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Joe Biden al poder: y ahora ¿qué hacemos con América Latina?

Autor: Clarin.com

Latinoamérica reaccionó como siempre, entre extremos, a la novedad de la llegada al poder norteamericano de Joe Biden. Desde la celebración alimentada en una exagerada creencia de que será el inicio de un giro potente de atención con este espacio como reflejó el entusiasmo argentino o el venezolano, hasta el disgusto y el desdén en México, Brasil, Honduras o El Salvador. Es claro para todos, o debería serlo, que la región no figurará en las prioridades de la nueva Casa Blanca, atorada con la crisis interna y la restauración que intentará Biden de la dañada imagen norteamericana. A la inversa, para América Latina la mudanza del poder en EE.UU. es un dato de primer nivel y que alterará su geopolítica y tendrá enormes repercusiones. Sin embargo, la llegada del demócrata a la Casa Blanca posiblemente será menos festiva de lo que muchos dirigentes de la región suponen o esperan.  

Donald Trump careció de una política real hacia este espacio. La que hubo fue dejar hacer o jugar de modo excluyente alrededor del voto latino de las comunidades de Florida, entre otros estados, a las que el presidente saliente siguió hasta en el fallido estratégico de demoler el deshielo con Cuba que había llevado adelante el gobierno de Barack Obama. Juan González, un colombiano norteamericano, ex funcionario de aquella administración y que asesora al nuevo mandatario sobre la región, explica ese comportamiento en términos más duros. El republicano efectivamente solo ha tenido “una estrategia electoral en el sur de Florida, pero su legado ha sido la deportación y hacer la vista gorda ante la corrupción desenfrenada” en todo este espacio.

Biden, a diferencia de su predecesor, es un presidente fundacional y para su flamante Asesor de Seguridad nacional, Jake Sullivan, también un histórico consejero directo en política internacional, el nuevo jefe de Estado “considera fundamental que EE.UU. opere en un ambiente de respeto mutuo y de responsabilidad compartida” hacia América Latina. Ese último punto es central porque involucra acuerdos y necesarias coincidencias. En realidad Biden sobreactuará porque necesita recuperar prestigio para su país. El ex canciller mexicano Jorge Castañeda amplía el concepto al sostener que “la región necesita inspiración y política exterior de Washington, no tópicos o eslóganes torpes. Trump aplacó a presidentes como Jair Bolsonaro de Brasil, Andrés Manuel López Obrador de México y Nayib Bukele de El Salvador, quienes lo consideraban un aliado. Biden deberá cambiar significativamente la política exterior de Estados Unidos hacia la región, a pesar de una posible mayoría republicana en el Senado”, escribió en The New York Times.

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Los ejes de ese cambio no serán gratuitos ni unilaterales. Tampoco una continuación estricta de las políticas de Obama. Es en ese sentido que para muchos de los líderes regionales la llegada del demócrata puede constituir, más bien, un duro despertar. En ese encuadre, la promoción de la democracia y la lucha contra la corrupción, así como los derechos humanos, independencia judicial, libertad de prensa y la defensa del medio ambiente, que con Trump se degradaron, tendrán una nueva energía. Es un discurso de ida y vuelta. “Esa insistencia de Biden en que reanudará los esfuerzos anticorrupción … devendrá en una preocupación para cualquier élite política corrupta en la región”, sintetizó a Los Ángeles Times, Tiziano Breda, un analista con sede en Guatemala del International Crisis Group, un organismo de control sobre esos desvíos.

No solo se trata de la corrupción, sino de modo más básico la libertad de la justicia para sancionar de modo independiente estos crímenes. En este universo no son pocos los países que se han desbalanceado y tienen, al mismo tiempo, la urgencia de un apoyo económico desde EE.UU. por la crisis que atraviesan. “La mutua responsabilidad”, se lee en esos términos. Visibiliza en todo caso el desafío que significan en gran parte del área las democracias imperfectas, como las define el índice especializado de The Economist. El significado de ese concepto se entiende al oponerlo a la de las democracias plenas, que respetan las libertades civiles y hay una cultura política que conduce al florecimiento de la democracia. En las imperfectas hay elecciones libres, se respetan las libertades, pero hay debilidades en la gobernabilidad y en el equilibrio de los poderes.  

Una mirada muy general sobre la región, detecta que tanto la estabilidad democrática como el respeto al camino de la justicia son capítulos centrales de la crisis de maduración que expone el continente. Particularmente el primer rubro, contaminado de coartadas como el dispositivo del lawfare para politizar a la justicia y, a la vez, pretexto para someter a ese poder y colonizarlo.

La profundidad de esos deterioros es significativa. La falta de independencia del Poder Judicial es identificado por el 58% de la ciudadanía en la región como el principal problema del sistema de justicia, según el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica. Los resultados del más reciente sondeo del “Barómetro de las Américas”, que encuesta en una treintena de países, revelaron un declive en el respaldo a la democracia como sistema de gobierno en Latinoamérica. Entre los factores que contribuyen al déficit de apoyo a la democracia se anotan la corrupción, la inseguridad y la vulnerabilidad económica. Solo cuatro de cada diez ciudadanos de la región están satisfechos con la forma en que funciona la democracia en su país, sostiene el informe.

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Janet Yellen, a cargo de la cartera de Economía de la nueva administración afp

Más allá de la importancia cenital que tendrá ese tema, como ya ha señalado esta columna, Biden también hará un fuerte eje en el cambio climático donde la región tiene un capítulo central en la cuestión global del destino del Amazonas. El presidente electo propone la creación de un fondo internacional de 20 mil millones de dólares para preservar ese espacio y advirtió a Brasil que habrá “consecuencias económicas” si no detienen la deforestación. Esa iniciativa se emprenderá más allá de las resistencias del gobierno de Bolsonaro, que seguramente serán efímeras. Sullivan no duda que aunque Washington buscará ser colaborativo “la relación puede ser tensa” con Brasilia. Lo cierto es que, al fin del día, ambos gobiernos no pondrán en riesgo el vínculo histórico entre las dos mayores economías del hemisferio.

Con México no deberían esperarse cambios significativos a los acuerdos que los dos países pactaron los últimos años. Biden no pueden dar una sensación de apertura que genere un nuevo ciclo expansivo de la inmigración, de modo que el país más importante de su frontera sur continuará reteniendo a los migrantes que intenten llegar a EE.UU. Pero habrá un fondeo importante de 4 mil millones de dólares en el llamado Triángulo centroamericano, El Salvador, Guatemala y Honduras, principales emisores de refugiados, para intentar contener en el origen este problema, modificando las reglas y aliviando la miseria.

Sobre Cuba hay una fuerte coincidencia entre los analistas respecto a que Biden no recuperará el total deshielo que había llevado adelante Obama. Lo que se notará y en breve plazo es un alivio de las restricciones para viajes, envío de remesas y comercio con La Habana. En este sentido se dará especial importancia al vínculo de la isla con Venezuela. “Veremos dureza y firmeza en el enfoque, pero no será amenazante, ni sugerirá una intervención militar”, dijo Michael Shifter del Diálogo Interamericano, respecto al régimen de Nicolás Maduro. “Habrá un proceso diplomático más sofisticado que el que vimos con Trump”, añadió. Existe un reconocimiento de que las sanciones y el criterio del gobierno saliente para empaquetar a Venezuela, Cuba y Nicaragua en un solo enemigo tiránico no ha sido una estrategia hábil.

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Jair Bolsonaro. El amazonas. Reuters

Castañeda remarca que Venezuela “es el tema más delicado para Biden en América Latina”. Por un lado, dice, todo intento de acabar con la dictadura de Maduro ha fracasado. Por otro, la situación económica, social, política y humanitaria en Venezuela se deteriora día a día. “Claramente, la única salida está en elecciones presidenciales libres, justas y supervisadas internacionalmente, sin Maduro y con garantías para el chavismo y los antiguos benefactores cubanos de la generosidad petrolera venezolana. Todos los intentos de poner este resultado sobre la mesa de negociaciones han fracasado. Biden posiblemente podría hacer que funcione”. Para hacerlo involucraría en esa gestión a China, el principal acreedor del régimen bolivariano y también a Cuba, de ahí la recuperación del vínculo. Insistirá en que “Raúl Castro coopere con Washington y el resto de América latina, especialmente Colombia”, en hallar una salida a la dramática situación venezolana. Pero Biden, además, buscaría “reclutar el respaldo mexicano y argentino para una solución” definitiva a esta crisis.

El nombramiento de Janet Yellen en la secretaría del Tesoro, el ministerio de Economía norteamericano, puede ser una buena noticia para la región. La funcionaria continuará con las políticas de tasas bajas para estimular la economía y aliviar la crisis de desocupación. Lo que ya hizo notoriamente desde la presidencia de la FED. Ese proceso, coincidente con el que lleva adelante la Unión Europea, liberará flujos de fondos baratos que buscarán espacios de inversión. El proceso encaja, además, con un nuevo viento de cola, no tan intenso como el de la década pasada, pero importante que estimula China por su multiplicación de compras de commodities cerealeros y energéticos, que se agudizará el año próximo y que en parte explica el aumento persistente de la cotización de la soja.

Es una oportunidad que solo podrá ser aprovechada si aquella noción de la “responsabilidad compartida” trasciende en cambios que despejen el ambiente de negocios y las trabas institucionales en esta parte del sur mundial. 

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