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Mario García Romo, bronce en la exhibición de Ingebrigtsen en la final del 1.500

Autor: Javier Aspron

García Romo, tras Ingebrigtsen, durante la final del 1.500

García Romo, tras Ingebrigtsen, durante la final del 1.500 EFE

Atletismo

Europeo de Múnich

El salmantino suma la séptima medalla en una final que el noruego llevó a un ritmo infernal

Javier Asprón

18/08/2022

España sigue de fiesta en Múnich. No hay día sin sonrisa desde que comenzará el Europeo el pasado lunes. Ya son siete las medallas después de que Mario García Romo quedará tercero en una final de 1.500 metros llevada por Jakob Ingebrigtsen a un tren infernal, un sálvese quien pueda en el que el salmantino supo apretar los dientes para asegurarse el bronce en medio de la escabechina del prodigio nórdico, que con solo 21 años rubricó su segundo doblete continental tras imponerse también en la final del 5.000.

Ingebrigtsen no encontró esta vez, como ocurrió en Oregón, un Jake Wightman que le estropeará su exhibición y ganó en 3:32.76. Lo intentó García Romo, que siguió a pies juntillas la estrategia que había planeado desde que firmó su pase a la final. Seguir al noruego y rezar para llegar con fuerza a la recta final. El plan no iba mal tirado. Ingebrigtsen se situó en cabeza desde la primera vuelta e imprimió un ritmo tremendo. La parte de atrás del pelotón era un espectáculo. Poco a poco se iban eliminando rivales. Una sangría. Entre los caídos antes de tiempo, un Ignacio Fontes al que la pájara le llegó a falta de dos vueltas. Fue undécimo en la meta. Mejor llegó Gonzalo García, de menos a más para acabar sexto.

Ingebrigtsen pasó el 400 en 56.34. Y el 800 en 1:54. Tiempos propios de un mitin de alta categoría que al final le dejaron sin rivales. Cuando el noruego entró en la recta final ya galopaba solo. El último en resistirse fue García Romo, siempre a la sombra del campeón, pegado a la cuerda, apretando los dientes. Pero le sobraron metros. Resistir tanto tiempo el ritmo del campeón le hizo perder hasta su correr elegante y quedarse sin cambio para el último cien. Ahí fue superado por el británico Jake Hayward, plata. Si resistió la llegada del italiano Pietro Arese, que entró a solo doce centésimas de él, fue por puro coraje. A esas alturas Ingebrigtsen, también campeón olímpico en esta distancia, celebraba ya su éxito sin haber perdido el impecable peinado. Un talento digno de estudio el suyo.

El bronce, en todo caso, es un botín más que excelente para un atleta que ya había causado sensación en el pasado Mundial de Oregón. Entonces, en su debut como internacional, se quedó a las puertas de la medalla de bronce (entró a 30 centésimas de Katir), pero más allá de eso sorprendió por rebajar en más de cinco segundos su mejor marca personal para dejarla en 3:30.20 y convertirse en el tercer mejor español de todos los tiempos sobre la distancia, solo superado por Fermín Cacho y el propio Katir.

Toca celebrar, pues, y la de García Romo (23 años) será una medalla viajera, como lo es su dueño. Irá cuanto antes a Villar de Gallimazo, el pequeño pueblo salmantino donde se crió el atleta. Ahí, por sus caminos de tierra, rodeado de huertos, comenzó a correr y aprendió la ética del trabajo y del esfuerzo, la que le inculcaron sus padres, albañil y limpiadora. También conoció la importancia del estudio, en una pequeña escuela que compartía con apenas una decena más de chavales. Porque Mario es un estudiante de diez, literalmente. Esa fue su nota final en el colegio, completada después con la máxima nota en la Selectividad. Empezó Biotecnología en Salamanca, pero al año siguiente quiso seguir los pasos de su hermano Jaime y se marchó a la Universidad de Mississippi. Allí lo más parecido era Química, y aunque no era su carrera soñada le aseguraba una plaza en los Ole Miss, uno de los equipos universitarios de atletismo más potentes. También allí viajará la medalla. García Romo guarda muy buenos amigos y en la vitrina de trofeos de la Universidad luce el título universitario de la milla que logró el salmantino el pasado marzo.

Estrella En Colorado

El último destino de la medalla será Boulder, en el estado de Colorado. Desde este verano ese es el nuevo hogar del nuevo medallista europeo. Allí, a 1.600 metros de altitud, está la sede de On Athletics, un club de nuevo cuño que ha empezado a captar a algunos de los atletas de mediofondo y fondo de mayor talento a nivel mundial. García Romo trabajará a las órdenes de Dathan Ritzenhein, un técnico venerado en Estados Unidos. El salmantino, curtido en la vetusta pista del Helmántico, asegura que nunca había entrenado de forma tan profesional, y está convencido de que su margen de progresión es gigantesco. De ser así, el atletismo español volverá a estar de enhorabuena.

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