienes me criaron, me enseñaron que además de descender de las familias de Cristóbal Colón (su nieta Juana Colón y Toledo), Juan Ponce de León (sus nietos Juan Troche Ponce de León II y Juana Troche Ponce de León) y los Benítez de Pereira y Mexías (Pedro “el Tuerto” Benítez de Pereira, descendiente de una familia galaicoportuguesa, conquistador y regidor de Gran Canaria), descendía de una negra haitiana que llegó a la isla con su amo (Pierre Lassús) huyendo de la revolución haitiana; la bisnieta de esa haitiana, María Andrea Simonetti Lassús, era hija de un corso (Dominic Simonetti) y de su esclava Eusebia Lassús (era hija de Benita Lassús, hija de Pierre, Pedro, y su esclava). Mi abuelo, Juan H. Jusino Rodríguez, un hombre de ojos grises y piel lechosa, me relató cientos de historias sobre su abuela, cuyo idioma principal era el francés, el que le enseñó a varios de sus nietos. Papá conoció el racismo en su propia familia. Su mamá, Juana Rodríguez Cruz, se enamoró de Justino Jusino Simonetti, quien, a pesar de ser blanco, era descendiente de esclavos negros a través de su madre mita Andrea. El abuelo de papá, Pedro Benito Rodríguez de Astudillo y Ufret Ramos-Colón y Ramírez de Arellano, repudió a su hija por casarse con un descendiente de negros y a sus nietos por tener sangre negra (algo que como niño no entendía, porque papá y sus hermanos eran todos blancos de ojos azules o verdes). Una de las historias de papá era que su mamá enviudó a los treinta años y tenía seis niños pequeños, uno recién nacido. Su abuelo Pedro le vaciaba galones de leche frente a la casa y le decía a su hija: “Para que tú y esos negros se mueran pronto”. Mamita Juanita había sido una niña protegida, aristócrata, que al quedar viuda se vio obligada a recoger leña para sobrevivir. En este nuevo trabajo, por la inexperiencia, perdió uno de sus ojos azules. Empero, logró sacar a sus hijos adelante gracias a su esfuerzo y la ayuda de su familia política, que estaba bien económicamente.

Internalizar el que hijos sean esclavos de su padre, o las luchas en contra del discrimen racial, te provee con herramientas para sobrevivir en cualquier sociedad.

A esta mezcla se le añade el componente judío, pues desciendo de un judío holandés, Jacob Hœvers (terminó siendo Jacobo Ufret), que llegó en 1795 a Puerto Rico desde Curazao. Sin pasar por alto la aportación aborigen y otros grupos europeos y africanos. En realidad, soy descendiente de una familia puertorriqueña con representación de todos los grupos que se asentaron en la isla de Puerto Rico desde antes de 1508. Tuve el privilegio de que mis abuelos conocían su genealogía y se encargaron de que mi hermana (Carmen Yolanda Cruz Jusino) y yo conociéramos nuestros orígenes.

Internalizar el que hijos sean esclavos de su padre, las luchas en contra del discrimen racial, la integración social de grupos diversos y que gente de epidermis clara, orgullosa de sus ancestros negros, se reconozcan como tales, te provee con herramientas para sobrevivir en cualquier sociedad. Ese, entiendo, ha sido el mayor aporte de mi familia a quien soy.

A esto debo sumarle que mis abuelos paternos descienden de familias canarias y andaluzas mezcladas con amerindios y africanos.

En cuanto a mi experiencia caribeña, residí en República Dominicana, donde trabajé para el Ministerio de Cultura a través de un proyecto de la Organización de Estados Americanos. Participé en investigaciones antropológicas sobre el vudú, las manifestaciones de las culturas africanas en la identidad dominicana y las huellas estadounidense, haitiana y puertorriqueña en las comunidades de Samaná, María Trinidad Sánchez, Puerto Plata, El Seibo y otras provincias de República Dominicana. Además, fui profesor de historia dominicana y desarrollé talleres para la formación de guías turísticos.

He laborado en proyectos afrocaribeños con intelectuales de Cuba, Barbados, Curazao, Colombia y Venezuela.

Me identifico con el Caribe como conglomerado de identidades cuyas raíces nos conectan con el África ancestral, pero que, en América, a través de su experiencia particular y el mestizaje étnico-cultural, forjaron nuevas sociedades con características singulares que la distancian, pero a su vez la unen con los ancestros. El Caribe es una construcción nueva que vibra al ritmo del tambor, pero se reinventa a diario para integrarse a una sociedad universal. Somos pueblos cuyo desarrollo es continuo y nuestras culturas están en plena evolución. El Caribe es el futuro planetario, donde todos somos uno sin olvidar nuestros nexos ancestrales.

Desde 1981 he escrito profusamente sobre cultura, economía, identidad, Latinoamérica y política. La identidad puertorriqueña es uno de mis temas favoritos, pero a pesar de haber trabajado con anterioridad temas relacionados con la negritud, el indigenismo haitiano, el criollismo cubano y dominicano y las expresiones culturales negras en las Antillas e Hispanoamérica, Ebenecer López Ruyol y la conceptualización de la identidad del puertorriqueño negro constituye mi trabajo investigativo más extenso sobre la identidad del puertorriqueño negro.

Escribir sobre Ebenecer y su experiencia de vida es para mí una afirmación identitaria. Estoy orgulloso de mi puertorriqueñidad y de la contribución que mis ancestros han hecho a la patria. Desciendo de una esclava llamada Benita Lassús que fue hija de su amo y una esclava haitiana. La familia llegó a Puerto Rico a raíz de la revolución haitiana a principios del siglo XIX. Benita tuvo con su amo una hija, María Eusebia, que le parió una hija a su amo, que era corso. María Andrea Simonetti Lassús fue esclava de su padre, quien no la reconoció como hija hasta 1891. Andrea le enseñó francés a sus nietos y éstos, entre ellos mi abuelo, pasaron la historia familiar a sus descendientes.

Si compara su crecimiento y madurez como persona, periodista, historiador y escritor con su época actual en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

Comparando mi trabajo a lo largo de medio siglo de escribir, hoy soy más libre que hace treinta años. Digo la verdad como la percibo, no me callo ante la injusticia y defiendo la educación y la justicia social como medios transformadores para construir una sociedad más justa e igualitaria. Condeno la represión, no apoyo candidatos políticos vanos que manipulan la verdad y se sacian con la corrupción.

Si lo miro desde la perspectiva de la temática, desde mi regreso a Puerto Rico en 2003, me he dedicado a escribir sobre la cultura, la política, la crisis socioeconómica y el sentido identitario puertorriqueño. Entre 1983 y 2002 trabajé temáticas iberoamericanas, sin descuidar las cuestiones puertorriqueñas. Cuando me inicié como periodista en Estados Unidos en 1983 cubría Latinoamérica. Escribía sobre temas políticos, económicos y culturales de la región y su impacto en las comunidades en Estados Unidos. Participé activamente con las comunidades cubana, dominicana, colombiana, peruana, chilena, argentina, hondureña, salvadoreña, costarricense y brasileña, entre otras. Organicé actividades para promover la cultura hispana y fundé asociaciones para potenciar el desarrollo del liderazgo sociopolítico de las diferentes comunidades latinas tanto en Estados Unidos como en Iberoamérica. Una de esas actividades, por ejemplo, fue la celebración del Bicentenario del Libertador Simón Bolívar (1983) en colaboración con el consulado de Venezuela en Nueva York y la entonces vicecónsul Tatiana de Sucre. Viajé por Latinoamérica y me reuní con mandatarios, líderes revolucionarios, economistas, artistas y gestores culturales. En la década del 90 fui consultor de la Xunta de Galicia cuando la presidía don Manuel Fraga y me concentré en temas gallegos. También trabajé temáticas catalanas, castellanas, españolas en general y portuguesas.

Nunca me alejé de mis raíces y donde quiera que estuve siempre dictaba charlas o escribía sobre Puerto Rico.

No me identifico con ninguna generación. Pertenezco a muchas y busco en todas las mejores respuestas a las problemáticas que enfrentamos a diario como comunidad latinoamericana.

¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo a su quehacer de escritor?

Mi experiencia profesional, en su mayor parte, ha transcurrido en Estados Unidos, España, República Dominicana y Chile, entre otros; por ende, tengo una visión más cosmopolita y esto puede ser conflictivo con las limitaciones que a veces impone el aislacionismo que muchos profesan en el país. Puerto Rico es parte de un mundo global en constante cambio, no podemos cegarnos ante las fuerzas que transforman nuestra sociedad. Esta ceguera ha profundizado las brechas generacionales y dividido aún más una nación inmersa en conflictos identitarios que busca definirse como puertorriqueña o estadounidense, para a la larga no saber ni de dónde viene ni para dónde va.

No me identifico con ninguna generación. Pertenezco a muchas y busco en todas las mejores respuestas a las problemáticas que enfrentamos a diario como comunidad latinoamericana que es una colonia de un país que no comparte nexos culturales con nosotros. Estoy consciente de que crecí durante el período de transformación social, de abundancia económica y cuando el sistema educativo promovía la excelencia académica.

Dicho esto, en mi trabajo creativo encontrarás desde añoranzas de un país que ya no existe hasta planteamientos de la contemporaneidad y la modernidad líquida que nos ahoga y desbalancea con sus patrones efímeros y la destrucción de las vacas sagradas que dábamos por eternas.

Comparto ideas con grandes escritores como Ramos Perea, Mairym Cruz-Bernal, Lala González, Daniel Nina, Tite Vázquez e historiadores como Pablo Crespo, Félix Huertas, Aida Mendoza, Nancy Santiago Capetillo, Francisco Moscoso y otros tantos, pero tengo mis propias opiniones y estoy claro en mis planteamientos.

Ha logrado mantener una línea de creación en y desde Puerto Rico. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

Mis trabajos son bien recibidos tanto aquí como en los países donde he vivido. Empero, escribo no porque busque halagos, sino porque tengo algo que decir, aunque sea la única voz en decirlo. La objetividad tiene un gran precio, no me fanatizo ni con mis creencias porque entiendo que no existe una verdad absoluta, sino múltiples verdades, y que cada cual tiene el derecho a su propia concepción de la realidad. Respeto si me respetas; si no, serás víctima de mi látigo (en una nota curiosa, mi sobrenombre entre correligionarios políticos, especialmente mexicoamericanos, era Félix “The Whip”, por mis defensas agudas a los planteamientos que defendía y mi profunda lucha por la igualdad a la hora de cortar el bacalao y los beneficios para los latinoamericanos en la política estadounidense).

Entre mis compañeros, he recibido fuertes espaldarazos hacia mi trabajo.

Sé que es usted de Lajas, Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Soy sangermeño (de nacimiento), lajeño (por convicción), mayagüezano (infancia y educación) y añasqueño (lazos emocionales), pueblos que amo profundamente y en los cuales he vivido y trabajado a lo largo de mi vida. Mi conexión con mi amado Lajas es ancestral. La finca de mis bisabuelos estaba dividida por la carretera, la mitad quedaba en Lajas y la otra en San Germán. Mis padres son profundamente sangermeños, pero mi abuela María del Carmen Acosta y mi tía Migdalia Jusino, quienes se encargaron de mi hermana y de mí tras el divorcio de mis padres, realizaban sus actividades en Lajas. Mi tía fue una de las fundadoras del Centro Cultural de Lajas. También era artesana, empresaria hotelera, gestora turística, líder independentista y maestra de arte en la escuela superior; por ende, sus sobrinos-hijos participamos en todas sus actividades. Asistí a la escuela en Lajas hasta el segundo mes de mi tercer grado, pero nunca perdí contacto con mis amigos. En 1978 me asocié al Centro Cultural, pero me fui para Estados Unidos; me reactivé en 2012.

Sobre si soy puertorriqueño, lo que se ve no se pregunta, pero a la larga soy universalista. He vivido en varios países, me he integrado a sus quehaceres socioculturales y políticos a tal grado que para muchos se les hacía imposible reconocer que soy puertorriqueño. Vivo muy orgulloso de mi acervo, pero éste nunca ha sido un impedimento para trabajar por el bienestar de otras comunidades ni en mi integración a los países que me han acogido como residente. Soy antillano por infalibilidad, universalista por credo y puertorriqueño por afirmación.

La contemporaneidad busca construir sociedades igualitarias, pero a lo largo de la historia humana hemos vivido períodos donde ésta ha sido la normativa.

¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con su trabajo creativo y su formación en Puerto Rico?

No creo en sellos. Soy un ser humano que ama, respeta y valora la multiplicidad en la pluralidad. Eres como eres y quieres ser, te respeto y espero me respetes. Las etnias, el género y las ideologías políticas están adulteradas para satisfacer pequeños egos y manipular a grupos ávidos por dioses de barro.

Cuando estudias la historia antropológica reconoces que hemos sido siempre iguales con diferencias marcadas por la evolución social. Un sencillo ejemplo, hoy respetamos la infancia, pero por siglos fueron propiedad a la disposición de los padres. No es sino hasta la década de 1950 cuando se inició la revolución que transformaría nuestra percepción de la infancia y la forma en que debemos tratar a los niños. Debemos recordar que anterior a ese período los niños no eran considerados como personas ni eran protegidos, a menos que pertenecieran a las clases sociales dominantes. Los niños eran abusados, maltratados y obligados a trabajar para contribuir al sustento familiar; lo triste es que todavía esto sigue siendo el patrón en muchas sociedades. Los males sociales y la criminalidad están tan vigentes hoy como hace cien años, la diferencia radica en que actualmente nos enteramos al instante de los eventos, empero seguimos siendo tan hipócritas como lo éramos entonces.

La contemporaneidad busca construir sociedades igualitarias, pero a lo largo de la historia humana hemos vivido períodos donde ésta ha sido la normativa. La sexualidad humana ha pasado por sus momentos, para luego volver a ser reprimida por el oficialismo. En la Alemania de los años 20 del siglo pasado hubo una gran libertad sexual, pero entonces llegó Hitler y esto acabó con un gran sueño social. Hoy atravesamos un grandioso período dorado, pero debemos mantenernos vigilantes. Muchos condenan a los hombres y nos culpan de los males sociales, pero se olvidan del importante rol de las mujeres en mantener vigentes patrones conductuales enfermizos que enfatizan la degradación y la violencia contra la mujer y la comunidad LGBTTIQ+. Debemos educar en beneficio de la igualdad, pero respetando quienes somos a la vez que buscamos mejorarnos. Debemos vigilar el fanatismo y la demonización que sólo conducen a nuestra propia aniquilación.

¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Puerto Rico hoy?

Separo mi vida de mi creatividad. Utilizo anécdotas, mías y de otros, para fortalecer mi trabajo, pero no son en sí reflejo de quien soy, aunque en realidad, y como bien sabes, todo trabajo escrito es en esencia una gota de ti.

He vivido en América y Europa, he viajado a través del planeta y en cada lugar me he enriquecido como ser humano. He conocido gente maravillosa que me convirtió en su discípulo, me dieron grandes oportunidades para crecer como individuo e intelectual. Algún día escribiré mi autobiografía como un monumento a tantos y tantas que me han regalado experiencias inolvidables, pero, sobre todo, sabiduría.

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

Mis escritos siempre han contado con el apoyo de mis lectores. Los temas han estado diseñados acorde a la sociedad en que he vivido. Siempre he expresado mis opiniones sobre temas sociopolíticos y económicos, y esté donde esté, amo la cultura del lugar y promuevo la mía.

Empero en el rotativo digital El Post Antillano tuve la experiencia de una columna que tuvo 365.000 lectores en una hora y otra con más de un millón. Me sorprendieron los números de lectores, les agradezco profundamente su deferencia.

En cuanto a mis libros se venden bien, pero en realidad no es algo que me obsesiona. Escribo porque me place, no por vender. Me gusta que me lean y comenten mi trabajo. No vivo de la escritura, eso me hace independiente, libre.

¿Qué otros proyectos creativos tiene pendientes?

Este año se publican dos libros de poesía, una novela histórica sobre mi familia y otro sobre pensamientos filosóficos. Estoy trabajando cuatro congresos histórico-culturales, uno sobre el jíbaro en febrero, uno en junio sobre historia oral, septiembre el tercero de la serie sobre la canariedad y otros sobre la negritud puertorriqueña.

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