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Lola Arias: la argentina ganadora del premio de teatro más importante del mundo y por qué no trabajaría con Luis Brandoni

Autor: Clarin

Lola Arias es la mujer que sacó el teatro del museo. ¿Qué diría de ella Gregorio de Laferrère? ¿Qué pensaría de esa mezcla de ficción y realidad que caracteriza su particular sello de distinción? Es verdad: si viste alguna de sus obras, si seguiste su carrera, es posible que llegues a sentir a sentir que todo lo demás queda reducido a un triste sainete.

Quizás el secreto de su búsqueda sea el famoso “basado en hechos reales” que tanto nos conmueve y tan buen resultado da en Netflix. Quién sabe.

Lola Arias tiene 47 años y unos 20 de carrera. Acaba de consagrarse al ganar el premio de teatro más importante que existe y estrenará en Buenos Aires una obra con ex convictas en escena. Dicho de otro modo, estamos con la actual mejor dramaturga del mundo.

Cada 20 de marzo, día en que se recuerda el cumpleaños del dramaturgo noruego Henrik Ibsen, un puñado de profesionales del Ministerio de Cultura e Igualdad del Gobierno noruego entrega un único premio a un artista o compañía de las artes escénicas de cualquier lugar del mundo. Sí, este año el Premio Ibsen le tocó a Lola.

El jurado identificó las “manifestaciones transformadoras” del teatro de nuestro crédito local. Un premio que ya distinguió a nombres como Peter Brook, Ariane Mnouchkine (directora del Théâtre du Soleil), Heiner Goebbels (que se plantea un teatro con objetos y prácticamente sin actores) y Jon Fosse (reciente ganador del Premio Nobel de Literatura).

Lola puede caminar por la calle sin llamar la atención más que por una belleza lánguida de esas que provocan heridas de distancia. Reconocerla, no la reconocen. Más o menos lo mismo que debe pasarle a cualquier dramaturgo nacional. Nadie se para a preguntarle: “¿Vos sos la que ganó el Ibsen?”

Va por Corrientes sobre unos borcegos altos super darks. En un rato estará en el andén de la Línea B. Podés mirarla sin saber quién es. Eso funciona con ella. Podés hasta confundirla con Griselda Siciliani.

Podemos decir que Lola Arias está considerada en este momento la mejor dramaturga del mundo. Foto: Cherie BirknerPodemos decir que Lola Arias está considerada en este momento la mejor dramaturga del mundo. Foto: Cherie Birkner

“Fotos, no” aclaran los organizadores. ¿Presenciar un ensayo? “Tampoco. No dejo entrar gente porque los ensayos son un lugar muy delicado y frágil. El teatro documental es así“, nos explica ella misma. “Tengo un acuerdo de confidencialidad con mis performers: hablamos de todo, pero después nos ponemos de acuerdo sobre qué va y qué no va en la obra. No es bueno para elles que alguien que no forma parte de la obra, escuche lo que se habla. Es un pacto de confianza que yo no podría garantizar con la presencia de periodistas ensayos”.

Parece estar preocupada, pero todo fluye sin problemas. Dice “hola” y de inmediato aclara estar “estresada” por el estreno del próximo 17 de mayo. Sonríe poco, por gentileza. Uno quiere ponerle un poco de himno y poesía a su cara, a su personaje, pero solo ve una mujer de pelo largo que podría tener la edad que se le antoje.

Cómo es “Los días afuera”

Lo nuevo de la directora de Campo minado, proyecto que reunió veteranos argentinos e ingleses de la guerra de Malvinas, trata sobre ex internas de la cárcel de mujeres de Ezeiza.

Los días afuera -así se llama- es un musical-documental protagonizado por mujeres cis y personas trans que estuvieron detenidas. Lola habla castellano inclusivo a la perfección. “Entre les protagonistas hay chicos y chicas trans”, dice, “personas que pasaron años en la cárcel y ahora están en libertad”.

La obra funciona como la segunda parte de un proyecto que comenzó con la película Reas, filmada en la ex cárcel de Caseros y estrenada en la Berlinale. Los días afuera cuenta la vida de seis personas desde el momento en que recuperan la libertad, cruzando las biografías en un álbum de historias poco previsibles.

“Los días afuera” y sus protagonistas, la obra de Lola Arias que llega al Teatro Presidente Alvear. Foto: Carlos Furman/ TSM

En 2019, Arias tuvo ganas de hacer un taller de cine y teatro dentro de la cárcel de mujeres de Ezeiza. De ahí nació la película con quienes cumplían sus condenas. Después vino la pandemia y el proyecto quedó en veremos. Ni visitas familiares ni actividades artísticas, nada se permitía.

“Empecé a pensar en filmar en la ex Cárcel de Caseros con gente que ya había cumplido su condena. La decisión fue fundamental, porque me permitió reconstruir ese mundo a través de los recuerdos de les protagonistas”.

-Cine: ¿por qué sentiste la necesidad de usar un lenguaje audiovisual?

-Porque me gusta. Mi práctica artística fue cambiando a lo largo de los años y así como hice literatura, teatro, también hago cine. Tiene que ver con una evolución. Es la segunda película. En el caso de Campo minado yo había empezado la película y la obra al mismo tiempo. Filmaba mientras ensayábamos la obra. No era una adaptación, sino dos proyectos que se dieron en simultáneo. La obra se estrenó antes, en 2016, y la película en 2018, en la Berlinale.

“En el caso de Reas, así se llama la película, yo no tenía la idea de hacer una obra. Entre 2022 y 2023 filmé en la cárcel de Caseros, que se está usando como set de filmación, con 14 personas que ya no estaban detenidas. Algunas eran de Ezeiza y otras de un taller similar que ya había dado para gente liberada”.

Artista multifacética, durante el rodaje tuvo la certeza de que la estrategia musical era el camino correcto. “Vi como les protagonistas brillaban en las escenas, las canciones y las coreografías al ser capaces de transformar esa experiencia traumática en otra cosa”.

Las ex convictas, cuenta Lola, pidieron seguir adelante con la idea más allá de la película. Es ahí cuando aparece la posibilidad de la obra que veremos en el Teatro Presidente Alvear: sólo personas que estuvieron presas, sobre un escenario de calle Corrientes. Original.

-Chiques que ya están libres, que no cumplen condena..

-Exacto. Un proyecto que, en mi caso, nació al revés de los habituales. La película antes que la obra, con un foco que gira alrededor de cómo es volver a casa, cómo encontrar trabajo, cómo es dormir en tu propia cama…

Lola Arias se enteró de que había ganado el Ibsen cuando la llamaron a su casa en Alemania. No sabía de la existencia del premio. Foto: Gustavo Gavotti/ Prensa Teatro San MartínLola Arias se enteró de que había ganado el Ibsen cuando la llamaron a su casa en Alemania. No sabía de la existencia del premio. Foto: Gustavo Gavotti/ Prensa Teatro San Martín

Intimidad y situaciones extremas

-Admiro tu obra, algo me produce ser espectador de tus trabajos, pero no sé bien cómo definir la sensación…

-La relación entre el espectador y el performer es diferente, distinta a la que se establece en una obra de ficción con el público y los actores profesionales. En mi teatro se produce un nivel de intimidad y de cercanía poco habitual. El performer es alguien que está reconstruyendo un pedazo de su vida. Que está tomando un riesgo importante, que comparte historias dolorosas. Los veteranos de Malvinas hablaban de matar o morir. Situaciones extremas que generan empatía, porque el espectador sabe que esa persona no está contando una ficción, sino que está reconstruyendo un pedazo de su vida.

-¿Cuándo te diste cuenta que ese era el tipo de teatro que te interesaba hacer? ¿Es algo que inventaste vos? ¿De dónde viene?

-Son varias preguntas juntas. Yo estudié dramaturgia, empecé haciendo ficción y gradualmente me fui inclinando por la no ficción. Fue un proceso. Al principio, lo real se fue colando de a poco con historias de la vida de los actores, hablo de actores profesionales y de elementos que se empezaron a filtrar en las ficciones de mis inicios.

Mi vida después fue mi primera obra documental. Ahí trato de reconstruir la historia de mi generación, la Dictadura a través de los hijos y las hijas. El proceso fue paulatino, no es que un día me desperté y dije: quiero hacer no-ficción. Es una realidad que se fue colando en un teatro de ficción hasta llevarlo a otro lado.

-Pero es teatro…

-Es teatro, claro, no son testimonios. Se hace una puesta en escena, hay un texto, música, pantallas. Creo un objeto artístico en el cual lo real nunca es un documento desnudo.

Una imagen de Una imagen de “Reas”, la película de Lola Arias que se podrá ver en el CC San Martín.

-Declaraste que el teatro de ficción era como un “museo del pasado”…

-Dije que a veces es un museo del pasado, porque hay muchas convenciones que el teatro acarrea a lo largo de los años. Convenciones sobre cómo debe ser una escenografía, cómo actuar, sobre lo que se debe o no se debe ver en escena… Yo creo que hay que cuestionar ciertas formas.

Docencia y trabajo más allá del rol de directora

-¿Cómo se hace para que un “no actor” esté arriba del escenario? Hablé con Rubén Otero, ex combatiente de Malvinas que trabajó con vos en “Campo minado”, y me dijo que lo tuviste que convencer, porque él tenía sus ocupaciones en una imprenta familiar y le costaba bastante comprometerse con tu proyecto.

-Un no actor se transforma en performer con trabajo, con clases de teatro, actuando, entrenando físicamente, musicalmente, repitiendo un texto como 150 veces, entendiendo cómo se transmite una emoción…

-Eso es docencia.

-Es docencia y es agotador, sí, es intenso, pero también es interesante descubrir al artista en alguien que jamás imagino tener eso adentro. Si elijo, voy a luchar hasta el final para que esa persona se suba al escenario. Con Rubén, por ejemplo, pasó eso. Una sola vez en 20 años de teatro documental alguien se bajó de una obra a una semana del estreno. Solo una. Elijo gente que se puedo comprometer.

Además, yo hago mucho por ellos. Ahora estoy trabajando con personas que salieron de la cárcel hace dos o tres años, gente que, imaginate, tiene una vulnerabilidad extrema. Una de las performers fue mamá hace dos meses y está ensayando todos los días. ¿Cómo hice? Tuve que conseguirle una niñera. También tuve que conseguir un departamento cerca del teatro. Son obras que significan un cambio radical para las personas que trabajan. Hay que generar una serie de condiciones ideales para que los performers puedan comprometerse.

-Imagino un “lucro cesante” de los participantes, ¿qué presupuesto manejas?

-Para este proyecto hay 20 coproductores. Invertí un año en buscar inversores para la obra. Cada uno pone un poco de plata. También el Teatro San Martín.

Otero charló con nosotros unos años atrás. Ex combatiente de Malvinas, integrante de una banda clon de Los Beatles y dueño de una pequeña imprenta familiar, dijo que Lola lo seleccionó para que actúe su propia historia junto a otros cinco soldados. Campo minado eran tres argentinos, dos ingleses y un gurkha que, pese a pelear para el ejército británico, recién en 2009 pudo vivir con su familia en Inglaterra.

“Fuimos a Inglaterra y la obra tuvo un montón de cambios”, nos dijo Otero. “Se hizo otra obra. Había cosas que a ella no le parecían. Yo no sé qué cabeza tiene esta piba… ¡fue logrando cada cosa con nosotros! ¿Como trabaja Lola? Trabaja así: yo contaba mi historia y ella escribía y hacía una edición, sacando lo que no consideraba relevante. Todo lo que yo digo en el escenario es lo que me pasó. Digo por ejemplo: Nuestra misión era atacar la flota inglesa por el sur de Malvinas, pero el 2 de mayo por la madrugada se aborta la misión y nos dan la orden de poner rumbo al continente (…) Siento un estruendo como si el Crucero hubiera chocado contra una montaña y se corta la luz.

“Campo Minado”, la obra de Lola Arias que reunió a veteranos argentinos e ingleses que pelearon en las Islas Malvinas. Foto: EFE

Otro estruendo, se escuchan gritos (…) El Crucero se está incendiando, hay humo por todos lados. Busco mi salvavidas. Voy a hacia la cubierta principal, el barco está inclinado y como el piso está cubierto de petróleo es imposible caminar. Llega la última orden: ¡abandonen el buque! Tiramos la balsa al agua, estoy a cuatro, cinco metro de altura, la balsa se mueve de un lado a otro. Tengo que saltar y no caer al agua. De repente una burbuja gigante aparece entre el Crucero y la balsa que nos empuja y nos aleja definitivamente del Belgrano. Después de 41 horas aparece el destructor Bouchard y nos rescata. Tenía la mitad de mi cuerpo congelado. Inglaterra estableció que cualquier buque de la Argentina que estuviese a menos de 200 millas marinas de las islas podía ser atacado. El Crucero General Belgrano estaba fuera de esa zona cuando lo hundieron. 323 marinos perdieron la vida. La mitad de todos los argentinos que murieron en la guerra”.

La importancia del Premio Ibsen

-Ganaste el Ibsen 2024, Lola. Explicale a la gente qué significa ese premio.

-No sabía lo que era el Ibsen. Esa es la verdad. Cuando gané me dijeron que era como el Nobel del teatro, el premio más importante que existe de teatro a nivel mundial en términos de dinero. Y de reconocimiento.

-¿250 mil dólares?

-Sí, y las personas que fueron reconocidas con el Ibsen son grandes maestros.

-¿Vos te postulaste?

-¡No! Es un jurado que observa, que está evaluando gente y un día y te dice: te lo ganaste vos. Algo mágico, desconcertante. Yo me enteré el 20 de enero de este año. Estoy viviendo en Berlín desde hace cinco años. Me escriben de Noruega a mi casa de allá para decirme que querían tener una cita conmigo. Me encuentro con una persona, me regala una primera edición de Casa de muñecas (de Ibsen) y enseguida me informa que había ganado yo. Le pregunte qué era el Ibsen. Estaba tan fuera de mi alcance que no sabía de su existencia. Soy la segunda mujer que lo gana y la primera latinoamericana.

-Imagino el orgullo que sentís…

-Me parece increíble más allá de mis capacidades. Que hayan elegido a alguien que hace teatro de no ficción, que pongan el ojo en un teatro que tiene un factor de riesgo mucho mayor que el teatro de ficción, me conmueve. Lo que yo hago, además de ser agotador, tiene un riesgo real. Estás todo medio fuera de control. Hasta último minuto no sabés cómo va a salir.

Lola Arias, aún  no decidió qué va a hacer con los 250.000 dólares del premio Ibsen. Foto: Cherie BirknerLola Arias, aún no decidió qué va a hacer con los 250.000 dólares del premio Ibsen. Foto: Cherie Birkner

-¿Qué vas a hacer con esa plata?

-No sé, no lo tengo pensado. Algo que sea un sueño.

-¿Por qué vivís en Alemania?

-Porque si viviera acá no podría vivir de lo que hago. Tendría que dar clases, hacer otras cosas, dedicarme al teatro comercial, algo que no me interesa. Allá puedo vivir de mi trabajo y eso acá, en la Argentina, es imposible. No conozco nadie acá que viva del teatro.

-¿Cuál fue la obra que más satisfacciones te dio?

-Mmm, obviamente que Campo minado fue una obra muy importante en mi carrera. También Mi vida después. Se trató de momentos bisagra donde sentí que algo empezaba a cambiar en mi carrera.

-Al estilo Lucía Puenzo y Sergio Bizzio, ¿vos también tenés una sinergia creativa con tu pareja (Lola vive con el escritor Alan Pauls)?

-Sinergia creativa, ja. Alan es muy importante. Nosotros estamos juntos hace 12, 13 años y es muy importante en el desarrollo de mis obras. Viene a los ensayos, opina, dice cosas que considero importantes. Cotejo con él lo que estoy haciendo. Sé que hay parejas que trabajan como equipos artísticos, pero en nuestro caso decidimos no hacerlo. Alan está siempre presente, aporta muchísimas ideas aunque oficialmente nunca tuvo un rol.

-¿Trabajarías en una ficción plana con actores de verdad tipo, no sé, Luis Brandoni?

-Con Brandoni seguro que no.

-¿Por?

-Porque es un macrista. No trabajaría con una persona con la que tengo enemistad ideológica, a menos que quiera tener un facho arriba del escenario. Ahí puede ser.

Información

El próximo viernes 17 de mayo a las 20, Lola Arias estrenará en el Teatro Presidente Alvear (Avda. Corrientes 1659) Los días afuera, musical protagonizado por Yoseli Arias, Paulita Asturayme, Carla Canteros, Estefanía Hardcastle, Noelia Pérez e Ignacio Rodríguez. Música en escena: Inés Copertino. Las funciones serán de miércoles a domingos a las 20 horas, con entradas desde $4.700.

En tanto, la película Reas tendrá 5 únicas funciones en El Cultural San Martín, Sarmiento 1551, (sábado 18 de mayo, 18 y 20 horas; domingo 19, 18 horas; y domingo 26, 16 y 18 horas) y continuará luego su recorrido en otras salas de la Ciudad de Buenos Aires y el país.

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