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La historia detrás de La Patagonia rebelde – Diario Hoy En la noticia

Autor: Diario Hoy

De pronto, en las inmensidades patagónicas, se escuchó una tormenta de balazos. Gente humilde era fusilada por hacer huelga; peones de campo que solo querían que se cumpliera con un convenio firmado meses antes por el mismo militar que ahora los fusilaba. El episodio se silenció durante años, y cuando yacía en lo más hondo del olvido, fue desenterrado por un historiador, Osvaldo Bayer, quien publicó una exhaustiva investigación que permitió develar la verdad bajo el título Los vengadores de la Patagonia trágica.

La represión de esa huelga es posiblemente uno de los mayores temas tabú de nuestra cercana historia, porque ocurrió en una democracia gobernada por un partido hoy más que centenario. La primera leyenda negra dice que los huelguistas de Santa Cruz fueron bandoleros sádicos que mataron a indefensos estancieros y destruyeron sus propiedades. Hay otra cara: los regimientos al mando del teniente coronel Varela fusilaron a 1.500 indefensos obreros, cuyo único crimen fue reclamar que se los tratara como a seres humanos. Se los apaleó, se los torturó, se les ordenó cavar sus propias tumbas y se los fusiló.

“Yo tendría unos 9 años”, recordaba Osvaldo Bayer. “Éramos tres hijos varones y mi padre siempre nos relataba –era socialista– algo que lo había impresionado mucho en su vida, que fue durante su estadía en Río Gallegos, en los años 20, cuando ocurrieron las huelgas patagónicas. Entonces nos relataba los fusilamientos; además, cómo ellos fueron testigos cuando por las calles de Río Gallegos el Ejército traía a los peones rurales a lazazo limpio. Los llevaron a la cárcel y los encerraron. Mis padres vivían a dos cuadras de la cárcel y todas las noches se oían alaridos, porque los soldados les pegaban unas palizas tremendas. Eso de chico me impresionó mucho, de modo que siempre tuve la curiosidad y busqué dónde podía haber libros, aunque nunca había nada. El silencio había sido absoluto”.

Todo comenzó con los modestísimos reclamos de los peones rurales a los poderosos estancieros agrupados en la Sociedad Patagónica Rural. Entre otras demandas, se exigía que se entregase un paquete de velas a cada obrero mensualmente, un mejoramiento de las miserables raciones de alimento, que las instrucciones de los botiquines estuvieran en castellano, y que en los recintos de 16 m² donde pernoctaban no durmieran más de tres hombres. A raíz del conflicto, el presidente Hipólito Yrigoyen envió, a principios de 1921, al coronel Héctor Varela, al mando de un regimiento de caballería, con el fin de alcanzar un acuerdo entre las partes. En esa primera intervención, Varela alcanzó éxito poniendo de acuerdo a los sectores en pugna, pero al volverse a Buenos Aires los estancieros incumplieron lo prometido. Se produjeron nuevos enfrentamientos, por lo cual el presidente volvió a enviar al coronel Varela. Según el historiador Norberto Galasso, en el lenguaje nebuloso de Yrigoyen, “la misión consiste en implantar el orden en la zona sur”.

Osvaldo Bayer no quería escribir investigaciones academicistas, sino historias que pudieran interpelar a todo el pueblo. Comenzó con las huelgas patagónicas. En total, tardó cerca de ocho años; se pasaba todas sus vacaciones íntegramente en Santa Cruz, viajando, recabando documentos: “Tuve la suerte, en este caso, que debe tener un investigador de esos no muy lejanos de la historia, vivían todos. La investigación comenzó en los años 60 y aún vivían los soldados que habían actuado en el fusilamiento del Ejército de Caballería, salvo Varela, que había sido muerto por el anarquista alemán Kurt Gustav Wilkens”.

El “Gallego” Soto, el gaucho Facón Grande y el alemán Schultz, entre otros, lideraban a los trabajadores. Sin embargo, Varela se convirtió en un feroz carnicero y ya no escuchaba; estaba convencido de que todos los trabajadores eran “rojos” que planeaban llevar adelante una revolución social. Sobre todo creía que la única salida era la represión. Según algunos autores, se fusiló aproximadamente a 1.500 trabajadores, otros estiman entre 1.000 y 1.100. Todos coinciden en que probablemente haya sido una de las represiones más feroces de la historia argentina.

Esta historia trágica de memoria imprescindible fue llevada al cine en 1974 por Héctor Olivera, con guion del propio Osvaldo Bayer, y una constelación única de actores: Héctor Alterio, Pepe Soriano, Luis Brandoni, ­Federico Luppi y Franklin Caicedo, entre otros.

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