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Los días de la fiebre: así irrumpió el virus en Corea del Sur y transformó el país

Autor: El Confidencial

”Es doloroso pensar en un mundo sin bares. Los conozco desde los diecisiete años. Extraño poder decir: qué pereza ir a un bar, mejor quedémonos en casa”. El escritor y periodista Andrés Felipe Solano (Bogotá, 1977) escribió estas frases hace solo unas semanas en su casa de Seúl, donde vive junto a su mujer desde hace siete años. Forman parte de las notas que tomó desde el instante en el que comenzaron a flotar en el ambiente las noticias sobre el nuevo virus que se propagaba en la provincia china de Wuhan. Hacia el 20 de enero. Leídas hoy estas notas, compiladas en ‘Los días de la fiebre’ y publicadas por Temas de Hoy, impresionan porque, como si fuera un relato de J.G. Ballard (con gente encerrada en resorts y cruceros), dan cuenta del recorrido, no médico y científico, sino psicológico y emocional del virus. Cómo vivíamos normal y dejamos de hacerlo. Desde España lo reconocemos. A pesar de las diferencias, porque entre cómo Corea del Sur y nuestro país -y buena parte del mundo- atacó el virus median muchas mascarillas, muchos test, muchas apps de rastreo y muchísimos menos muertos (aunque la población es similar).

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Y, sin embargo, todo empezó más o menos igual. Como relata Solano via Skype, el coronavirus se plantó en Corea hacia mediados de enero con una contagiada de 35 años que venía, precisamente, de Wuhan. Por aquel entonces el asunto sí revoloteaba en los informativos, pero no se le daba demasiada importancia. La población seguía saliendo mucho a los restaurantes -a los coreanos les encanta salir a comer y muchos platos son compartidos-, a tomar copas por el barrio de Itaewon en Seúl, muy cerca de donde vive el escritor, y el Gobierno tampoco había tomado ninguna medida, más allá de leves consideraciones como toser en el ángulo del codo. De hecho, ni siquiera se había confinado todavía a Wuhan. “Incluso un político llegó a decir que era una gripa fuerte”, añade Solano.

'Los días de la fiebre'
‘Los días de la fiebre’

Todo cambió con el brote en una secta cristiana en Daegu pocos días más tarde. Aquello disparó los contagios. Prácticamente lo mismo que ocurrió en España y en Francia con varias organizaciones religiosas algunas semanas más tarde, en febrero. Pero a partir de este momento es cuando todo empieza a ser diferente. En Corea hay algo que lo cambió todo: la epidemia de MERS sufrida en 2015.

“Esta epidemia en buena manera preparó al Gobierno. Porque en 2015 hubo tantos problemas y se manejó muy mal… Corea fue el segundo país con más contagios después de Arabia Saudita. Solo ese dato… Y fue muy mal manejado para la opinión pública. No se daba información… Muchos de los infectados se contagiaron en el hospital. Por ejemplo, un hombre de unos 65 años fue a un hospital y no lo atendían y luego fue a otro y tampoco… Y contagió a un montón de gente. Desde ese momento cambiaron los protocolos hospitalarios y se le puso mucho cuidado a eso porque se sabía que si había un hueco por ahí… el número de contagios iba a ser total”, comenta Solano.

Sin confinamiento

Con 5.000 infectados y 32 muertos, el Gobierno empezó a actuar (en España también teníamos algo más de 5.000 contagiados, pero 136 muertos el 14 de marzo). Estaba más preparado y la población también. Por ejemplo, los ancianos. También hubo focos en residencias y uno de los más importantes fue en un hospital psiquiátrico, pero algo que hicieron muchas personas mayores desde los primeros momentos fue quedarse en su casa. “Como mi suegro, que iba diariamente a un centro de día y dejó de hacerlo porque sabía que ahí se podía contagiar”, dice el escritor. No había obligación de quedarse en casa pero la gran mayoría, también niños y adultos, lo hizo. “En un principio se pensó en hacer lo mismo que en Wuhan y cerrarla por completo. Pero finalmente se tomó la decisión de seguir los protocolos que están diseñados desde hace mucho tiempo: el uso de mascarilla y los tests masivos”, señala Solano.

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Los restaurantes, los bares, los cines siguieron existiendo. Aunque fuera mucha menos gente. “No había obligación, pero la mayoría optó por quedarse en casa”, apunta el escritor.

El escritor Andrés Felipe Solano
El escritor Andrés Felipe Solano

Eso sí, quien salió se puso la mascarilla y nadie vaciló. “Nunca se pensó que no eran efectivas. Ya desde la primera semana, cuando todavía el virus solo estaba en las noticias, mucha gente empezó a llevarlas. En Corea en primavera hay mucha polución y ya hay mucha gente que la lleva porque hay mucho polvo y la gente está acostumbrada. Pero no era una obligación. Solamente el Centro de Enfermedades Contagiosas dijo que una de las precauciones a tomar era usar mascarilla y toda la gente empezó a usarla”, comenta el escritor.

El MERS preparó al Gobierno. Porque en 2015 hubo tantos problemas y se manejó muy mal… Corea fue el segundo país con más contagios después de Arabia Saudita

De hecho también relata que, pese a que allí hay más costumbre, se hizo raro hacer cola para disponer de ellas, ya que el país tuvo que racionarlas y prohibir su exportación porque se quedaban sin ellas. Hubo conversaciones sobre los tipos de mascarillas o tapabocas, como las llama Solano con su dialecto colombiano. Ahora, con un número ya suficiente, la población las sigue utilizando. “Es muy raro quien no la lleva. Me atrevería a decir que tiene un problema mental, que no está al tanto de la situación, no la lee muy bien”, apostilla.

Apps de rastreo…

Además de las mascarillas pronto se pusieron en marcha también decenas de aplicaciones de rastreo creadas en algunos casos por universitarios, como el Corona Map. “Consulto el Corona Map en mi teléfono. Antes, los escasos puntos se encontraban en Seúl y alrededores. Ahora hay varias decenas en la zona que corresponde a Daegu, la cuarta ciudad de Corea. Justo cuando tengo abierto el mapa, aparece un nuevo punto. Y a los pocos segundos uno más. He oído de otra aplicación, también ideada por un particular. Ambas se sostienen con donaciones, pero ya buscan inversores. Corona 100 le avisa al usuario si ha estado a menos de 100 metros de un lugar visitado por un infectado”, escribe Solano en sus notas.

Los coreanos prefieren una app que te rastree tus pasos durante dos días a estar encerrado en tu casa como en una cárcel por semanas o meses

¿No dan estas apps un poco de miedo por el tema de la privacidad? “No, porque si lo ponen en la balanza, que te rastreen tus pasos por un par de días sabiendo que estás infectado – solo se lo hacen a quien está infectado- frente a estar en la casa como una cárcel por semanas o meses los coreanos prefieren las aplicaciones”, contesta el escritor.

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Por otro lado, no hay ninguna obligación de instalarla en el móvil. Solo es necesario en el caso de los retornados. “La diáspora coreana es muy grande, sobre todo en EEUU, en Nueva York y Los Ángeles, Y muchos decidieron volver al país porque se dieron cuenta de que si se contagiaban allí lo iban a pasar muy mal. En Corea por los menos podían contar con pruebas gratis e incluso el Gobierno se encarga de los infectados y no tienen que pagar nada”, explica Solano, que añade que el Gobierno sí se tuvo que poner un poco duro con este asunto:. Al principio, el Gobierno solo obligaba a la cuarentena, pero como algunos salieron de sus casas y hubo contagios ahí fue cuando se decidió instalar la app para los retornados, que se la tenían descargar en el aeropuerto y si no, no entraban”.

Y muchos tests (más con la segunda ola)

Junto las apps de rastreo también hubo pronto empresas que empezaron a probar test PCR desde la semana del primer contagio. A las dos semanas se comercializaban. Esta es otra medida, cuenta el escritor, que también se aprobó después de la epidemia del MERS, que se hicieran los tests y se aprobaran lo antes posible.

Estos test se hacen a las personas con síntomas, pero también a aquellas que se cree que han estado en contacto con algún foco de contagio aunque se encuentren asintomáticas. De ahí el uso masivo de las apps de rastreo. “A mí me lo hicieron no hace mucho porque salimos por una zona de ocio nocturno que había sido un foco. Nos empezaron a llegar mensajes al móvil de que por favor nos hiciéramos las prueba, aunque tampoco es obligatorio. Al tercer mensaje, dijimos de hacérnoslo porque el centro estaban muy cerca. Y sí, estábamos en la base de datos y nos lo hicieron. Tuvimos los resultados a las ocho de la mañana del día siguiente. Y como era negativo no teníamos que hacer la cuarentena”, comenta Solano, que afirma a su vez que estos PCR por estar en zonas de contagio han aumentado en el último mes. Son test gratuitos.

El miedo a un segundo brote obligó al Gobierno a buscar a través de las compañías de teléfonos quiénes habían estado en zonas de contagio. Y a esas personas se les sugirió hacerse el test

“El miedo a un segundo brote obligó al Gobierno a buscar a través de las compañías de teléfonos quiénes habían estado en esas zonas durante esos días. Y a esas personas se les sugirió hacerse el test. Nadie va a tu casa con un policía para que te hagas la prueba, pero como estaba en la noticias todo el tiempo la gente se lo ha hecho”. A día de hoy se han realizado test a más de un millón de personas.

¿Y España?

En enero Solano solía recibir mensajes de sus amigos en España preguntándole cómo estaba. Las noticias por aquí afectaban entonces a China, Corea del Sur, algo Irán. Todavía casi ni se hablaba de Italia y mucho menos España estaba en el foco. Un mes después todo había cambiado.

“Para mí fue como ver caer las fichas de un dominó. Irán, Italia, España, Francia… Lo que me sorprendía era la proporción de muertos y nunca he sabido bien por qué. En Corea los muertos son 280, no llega a 300. Y la población es igual que la de España”, sostiene. Fue él quién empezó a escribir a sus amigos españoles preguntándoles cómo estaban.

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De España no se entendía por qué se discutía sobre el uso de las mascarillas y por qué estaban encerrados todo el tiempo

“De España lo que los coreanos menos entendían era por qué se discutía sobre las mascarillas, por qué estuvieron dos semanas discutiendo si eran o no una buena idea usarlas. Por qué no se la pusieron esas dos semanas y ya se sabría más adelante si fue una buena idea o no. Y luego a mucha gente le sorprendió que estuvieran encerrados todo el tiempo”, añade el escritor que también cuenta cómo a muchos coreanos se les cayó la venda de los ojos con EEUU, un país con el que después de la II Guerra Mundial se siente bastante hermanado. “Cuando vieron cómo se desplomaba fue muy sorprendente, Y los ha hecho mirar más en sus propias medidas y formas de hacer las cosas”, insiste.

Refuerzo de la democracia

De hecho, el escritor comenta que la epidemia ha revalorizado las instituciones democráticas del país, que no hace tanto, hasta entrados los ochenta, fue una dictadura. Y también al Gobierno, del Partido Demócrata (centro-izquierda). “El voto del 25 de abril fue de confianza a este Gobierno. La gente se ha sentido bien con la gestión del Gobierno porque se ha cumplido la información, ha habido test…”, indica Solano. No obstante, también ha tenido sus críticos, como los pastores cristianos ante algunas medidas de medio encierro: “Los pastores de las iglesias cristianas, que persisten en ofrecer sus servicios religiosos los domingos, llaman a la desobediencia civil, son los nuevos anarquistas”, cuenta en el libro.

Muchos bares de Itaewon, donde hubo un brote, tuvieron que cerrar durante semanas (EFE)
Muchos bares de Itaewon, donde hubo un brote, tuvieron que cerrar durante semanas (EFE)

Obviamente, hay consecuencias económicas como la bajada del turismo en un país que empezaba a vivir de él, incluso con turistas llegados de Europa y América Latina -el refuerzo este año de la película ‘Parásitos’ hubiera sido impagable- y también el descenso de las exportaciones. El parón del consumo fue muy importante. Hubo zonas como Itaewon en la que los bares cerraron varias semanas por el foco de contagio que hubo. “El Banco Central ya ha anunciado que estamos en recesión”, comenta Solano. Después habrá que ver las consecuencias psicológicas que traerá haber vivido en una especie de relato de Ballard en el que se llegaba a pensar “es viernes. Ya no importa que sea viernes, en todo caso no saldremos” (…) “¿Sueñan los humanos confinados con ovejas pastando?”.

Retomar la vida

Pero mientras tanto el país intenta desperezarse y volver a vivir incluso ante la segunda ola de virus que atraviesa estas semanas (hay una media de 50 contagiados diarios pero ya hay preocupación). Volver a ir con asiduidad a los restaurantes, – “a los pocos minutos de probar el plato la lengua y los labios me palpitan” – aunque haya que usar la mascarilla y el gel a la entrada o dar todos tus datos, incluso la temperatura corporal, cada día que vas al gimnasio. O programar unas vacaciones, como las de Solano y su mujer, a Busán este mes de julio. Y todo eso sin sentirse culpable, que muchas veces es lo más difícil.

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