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La muerte ‘reversible’: revivieron con sangre artificial células en órganos de cerdos muertos

Autor: Gina Kolata

Los cerdos habían estado muertos en el laboratorio durante una hora: no circulaba sangre en sus cuerpos, sus corazones estaban quietos, sus ondas cerebrales planas. Luego, un grupo de científicos de Yale inyectó una solución con un dispositivo similar a una máquina de circulación extracorpórea.

Lo que sucedió a continuación suma interrogantes a lo que la ciencia considera el muro entre la vida y la muerte. Las células, aparentemente muertas, revivieron. Sus corazones comenzaron a latir cuando la solución, que los científicos llamaron OrganEx comenzó a circular por venas y arterias. Las células de sus órganos, incluidos el corazón, el hígado, los riñones y el cerebro, volvían a funcionar y los animales nunca se alcanzaron la rigidez de un animal muerto.

Al mismo tiempo, otros ejemplares, que permanecieron muertos durante una hora, fueron tratados con ECMO, una máquina que bombeaba sangre a través de sus cuerpos. Estos sí se pusieron rígidos, sus órganos se hincharon y se dañaron y sus vasos sanguíneos colapsaron.

El grupo informó sus resultados este  miércoles en la revista Nature.

Los investigadores dicen que sus objetivos son, algún día, aumentar el suministro para trasplantes al permitir que los médicos obtengan órganos humanos que sigan siendo utilizables mucho después de la muerte. Y dicen que esperan que esta nueva tecnología también se pueda usar para prevenir daños graves en los corazones después de un ataque cardíaco devastador o en el cerebro, después de un derrame cerebral importante.

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Pero los hallazgos son solo un primer paso, dijo Stephen Latham, bioético de la Universidad de Yale que trabajó junto con el grupo. La tecnología, enfatizó, está “muy lejos de ser utilizada en humanos”.

El grupo, dirigido por Nenad Sestan, profesor de neurociencia, medicina comparativa, genética y psiquiatría en la Escuela de Medicina de Yale, se sorprendió al descubrir la capacidad para revivir células.

“No sabíamos qué esperar”, dijo David Andrijevic, también neurocientífico de Yale y uno de los autores del artículo. “Todo lo que restauramos fue increíble para nosotros”.

“Es increíble, alucinante”, dijo Nita Farahany, profesora de Derecho de Duke, que estudia las implicaciones éticas, legales y sociales de las tecnologías emergentes. Y agregó que el trabajo plantea preguntas sobre la definición de muerte.

“Suponemos que la muerte es una cosa, es un estado de ser”, dijo. “¿Hay formas de muerte que son reversibles? ¿O no?”.  El trabajo comenzó hace unos años, cuando el grupo hizo un experimento similar con cerebros de cerdos muertos de un matadero. Cuatro horas después, el grupo infundió una solución similar a OrganEx, que llamaron BrainEx, y vio que las células cerebrales que deberían estar muertas podían revivir.

Eso los llevó a preguntarse si podían revivir un cuerpo entero, dijo Zvonimir Vrselja, otro médico miembro del equipo de Yale.

La solución OrganEx contenía nutrientes, antiinflamatorios, medicamentos para prevenir la muerte celular, bloqueadores nerviosos (sustancias que amortiguan la actividad de las neuronas) y una hemoglobina artificial mezclada con la propia sangre de cada animal.

Cuando trataron a los cerdos muertos, los investigadores tomaron precauciones para asegurarse de que los animales no sufrieran. Los cerdos fueron anestesiados antes de provocar su muerte, y la anestesia profunda continuó durante todo el experimento. Además, los bloqueadores nerviosos en la solución OrganEx evitan que los nervios se activen, para garantizar que el cerebro no esté activo. Los investigadores también enfriaron a los animales para retardar las reacciones químicas. Las células cerebrales individuales estaban vivas, pero no había indicios de ninguna actividad nerviosa global organizada en el cerebro.

Hubo un hallazgo sorprendente: los cerdos tratados con OrganEx sacudieron la cabeza cuando los investigadores inyectaron una solución de contraste de yodo para obtener imágenes. El doctor Latham enfatizó que, si bien se desconocía el motivo del movimiento, no había indicios de que el cerebro estuviera involucrado.

Yale ha solicitado una patente sobre la tecnología. El siguiente paso, dijo el doctor Sestan, será ver si los órganos funcionan correctamente y se pueden trasplantar con éxito. Algún tiempo después, los investigadores esperan probar si el método puede reparar corazones o cerebros dañados.

La revista Nature pidió a dos expertos independientes que escribieran comentarios sobre el estudio. En uno,  Robert Porte, cirujano de trasplantes de la Universidad de Groningen en los Países Bajos, habló sobre el posible uso del sistema para expandir el grupo de órganos disponibles para trasplantes.

En una entrevista telefónica, explicó que OrganEx podría usarse en el futuro en situaciones en las que los pacientes no tengan muerte cerebral sino lesiones cerebrales hasta el punto de que el soporte vital sea inútil.

En la mayoría de los países, Porte, existe una política de “no tocar” de cinco minutos después de que se apaga el respirador y antes de que los cirujanos de trasplante extraigan los órganos. Pero, afirmó, “antes de ir al quirófano pasarán minutos adicionales”, y en ese momento los órganos pueden estar tan dañados que ya no se podrán utilizar.

Esto se da, según explicaron, porque a veces los pacientes no mueren inmediatamente cuando se interrumpe el soporte vital, pero sus corazones laten demasiado débilmente para que sus órganos se mantengan saludables.

“En la mayoría de los países, los equipos de trasplante esperan dos horas” para que los pacientes mueran, dijo el Porte. Entonces, si el paciente aún no está muerto, no intentan recuperar los órganos, agregó.

Como resultado de esto, entre el 50 y el 60 por ciento de los pacientes que fallecieron después de que cesó el soporte vital, y cuyas familias querían donar sus órganos, no pueden hacerlo.

Si OrganEx pudiera revivir esos órganos, aseveró Porte, el efecto “sería enorme: un gran aumento en la cantidad de órganos disponibles para trasplante”.

Brendan Parent, abogado y especialista en ética, además de director de investigación de políticas y ética de trasplantes en la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, aseguró, en una entrevista telefónica, que “se trata de un tema difícil sobre la vida y la muerte”.

“Según la definición médica y legal aceptada de muerte, estos cerdos estaban muertos”, dijo Parent. Pero agregó: “Una pregunta crítica es qué función y qué tipo de función cambiaría las cosas?”.

En ese sentido, planteó: ¿Seguirían muertos los cerdos si el grupo no usara bloqueadores nerviosos en su solución y sus cerebros funcionaran de nuevo? Y agregó que eso crearía problemas éticos si el objetivo fuera preservar órganos para trasplante, y los cerdos recuperaran cierto grado de conciencia durante el proceso.

Pero restaurar las funciones cerebrales podría ser el objetivo si el paciente ha tenido un accidente cerebrovascular grave o se ha ahogado.

“Si vamos a llevar esta tecnología a un punto en el que pueda ayudar a las personas, tendremos que ver qué sucede en el cerebro sin bloqueadores nerviosos”, dijo Parent.

En su opinión, el método eventualmente tendría que probarse en personas que podrían beneficiarse, como víctimas de accidentes cerebrovasculares o ahogamientos. Pero eso requeriría mucha deliberación por parte de especialistas en ética, neurólogos y neurocientíficos.

“Cómo llegaremos allí será una pregunta crítica”, dijo Parent. “¿Cuándo se justifica dar este salto?”, se preguntó. Y agregó que otro problema son las implicaciones que OrganEx podría tener para la definición de muerte.

Si OrganEx continúa demostrando que el período de tiempo después de la privación de sangre y oxígeno antes del cual las células no pueden recuperarse es mucho más largo de lo que se pensaba, entonces tiene que haber un cambio en el momento en que se determina que una persona está muerta.

“Es raro, pero no diferente de lo que pasamos con el desarrollo del ventilador”, dijo Parent. Y agregó: “Hay toda una población de personas que en una era diferente podrían haber sido llamadas muertas”.

The New York Times​

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