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San Felices llena de emociones huecos y vacíos en Santo Tomás

Autor: El Correo

Las emociones no caben ni en la cueva que habitó San Felices en Bilibio, ni a cobijo del impresionante crucero de la Parroquia de Santo Tomás Apóstol, por muchos huecos que obligue a guardar el distanciamiento impuesto por la epidemia de coronavirus. Cuando son de verdad y afloran en el anonimato, sin que la mano derecha intuya siquiera lo que pretende hacer la izquierda, irradian tanta energía que es imposible contenerlas. Y llenan todos los espacios y vacíos para convertirse en núcleo esencial de ese futuro que ya ha empezado, sin olvidar nada ni a nadie.

Es algo que, sabiéndose de sobra y desde hace siglos entre los humanos, dejó aún más claro el desarrollo del acto central de las fiestas de junio en la única jornada festiva del ciclo.

La ciudad se metió de lleno en el día grande, aunque menos esta vez, del programa oficial sin que la talla que Esteban de Ágreda hizo del anacoreta pudiese recorrer las calles de la capital riojalteña, como acostumbra a hacer cada 25 de junio, a media mañana y arropado por los suyos. Pero nada impidió que se oficiase, sin embargo en su honor y por todo lo alto una misa solemne que acabó convirtiéndose en emotivo ‘collage’ de homenajes y recuerdos, de símbolos y silencios.

Bajo la presidencia del obispo de la diócesis riojana, Carlos Escribano, que acompañó a los sacerdotes del Concejo y su comarca, cerca de doscientos vecinos se repartieron por los setenta bancos del templo, ajustándose así a los criterios de seguridad marcados por las autoridades sanitarias. Y a cobijo, además, de la amenaza de tormenta que pareció instalarse sobre el territorio desde primeras horas de la mañana y acabó soltándose la melena, con más ruido y aparato eléctrico que nueces, bien pasadas las seis y media, entristeciendo un día algo apagado.

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Las emociones, aprendieron ayer quienes participaron de la ceremonia, no sólo encuentran serios problemas para hacerse hueco en el infinito, por grande que se lo imaginen; también se mueven al margen de los conceptos del tiempo y del espacio. No hay nada, ni ley ni precaución que impida estrechar los sentimientos que generan, por lejos que estén los unos de los otros. Incluso aquellos a quienes frenó el ataque del Covid-19 y a los que estaba especialmente dedicado el último tramo del encuentro.

Por ellos ejercieron de forma oficial, en el único acto de las fiestas en el que van a participar, las cinco peñas de la ciudad junto a una amplia relación de colectivos locales y cuerpos de seguridad y emergencias con plaza en Haro que pusieron a los pies de la imagen del patrón, sobre la escalinata del altar, otros tantos ramos de flores para perpetuar en la memoria colectiva del municipio a quienes se fueron sin poder decir adiós siquiera durante los tres últimos meses de pelea contra la enfermedad.

Y a quienes más se expusieron, en muchas ocasiones con poco para defenderse y expuestos a todo por ello, durante tan ardua e intensa campaña, se rindió homenaje y aplauso, a partes iguales, durante la ofrenda que los tres regidores síndicos, Ana Gloria Eguren, Esther Sáez de Benito y Javier Casalduero, hicieron de su vara de mando al patrón en nombre de todos los compañeros del sistema sanitario a los que prestaron apoyo regresando voluntariamente al foco de la infección desde el balneario de la jubilación de que disfrutan de forma merecida.

Unos y otros fueron, recordó Escribano durante su homilía, el más claro ejemplo de todos aquellos que, al igual que los miembros de Protección Civil, Policía Local, Cruz Roja, Guardia Civil, Bomberos del CEIS y profesionales de sectores esenciales que estuvieron al pie del cañón en los momentos de mayor zozobra, trabajaron para los demás «a fondo perdido, sin mirar por sí mismos. Lo que hemos vivido», apuntaba el obispo, «nos hará pensar para volver después al esplendor de la sociedad riojana» que se define, precisamente, con emociones.

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Se está en camino.

También en las residencias de Los Jazmines y el Hogar Madre de Dios, o en el Centro de Salud donde comienza a respirarse, desde la cautela y la responsabilidad, cierto clima de normalidad, y se tiene constancia del agradecimiento que hicieron público y explícito durante la ceremonia de ayer la cofradía del patrón y todos quienes participaron de la cita en el templo de La mota, incluida la alcaldesa del Consistorio jarrero, Laura Rivado, y representantes de numerosos colectivos sociales de la localidad.

Del papel «sacrificado y valiente» que desempeñaron los responsables de cada uno de ellos habló, en nombre de la institución religiosa, Naiara Hernáez, visiblemente emocionada. De lo que bullía en el corazón de la ciudad, poco se supo aunque todo se intuía.

Bastaba para ello con asomarse a la mirada de los jarreros que pasaban por la fiesta grande asemejándose más que nunca a su patrón, con la vista tendida a lo lejos, hacia lo alto, tratando de imaginar que San Felices ayudará a hacer bueno tanto sacrificio y esfuerzo. Porque todos parecen conscientes del alto precio que se ha pagado.

Tal vez por ello el vermut en la Paz, La Herradura, Las Huertas, Santa Lucía o El Mazo estuvo concurrido pero se disfrutó, con música de ‘jazz’ y animación, en tono pausado y sin grandes alborozos. Faltó, en fin, algo de chispa y sol.

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