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José Luis Machinea: “Puede haber una situación complicada dos meses antes de las elecciones”

Autor: Perfil

—¿Cómo analizás la economía mundial en la pandemia y pospandemia?

—La llegada de Joe Biden generó un cambio importante en la política económica de Estados Unidos. Busca que su país se pueda posicionar mejor para mantener el liderazgo global. Un liderazgo crecientemente afectado por China. Su política económica tiende al crecimiento. El activo mayor de China es la alta tasa de crecimiento, con un avance importante en los temas vinculados a la tecnología. Al mismo tiempo, sucede en el contexto de un régimen autoritario. Estados Unidos es una economía que no venía creciendo mucho. Ahora hay un empuje. Es más flexible que Europa y tiene mayor capacidad de competir. Es una economía donde la tecnología es aun más importante y desarrollada que en China. Y tiene un régimen democrático. Lo que pone en marcha la política económica de Biden es el objetivo de competir con China también en aquello en lo que gana, que es el ritmo de crecimiento. Eso explica la magnitud del gasto público que anunció. Está en torno de diez puntos del producto. Si uno mira un poco más allá, es más que eso. El gobierno dijo ya que después de esto viene otro programa de infraestructura. Algunos dicen que todo eso puede llegar a sumar hasta 25 puntos del producto. Ese es el entorno actual. Y por eso, la política tan agresiva de Biden que genera cierta incertidumbre. Larry Summers es el más virulento quizás en esa crítica que otros economistas que apoyan. Summers está de acuerdo con que hay que aumentar los estímulos. Fue secretario de Economía. La política que se implementó en 2008/2009 fue posiblemente poca. La crítica que le hace todo el mundo es que hizo una política de gasto público que fue insuficiente para recuperar la economía más rápidamente. Por tanto, el gobierno de Biden quiere corregir aquel antecedente. Summers dice que sí, pero que no exageren. Esa extraordinaria expansión del gasto puede tener efectos negativos en el mediano y largo plazo. Es difícil decir quién tiene razón; pero es claro que esta política es riesgosa. Pero lo es porque hay otras cosas en juego, no simplemente el crecimiento económico, sino también el liderazgo mundial, y de eso se trata. Eso explica la magnitud del shock. Si le sale mal y la consecuencia de esto es aumentos en las tasas de interés e incertidumbre, y aumento de la inflación, el remedio puede generar una situación de minicrisis.

—¿Puede volver la inflación en los Estados Unidos? ¿Una situación que terminó con Paul Volcker, que puso las tasas de interés altísimas y fue la famosa década perdida para América Latina? ¿Eso es un peligro o una oportunidad para Argentina, dado que aumentarían las commodities y se licuaría la deuda?

—Si hubiera esa tasa de inflación del orden del 16%, sería un disparate. Lo que por ahora se discute es que esto puede acelerar la tasa de inflación del 1% al 3%. Como mucho el 4%. Nadie por ahora está pensando en tasas mayores. Eso sí sería extremadamente riesgoso, y un problema. Claro que cuando la tasa de inflación llega al 3%, 4%, alguien puede plantearse cómo pararla. Y si la para subiendo las tasas de interés, el resultado es una recesión por haber sido tan entusiastas con la política inicial. No creo que lleguemos a una situación así, aunque sí puede existir un aumento. Eso ya implica un riesgo y va a obligar a la Reserva Federal a actuar, subir las tasas de interés, lo que se replicará en el resto del mundo.

José Luis Machinea, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
BIDEN. “Si le sale mal su plan y la consecuencia es aumentos en las tasas de interés e incertidumbre, y aumento de la inflación, el remedio puede generar una situación de minicrisis”. (Foto: Pablo Cuarterolo)

—¿El aumento de las criptomonedas indica una desconfianza en las monedas tradicionales y en los gobiernos? ¿Las criptomonedas están ocupando el lugar del oro, dada la expansión monetaria? 

—Entiendo el oro y menos las criptomonedas. La gente tiene ese problema, ese riesgo, y eso explica ir al oro. Pero tomar una criptomoneda, cuyo precio puede aumentar 50% u 80% y después puede caer 30% o 40%, implica una inestabilidad y un riesgo. Me cuesta entender por qué siguen creciendo tanto. Pensaba que no íbamos a llegar a este punto. Mi respuesta es que no sé. Me extraña que la gente esté dispuesta a apostar a algo que, a diferencia del oro, no tiene intrínsecamente ningún valor. Y no hay ningún gobierno que lo garantice. Pero los hechos son los hechos. Y son los que acabás de mencionar.

—¿La cantidad de deuda y de dinero emitidos por los países más poderosos de la Tierra puede producir un cambio de paradigma? 

—Habrá consecuencias. Antes del programa de Biden, todo el mundo apostaba a que la tasa de interés en el mundo iba a seguir bajando durante bastante tiempo. Había un riesgo: mucha deuda, pero a tasas muy bajas. Pagaban tasas del 1% o 2%. Entonces, en ese contexto no había tanto riesgo. Las políticas que adopta Biden pueden generar un aumento en la tasa de inflación. Y ya es otro partido, porque en ese caso la tasa de interés comienza a subir. Así, el tema que planteás se convierte en especialmente relevante. Son niveles de deuda insostenibles en el mediano y largo plazo. Solamente son sostenibles si la economía mundial continúa con las tasas bajas de interés de los últimos diez años. Había tiempo para que las economías se recuperaran y luego subiría algo la tasa de inflación. Lo que hace la decisión del equipo de Biden y su equipo es acelerar ese proceso y generar más preocupación por el impacto sobre la deuda de todos los países.

“A mediano y largo plazo, Argentina está haciendo lo que no se debe hacer.”

—Te tocó lidiar con una época en que el paradigma era más ortodoxo; las ideas de la Escuela de Chicago de los años 70/80, la caída del Muro de Berlín. Parece que asistimos a un cambio. Por la pandemia, entre otras cosas, el Fondo Monetario Internacional pide que se endeuden todo lo que puedan. ¿Hay una argentinización de los países desarrollados y se vuelve todo más laxo? 

—Quiero suponer que es una coyuntura que tiene ver con la pandemia. Es cierto que cuando uno se mueve en esos niveles de deuda de los últimos dos o tres años, todo se vuelve un poco más incierto. En especial con el programa de Biden de estímulo al crecimiento económico. Seguramente habrá un impacto sobre las tasas de interés. Diría que debemos darle un poco de tiempo al tiempo, pero el riesgo está. Su política puede aumentar la tasa de inflación. En la medida en que suceda eso, tendremos mayores tasas de interés en el mundo y el tema de la deuda empezará a cobrar otro cariz. Veníamos de tasa de interés casi cero, 1%. Si suben a un número en 3% y 4%, todavía está dentro de un terreno que conocemos. Si supera, estaríamos en otro contexto. 

—Si hubiera un “mini Volcker” y no una inflación del 16%, sino de la mitad y se fuera del 4% al 8% y la tasa de interés siguiera más o menos ese rumbo, no un 5% sino un 8%, ¿podríamos estar enfrentando lo que algunos sociólogos y filósofos plantean como, podríamos decir, el fracaso del Antropoceno, algo parecido a una crisis monumental del capitalismo? 

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—Estados Unidos llegó a tener una deuda como la actual, de alrededor del 130% cuando terminó la Segunda Guerra Mundial. Era básicamente del sector público, no del sector privado, que no podía tomar deuda durante la guerra. Entonces, el fuerte crecimiento de Estados Unidos posterior hizo que esa deuda se fuera licuando y sobre todo la deuda del sector público bajara y aumentara la del sector privado. Es lo que pasó antes. Lo que tenemos ahora es un generalizado aumento de las tasas interés en este contexto de alto endeudamiento. El problema está ahí. Pero no estoy demasiado asustado. En todo caso deberán tomar ciertas decisiones, por ejemplo, con las tasas de interés. El impacto puede ser un aumento de la recesión. Me cuesta pensar que lleguemos a situaciones críticas como las que planteabas vos recién.

—Tanto con Raúl Alfonsín como con Fernando de la Rúa, cuando vos gestionaste, Estados Unidos y los países occidentales eran los principales compradores. ¿Hoy una situación en la cual hubiera una inflación del dólar y un aumento de la tasa de interés, dada nuestra relación comercial hoy más con China que con Estados Unidos, beneficiaría a la Argentina?

—Si de lo que se trata es que hay más inflación y eso aumenta el precio de las commodities, también es cierto que aumentan otros bienes. Se podrá comprar más que antes, porque todos los precios tenderían a aumentar. Si se plantea lo que decís, habrá una primera etapa donde la demanda crece tan fuertemente que el precio de las commodities también aumenta inicialmente. La pregunta es qué pasa si todo eso supera el 5%. ¿Seguirán o darán marcha atrás? Yo creo que van a parar. Por eso no soy pesimista. El mundo aprendió de los errores del pasado, cuando era demasiado estricto con la política fiscal y monetaria. En la gestión aprendí que no se puede vivir todo el tiempo por arriba de sus posibilidades. 

—Escribiste: “La buena noticia es que los datos y las proyecciones muestran un mundo mucho más favorable para la Argentina del que tuvimos los últimos siete años”. ¿Podrías compartir con nuestra audiencia, profundizar eso y por qué creés que el mundo es más favorable a la Argentina hoy que en los últimos siete años? 

—Básicamente por lo que vos mencionabas recién. El precio del maíz se duplicó y el precio de la soja no llegó al récord de 600 pesos, pero está cerca. Fue el precio máximo en la época del primer gobierno de Cristina. Eso le da al Gobierno mucho más aire que lo proyectado. Y como todo el mundo está preocupado por la economía, el Fondo Monetario Internacional emitirá derechos especiales de giro. Nos tocarán unos 2 mil millones de dólares. Entonces, tenemos 2 mil millones de dólares, más mayores ingresos con la soja, más mayores ingresos por el maíz. Eso es un “regalo”, entre comillas. Un cambio crucial de contexto. Uno podía prever allá en diciembre u octubre, que el Banco Central seguía perdiendo reservas y no había manera de encontrar una vuelta. Pero mejoraron los precios internacionales. Eso le hace zafar al Gobierno posiblemente hasta las elecciones de medio término, pero no mucho más. Se siguen generando los desequilibrios y postergando el aumento de ciertos precios de productos y servicios. Es algo que en algún momento hay que dar vuelta. El Gobierno pone énfasis en llegar a octubre y después ver. Esa visión desgraciadamente la tuvimos en la Argentina, y el peronismo en particular. El objetivo de ganar las elecciones y conseguir los votos de cualquier manera.

“Martín Guzmán me da la impresión de ser una persona razonable.”

—¿Qué pasará después? 

—Después de octubre, o un poco antes si la gente percibe eso, el Gobierno no va a tener otra alternativa que hacer cambios. La gente se puede adelantar un poco. Adelantar quiere decir que, por más que el dólar esté estabilizado, la gente compre dólares o aumente los precios por si acaso. Creo que eso va a adelantar una situación complicada en los últimos dos meses antes de las elecciones. No sé cómo el Gobierno podrá recuperar parte de los equilibrios perdidos en este contexto en el precio de las tarifas. El presupuesto que presentó el ministro ya no sirve más. La situación será muy crítica. 

—El dólar actual está más o menos al precio promedio de equilibrio. ¿Se producirá un retraso del 10%, 15%, que terminará en una devaluación? 

—Es una hipótesis plausible. Pueden tironear un poco más, pero en algún momento deberán acomodar el tipo de cambio. En algún momento deberán ajustar las tarifas públicas, y eso implica más inflación. 

—¿El presupuesto tiene una inflación que no se ajusta a la realidad? ¿La inflación será mayor y también la del año que viene?

—En ese segundo año la inflación puede ser muy alta. La manera de bajar o sostener una inflación es distorsionando más el sistema de precios. Distorsionamos más el nivel de precios y no ajustamos las tarifas, apretamos a las empresas con los precios. Las distorsiones serán mayores. No me queda claro cómo se sale de esa situación. 

—¿La inflación será del 40% o 50% este año y el siguiente?

—Puede que este año no supere el 40%, pero a costa de no aumentar el tipo de cambio, de seguir sin aumentar las tarifas. Así se llega al 40% en lugar del 50%, que es la tendencia, pero a costa de tener un problema creciente al año siguiente.

José Luis Machinea, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
VIENTO DE COLA. “El precio del maíz se duplicó y el precio de la soja no llegó al récord de 600 pesos, pero está cerca. Fue el precio máximo en la época del primer gobierno de Cristina”. (Foto: Pablo Cuarterolo)

—¿Un 40% en 2021 y un 50% en 2022 sería lo imaginable?

—Bien, mencionaste lo que le pasó a Axel Kicillof en su momento. Se atrasó tanto que finalmente devaluó y la devaluación aumentó la inflación. Guillermo Moreno aplastaba los precios, pero las distorsiones empeoraban a través del tiempo. Me gustaría pensar que no llegaremos a una situación de ese tipo. Aunque la gran preocupación del Gobierno, casi la única, son las elecciones de octubre. Si ese es el caso, el Gobierno y el país enfrentarán una situación complicada después de las elecciones. 

—Respecto del déficit fiscal y la tasa de crecimiento, ¿cuál es tu perspectiva para este año y el siguiente? 

—El déficit fiscal será mayor que ese 4,5%, definitivamente. No sé qué número, pero será mayor, porque no estamos cumpliendo con las cosas mínimas del Presupuesto. Para el crecimiento el problema es la pandemia. Los problemas argentinos son que distorsionamos los precios. No somos creíbles. A eso se suma que no se cuenta con más vacunas. El mundo que está saliendo es el mundo que tiene vacunas. Sin vacunas, no creo que haya mucho crecimiento. Hay un pequeño crecimiento de rebote, pero no mucho más. Si no hay vacunas, no puede haber crecimiento. Y veremos medidas restrictivas como en Argentina y otros países. Les va bien a los que tienen las vacunas. Nuevamente, Estados Unidos y China. Europa no tiene todas las vacunas. Por lo tanto, no le va a ir demasiado bien. Argentina está afectada por eso. ¿Cuánto va a ser el impacto sobre el crecimiento del producto? No lo sé. Me cuesta pensar que el crecimiento del producto sea muy superior al 6%, que es el arrastre. Más, quiero verlo en el contexto de un empeoramiento de la situación sanitaria.

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—¿Cuánto puede reducir el crecimiento del producto bruto una reducción de la circulación y de parte de los servicios? Algunos estiman que puede llegar a un punto.

—Por lo menos un punto. Aparte, no creo que sea solamente por 15 días. Es más razonable pensar que será parecido a treinta días por lo menos. Puede ser un punto del producto, pero puede ser más. Si no están las vacunas, no sabemos si eso va a parar. Tengo mis serias dudas de que sea en el invierno. Con una visión más de mediano y largo plazo, hacemos lo que no hay que hacer. Por ejemplo, la economía tan cerrada. No hay países en el mundo en los últimos cuarenta años con una economía tan cerrada como la argentina. Restringimos las importaciones porque no nos alcanza la plata. Pero una economía sin insumos, con incertidumbres, genera más inflación y que no aumente el nivel de actividad. Esto es un retroceso extraordinario. Nos estamos moviendo a un esquema de sustitución de importaciones, estilo década del 40. Podemos discutir si Juan Perón fue positivo para la Argentina. Pero ahora no veo ningún aspecto positivo. Con una economía absolutamente cerrada, con el virus dando vueltas y con reglas de juego que cambian todo el tiempo, no hay ninguna certidumbre para aumentar la inversión.

—En la década del 40 el mundo estaba en guerra. Era casi imperioso lo que sucedió.

—Es cierto. Durante esa guerra Argentina creció el 2,5% aproximadamente, a diferencia de lo que había pasado en la Primera. Casi terminó siendo el país que menos creció en América Latina. Perón hizo una sustitución de importaciones y le duró tres años. En ese lapso funcionó el esquema. De hecho, en 1948 Argentina entró en default con Estados Unidos, no pudo pagar las importaciones y comenzó el ajuste, que empieza con el cambio del ministro de Economía, asume Alfredo Gómez Morales. El peronismo fue esos tres primeros años. El producto per cápita de la Argentina en 1955 era igual que en 1948. Lo que recordamos del peronismo, ese extraordinario crecimiento del 46, 47 y 48. El nivel del producto creció un 8% por año, pero el nivel de gasto creció al orden del 12% también por año. Esa situación no era sostenible, pero es lo que recuerda mucha gente.

—¿Estamos en una situación comparable en algún aspecto? 

—Sería espantoso. Sería hacer política económica mirando atrás. Hubo cosas positivas en los 40. Pero es imposible pensar que es el remedio en la situación actual. La Argentina requiere mirar hacia adelante. Sería un disparate pensar así.

—¿Hay posibilidad de cambio de política hacia 2023? ¿Qué economía podría llevar a cabo el Gobierno si cambia su política económica?

—La situación no va a ser maravillosa a partir de fin de año. Quizás hagamos un ajuste y el segundo año, cuando lleguen las elecciones, aflojemos de vuelta. Hay alguna chance de que la oposición tenga una posibilidad cierta. La oposición debe mantenerse junta, como hasta ahora. No es un tema menor. Al mismo tiempo, debe encontrar el rumbo. Ese es el problema. Hay distintas voces, no solo en el Gobierno, también dentro de la oposición. Se puede pensar que es positivo contar con voces que digan cosas distintas, pero el extremo puede ser peligroso para el diseño de la política económica. Aunque si se mantiene unida y logra ciertos acuerdos básicos entre los distintos sectores, tiene una chance. Es muy difícil hacer pronósticos en la Argentina a tres años vista. Si uno otea al horizonte, me da la impresión de que va a llegar razonablemente bien.

—Se dijo que en el equipo de Nicolás Dujovne había muchos “Machinea boys”. Si bien no tenía militancia, Nicolás Dujovne participó de los equipos cercanos a Ricardo Alfonsín cuando fue candidato a presidente, en 2011. ¿Hay ideas económicas en Juntos por el Cambio que te representen?

—No tuve llegada, ni yo ni gente que trabajara conmigo, al gobierno de Mauricio Macri. No conozco a nadie que haya estado en mi gobierno que después estuviera con Macri. Algunos lo apoyaron. Al último ministro de Economía, Hernán Lacunza, lo conocí en ese momento. Tuve una charla con él, pero no fue de mi equipo. El que fue presidente del Banco Central, Guido Sandleris, sí trabajo conmigo. Era parte de los ayudantes cuando armamos la fundación antes de asumir el Ministerio de Economía, en 2000. Pero mi influencia fue cero. Nunca hablé con Macri. Estuve con Macri antes, pero no en ese período.

“Tenemos ahora un generalizado aumento de las tasas de interés en un contexto de alto endeudamiento.”

—¿A qué atribuís el fracaso económico?

—El principal problema fue la subestimación del problema. La idea de que ellos eran los que realmente sabían de economía. Tenía un condimiento del mundo empresarial importante. A eso se sumaba la idea de un ministro de Economía sin mucho poder. Es lo que intentó hacer Macri de entrada. Le sacó tanto poder al ministro, que armó casi cuatro carteras económicas. Pero, ¿cómo coordinar la política económica si el ministro de Economía se dedica básicamente a la deuda y a las finanzas y hay otros señores que le aumentan los precios de los granos o de la electricidad? No hubo coordinación. Fue uno de los problemas más serios. Pensar que sería fácil fue otra cuestión central. Después se intentó una política monetaria incompatible con la fiscal. Ambas deben ir más o menos en el mismo sentido. Si no, aparecen los problemas, tal como sucedió.

—Nicolás Dujovne era mucho más ortodoxo en términos de disciplina fiscal, y Alfonso Prat-Gay no. En su libro, Mauricio Macri de alguna manera culpa a Prat-Gay y defiende a Dujovne. ¿Son dos ideas económicas? ¿Cuál tendría que ser la más aplicable en el caso de un triunfo electoral en 2023?

—Había algunos más ortodoxos. No es que me parezca mal. Si no hay cierta ortodoxia, tenemos un problema. El problema es cuando la ortodoxia se convierte en religión. Sería pensar que si se hace más esto, más lo otro, la situación se arregla sí o sí. Es no entender que la realidad cambia y cómo afecta al programa económico. La consecuencia del programa económico de Nicolás Dujovne fue una apreciación exagerada del tipo de cambio, también de la mano del presidente del Banco Central. Y cuando empezamos a perder reservas, se fue corriendo al Fondo Monetario Internacional. Caímos en una trampa en la que el FMI puso exigencias mayores. Ahí llegamos a una situación inimaginable. Uno aprendió de esa experiencia. Hay que tener cuidado de no aspirar a demasiado cuando no se tienen los recursos para hacerlo. Aspirar a demasiado es aspirar a bajar muy fuerte la tasa de inflación cuando la situación fiscal no lo permite. Con respecto al eventual futuro de las personas que pueden estar en el equipo económico de un nuevo gobierno, siempre hay egos de aquí o de allá, como siempre pasa, pero no veo tantas diferencias. Lo que veo en la gente que trabaja con Cambiemos es menos ortodoxia. No quiere decir que no les preocupe la situación fiscal, al contrario. Pero no piensan que las cosas se arreglan solas si aplican estas políticas y no son cuidadosos con los vaivenes de la situación económica

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—¿Te referís a Hernán Lacunza?

—Sí, es un ejemplo claro. Es una persona muy razonable, que tuvo que hacer un ajuste considerable en la provincia de Buenos Aires. No es gente que no cuide la situación fiscal. Hablo de una persona razonable, y me animaría a decir también que mi querido amigo Guido Sandleris también aprendió un poco de los pros y de los contras. Es una persona que está más que capacitada.

—¿Había fundamentalismo en Federico Sturzenegger? 

—Sí, en creer que con la política monetaria se podía arreglar el problema solo. Se podía intentar el programa monetario que intentó, pero necesitaba que la política fiscal acompañara. Pero el gobierno aumentó el déficit en lugar de disminuirlo. Por ejemplo, el primer año, con la reparación a los jubilados. Si hay una política muy contractiva, pero la situación fiscal no mejora, el resultado es un fuerte aumento de las tasas de interés. No digo que el problema haya sido Sturzenegger, sino que la política monetaria que intentó no era compatible con la política fiscal. El problema fue la falta de coordinación.

José Luis Machinea, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
AJUSTES. “Pueden tironear un poco más, pero en algún momento deberán acomodar el tipo de cambio. En algún momento deberán ajustar las tarifas públicas, y eso implica más inflación”. (Foto: Pablo Cuarterolo)

—¿El plan del Fondo Monetario a partir de 2018 sí era coherente entre la política fiscal y la monetaria y tampoco funcionó? 

—Al Fondo le agarró un ataque y exigió que la expansión monetaria fuera cero para convencer a los mercados, y la economía argentina tenía una tasa de inflación del 25%, 30%. No se puede pasar a cero al día siguiente. El apretón monetario fue exagerado. Fue un error del Fondo Monetario Internacional exigir ese ajuste. Es cierto que cuando uno pierde la credibilidad, y eso es lo que pasó con el gobierno de Macri a fines de 2017, y sobre todo en 2018, es muy difícil volver. Nadie cree en lo que le están diciendo. No se perciben los cambios. Cuando se hace política económica, se tiene una chance. Lo que se haga al comienzo marcará el resto del gobierno. Lo que generó esa primera etapa es desconcierto, y no se vio una salida. El Fondo Monetario no ayudó con su política.

—¿La pandemia modificó la perspectiva, la relación deuda-pago del FMI? ¿Cómo será la renegociación de la deuda argentina con la conducción de Kristalina Gueorgieva? 

—No será tan duro como en ese momento. Cuando llaman al Fondo, había una crisis. No fue inventada por el Fondo. La directora del Fondo es consciente de que la situación es muy crítica. Hay que hacer algo para que algunos países puedan mejorar la situación. Las exigencias serán menores. Pero no será para Argentina un permiso para seguir haciendo lo mismo. El Fondo va a exigir de cualquier manera una política monetaria y fiscal más consistente con un sistema de estabilización. Es más fácil que en otro contexto. El Fondo entenderá más los problemas de los países. Eso no quiere decir que no exija nada, que esté dispuesto a darle a la Argentina un nuevo programa sin sustento. La proyección del presupuesto no funciona. La deuda renegociada hoy está cerca de una situación de default. Nos exigirá que cambiemos esta situación. Algo hay que hacer. 

—¿El cambio de perspectiva del Fondo es permanente o meramente coyuntural? ¿Las ideas de Joseph Stiglitz permean sobre las nuevas autoridades del Fondo?

—Hay una combinación de ambas cosas. Hay cambios permanentes. Definitivamente, el Fondo cambió en la crisis de 2008, 2009 e hizo programas más razonables. Los países desarrollados se lo exigieron. Pondrían más plata, pero para programas razonables. El Fondo ahí empezó a cambiar. Fue más flexible. En la pandemia tiende a flexibilizarse algo más todavía. Me parece que no para llegar a lo que propone Stiglitz. 

—¿Cómo analizás entre ortodoxia y heterodoxia al actual ministro de Economía, Martín Guzmán, un discípulo de Joseph Stiglitz?

—Me parece una persona razonable. Trabajaba mucho sobre el tema de la deuda, pero no en programas de estabilización. Lo que dice es bastante razonable. Sabe que con este déficit fiscal no vamos a ningún lado y es muy difícil un acuerdo con el Fondo. Por eso su insistencia. Sabe que si no ajustamos las tarifas, tener un acuerdo con el Fondo será imposible. Por eso su insistencia, aunque con poco éxito. Teniendo en cuenta a algunas personas que no me gustan del Gobierno, diría que me parece razonable. Tengo diferencias en cómo se negoció la deuda. Es de lo mejorcito que tiene el Gobierno. Me puse muy contento cuando vi que se había convertido en primus inter pares. Me pareció una decisión muy correcta. Pero por arriba de él hay otros que deciden en el ámbito político. Él todavía debe seguir sorprendiéndose.

—¿Hubieras avanzado en el acuerdo con el Fondo Monetario antes de las elecciones o no tendrá consecuencias hacerlo el año próximo?

—Hubiese preferido antes de las elecciones, pero entiendo las fuerzas que se mueven dentro del peronismo. El Fondo Monetario fue siempre mala palabra. Al peronismo lo que le preocupa son las selecciones. Pobre el ministro de Economía: le hicieron hacer un presupuesto que nadie cumple. En su situación, alguno puede pensar en irse. Él aguanta. Me alegro que lo haga, no porque esté de acuerdo con lo que está haciendo en esta coyuntura. Es una persona razonable. En una situación más normal debería ayudar a que el Gobierno mejorara la situación económica. Que mejorara el programa. 

“En la gente que trabaja en Economía de JxC veo menos ortodoxia.”

—Finalmente, ¿qué mensaje, qué idea, qué ayuda le podés dejar a Martín Guzmán? 

—No demasiados. Porque siempre, y en especial en este gobierno, la política es la que manda. En general pasa, y no es que me parezca mal. A veces la política no piensa bien la economía. Es un dolor de cabeza para el ministro. Me parece bien que la política esté en manos de los políticos. Tampoco uno puede pensar que un ministro de Economía se corte solo. Tiene que ser parte de un equipo. Pasamos de que se corte solo y haga lo que tenga que hacer a que le pongamos cinco personas descoordinadas. No hay mucho para recomendarle. Me parece que lo prioritario es si la política lo va a apoyar o no. Lo que tiene que hacer me parece que lo desarrolla razonablemente bien. 

Pero si la política no ayuda, no hay ministro de Economía que pueda arreglar la situación.

Producción: Pablo Helman, Debora Waizbrot y Adriana Lobalzo.

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