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La próxima visita de Biden a Oriente Medio… Motivos y objetivos

Autor: Red El Mayadeen

Dos razones principales están detrás de la próxima visita de alto nivel de Biden.

  • La próxima visita de Biden a Oriente Medio... Motivos y objetivos.
    La próxima visita de Biden a Oriente Medio… Motivos y objetivos.

Se ha decidido oficialmente la primera visita de Joe Biden a Oriente Medio, como presidente de EE.UU., que tendrá lugar entre el 13 y el 16 del próximo mes, durante la cual visitará “Israel”, la Autoridad Palestina y Arabia Saudí. Dos razones principales están detrás de la próxima visita de alto nivel de Biden. 

La primera es el conflicto en Ucrania entre Rusia y Occidente y sus repercusiones. Ya han pasado cuatro meses desde que estallaron los combates, sin resultados decisivos. Parece que las cosas se dirigen hacia una confrontación a largo plazo. El masivo apoyo militar y financiero de Estados Unidos a Ucrania, la movilización política y mediática y las sucesivas series de sanciones no han obligado a Rusia a retroceder ni a levantar la bandera blanca. Es cierto que tuvo un importante impacto económico, pero este es un precio que Rusia está pagando conscientemente para repeler peligros que considera mucho mayores y más amenazantes para su seguridad nacional. Por otro lado, el gran apoyo que recibe Ucrania se ha convertido en una carga para los países occidentales, además de las repercusiones del conflicto en la economía mundial. La crisis energética derivada del suministro de petróleo y gas ruso está afectando especialmente a los países europeos. Los precios de los carburantes en Europa y Estados Unidos alcanzan cifras récord, y los ciudadanos de a pie, que empezaron a sufrir, presionan a sus gobiernos para que encuentren soluciones a la subida de los precios de los bienes y servicios; de ahí que el presidente estadounidense necesite la cooperación de Arabia Saudí, el mayor productor de petróleo del mundo.

Arabia Saudí vio en la crisis de Ucrania una oportunidad para mostrar su importancia y restaurar su muy reducida posición con Estados Unidos. Las palabras de Biden durante su campaña electoral, e incluso después de su elección como presidente, fueron muy malas y humillantes hacia Arabia Saudí: la calificó de “paria” y dijo que el príncipe heredero Mohammad bin Salman debía rendir cuentas por el bárbaro asesinato de Jamal Khashoggi, el periodista saudí en Turquía en 2018. Biden prometió que no tratará con Mohammed bin Salman y que sólo tendrá una relación oficial con el propio rey.

De hecho, Biden estaba reflejando la corriente principal dentro del Partido Demócrata que ve muy negativamente a Arabia Saudí y la considera un régimen atrasado que no respeta los valores de la democracia y los derechos humanos. Esto comenzó en los tiempos del presidente Obama, durante cuya era la relación con Arabia Saudí tocó fondo. Biden, por supuesto, era el vicepresidente de Obama.

Arabia Saudí consideró que no se merecía ese trato tan duro por parte del Partido Demócrata. En realidad, Arabia Saudí estaba dispuesta a cooperar y a cumplir todo lo que se le pidiera, como siempre había hecho durante décadas, pero el distanciamiento y la “hostilidad” provenían de Obama y sus demócratas. ¡En consecuencia, Arabia Saudí echó todas sus cartas en la cesta de Donald Trump, y apostó por él para salir del estatus que le impuso Obama, y para ello, “toleró” todos los desplantes, la arrogancia e incluso los insultos de Trump! Arabia Saudí se ha convertido en parte de la lucha partidista interna en Estados Unidos: el ataque a Arabia Saudí y a Mohammed bin Salman, en particular, fue considerado como un ataque a Trump. 

Arabia Saudí aprovechó la guerra de Ucrania para ajustar su cuenta con Biden. Adoptó una posición equilibrada y no participó en los regímenes de sanciones que Occidente comenzó a imponer a Rusia, mantuvo una distancia que la separaba de la América de Biden y observó con desidia el problema energético mundial y el aumento de los precios del gas y del petróleo.

A los ojos de Arabia Saudí, ahora es el momento de recoger la cosecha. En los medios de comunicación saudíes reina un estado de euforia después de que Biden anunciara su intención de visitar Arabia Saudí y reunirse con el príncipe heredero. “De rodillas”, dijeron algunos escritores saudíes refiriéndose a la próxima llegada de Biden. A Joe Biden, por su parte, no le importa dar marcha atrás y cambiar su posición sobre Mohammed bin Salman.

En realidad, Biden es un viejo político profesional que cree que los intereses están por encima de los principios y que todo es negociable. No hay duda de que Biden obtendrá de los saudíes un gran premio por su retirada pública de su política hacia bin Salman. Esta nueva amistad entre Biden y Arabia Saudí está dictada por intereses políticos y estratégicos. La posición y la preferencia de Arabia Saudí en Estados Unidos se mantienen sin cambios; esperando la derrota de los demócratas en las elecciones y soñando con el regreso de Trump al poder en 2024.

El segundo factor, y el más importante, es la cuestión iraní. Ha pasado un año y medio desde que la administración Biden asumió el cargo, y las negociaciones con Irán para reactivar el acuerdo nuclear siguen dando tumbos. No se ha producido ningún avance a pesar de las numerosas rondas que se han celebrado entre ambas partes. Esta no es en absoluto una situación cómoda para la administración Biden, que se ha visto sometida a una intensa presión y siente la necesidad de hacer algo tangible para persuadir, atraer u obligar a Irán a volver a cumplir los términos del acuerdo de 2015 que se cerró con la administración Obama. 

El gobierno de Biden no puede soportar la continuación de la situación actual, ya que Irán continúa con sus actividades nucleares y está haciendo un progreso constante en su programa después de abandonar muchas de las restricciones a las que se comprometió de conformidad con el acuerdo original del que Estados Unidos se retiró. Irán, por su parte, se siente en una posición fuerte, ya que ha logrado absorber el impacto de las duras sanciones impuestas por Trump en 2018.

Es cierto que la economía iraní ha sufrido y sigue sufriendo, pero el gobierno iraní ha conseguido hacer frente a las sanciones y ha desarrollado planes para una economía nacional que no dependa de los ingresos del petróleo. La política de paciencia estratégica y la escalada gradual de sus actividades nucleares han dado sus frutos y han puesto a la otra parte bajo la presión del tiempo. No hay duda de que Irán tiene interés en lograr un acuerdo que le saque del dilema del bloqueo económico y las sanciones, pero no tiene prisa y se siente capaz de extraer mejores condiciones y obtener garantías extra que impidan a Estados Unidos repetir el escenario de la retirada y dar marcha atrás en sus compromisos como hizo Trump.

Para apaciguar las preocupaciones israelíes respecto a los logros de Irán, Estados Unidos se movió para establecer y liderar una agrupación regional de seguridad militar dirigida contra Teherán. La alianza propuesta incluye a los países árabes además de “Israel”, o una “OTAN árabe-israelí”, como dijeron algunos comentaristas. Estados Unidos está diciendo a Irán que no va a esperar indefinidamente a que se complete un nuevo acuerdo nuclear o a que se reactive el antiguo que se tambalea. Más bien, pasará a una política de presión y escalada, y puede movilizar a todos los países de la región en su contra, que incluyen tanto a árabes como a israelíes.

La dimensión israelí es de especial importancia en el movimiento estadounidense. “Israel” será la primera parada en la visita de Biden. En “Israel” existe un sentimiento de fracaso e impotencia estratégica a la hora de enfrentarse a Irán y al “eje de la resistencia” en la región. La prensa israelí, los grupos de reflexión y los altos funcionarios anteriores y actuales no dejan de hablar de la necesidad de “limitar a Irán” y de eliminar su programa nuclear y su capacidad en materia de misiles.

En los medios de comunicación israelíes hay histeria con respecto a Irán. La frustración israelí con la política del Partido Demócrata hacia Irán es bien conocida, desde la era de Obama – Hillary Clinton hasta la administración Biden. “Israel” prefiere un enfoque militar con respecto al programa nuclear iraní, pero no es lo suficientemente fuerte como para hacerlo por sí mismo, y en su lugar “Israel” quiere que Estados Unidos lo haga. En cuanto a las incursiones que “Israel” lanza con frecuencia sobre objetivos dentro de Siria, no tienen un impacto significativo y no logran suprimir en el creciente poder de Irán y sus aliados en la región. “Israel” se encuentra en una posición estratégica débil en la región, especialmente después de que los movimientos de resistencia en Gaza y el Líbano lograron imponer un estado de disuasión mutua con él, gracias al desarrollo de sus capacidades de misiles y de combate respaldadas por Irán. Y las operaciones de inteligencia y los ataques a los cuadros científicos y de liderazgo dentro de Irán no han hecho sino aumentar la determinación iraní de responder y elevar el nivel de apoyo a los movimientos de resistencia en Gaza, que han llegado a ser capaces de infligir pérdidas significativas en la profundidad israelí. “Israel” no pudo traducir la normalización y los acuerdos de “Abraham” con los países árabes en un verdadero logro estratégico, gracias a Irán y al “eje de la resistencia”.

En estas circunstancias, Biden llegará a “Israel”. Reafirmará a “Israel” el compromiso de Estados Unidos con su protección, seguridad y futuro. Pero “Israel” tiene que seguir las órdenes de Estados Unidos y formar parte de su estrategia y política, la más importante de las cuales es ser muy cauteloso y evitar la deriva hacia una confrontación militar con Irán. Estados Unidos quiere marcar el ritmo en la región y enfrentarse a Irán a su manera. Los pasos contra Irán tienen que ser cuidadosamente calculados, política, económica o militarmente (si es necesario), para que América tenga la última palabra sobre lo que debe hacerse. Estados Unidos no permitirá que los aliados regionales, especialmente “Israel” y Arabia Saudí, le arrastren a donde no quiere estar. Biden se reunirá con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas. El encuentro pretende poner de manifiesto la diferencia de política entre los demócratas de Estados Unidos y Donald Trump, que excluyó a los palestinos y asumió que la paz puede establecerse en la región sobre la base de la cooperación económica entre “Israel” y los países árabes.

A través de su iniciativa y de una renovada valoración de los aliados históricos de Estados Unidos, Biden intenta restablecer la política estadounidense en nuestra región, que se ha deteriorado en los últimos años. La visita de alto nivel no iba a tener lugar si EE.UU. no se enfrentara a grandes y graves desafíos a nivel mundial. En realidad, Estados Unidos necesita todos los elementos que puedan ayudarle en su conflicto directo con Rusia y en su mayor encuentro con China.

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