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¿Funcionan realmente los trajes de electroestimulación? ¿Son peligrosos?

Autor: Hipertextual

No hace tantos años que uno de los productos estrella de la Teletienda eran esos fajines o trajes que movían todos los músculos sin necesidad de hacer ningún tipo de movimiento. Por suerte, la creencia de que se puede estar en forma sin levantarse del sofá se ha diluido con los años. Sin embargo, ahora han llegado los tiempos de los trajes de electroestimulación, que actúan sobre los músculos a la vez que hacemos ejercicio, con el fin de mejorar los resultados. Esto suena bastante mejor y, de hecho, ya hay algunos gimnasios que los ofertan para complementar sobre todo el ejercicio de fuerza. El problema es que este esfuerzo extra podría ser contraproducente; ya que, según un estudio recién publicado en Science and Sports, podría generarse un daño muscular peligroso.

El estudio se ha llevado a cabo en dieciocho personas mientras practicaban pilates. Sería interesante reproducirlo en más voluntarios, con deportes diferentes. No obstante, los resultados son suficientes para hacer un llamamiento a la cautela a quienes usan trajes de electroestimulación mientras realizan ejercicio.

Además, esta advertencia sería especialmente necesaria en personas no entrenadas. La investigación se llevó a cabo en individuos entrenados y aun así el daño muscular tras el ejercicio fue importante, por lo que en aquellos que no tienen un entrenamiento adecuado podría ser aún peor.

¿Para qué sirven los trajes de electroestimulación?

Los trajes de electroestimulación son dispositivos formados por una especie de chaleco con correas en la parte superior e inferior del cuerpo y una serie de electrodos a través de los que se realizan pequeñas descargas eléctricas que estimulan la contracción de los músculos. El objetivo es que se contraigan de un modo similar a como lo harían de forma natural, cuando el sistema nervioso envía la orden para que lo hagan. 

Se utilizan habitualmente tanto durante el entrenamiento de fuerza, para someter a los músculos a un mayor esfuerzo, como en rehabilitación de diferentes lesiones.

El traje de electroestimulación promueve la contracción de los músculos mediante descargas eléctricas

Sus defensores alegan que cuentan con multitud de beneficios, desde una optimización del entrenamiento hasta una mejor capilarización de los vasos sanguíneos, pasando por el fortalecimiento del suelo pélvico tras un parto. Incluso se recomienda para personas con obesidad, ya que la estimulación de los músculos ayudaría a acelerar el metabolismo y quemar más calorías que solo con ejercicio físico. En definitiva, parece que los trajes de electroestimulación son todo ventajas. ¿Pero es oro todo lo que reluce?

Unsplash

Posible aumento de daños durante el ejercicio físico

En el estudio que se acaba de publicar los participantes se sometieron a dos sesiones diferentes de Pilates Mat. Es decir, de pilates en el que todos los ejercicios se realizan sobre una colchoneta en el suelo, sin necesidad de máquinas.

En la primera sesión, más larga, no se les colocó ningún tipo de ayuda. Sin embargo, en la segunda sí que se pusieron un traje de electroestimulación. Además, la sesión fue algo más corta, pues se supone que estaría compensada con el traje. 

No se llegó a una rabdomiólisis, pero los niveles estuvieron cerca

A todos ellos se les tomaron muestras de sangre tanto antes del ejercicio como inmediatamente después, a las 24 horas y a las 48 horas. El objetivo de esta toma de muestras era analizar los niveles de sustancias relacionadas con el daño muscular. Es, por ejemplo, el caso de la creatina quinasa, una proteína que interviene en el proceso de contracción muscular y que puede fugarse de las miofibrillas de un músculo dañado. Por eso, cuando sus niveles están elevados, se sospecha que pueda haber algún tipo de degeneración o daño muscular. 

Al analizar los resultados se vio que los niveles de creatina quinasa, así como de otros biomarcadores de daño del músculo, estaban mucho más altos después de usar el traje de electroestimulación.

Además, según indican en el estudio, los niveles se situaban cerca de lo que ya podría considerarse una rabdomiólisis. Esta es una enfermedad que se da cuando un músculo muy dañado libera tantas sustancias (creatinina quinasa y otras muchas) que los riñones no dan abasto a filtrar la sangre. Esto puede llegar a causar un fallo renal, que en los casos más extremos incluso puede desembocar en la muerte.

En el caso del estudio no se llegó a una rabdomiólisis. No obstante, los autores de esta investigación citan algunos estudios en los que sí que se asoció esta enfermedad con trajes de electroestimulación. 

Por eso, aunque es cierto que se han encontrado algunos beneficios en el uso de este tipo de dispositivos, en este estudio concluyen que podrían no compensar los riesgos. No se habla de prohibir su uso, ni mucho menos, pero sí de usarlo con mucha precaución, especialmente en personas desentrenadas. 

¿Por qué se producen estos daños?

Dicho todo esto, solo quedaría saber a qué se deben estos resultados. ¿Cómo puede ser que un dispositivo que estimula los músculos de forma similar a como lo hacemos nosotros mismos pueda generar esos daños?

La causa, según ha explicado en su cuenta de Twitter uno de los autores del estudio, Guillermo López Lluch, reside en que los músculos generalmente trabajan en pareja. Mientras uno se contrae, su contrario se relaja. Cuando realizamos ejercicio físico sin dispositivos adicionales esto se lleva a cabo con normalidad. Sin embargo, los trajes de electroestimulación pueden hacer que ese músculo que se debería relajar también se contraiga.

Así, lejos de aliviar tensiones musculares, estas se harían cada vez más intensas hasta dañar los músculos como ya hemos visto. Así que, en definitiva, ejercitar los músculos es una grandísima idea, pero no de cualquier manera. Este tipo de máquinas que prometen hacernos el esfuerzo más llevadero pueden tener un duro precio que pagar. Es mucho mejor terminar el entrenamiento más cansado, pero sabiendo que hemos hecho las cosas bien. El ejercicio es duro, pero necesario. Quedémonos con eso. 

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