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La Calòrica tira de escatología para hablar del cambio climático

Autor: Marta Cervera

La Calòrica, una de las compañías más interesantes surgidas en Catalunya en los últimos lustros, se estrena por fin en el Teatre Nacional de Catalunya este jueves con ‘De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda’. Su nueva creación aborda el cambio climático “con una visión bastante crítica e incisiva, no adoctrinadora”, explica Israel Solà, director de la compañía. Ellos, que siempre se han interesado por tratar temas actuales, consideran que el cambio climático es clave. “Infinidad de conversaciones acaban derivando hacia él, hables de capitalismo, de crisis o de sostenibilidad. Todas las luchas del mundo contemporáneo confluyen en el cambio climático”. Entonces, ¿por qué nos implicamos tan poco en este tema si es vital? “En los últimos 15 años hemos visto como se alcanzaba la tolerancia cero en temas como el machismo, la homofobia y el racismo. En cambio, somos más tolerantes con las industrias contaminantes. Hay luchas para las que cuesta más organizarse”, señala Joan Yago, autor del texto. Ese “micronegacionismo” cotidiano que todos practicamos tiene tanto peso en al obra como el del “macronegacionismo” de quienes rechazan cualquier evidencia acerca de la destrucción del planeta.

Tramas paralelas

La obra consta de dos tramas paralelas con una puesta en escena radicalmente diferente. Por un lado, muestra una convención protagonizada por quienes defienden las grandes teorías contrarias al cambio climático en un hotel de Barcelona. Esta parte está tratada de manera hiperrealista, ‘power points’ incluidos en una gran pantalla. La otra trama sitúa al espectador mucho en un ámbito más cotidiano y familiar: la reunión de la comunidad de vecinos de la finca donde la compañía tiene su local. Discuten acerca de un apestoso problema: los inodoros, en lugar de tragarse todo lo que cae en ellos, lo saca fuera. Una auténtica mierda, vamos. Esta parte es “como un cruce entre ‘La comunidad’, el filme de Àlex de la Iglesia, y ’13 Rue del Percebe'”, comenta Solà. Aquí los actores se interpretan a sí mismos y a otros vecinos de esta comunidad sin necesidad de ‘atrezzo’ alguno, desdoblándose en una polifonía de personajes jugando solo con la voz y la gestualidad, todo un reto. “Es la primera vez que trabajamos con la autoficción y cada uno utiliza su propio dialecto”, explican.

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Mònica López, ‘Ciudadana Kane’

Para su debut en la Sala Petita del TNC cuentan con la plantilla actoral de La Calòrica al completo -Xavi Francès, Aitor Galisteo-Rocher, Esther López, Marc Rius y Júlia Truyol-, a la que han sumado a Mònica López. A diferencia de sus compañeros ella interpreta a un único personaje, Aurora, gurú negacionista. “Es una especie de ‘Ciudadana Kane’ que va con un séquito de gente”, dice Yago, que no quiere desvelar demasiado acerca de la obra, cuyas tramas acaban “colisionando”. López está encantada por su rol de mujer empoderada pero también por el clima que se ha creado. “Nunca me había reído tanto en unos ensayos”, admite, totalmente integrada en la ‘troupe’. “No solo tienen talento, a currantes no les gana nadie. Y son muy rápidos trabajando”, destaca la actriz. “Es que aquí, como somos tan endogámicos, o te integras o te mueres”, añaden sus compañeros.

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Para La Calòrica llegar al TNC es un paso importante aunque les hubiera gustado no tener que esperar 11 años para debutar en él. “Trabajar aquí es un lujo: dispones de todos los recursos y el equipo técnico es una pasada”, reconoce el valenciano Xavi Francès. La guinda será la gira posterior organizada por 13 poblaciones catalanas, de la que solo tendrán que ocuparse de una cosa: “Llegar al sitio y actuar”. Otro lujo al que no están acostumbrados. En su opinión los teatros públicos como el TNC deberían apostar más por las compañías jóvenes. “Nosotros ya no lo somos, tenemos entre 33 y 40 años. Hay que estar pendientes de lo que está surgiendo e invitar a compañías y creadores jóvenes a trabajar en estos grandes teatros”, afirman. No quieren convertirse en un “tapón” para nadie.

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Su camino hasta aquí no ha sido fácil. Confiesan que tras ‘Fairfly’ (2017), su séptima obra, estuvieron a punto de tirar la toalla. Les salvó que La Villarroel programara ese aclamado título y conectar con un público más amplio. El reconocimiento de los premios Max fue otro subidón. A partir de entonces no han parado: estrenaron su anterior obra ‘Els ocells’ en la Sala Beckett y han debutado en el Lliure con ‘Feísima enfermedad y muy triste muerte de la reina Isabel I’, montada con todos los medios que no tuvieron cuando se dieron a conocer con ella en el Versus, en el 2010.

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