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Política interamericana: su continuada complejidad

Autor: Onofre Guevara Lopez

En este momento ya perdió importancia hablar de si la IX Cumbre de las Américas fracasó, si tuvo éxito, un mediano éxito o muy poco éxito. Podrá seguir discutiéndose, pero nada cambiará sus causas que son de vieja data, vale decir, tienen sus raíces históricas. Y la Historia –con mayúscula o minúscula— como se sabe, no es el lado fuerte en la defensa de la geopolítica estadounidense.

Menos valor tendría discutir acerca de cuál de los presidentes de Estados Unidos encabezó la mejor o la peor política exterior –si los demócratas o los republicanos— hacia América Latina en los dos siglos anteriores o en este siglo, porque ninguno de ellos –ni los blancos ni el afroestadounidense— ha tenido facultades o el poder para cambiar la esencia de esa política, aunque puedan imprimirle algún matiz de su propia voluntad. En definitiva, la voluntad de ellos refleja siempre la voluntad de los grupos financieros, monopólicos y del complejo industrial militar.

Hacia este hecho llamó la atención indirectamente una frase que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) utilizó para sentar la posición de su Gobierno –o de México, que es lo que vale en términos legales— durante las discusiones sobre las exclusiones previas a la Cumbre, cuando dijo: Ya no vale, no sirve, estar aplicando políticas de hace doscientos años.

Y ese señalamiento acerca de esa política añeja, conflictiva e inútil se hizo justamente, al aproximarse el año 2023 cuando estará cumpliendo… ¡doscientos años de haberse proclamado la “doctrina Monroe” que los gobiernos estadounidenses no han dejado de aplicar de cualquier manera!

La aplicación de la política monroísta es tan real en estos tiempos como cuando se proclamó, y no sería excusa para esa política que se pretendieran alegar que “los tiempos han cambiado”, porque la certeza de la idea de AMLO coincide con la historia estadounidense de hoy. Lo que ha cambiado son los matices y las formas aplicadas por cada presidente.

Y las intervenciones diplomáticas, económicas, políticas y militares de Estados Unidos solo han tenido diferentes aspectos formales, pero sin ninguna variación en sus objetivos hegemónicos.

II

Los sucesos conflictivos en torno a esta última Cumbre mutilada de las Américas, tenía doscientos años de estar precedida por acciones armadas, políticas y económicas. Y no serán las críticas –fuertes o livianas, de sus amigos o de sus enemigos— las que pudieran motivar en los gobiernos estadounidenses un cambio de visión y de tratamiento en las relaciones interamericanas, por las razones ya expresadas: quienes allá mandan, no son los presidentes.

Lógicamente, sus presidentes han sido, y seguirán siendo las caras visibles del poder político de ese gran país, y ellos personalmente responden ante el público por los resultados de las políticas que están obligados a ejecutar, aunque ellos les pongan énfasis o las desaceleren, según los intereses de los grandes poderes económicos, financieros y militares.

Y eso es así, porque esos poderes son los que financian las carreras de los políticos profesionales, como aspirantes a congresistas, para la búsqueda de altas funciones en el Gobierno y, por último –quienes logran pasar el colador— pasan a ser candidatos presidenciales y hasta ser presidentes. Ya finalizadas sus carreras políticas, cualquiera haya sido el éxito de ellas, pueden aspirar a la presidencia de alguna corporación financiera, industrial o de empresas comerciales.

III

Los analistas del sistema publicitario proestadounidense no dirán nada extraordinario en sus análisis acerca de por qué Joe Biden fracasó, si tuvo un mediano éxito o que tuvo un rotundo triunfo con el montaje de la IX Cumbre mutilada de las Américas, porque se empeñan en evadir las causas históricas de los conflictos actuales.

Contraria a cualquier cosa que se diga al respecto, ahí seguirán incólumes las páginas de la historia. Y la historia particular de los Estados Unidos, está confirmando las dificultades actuales con los países latinoamericanos y del Caribe, porque devienen del hecho de que no les calza bien el desempeño del papel de sembradores de democracia, porque durante los siglos anteriores se han desempeñado como eficientes sembradores de dictaduras.

Esas características de las políticas estadounidenses en sus relaciones con América Latina y el Caribe, no se las va cambiar nada ni nadie desde afuera y seguramente que tampoco desde adentro porque, por una parte, las críticas no destruyen sistemas por sí solas y, por otra parte, internamente no existe fuerza social y política importante con un mínimo interés de cambiarlas.

Las fuerzas externas adversarias son también países hegemónicos o pretenden serlo, y es obvio que, por grandes que sean sus contradicciones con los Estados Unidos, tampoco podrán cambiarle su sistema, y si cometieran la locura de pensar en una guerra, sin duda que provocaría un genocidio atómico universal. Si se trata de los países pobres o mediamente pobres –pese a sus grandes contradicciones por las injusticias que ha sido y siguen siendo tratados en sus relaciones comerciales y políticas— tampoco tienen el poder para pretender la locura de enfrentarse en una guerra con los Estados Unidos.

De esta verdad incontrastable, resalta la mentira de sus inventadas amenazas a su seguridad nacional, porque nadie los amenaza; pero ellos sí asedian y presionan a cualquier país.

No obstante, los pueblos latinoamericanos víctimas de sus injerencias nunca han renunciado a su dignidad nacional, y si han sufrido algún sometimiento temporal, nunca ha sido de forma absoluta y tampoco será para siempre (de Puerto Rico les hablo). Esa misma dignidad les proporciona la fuerza moral para mantenerse alerta y en reclamo permanente y altivo para mantenerse independientes, esgrimiendo las armas de la razón y la justicia que les asiste. Y, lo permanente: reclamando relaciones mutuamente respetuosas con tolerancia a sus propios proyectos nacionales de vida.

Parecerán ideas utópicas ante la granítica terquedad política estadounidense. Pero si hay y son manifiestas las contradicciones políticas con los países latinoamericanos tradicionalmente hegemonizados, es porque sus reclamos de respeto a su independencia son reales y existirán porque renunciar a eso conduce a la claudicación y al sometimiento.

Sin embargo, existen vías ahora obstruidas y, a veces olvidadas: las de la cooperación en todos los campos, la tolerancia mutua y las relaciones cordiales. Son las más difíciles de poner en práctica, pero tampoco son imposibles, y lograrlas está en manos de los pueblos con sus aspiraciones activas y su sentido de sobrevivencia de modo independiente. Esta lucha será tan larga que hasta podría parecer eterna, pero es y será una lucha irrenunciable.

IV

Volviendo a lo real y actual, no es posible hacerse el ciego ante el acuerdo migratorio, quizás el más importante para los Estados Unidos, porque siendo un problema bastante nuevo está envuelto en una vieja retórica, como aquella difunta “alianza para el progreso” de Kennedy, ahora con el empaque de “asociación para la prosperidad económica” marcado por Biden.

Algunos hechos surgidos durante los actos paralelos a la Cumbre oficial con delegaciones no oficiales de la llamada sociedad civil, fue un “gallo pinto”. Nuestros exiliados políticos hallaron una buena tribuna para exponer la trágica situación que vive el pueblo nicaragüense bajo la dictadura, junto a su demanda de libertad para los casi doscientos presos políticos opositores, por años ya bajo las crueldades de la dictadura orteguista.

Los exponentes de esas denuncias son patriotas nicaragüenses que no se conforman con su expatriación y desean ver una Nicaragua libre, para tratar de vivirla en democracia y en paz.  Pero los exiliados no son política ni ideológicamente homogéneos, reflejan la diversidad de la cual está compuesta toda la oposición, cuyos miembros están en el país y dispersos por todo el mundo.

Por ese motivo, es lógico que entre los opositores haya quienes pongan demasiada esperanza en la solidaridad internacional, y algunos quizás esperen mucho de parte del Gobierno de Joe Biden y de los políticos demócratas y republicanos en general, lo cual nadie lo puede evitar, solo puede entenderlo.

No obstante, menor o mayor riesgo se corre a causa de que –con sus legítimas esperanzas de libertad se mezclen con alguna ingenuidad política— pues, por ejemplo, algunos (entre ellos periodistas presentes en Los Ángeles) piensan que ser opositor a la dictadura de Nicaragua, dentro o fuera del país, los iguala a cualquier opositor –cubano o venezolano— máxime si su residencia coincide en la misma ciudad de Miami, en cualquiera otra ciudad estadounidense o en eventos como el de la IX Cumbre.

Y eso es así porque, hablando de la oposición cubana en particular, es mucho más diversa que la oposición nicaragüense y tiene orígenes políticos distintos; porque la enconada división entre la migración cubana en Estados Unidos no existe entre la nicaragüense –al menos no violenta como entre la migración cubana—; porque en el exilio nicaragüense no hay terroristas como los hay en el exilio cubano.

Los medios nicaragüenses no son comunicativos para nada, acerca de lo que pasa en realidad entre los tradicionales exiliados cubanos de la contrarrevolución abiertamente al servicio de la política de los Gobiernos estadounidenses contra su país, y otra migración cubana de todos los tiempos por motivos económicos, que no son enemigos de los Estados Unidos, pero tampoco apoyan sus políticas agresivas en contra de su patria. Seguramente que muchos, entre   esta otra migración, desean ver reformas necesarias en Cuba, pero NO a costa de la imposición ni al gusto de ningún gobierno estadounidense.

En verdad, en Miami especialmente, hay una furiosa guerra mediática –por las redes sociales— y en las manifestaciones o marchas, a veces violentadas por los contrarrevolucionarios que se sienten “americanos” y, por ende, dueños de las calles. Esa guerra no existe entre los exiliados nicaragüenses ni hay motivos para que exista, pese a sus diferencias en cuanto a sus orígenes políticos.

Algunos ejemplos más…

Al margen de estas cuartillas

*El exilio tradicional cubano está compuesto por herederos de familias oligárquicas, de sus políticos y de sus periodistas que apoyaron la intervención armada estadounidense que se apoderó de Cuba de 1898 a 1902 y luego vivieron felices en la república mediatizada por medio de varias dictaduras de 1902 a 1959…

*Entre ese exilio cubano hay destacados terroristas que viven o murieron impunes en Miami, como un tal Posada Carriles, autor de la explosión de un avión cubano que mató a 173 personas (1976)…

*Los herederos familiares y políticos del exilio cubano original, son políticos al servicio de los gobiernos del Partido Republicano más reaccionarios…

*Algunos de ellos han sido congresistas durante muchos años (Díaz-Balart, Ted Cruz, María Elvira Salazar, de origen cubano nacida en Miami, etcétera) y son quienes promocionan a seudocantantes entre los nuevos exiliados…

*Y los convierten en “estrellas” del espectáculo a pura publicidad para utilizarlos como portavoces del odio contra Cuba y los cubanos de la migración no tradicional…

*Esta otra migración es residente y muchos con ciudadanía estadounidense, se manifiestan contra el bloqueo económico a su país, las medidas trumpistas que lo endurecieron…

*Viajan frecuentemente a su país con ayuda, en especial instrumental médico que el bloqueo le impide comprar a Cuba…

*Lo hacen organizados con un muy significativo nombre: Puente de Amor, cuya insignia son las banderas de sus dos países, simbolizando un puente…

*En sus manifestaciones públicas contra bloqueo participan muchos estadounidenses, y al parecer están contribuyendo a que Biden cambie algunas restricciones impuestas por Trump…

*Los viejos exiliados son baluartes del mantenimiento del bloqueo y claman por la invasión armada del Ejército “americano” contra su país…

*¿Algún o alguna nicaragüense en el exilio tiene el deshonor de contar con un currículo semejante al de los cubanos contrarrevolucionarios?

*Después de la guerra de los ochenta, ni entre los somocistas, menos entre los nuevos exiliados se practica el terrorismo…

*¿Por qué entonces los nicas tienen que sentirse “hermanados” con lo peor del exilio cubano?

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