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Roberto Aspiazu: ‘El lector es como un atleta: debe entrenarse’ – El Comercio

Autor: El Comercio

Roberto Aspiazu se hizo conocido primero como periodista, y luego al dedicarse al gremialismo, cuando fue el director ejecutivo del Comité Empresarial Ecuatoriano. Al llegar a su casa, se ve ahí una inmensa biblioteca -esa forma de paraíso, que decía el argentino Jorge Luis Borges– de unos 3 000 o más volúmenes. Y ante un escenario así, solamente dan ganas de hablar de libros.

Admirable esta biblioteca…

Para mí es un reflejo del interés intelectual de alguien que se proponga tener una biblioteca. No se forma de la noche a la mañana, sino en el curso de muchísimos años. La mía la tengo de alguna manera desde que estuve en la veintena,siguiendo un poco el ejemplo de la que tenía mis padres en la ciudad de Guayaquil. Resido fundamentalmente en Quito, pero que tengo una residencia alterna en Guayaquil donde también tengo más libros que, de paso sea dicho, uno se vuelve como una especie de coleccionista.

Y supongo que habrá quien le pregunte: “¿todo eso se ha leído?”.

Todo libro que compro lo leo, pero no es una regla inflexible en el sentido de que muchas veces uno compra libros para tener una reserva de buena lectura para cuando sea oportuno. Los libros a veces esperan el momento para ser leídos. Además, un libro de una manera te conduce a otro. Es una suerte de encadenamiento; son recomendaciones que dan los propios autores o por amistades que tengan la pasión por los libros. Debo confesar que no tengo tantas amigos volcados a la misión de la lectura porque finalmente este no es un país de lectores y hay que decirlo de una manera muy franca y abierta. Y me da mucha pena porque pienso que el perfil intelectual de las personas, y extensivamente de la sociedad, en mucho se construye sobre lo que lee y sobre lo que escribe.

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El psicólogo Pierre Bayard decía que él no leía los libros, sino que vivía con ellos…

Es correcto e interesante. Yo leo prácticamente todos los días. Es algo impulsivo y he llegado a tener ritmos de lectura más intensos cuando preparaba los libros que he escrito.

¿Alguna manía de lectura?

Anoto en todos los libros el año en que lo leí y el número que corresponde. He llegado a leer un promedio de seis libros por mes y más de 80 por año. Creo que es un buen promedio, pero eso supone hacer rounds de dos y tres horas. Leer es como ser un atleta: se puede hacer un ‘run’ de tres horas sin interrupción, pero hay que estar entrenado para eso.

Llama la atención que diga que en su entorno no hay lectores. Usted fue director del Comité Empresarial Ecuatoriano. ¿Se puede decir que los empresarios ecuatorianos no leen?

No podría manifestarlo tan categóricamente porque cuando uno está en el mundo de los gremios, el motivo de conversación no es la literatura ni lo que uno está leyendo, sino los problemas acuciantes que en un momento determinado está atravesando el país o compartir las experiencias en los momentos críticos de la década del correísmo en donde tuvimos en la agenda un cúmulo de temas aciagos. Sencillamente es un ámbito en el cual tampoco hay un espacio como para hacer una reflexión intelectual acerca de los libros que estemos leyendo. Mi comentario realmente fue un poco más transversal.

¿Y en el periodismo?

No lo aplicaría en el periodismo porque el periodista no es otra cosa que un contador de historias al apuro. Sabe que su herramienta de trabajo es la lengua, escrita, hablada o lo que sea, y leer es un factor fundamental para fortalecer esa herramienta, que es el lenguaje para contar historias.

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Justamente por esas conversaciones uno puede descubrir si alguien es un lector o no. La clase política no parece ser lectora. Bill Gates lee un libro por día. Pero no se ve que los que dirigen el país tengan siquiera la inclinación.

Reitero que tengo pocos amigos con los que puedo hablar de libros. Tampoco tengo la predisposición de hacerlo cuando sé que el interlocutor no tiene el mismo interés que yo por los libros. No sería algo oportuno traer a colación el tema de lo que uno está leyendo porque difícilmente se va a construir una buena conversación. Yo ya tengo identificado quiénes en mi círculo de amistades leen con regularidad de forma tal que me siento con la avidez y la confianza necesaria para comentar sobre el libro que estamos leyendo. Otra cosa para destacar es que yo no presto libros. He perdido algunos libros. Y en mi biblioteca hay unos, contados con los dedos de la mano, de gente que me los prestó y no se los he devuelto.

¿Por qué dejó el periodismo para ir al gremialismo?

Yo hice una transición lenta. Entre el 2000 y el 2009, me mantuve parte periodista y parte dirigente gremial. Y esa transición comencé a finales de los años 90, porque trabajé en medios internacionales como corresponsal de la cadena Televisa Eco y para el Washington Times, que tenía un semanario que se llamaba Tiempos del Mundo. Cuando terminó ese ciclo y me vi abocado a volver a medios nacionales, perdí interés en el desafío de continuar en el periodismo. También me entró el cargo de conciencia con que, de alguna manera, los periodistas terminamos siendo parte de la comparsa de los políticos ecuatorianos, que nos tienen a ratos en medio de un círculo vicioso que no nos conduce a ningún lado. Decidí dedicarme a otra actividad que esté vinculada al hecho de tener presencia mediática y tratar de incidir en la opinión pública. Pero me conservo en el ramo: soy editorialista de El Universo y colaboro con EL COMERCIO.

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¿Y ser dirigente de empresarios?

Fue una transición relativamente fácil compartir esa esfera con el periodismo. No se pierde la dinámica tan interesante que supone la cosa pública. Hacer negocios en este país depende mucho de la política, de la economía. Tampoco he dejado del todo el gremialismo.

Trayectoria

Es periodista y trabajó en canales de televisión. Fue director del Comité Empresarial Ecuatoriano. Ha publicado varios libros y es también miembro de la Academia Nacional de Historia. Ahora se desempeña como consultor para varias empresas.

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