Categoria:

La flecha del tiempo: resistiendo al viejismo, último mito de la corrección política | EPU

Autor: Administrador

Cuando Diana Nyad cumplió 60 no quiso ningún festejo, su máxima fantasía para ese día era jugar al Scrabble. Ganaba siempre, la mente no sufría los males que el cuerpo reflejaba en el espejo. Su amiga Bonnie no le dio bola, organizó una reunión sorpresa llena de amigas y la atleta de élite que aún no soñaba con ser película, decidió que ese cumpleaños podía convertirse en la continuación de un anhelo trunco: 30 años antes había intentando ser la primera persona en nadar desde Cuba hasta Key West, Florida. No pudo, no supo, no tenía la mentalidad para lograrlo, pero ahora sí.

Abdominales, piletazos, pensar, seguir, una amiga que banca todas. Tormentas perfectas, fracasos y la cabeza que te juega en contra. El agua salada que arrastra las vísceras, esos pensamientos que no paran, las canciones que entonás una y otra vez como una rockola descompuesta para olvidarte que estás a merced de los tiburones. Una brazada, dos, tres.

La sorprendente Diane Nyad, que a los 64 años nadó desde La Habana hasta Florida.

El agotamiento te hace alucinar al Taj Mahal bajo el mar pero seguís, aunque un aguaviva te destruya la cara y tengas que usar una máscara como la de Jason en Viernes 13, él le tenía terror al agua, vos no. Una brazada, dos, tres. Un intento, dos, tres, cuatro y al quinto, después de 523 km llegar con 64 años a la otra orilla.

“Nunca, pero nunca debes rendirte”, fueron sus primeras palabras cuando lo logró. Volveré y seré leyenda, atleta más grande que la vida, mujer abusada en la infancia que enfrentó demonios propios y ajenos. Volveré y seré Nyad, película de Netflix con Annette Bening, Jodie Foster y clima de nominaciones.

Volveré y seré una vieja campeona en un mundo que detesta las arrugas, el efecto de la fuerza de gravedad sobre los cuerpos y la opinión en bocas sin dientes perfectos, alineados, esculpidos. Volveré y seré la imagen del futuro, porque si no planeamos morirnos mañana todos seremos viejos. El tema es qué clase de vieja querés ser.

Anette Benning en la piel de Diana Nyad.

TIEMPO DE REVANCHA

¡Qué linda la viejita con el tapado de peluche agarrada a su cartera! Esa mujer que cumplió 88 no es la tía abuela que vemos en Navidad, la que pregunta cuantos años tenemos aunque hayamos pasado los 40, sino Maggie Smith, dama de la actuación, doble ganadora del Oscar, un premio Tony, 5 Baftas y 4 Emmys. La gran Maggie protagoniza la última campaña de Loewe. La firma que de la mano del célebre fotógrafo Juergen Teller va subiendo la vara etaria, primero lo hizo con Charlotte Rampling, después con Anthony Hopkins y ahora llegó su turno.

La pregunta es, salvo la saga de Harry Potter y Downton Abbey, los millones de usuarios que viralizaron su imagen en las redes: ¿saben que hizo Maggie Smith en su extensa carrera que abarca más de 60 años? Si la campaña sirve para que más de cuatro googleen y descubran A Room with a View o Hedda Gabler, la publicidad se paga sola. Maggie, la mujer cuya madre profetizó “con esa cara nunca vas a triunfar como actriz” retorna para vengar la sangre con su sonrisa de Mona Lisa.

Maggie Smith, modelo de Loewe a los 88 años.

La conversación está servida, si hablamos de adultos mayores como imagen de marca, ¿cuán mayores deben ser? ¿Más de cien años como Iris Apfel? ¿Casi 90 como Maggie Smith y Sir Hopkins? ¿Los ponemos a pensar o a posar? ¿Los hacemos bailar, cantar, intentar piruetas, los vestimos de colores fuertes para encontrarlos si se pierden?

No hay que confundir representación con tokenismo, diría mi abuela. La moda ama fingir participación de manera simbólica y banal. Dos mujeres negras, dos viejas vistosas, tres o cuatro miembros del colectivo LGTBIQ y una conciencia (casi) limpia. El viejo, si es lo suficientemente ídem como para convertirse en tótem o florero, decora y tranquiliza como nadie.

¿Pero qué pasa con los (y sobre todo con las) que no entran en esa categoría? Las de 50, 60 y por qué callarlo, incluso las de 40. No lo digo yo, sino Jessica Chastain, que habiendo ganado el Oscar como Mejor Actriz a los 45 genera sus propios proyectos debido a la escasez de roles protagónicos relevantes para actrices +40 en Hollywood.

Vamos más allá: debajo del posteo que realizó un importante medio, un usuario comentó: “Estás grande, ya no les gustás a los pibes, trabajá tu interior porque ya no tenés la belleza de la juventud”. La actriz receptora de ese mensaje tiene 31 años. Me pregunto hasta qué edad se es lo suficientemente joven, productivo, deseante, gozoso y atractivo. La respuesta los sorprenderá.

La espléndida Chastain genera sus propios proyectos debido a la escasez de papeles para mujeres de 45.

El viejo aceptado es el que no jode, el que oculta su deseo sexual, tapa su carne y sus ideas. Para muestra está la ola de hate edadista que recibió Migue Granados cuando llevó a Nacha Guevara a su programa, los miles de comentarios hostiles hacia Moria Casán orgullosa de sus curvas naturales cero photoshopeadas en bikini, los “ubicate, abuelo” que recibe el escritor Pacho O’Donnell por hacer pesas o las preguntas paternalistas hacia intelectuales de la talla de Tomás Abraham y Beatriz Sarlo.

Nada más irritante que un viejo que piense. O que tenga sexo. O las dos. La reconocida y multipremiada escritora y guionista Claudia Piñeiro cuenta cuál es el insulto preferido de las redes: “Cuando quieren atacarme me tratan de vieja meada”, dijo recientemente durante la promoción de su primer libro de no ficción Escribir un silencio.

Mala noticia para los viejistas: en una sociedad donde crece la expectativa de vida y baja la de natalidad, la población mundial tiene más adultos mayores de 65 que menores de 5 años. Y según Fortune, solo en los Estados Unidos la población mayor de 50 años concentra el 80% de la riqueza. Hoy Logan Roy, el viejo garca de Succession que aterrorizaba a sus hijos aún desde la tumba, les dice a todos: “Fuck off”.

EL AROMA DEL TIEMPO

El tiempo es el tema que azota nuestras cabezas. Ya lo sabía Proust y también Byung-Chul Han, el filósofo que quizás mejor refleja esta época regida por la fugacidad: la repetición de un scrolleo plagado de perfección, la felicidad ficcional y la ausencia de un ritmo que otorgue sentido a la vida y a la muerte. En un mundo lleno de relatos la gran paradoja es que no hay narración posible si rechazamos el paso del tiempo.

Jessica Lange en American Horror Story.

“Me niego a ser un anuncio de nadie”, le dijo Jessica Lange hace unos días a The Telegraph. Lange fue la chica que obnubiló a King Kong, la mujer amante del espléndido Baryshnikov setentoso, la fuente de deseo y perdición en El cartero llama dos veces, la angelical actriz de Tootsie, el amor salvaje y real hasta los últimos días de Sam Shepard y la muerte lujuriosa que sedujo a Joe Gideon, el alter ego de Bob Fosse en All That Jazz.

Hoy a sus 75 años siente que no tiene demasiado para hacer delante de la cámara, a pesar de haberse reconvertido en ícono para los más jóvenes gracias a un protagónico sin red en American Horror Story. El extraordinario cover de “Life on Mars” que hizo en la serie, enfundada en un traje celeste que homenajeaba aquel usado por Bowie en su mítico video, fue una de las canciones más descargadas de iTunes, pero Jessica se cansó. Fueron décadas sintiendo los efectos de una afección común entre las actrices, el edadismo.

“La discriminación por edad es omnipresente en mi profesión. No hay igualdad de condiciones. No es frecuente ver a mujeres de 60 con intereses románticos pero sí a hombres de esa edad en esos papeles con coprotagonistas mucho más jóvenes”, disparó en una entrevista en 2017.

Daryl McCormack y Emma Thompson en Buena suerte, Leo Grande.

Lange, que interpretó a la esposa de Liam Neeson en Rob Roy, encarnó el año pasado en Marlowe a la madre del interés romántico de Neeson, Diane Kruger, 26 años más joven que él. La fantasía hollywoodense perpetúa la ilusión del hombre eternamente viril y la mujer madre y abuela, quizás por eso exaspera tanto una película como Buena suerte, Leo Grande; que una mujer de cierta edad contrate a un trabajador sexual para descubrir su capacidad de dar y recibir placer es casi un acto contracultural.

Mientras tanto en la versión británica de Vogue, Olivia Colman y Tilda Swinton son protagonistas de sendas tapas. Bianca Jagger es la portada de diciembre en S Moda. La resistencia está en marcha. Bioy Casares escribió en Diario de la guerra del cerdo: “A través de esta guerra los jóvenes entendieron de una manera íntima, dolorosa, que todo viejo es el futuro de algún joven. De ellos mismos tal vez”. El tiempo no para, pero el deseo tampoco y esa es la mejor revancha. Marche otra ronda.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te puede interesar también

¿Quieres hablar con nosotros en cabina?

Nuestros Horarios en el Estudio:

9am a 11am | 12m a 1pm | 4 a 5 pm | 5 a 6pm

horario del pacifico