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Jon Lee Anderson y una lectura sobre América Latina en los últimos diez años

Autor: El Espectador

En los últimos diez años, la incertidumbre ha sido la principal característica de América Latina. Así lo considera el periodista Jon Lee Anderson, que con su libro Los años de la espiral (Sexto Piso) trata de desenmarañar las claves de una región “fascinante”, con una selección de sus crónicas publicadas en la década pasada en la revista The New Yorker.

En entrevista con Jon Lee Anderson, el periodista habla sobre Latinoamérica y su libro Los años de la espiral. “Algo constante en América Latina es su inestabilidad, su falta de rumbo certero; así llegué al término espiral para el título del libro, una palabra que reúne su constante vaivén. Hay muchos aspectos positivos en Latinoamérica, pero su matiz político es la incertidumbre”, declara el escritor.

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Quizá el periodismo no es el mejor oficio del mundo, como resalta Jon Lee Anderson, parafraseando a Gabriel García Márquez en el prólogo de su libro. Pero, sin duda, es una de las mejores fórmulas para entender “la espiral” latinoamericana, una línea curva que describe varias vueltas alrededor de un punto y que desde el comienzo de su carrera ha sido el principal foco informativo del periodista estadounidense.

¿Por qué hizo un libro recopilatorio de sus crónicas, reportajes, perfiles, obituarios e historias sobre América Latina en la última década?

Tomé la década de 2010 al 2020 porque con el material escrito me surgió una pregunta: ¿Qué pasó con la izquierda en América Latina? En 2010, la Marea Rosa (Pink Tide) – Gobiernos de izquierda en Latinoamérica – estaba en su apogeo. Había un esfuerzo de cambio. La izquierda había fracasado con las armas en las anteriores décadas. Vimos a una región con izquierdistas con corbata en el poder por las urnas. Había, además, una distensión con EE.UU. en la mitad de la década. Después, todo se hizo trizas.

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Puede decirse que en la mitad de la década el péndulo político pasó de la izquierda a la derecha. ¿Fue el “efecto Trump”?

En parte, sí. Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, es el más trumpista. También Nayib Bukele, en El Salvador, que ya decreta por Twitter. Se ha desarrollado una política muy transnacional, oportunista, con el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, haciendo migas con Trump en política migratoria. O con Iván Duque, que no es ultra, pero con Álvaro Uribe detrás, Colombia vive la negación del período anterior de apertura y reconciliación. Hemos visto un hemisferio desencajado y el efecto Trump es clave. Pero no solo eso, es también el efecto de la corrupción y de la degradación de los principios de muchos partidos de la izquierda. Hay un declive más allá de la muerte de Hugo Chávez o de Fidel Castro. Por ejemplo, Maduro sigue hablando de revolución, así como Daniel Ortega, en Nicaragua, pero, a estas alturas, nadie les cree. Había otra izquierda, sobre todo en el Cono Sur, más pragmática. Estoy pensando en Bachelet, Mujica o Lula. El expresidente de Brasil tenía la retórica de los viejos revolucionarios, pero en la práctica era un operario con un carisma especial que lo hacía atractivo a todos. Su talón de Aquiles fue no lidiar con el juego corrupto de la política brasileña.

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Sin liderazgos, como en la década anterior, parece que en los nuevos tiempos vuelve ese espiral a la izquierda.

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No hay esos liderazgos. Por ejemplo, conozco al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Personalmente, cae bien, pero me ha sorprendido. Es un tipo de centro izquierda, más o menos a la mexicana, pero tiene aspectos muy populistas, como sus ‘mañaneras’ (ruedas de prensa diarias al amanecer), sus filípicas, sus sermones a la prensa. En este sentido, es más cercano a Trump y Bolsonaro. Por otro lado, estamos viendo una especie de Marea Rosa 2.0. La vuelta de Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta en Argentina. El nuevo dirigente de Bolivia, Luis Arce, que fue segundo de Evo Morales, pero más pragmático y menos personalista.

Pero no hablamos de figuras que ostentan la revolución, como Chávez o Fidel Castro. Hay, sin embargo, un país en la región que, con todos sus problemas, ha logrado la alternancia democrática, junto con Uruguay, como un país de la Europa Occidental: Chile. Pues bien, los chilenos tuvieron en 2019 el estallido social más violento y duradero de la zona, pero han logrado una solución para la mayoría: el proceso constituyente. Una gran parte de los chilenos concluyó que su problema era existencial, tenía que ver con un pergamino (la Constitución de Pinochet) y lo van a rehacer en su conjunto. Eso es loable y ojalá otros países lo lograsen también.

La pandemia frenó una movilización social sin precedentes en América Latina. En Chile se encauzó, pero en el resto de los países hubo una remilitarización de la sociedad. ¿Esto es así?

Si bien la remilitarización ha sido más evidente ante los estallidos sociales, ha sido un proceso que ha avanzado en los últimos años. ¿Qué país latinoamericano no tiene una destacada presencia militar en su vida cívica? En Guatemala, los ‘milicos’ siempre han estado presentes. En el Salvador, Bukele ha llamado a las fuerzas del orden para transgredir las leyes del país. ¿Qué es Nicaragua? Tiene una guardia, una fuerza represora. Cuba tiene su partido, pero tiene unas fuerzas revolucionarias que mantienen el orden. O Venezuela: Maduro se viste de militar sin ser militar; Colombia, con el segundo ejército más grande del hemisferio, después de EE.UU., y Brasil, con un tercio de militares en el Gobierno. La corrupción, la falta de seguridad y la gran debilidad de la democracia son razones por las que estamos viviendo una remilitarización.

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Pese a todo, sigue manteniendo esa fascinación por América Latina y así trasciende en la lectura del libro Los años de la espiral.

Conozco Latinoamérica desde pequeño, desde los cuatro años, cuando viví en Colombia. América Latina es sincrética, es la mezcla de razas, con lugares por descubrir; es dinámica, con futuro y tiene mucha efervescencia, de la misma manera que tiene tragedias y cosas muy injustas. Es un mundo nuevo que todavía busca su futuro. Es muy emocionante.

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