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Opinión: Por qué solo Amy Coney Barrett puede tenerlo todo

Autor: YahooNoticias

SU SÓLIDA FE, SU ACEPTACIÓN DE LA MATERNIDAD Y LOS LOGROS DE SU CARRERA LA HAN CONVERTIDO EN UN ICONO DE LA DERECHA. ENTONCES, ¿POR QUÉ NO SE ANIMA A MÁS CHICAS CRISTIANAS Y CONSERVADORAS A SER COMO ELLA?

Amy Coney Barrett, cuya audiencia de confirmación a la Corte Suprema comenzó el lunes, es un icono viviente para las mujeres cristianas conservadoras. La jueza Barrett ha combinado los senderos de la maternidad y la carrera, con lo cual ha demostrado que ambos pueden ser vocaciones sagradas.

Su historial judicial mantiene viva la posibilidad renovada de tener una Corte Suprema con una mayoría conservadora durante décadas; su papel como madre de siete hijos, entre ellos dos adoptados y uno con necesidades especiales, es un testimonio de la manera en que sus opiniones provida se confirman en su vida personal.

Desde que el presidente Donald Trump anunció su plan de nominar a Barrett, muchos cristianos conservadores se han emocionado ante la posibilidad de su poder simbólico en las guerras culturales. Los grupos antiaborto como Concerned Women for America y la Susan B. Anthony List están haciendo campaña en su nombre, mientras los senadores Josh Hawley, Marco Rubio y Ben Sasse han defendido su fe en contra de lo que consideran como prejuicios anticristianos.

Para sus defensores, Barrett representa una nueva clase de fortaleza femenina: la prueba viviente de que las mujeres poseen la fuerza necesaria para tener una carrera e hijos y que, a final de cuentas, el aborto podría servir primordialmente para que los hombres (las parejas sexuales) y los jefes (los lugares de trabajo discriminatorios) se libren de culpa cuando se trata de buscar una verdadera equidad de género.

Por lo tanto, vale la pena preguntarse: si la fe católica de Barrett y los logros indiscutibles de su carrera la vuelven una heroína tan joven para la derecha cristiana, ¿por qué el cristianismo tradicional no fomenta que existan más mujeres como ella?

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Dejemos algo claro, incluso en comunidades seculares pocas personas pueden ser como Barrett. La mayoría de los estadounidenses no disfrutan de los privilegios de clase y educación de élite que ella ha tenido como jueza federal y académica legal. Un lugar de trabajo flexible y un cónyuge solidario —cosas que muchos hombres dan por sentado— siguen siendo elusivos para muchas mujeres.

No obstante, hay otra razón para explicar por qué pocas mujeres cristianas pueden aspirar a ambiciones profesionales y una vida familiar de manera simultánea de la misma manera que lo ha hecho Barrett: en las comunidades cristianas tradicionales, a menudo se les pide a las mujeres que sacrifiquen lo primero en el altar de lo segundo.

La investigación para un libro que escribí sobre los papeles de las mujeres cristianas sugiere que Barrett es la excepción, no la regla, de las enseñanzas cristianas tradicionales sobre el trabajo y la vocación de las mujeres. La mayoría de las más de 125 mujeres que entrevisté durante dos años comentaron que otra mujer, un pastor o un profesor les había dicho que ser esposa y madres, por designio divino, era su vocación más alta… y que una carrera las distraería de eso. Como tal, muchas mujeres cristianas con ambiciones profesionales se sienten menos cristianas, o menos mujeres, si siguen esas ambiciones de la manera en que lo hizo Barrett.

Si la segunda ola del feminismo denigró el cuidado y la atención de la familia, durante los últimos 50 años, muchas comunidades cristianas respondieron imbuyendo la maternidad con un resplandor sagrado (visita una iglesia evangélica durante el fin de semana del Día de la Madre y tal vez quedes deslumbrado).

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Esa vergüenza se hace cumplir con rigor desde el exterior. Una mujer joven que entrevisté le dijo a su pastor con emoción que la habían aceptado en la escuela de derecho. El pastor le respondió que debía considerar que ningún hombre cristiano se iba a querer casar con una abogada. En su primera visita a una megaiglesia de Seattle, una directora de publicidad escuchó al pastor predicar que no conocía a ninguna mujer que hubiera trabajado fuera de casa. Una mujer cristiana de la tercera edad me dijo, cuando yo tenía 27 años, que, si seguía invirtiendo en mi carrera, iba a perder la oportunidad de casarme y tener hijos… y que debía decidirme pronto.

Estas actitudes caen en la noción de que las “buenas” mujeres cristianas solo pueden ser una cosa (también generan cuestionamientos comprensibles sobre la propia comunidad de fe de Barrett, la Gente de Alabanza, y sus enseñanzas sobre el papel de los hombres como líderes).

Los cristianos tradicionales creen que Dios diseñó a los hombres para ser líderes de la iglesia y el hogar, y que en esas esferas las mujeres deben someterse al liderazgo masculino. Esto explica por qué a muchos cristianos les cuesta alentar a las mujeres a tener trabajos y carreras donde ejercerán una autoridad sobre los hombres. Si una iglesia enseña que la esencia de la feminidad es la sumisión divina, entonces es difícil, a su vez, impulsar a las mujeres que tienen la vocación de liderar y tener autoridad en el trabajo. En 2017, la encuestadora evangélica Barna Group encontró que, de todos los estadounidenses, los evangélicos eran el grupo menos propenso a sentirse cómodo con un lugar de trabajo donde hubiera más mujeres que hombres. También es el grupo menos propenso a creer que las mujeres enfrentan obstáculos en el trabajo.

La misma Barrett demuestra que las mujeres pueden ser muchas cosas a la vez: estudiante consumada, profesora de derecho, jueza, madre, lideresa espiritual, esposa y, en sus propias palabras, “representante de los padres de familia, chofer de un auto compartido y organizadora de fiestas de cumpleaños”. En un evento de 2019, Barrett señaló que esto no sería posible sin un marido que es una “pareja totalmente comprometida” en la crianza de los hijos y el manejo de una casa. En otras partes, Barrett ha dicho que en sus lugares de trabajo, bien sea en oficinas o los tribunales, existe una cultura que permite la presencia de sus hijos.

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Barrett está en camino de convertirse en la mujer cristiana conservadora más visible en la vida pública desde Sarah Palin, quien alguna vez respondió a las preguntas sobre el equilibrio entre su familia y el trabajo de la siguiente manera: “Para todos los que critican a una mujer porque no puede pensar, trabajar y cargar un bebé al mismo tiempo, me gustaría mucho acompañar a esos Neandertales de regreso a la cueva”, (me imagino que la jueza Ruth Bader Ginsburg habría estado de acuerdo).

No obstante, si una generación de niñas va a seguir los pasos de Barrett, necesitará el apoyo explícito de sus líderes religiosos. Como tal, las comunidades evangélica y católica tradicional deben encontrar la manera de honrar y confirmar las ambiciones de la mitad de sus miembros.

Podrían hacerlo enseñando la dignidad del trabajo profesional “secular” en todos los niveles; defendiendo en público políticas generosas en los lugares de trabajo a favor de la familia; confrontando el sexismo y acoso sexual fuera y dentro de la iglesia; y convocando a los hombres a defender las carreras de sus esposas y compartir las tareas familiares.

Sin embargo, aunque muchos líderes cristianos confirmaran estas metas, se necesitaría algo cercano a una inversión de las normas de género basadas en la iglesia para que una oleada de hombres cristianos ponga primero las carreras de sus esposas y asuman el papel del principal responsable del hogar, de la misma manera que lo ha hecho el marido de Barrett.

Ha sido descorazonador ver tanto analfabetismo religioso aplicado a la vida personal de Barrett en semanas recientes. Esperaríamos que los periodistas vieran más allá de las novelas distópicas para descifrar qué es una “criada”, por ejemplo. Sin embargo, para dejar las cosas claras, sobre criadas y más allá, los cristianos conservadores deben hacer su parte para imaginar una visión más amplia y humanizada del lugar de las mujeres en la esfera pública. El cristianismo siempre ha tenido una semilla liberadora: una que les dice a las mujeres que el deseo humano de trabajar, crear y dar forma a las instituciones es tan importante, incluso tan sagrado, como su capacidad de tener hijos. Si a los cristianos no les gustan los estereotipos de la criada, ahora es el momento de dejar claro todo lo que pueden hacer y ser las mujeres cristianas.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company

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