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Religión, bienestar y calidad de vida

Autor: Administrador

Hay que reconocer que no estamos ante un tema obvio, y que muchos pueden extrañarse ante un programa de investigación que más bien podría llegar a resultados decepcionantes, o algo peor, podría falsificar y trivializar el sentido de la fe religiosa, en especial, de la fe cristiana fundada en la cruz de Cristo. Es importante empezar nuestra propuesta a partir de las objeciones y dudas que pueda suscitar, antes de seguir adelante y aclarar de qué va este programa de estudio de la religión, sus posibles desarrollos, y los frutos que ya está dando. De hecho, estamos ante un proyecto relativamente nuevo: no es fácil identificar una tradición teológica y de espiritualidad que explore las relaciones entre la fe cristiana, por un lado, y dimensiones humanas como el bienestar, la felicidad, la calidad de vida o la idea de vida plena, por el otro. Se trata de conceptos estrechamente relacionados y que expresan los ideales y las expectativas que nos motivan.



¿Tiene algo que ver la fe cristiana con el bienestar? Esta pregunta puede tener varias respuestas, y la primera es claramente negativa: no es que tenga poco que ver, es que dicha fe ha arruinado la vida de muchas personas, les ha vuelto neuróticas y escrupulosas, o simplemente no les ha dejado disfrutar de las alegrías de la vida. Sin embargo, esa no puede ser toda la verdad, y conocemos muchos casos en que esta fe ha llenado de gozo a hombres y mujeres de todos los tiempos.

Sabemos que la fe cristiana es una “religión de salvación” y, como tal, tiene como principal objetivo hacer que todos se salven, es decir, que todos se vean libres del mal y del sufrimiento y que alcancen la vida plena, lo mejor para todos. En ese sentido, el cristianismo comparte un mismo interés con las grandes religiones, que también ofrecen salvación. Sin embargo, dicha propuesta se entiende de forma diferente en cada caso.

Más allá de la muerte

La tradición cristiana ha aplazado en general a otra vida, más allá de la muerte, la realización completa de dicho ideal. Quizás algunas tradiciones místicas podían reivindicar también esa finalidad para antes, ya ahora, pero sus propuestas, como en el caso del camino ascético, resultan hoy bastante contraintuitivas, al menos en relación con lo que se entiende por ‘bienestar’ y ‘calidad de vida’.

Seguramente nos resulta chocante, al menos a los de mi generación, plantear el sentido de la fe cristiana y de la salvación que anuncia en términos que se pueden asociar a la industria del bienestar, que hoy conoce un amplio desarrollo; o bien a la literatura de autoayuda, con tantos libros publicados; o bien a la cultura popular, que se expresa en comedias, en la publicidad más halagadora o en los sueños del consumismo.

Pero hay otros campos en los que esas ideas tienen un sentido más positivo o pueden ser más cercanas a la sensibilidad cristiana, como es el campo de las terapias o de los tratamientos que intentan contrastar el sufrimiento psicológico; o bien el de los programas sociales, que tratan de paliar males estructurales; o también incluso los estudios sobre altruismo, actitudes prosociales, o las formas más serias de abordar los temas de calidad de vida colectiva y personal.

Un tema relevante

Se abre un panorama muy amplio ante nosotros, pues los gobiernos y las administraciones públicas y privadas consideran el tema de los niveles de satisfacción y bienestar personal y colectivo un factor de gran importancia y muy vinculado a los programas de sostenibilidad. La cuestión es hasta qué punto dicho tema puede ser relevante también para los cristianos y las iglesias.

Ciertamente, hay motivos de sobra para pensar que el tema del bienestar no va con nosotros, o que la salvación de la que hablamos los cristianos tiene poco que ver con los modelos de vida buena y satisfacción personal que nos vende la cultura del consumo. Sin embargo, sería decepcionante no prestar atención a dicha inquietud, y no conectar con ese “signo de los tiempos” que también merece discernimiento por nuestra parte.

En primer lugar, los motivos de desconfianza son bastante plausibles. En un extremo se situarían los más radicales, como los apocalípticos, que también hoy abundan: para ellos, no tiene ningún sentido hablar de bienestar en las circunstancias en que nos encontramos; se trataría de una alineación, de la incapacidad de notar nuestro profundo malestar asociado al pecado. Además, si nuestra esperanza está en el más allá o en una transformación radical que solo Dios y su Cristo pueden actuar, entonces sería casi una traición buscar el bienestar en esta vida, pues, en principio, no puede encontrase aquí, al menos hasta que no vuelva el Mesías.

Sostenibilidad en entredicho

Algo parecido ocurre con los programas de sostenibilidad: a los apocalípticos cristianos no les interesa en absoluto que este mundo de pecado sea sostenible. Todo lo contrario: más bien, esperan que se autodestruya pronto para dar paso a “los cielos nuevos y la tierra nueva”; lo viejo está profundamente corrompido, y lo que sufrimos bajo los efectos del cambio climático, pandemias y otras miserias no son más que síntomas y avisos sobre la caducidad del mundo presente, la vanidad de nuestras aspiraciones por mejorar y la cercanía del fin.

De todos modos, no necesitamos la compañía de los apocalípticos para encontrar motivos de desconfianza ante el tema del bienestar. Otro motivo importante es su ausencia en la tradición cristiana. Soy profesor de Antropología Teológica desde hace 30 años en una Universidad Pontificia en Roma, conozco muy bien la bibliografía de mi materia, y he estudiado también la soteriología, o el tratado sobre la salvación, que debería abarcar varios tratados afines: la cristología, la eclesiología, los sacramentos, la escatología y también la antropología.

Pues bien, así de memoria, no recuerdo ningún manual o texto especializado que haya abordado la cuestión de la calidad de vida, el bienestar o la felicidad. Se percibe una sensación de extrañeza o ajenidad ante esos temas: no parece que nos tocan a los teólogos, si acaso a los psicólogos y a los sociólogos. En mis apuntes del curso de Antropología Teológica, me doy cuenta de que falta ese capítulo: si no podemos hablar de que la fe y la salvación cristiana ayudan a vivir mejor, entonces ¿de qué estamos hablando? (…)

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Índice del Pliego

1. ¿TIENE ALGO QUE VER LA FE CRISTIANA CON EL BIENESTAR?

2. PROBLEMAS A LA HORA DE ESPECIFICAR LA IDEA DE CALIDAD DE VIDA Y BIENESTAR

3. ¿QUÉ PUEDE APORTAR LA FE CRISTIANA AL BIENESTAR?

  • a. El afrontamiento religioso
  • b. Estudios sobre religión y bienestar
  • c. La cuestión del sentido
  • d. Estudios sobre la felicidad y la maduración

4. ALGUNOS APUNTES CONCLUSIVOS

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