El culto evangélico en España, en 1907, no estaba bien visto a pesar de haber libertad de culto, y las celebraciones de la comunidad protestante en la ciudad rozaban lo clandestino

Protegida por un alto muro. Escondida a la vista de todos. A pesar de su céntrica ubicación, junto a la plaza de Colón, la Iglesia Evangélica Alemana de la Paz , al inicio de la Castellana, es uno de los templos más desconocidos de Madrid. Una de las razones por las que muchos ignoran la existencia de la Friedenskirche es porque se encuentra cerrada tras un elevado muro, una verja de entrada y unos árboles altos que impiden que sea vista a pie de calle. Y eso que en los últimos tiempos se ha convertido en lugar de encuentro… por una terraza de verano muy concurrida.

Patio de verano en la iglesias alemana de la Castellana
Patio de verano en la iglesias alemana de la Castellana FOTO: Efe

Volviendo al asunto clave de todo esto, la discreción, la situación de la iglesia toma sentido. Y es que aunque lo parezca, esto no es casual: esta iglesia fue construida precisamente con la premisa de pasar desapercibida. Y es que, en el momento de su construcción, en torno a 1907, el culto evangélico en España no estaba bien visto a pesar de haber libertad de culto, y las celebraciones de la comunidad protestante en la ciudad rozaban lo clandestino.

La Iglesia luterana se estableció por primera vez en España en el año 1888. En 1907 el alemán Fritz Fliedmer solicita un préstamo para edificar un templo religioso. La Embajada Alemana cedió parte de su terreno para tal fin. La dirección de la obra se debe al arquitecto Oskar Jürgens, acorde con los planos firmados por Richard Schultze. La iglesia fue inaugurada el 27 de enero de 1909.

La iglesia evangélica, de dimensiones reducidas, tiene un interior de estilo neorrománico alemán, en el que se encuentras algunas piezas interesantes de valor artístico, como el mosaico neobizantino con la imagen del Cristo Pantocrátor, situado en la bóveda del ábside; los dos rosetones góticos adornados de vidrieras en la fachada principal; la lámpara de estilo visigótico, situada sobre los bancos para resaltar la importancia de los fieles; y un púlpito, de grandes dimensiones para el tamaño de la iglesia, tallado por escultor alemán Riegelmann. Entre otros tesoros, el Cristo Pantocrátor situado en la bóveda del altar o sus rosetones góticos, joyas arquitectónicas, permanecen en el patrimonio histórico-cultural de Madrid

Desde su creación, el templo ha tenido una historia convulsa. Primero, durante la Guerra Civil cuando fue saqueada por los republicanos y utilizada como almacén. Con el fin de la guerra, fue restaurada por los alemanes pero sin que pudiera practicarse el culto pues estaba perseguido por las autoridades franquistas. Con la llegada de la democracia recuperó su función original y, además de actividades de culto, ejerce de punto de encuentro de la Comunidad Evangélica de habla alemana en Madrid. Desde entonces, cada Navidad celebran en sus dependencias un mercadillo tradicional alemán, el Adventsbasar, al que acuden miles de madrileños que aprovechan la ocasión para conocer esta centenaria joya arquitectónica que sigue escondiendo nuestra ciudad.