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Haití: las pandillas y la crisis política sumen al país en la inestabilidad

Autor: REDACCION EL TIEMPO

Hace un año, el magnicidio del presidente de Haití, Jovenel Moïse, era visto como el punto más alto de una crisis social, política, económica y de seguridad que arrastraba la isla desde tiempo atrás. Su asesinato reflejó que la situación en uno de los países más convulsionados de América Latina había tocado fondo.(Lea aquí: Piden a la Corte revisar condiciones de detenido por magnicidio de Haití)

Sin embargo, para Mauricio Jaramillo, profesor de la Universidad del Rosario y analista en asuntos internacionales, el panorama sigue siendo oscuro y no se avizora una transición política, algo que se contempló como una de las medidas claves para sacar a Haití de la crisis.

(Le puede interesar: CIDH extendió medida cautelar para colombianos detenidos en Haití)

“Se esperaba, incluso, desde antes de la muerte de Moïse que se llevaran a cabo las elecciones. Hoy estamos lejos de ese escenario”, dijo el académico.

En esa misma línea opina Alan Zamayoa, analista de Control Risks, quien describe que la situación política hoy es sumamente inestable.

“El mandato del primer ministro interino, Ariel Henry, ha sido duramente cuestionado desde el día uno (…). No ha habido avances sustanciales en lo referente a la celebración del referéndum constitucional y las elecciones (previstas para septiembre de 2021). Henry no tiene apuro en llamar a elecciones, lo cual ha sido evidente dado el desdén a nombrar a los miembros del Consejo Electoral Provisional”, dijo Zamayoa.

A esta tormenta perfecta se les suman los golpes de la pandemia y los efectos de la guerra en Ucrania en la economía mundial.

“Haití continúa siendo el país de las Américas con menor tasa de vacunación contra el covid-19. Por otro lado, la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto de agosto de 2021 continúa moviéndose extremadamente lenta, en parte porque el gobierno no cuenta con los recursos necesarios”, agrega Zamayoa.

Sin embargo, quizás uno de los problemas más graves que enfrenta hoy el país son los altos índices de criminalidad e inseguridad por cuenta de las pandillas, un flagelo que tiene paralizada a buena parte de la economía y la sociedad haitiana.

De hecho, Zamayoa asegura que los altos niveles de violencia son una de las razones que utiliza Henry para postergar indefinidamente las elecciones, bajo el argumento de que no hay garantías para realizar los comicios.

“Diversas pandillas y grupos criminales locales prácticamente se han adueñado de zonas de la capital como Martissant y Croix-des-Bouquets, y han aumentado su presencia en zonas en las que normalmente no entraban como Pétion-Ville”, agrega Zamayoa.

Hace meses hubo unas protestas a las afueras de la casa de Henry por parte de abogados y jueces, quienes se manifestaron en contra de la inseguridad que se vive en el país. Los secuestros a letrados, amenazas y los altos niveles de corrupción hacen que sea prácticamente imposible asistir a las cortes para avanzar en los casos en los que avanza la justicia, provocando altos niveles de impunidad.

En total, según un recuento del Centro de Análisis e Investigación en Derechos Humanos, en primer trimestre de 2022, el país registró unos 225 secuestros. Es tal el poder de estas organizaciones criminales, que desde el 1° de junio de 2021, las autoridades perdieron el control del único camino que conecta a Puerto Príncipe, la capital, con la mitad del sur del país, un tramo de dos kilómetros que está repleto de pandillas armadas.

“La pugna entre estos grupos por controlar diversos vecindarios de la zona metropolitana ha traído consigo que las pandillas controlen la salida de la Ruta Nacional 2, que conecta la capital con el sur del país, y el área cercana a las terminales portuarias, afectando considerablemente la distribución de bienes como los combustibles.”, agrega Zamayoa.

Por medio de la extorsión a la industria, las pandillas se han convertido en un enésimo obstáculo al despertar de la economía haitiana, en recesión desde 2019 y que podría crecer en solamente 0,3 % este año, según las previsiones optimistas del gobierno.

“Cada vez más empresas en zonas difíciles, de gran violencia, cierran sus tiendas y dejan a más personas en desempleo”, constata la economista Etzer Emile a la AFP.

Este hundimiento económico de Haití ha hecho que muchos capitales migren al país vecino.

“Decenas y decenas de empresarios haitianos han migrado a República Dominicana y acá, en Haití, únicamente sostienen a flote a sus compañías”, anota a la AFP con tristeza Grégory Brandt, presidente de la cámara franco-haitiana de comercio e industria.

De otro lado, el espectro de las revueltas del hambre de 2008 planea sobre Haití mientras los precios del trigo también aumentan debido a la invasión de Ucrania por Rusia, dos de los principales productores del cereal en el mundo.

“Esto comienza a afectar toda la producción de bienes industriales derivados del trigo en Haití, como la harina o las pastas alimentarias, que conocen ya, desde la guerra, un alza de más de 30%”, resalta el Emile, quien recuerda que Haití importa dos veces más arroz, trigo y maíz de lo que produce localmente.

Mientras los hogares haitianos dedican 60% de sus ingresos a la alimentación, según el instituto nacional de estadística, la inseguridad alimentaria afectaba ya a 4,5 millones de habitantes del país, antes del inicio de la guerra en Europa. En la isla, el 60 % de los ciudadanos vive por debajo del umbral de la pobreza.

“Esta mañana para el desayuno, los niños pedían pan, pero no pudimos comprar: aunque no les gusta demasiado, lo reemplazamos con galletas de mandioca”, cuenta Michele, quien vive en Puerto Príncipe con su madre, hermana y tres sobrinos.

Con este sombrío panorama, a un año del magnicidio de Moise, las principales problemáticas en Haití siguen a un ritmo galopaante.

“Sigue habiendo problemas graves, secuestro exprés, sigue habiendo asesinatos; el problema de las pandillas está descontrolado. A un año de la crisis vemos muy pocos avances en seguridad, en democracia y reactivación económica”, acota Jaramillo.

CARLOS JOSÉ REYES GARCÍA
REDACCIÓN INTERNACIONAL
EL TIEMPO

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