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Francisco Rodríguez Marín

Autor: Alfonso V. Carrascosa

Francisco Rodríguez-Marín (1855-1943) destacó por su actividad científica en filología española —siendo como era abogado— y por su producción literaria. Fue miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Wikipedia dice que fue etnólogo, poeta, folclorista, lexicógrafo, escritor, periodista, abogado, romanista y político.

La Memoria de la Secretaría General del Consejo Superior de Investigaciones Científicas del año 43 (Madrid 1944, págs. 67-68 Necrologías) relata que «el venerable patriarca de las letras españolas, D. Francisco Rodríguez Marín, director de la Real Academia Española, presidente honorario del Patronato Menéndez Pelayo, y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, murió en Madrid, a los primeros días del mes de junio del pasado año, en vísperas de un solemne homenaje nacional que por iniciativa del Ministerio de Educación Nacional se le iba a tributar».

En dicha necrológica recuerdan que «nacido en Osuna, en el año de 1855, D. Francisco Rodríguez Marín contaba ochenta y ocho años cuando, poco antes de su fallecimiento, redactaba su discurso de gracias para el acto de homenaje, que tuvo caracteres de funeral y duelo, en vez de la significación jubilar que sus organizadores habían buscado. Para merecer este homenaje escribía D. Francisco —a modo de testamento literario— que sólo encontraba dos cualidades en su larga existencia: su españolismo y su espíritu de trabajo. Bien se conocía a sí mismo el insigne anciano, porque, además de sus relevantes dotes de escritor, de su sazonada labor de poeta y de su intuición y tino de investigador erudito, poseía en grado sumo las cualidades que se atribuía, y podemos decir de él que fue un apasionado de España, constante, leal, infatigable en su empeño».

Abogado brillante y prolífico escritor

Continúa el documento relatando que «cuando todavía cursaba la carrera de Leyes en las aulas de la Universidad hispalense, Rodríguez Marín comenzó a penetrar la belleza de los cantos populares españoles. El acervo folklórico fue la primera cantera de donde, hábil operario, extrajo depurados y numerosos materiales para sus trabajos de investigación. Mas no pudo el joven abogado andaluz dedicarse por entero a esta tarea, y hasta 1904 fue Rodríguez Marín un brillante hombre de toga».

«Un suceso que hubiera podido anular a un hombre con menor sentido cristiano de la vida cambió el destino intelectual de Rodríguez Marín. Perdió la voz casi por completo D. Francisco, y su afición a las letras se convirtió en quehacer cotidiano. Había publicado ya treinta y nueve obras, número que creció hasta las ciento cincuenta que dejó a su muerte. Descuellan, y son de todos conocidas sus publicaciones cervantistas: ediciones críticas del Quijote y otras obras de Cervantes y colecciones de documentos cervantinos inéditos, así como las colecciones de cantos y refranes españoles, copiosísimo tesoro de la poesía e ingenio de nuestro pueblo. También fue concienzudo biógrafo de Pedro de Espinosa, Luis Barahona de Soto y Mateo Alemán. Pertenecía D. Francisco a muchas Sociedades literarias; era miembro de la «Hispanic Society of America».

La memoria recuerda que «el CSIC posee dos insignes recuerdos del gran investigador: su biblioteca, adquirida para la Biblioteca General, donde figurará en la sala que ha de llevar el nombre de D. Francisco Rodríguez Marín, y sus papeletas inéditas, donadas por los hijos del maestro, que ocupó en el Consejo un alto puesto de honor.»

Enfermedad y últimos años

Tras su enfermedad, abandonado por todos, escribe carta dirigida por él a Moret de 16 de enero de 1907, en la que refiriéndose a su operación y a su fe, dice: «Debí quedarme en la operación que me hicieron, o morir de aquel mal: eso era lo que Dios quería; sucedió de otra manera, y voy tirando…Después que a Dios y a mis padres, y al sabio bisturí del doctor Cisneros, todo lo he debido a estos dos hombres de excepcionales méritos: Menéndez y Pelayo y Maura, y así lo he proclamado y proclamaré mientras viva, con corazón agradecido».

Por su parte, Menéndez Pelayo diría refiriéndose a él que «Rodríguez Marín pertenece a aquella misma familia de espíritus que el Renacimiento español educó a sus pechos, nutriéndolos de savia clásica y cristiana, haciéndolos invulnerables a los golpes de la adversa fortuna, que ellos sabían contrastar a un tiempo con la resignación del creyente, con la gravedad de los apotegmas filosóficos y con el donaire y la sana alegría, que puede convertir en encantado palacio de la imaginación hasta las mazmorras del cautiverio y el infecto recinto de una cárcel» (En Rodriguez Marín: perfil humano y profesional José Santos Torres, 50 Aniversario de la muerte de Rodriguez Marín, 16-11-1993, Real Academia Sevillana de Buenas Letras, Ayto. de Sevilla).

CONTRA FACTUM NON VALET ARGUMENTUM

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