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Mi celular enmudece

Autor: Jaime Marin

Los parientes, igual que los amigos —muchos de ellos de toda la vida— poco a poco han ido callando sus voces. Eso repercute en mi celular. No hace mucho sonaba incesantemente en fechas “especiales” de mi existir. Desde siempre, nuestra idiosincrasia, costumbres y cultura nacional han jugado y juegan un papel relevante en asuntos conmemorativos.

Para nosotros los mexicanos, cualquier pretexto asociado con un acontecimiento o fecha memorable es buena oportunidad para cruzarnos felicitaciones. Hasta hace relativamente poco tiempo, enviar por correo o entregar personalmente una felicitación impresa era lo usual. Había tarjetas para cualquier festejo. En el caso de la Navidad nos enviábamos tarjetas de ida y vuelta con paisajes invernales. Aquellos que tenían más parientes y relaciones recibían y enviaban más tarjetas.

A partir de la invasión exponencial de las computadoras y los teléfonos celulares, las tarjetas de Navidad y las otras pasaron a la historia. El sistema para enviar felicitaciones cambió. Ahora, merced a la tecnología integrada en estos avanzados aparatos todo es cibernético. Lo de hoy son mensajes virtuales para cualquier celebración: aniversarios, onomásticos, cumpleaños…

De un par de años a la fecha mi celular empezó a enmudecer. Antes, desde temprano sonaba estrepitosamente los días de mi cumpleaños. No son pocas las voces de amigos míos muy cercanos y parientes muy queridos que han ido enmudeciendo. Hoy día recibo menos llamadas. Muchas de aquellas las añoro profundamente. No escucharlas más me causa tristeza. Esas voces eran para mí un bálsamo aderezado con recuerdos y vivencias, y que no volverán. 

Charlando hace poco con un amigo le dije: mi celular enmudece, supongo que es parte de la vida. Mi amigo me miró fijamente y con voz pausada dijo: “así es Jaime, el silencio es un componente de la vida. Nada es para siempre. Hoy sólo nos quedan recuerdos de aquellas voces de parientes y amigos entrañables”.

Colofón

Una voz que desde hace seis u ocho meses no he vuelto a escuchar, es la de mi amigo Jesús Castillo Telles (Chuy). Repentinamente dejó de comunicarse conmigo. No ha respondido mis llamadas ni mis mensajes. He preguntado por él a diferentes personas que lo conocen, nadie sabe su paradero. Tengo un mal presentimiento. Si acaso tú, estimado lector/a, lo conoces y sabes algo de él, agradeceré me informes. Mi correo electrónico está en la parte superior de este texto. 

Jaime Marín

jaimemarinsr@jmarin.com

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