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La moda de ser flexiteriana: una dieta más saludable y mejor para tu bolsillo, ¿te apuntas?

Autor: Cristina Acebal

Ser flexiteriana suena a la práctica de una nueva religión, pero no. Consiste en seguir una dieta rica en plantas, pero añadiendo un poco de carne a tu menú de vez en cuando. Y está de moda gracias precisamente a su permisividad y también por ser buena para tu salud, el planeta y tu bolsillo.

Las dietas, en general, te dicen exactamente lo que debes comer y lo que está prohibido y esa es la razón por la que te aburres y pasas de una a otra y de esa a la que hace tu amiga o la amiga de tu amiga. En la flexiteriana, sin embargo, esto no ocurre. No hay reglas inamovibles y por eso, funciona.

Esta nueva tendencia nutricional viene a ser lo mismo que ser “semivegetariana” o ligeramente onmívora. De hecho, en muchos casos, es la dieta de transición hacia el vegetarianismo, pero mientras las vegetarianas, veganas, lacto-ovo-vegetarianas, crudívoras y las pescetarianas tienen que renunciar a la pasta boloñesa de mamá o a una buena barbacoa de criollos y chuletas con los amigos, la flexiteriana tiene permiso concedido para consumir carne, aunque solo sea en ocasiones contadas.

[Somos lo que comemos: cómo la alimentación influye en el aspecto físico]

De hecho, el término -que surgió por primera vez en EEUU en 2003- lo dice todo: Flexible y Vegetariano; o lo que es lo mismo: un estilo de vida dietético a favor de las plantas, no en contra de la carne. Porque, como en la vida, no todo es blanco o negro; por lo tanto, ser “semivegetariana” resulta bastante atractivo.

Dawn Jackson Blatner, dietista estadounidense y autora de The Flexitarian Diet, se llama a sí misma “carnívora social”: solo prepara hamburguesas vegetarianas y alimentos de origen vegetal en casa, pero come carne cuando sale a cenar o asiste a eventos sociales.

¿Y cómo se empieza a ser flexiteriana? Si eres de las que estás preocupada por reducir nuestra huella de carbono, por los derechos de los animales, por el uso desmedido de antibióticos o por la ecología de la tierra, pero te cuesta renunciar a la carne, puedes empezar por comprometerte a hacer un día a la semana sin carne o conformarte con medias raciones e ir incrementando tus porciones de vegetales a la vez que disminuyes las de carne.

La ventaja de ser flexiteriana es que no existen para ti los alimentos prohibidos y eso ayuda también mentalmente a ir renunciando a la carne sin provocarte ansiedad. Y si te viene un antojo de comerte un Big Mac, adelante y sin remordimiento.

Para la prestigiosa revista U.S. News & World Report, la dieta flexiteriana es la mejor dieta general nº 2, quedando justo detrás de la dieta mediterránea. Y argumentan ese segundo puesto por ser “una forma simple, saludable y directa de comer; además de una alternativa flexible a ser vegetariano”.

Si te atreves a hacerte flexiteriana, partiendo de cero, los expertos dividen esta forma de alimentarse en tres niveles o etapas:

  • Nivel 1: Cuando alguien comienza por primera vez con la dieta flexitariana, se recomienda renunciar a la carne dos días a la semana. En la etapa inicial, debe mantener su consumo total de carne a no más de 800 gr por semana, repartidos entre los cinco días que se consume.

  • Nivel 2: A medida que avanza en la dieta y uno se va acostumbrando a comer más frutas y verduras, hay que seguir una dieta vegetariana completa tres o cuatro días a la semana. Y dejar el consumo de carne en unos 500 gr durante el resto de la semana.

  • Nivel 3: Se llega a este nivel cuando se sigue una dieta vegetariana durante cinco de los siete días de la semana. En los dos días que se consume carne, no se debe comer más de 250 gr en total.

Es cierto que diseñar una dieta flexiteriana sostenible y que integre proteínas alternativas, no es nada fácil y te obliga a ser más creativo en la cocina y en la planificación de las comidas.

Pasar de hacer una pechuga de pollo a la plancha en 5 minutos a tener que “buscar” esa ración de proteínas en alimentos a base de soja como el tofu, carne de origen vegetal, microalgas, hongos o combinando legumbres y granos, te amplía tu horizonte culinario, pero te quita tiempo y eso puede hacer que remolonees. Afortunadamente, las crecientes opciones vegetarianas en los supermercados y en los restaurantes, reman a favor del universo flexiteriano.

Sin embargo, no hay que perder de vista el ahorro que puede suponer ser flexiteriana. Los productos cárnicos son de los más caros, bastante más que los de origen vegetal, y este dato, teniendo en cuenta además cómo ha subido el precio de la cesta de la compra, puede ser un argumento más para limitar nuestras raciones de carne a “ocasiones especiales”.

Así, cuando lleguen esas ocasiones, podemos darnos el gusto de seleccionar mejor la calidad y elegir carne de reses alimentadas de pasto y cortes más magros para minimizar el exceso de grasa animal y para no caer en la tentación de carnes procesadas. En el caso de los pescados, optar por los salvajes; huevos, los de corral; aves ecológicas o de pastoreo y lácteos orgánicos y de animales alimentados con pasto.

Y si nos centramos en el equilibrio de macronutrientes y micronutrientes que nos ofrece la dieta flexiteriana, vemos que los alimentos de origen vegetal nos aportan más fibra y antioxidantes que los cárnicos y, sin embargo, el hecho de incluir cantidades razonables de carne en la dieta nos da la suficiente proteína, calcio, hierro, vitamina D y B12, que no nos da la vegetariana y vegana.

Por tanto, parece que hacerse flexiteriana puede ser una sabia y sana decisión a tener en cuenta. Y, para evitar cualquier deficiencia nutricional, conviene que un médico nutricionista haga un seguimiento de nuestra dieta.

Si hablamos de los beneficios que aporta la dieta flexiteriana a la salud, son prácticamente los mismos que la vegetariana, aunque tarden más tiempo en ser evidentes. Entre los más relevantes destaca la reducción de diabetes tipo 2 y de las enfermedades cardiacas. La presión arterial también se logra mantener más baja y el IMC (Índice de Masa Corporal) está también por debajo del de los carnívoros.

Y en cuanto al cáncer, reducir el consumo de carne también tendría un impacto positivo en la prevención de ciertos tipos de cáncer del tracto digestivo, en particular, el cáncer de colon.

Finalmente, incidir en que la dieta flexiteriana es ideal para “comedoras felices” porque es fácil de seguir, nutritiva, adecuada para perder peso y mejor para el medio ambiente y, aunque pueda suponer un pequeño desafío de cara a la preparación de los alimentos frescos que la componen, compensa por ser una excelente manera de comer más sano y cuidar el planeta.

Principales variedades de vegetarianas

Pescetariana: Evita toda carne y carne animal, excepto el pescado.

Flexiteriana: Se enfoca en alimentos de origen vegetal, pero permite cantidades variables de carne.

Lacto-ovo-vegetariana: No come carnes rojas, aves o mariscos, pero sí come huevos y productos lácteos. Los lacto-vegetarianos no comen huevos pero permiten lácteos.

Vegana: no come carne y evita huevos, productos lácteos o alimentos procesados que contengan estos u otros ingredientes de origen animal, como la gelatina.

Crudívora: Consume una dieta vegana de alimentos de origen vegetal que no se han calentado a más de 47ºC. procesados o cocinados. Este régimen alimentario defiende que al cocinar los alimentos nos deshacemos de las enzimas de los nutrientes, vitales para el organismo.

Macrobiótica: Siguen su propia filosofía basada en alcanzar el equilibrio energético. Los alimentos se eligen según el clima, la estación y las necesidades de cada persona. Incluye granos de cereales integrales, verduras, vegetales, algas marinas, frutos secos y semillas.

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