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Serpientes, cocodrilos y roedores: por qué China permite la venta de animales salvajes que transmiten virus

Autor: TELEMUNDO.com

Por Jorge Carrasco

Cuando las autoridades chinas supieron que casi 30 de los primeros pacientes infectados con coronavirus en el mundo habían visitado uno de los llamados mercados mojados del país, en la ciudad sureña de Wuhan, ordenaron temporalmente el cierre de todos los comercios de animales vivos.

En las exóticas ferias del país asiático es legal la compraventa no solo de los clásicos pollos, cerdos y vacas, sino también de una serie de animales exóticos al consumidor, algunos de ellos salvajes: desde pavos reales y serpientes, hasta perros, cocodrilos y roedores grandes.

El pangolín en concreto, un mamífero en peligro de extinción que se vende en el mercado negro, ha sido relacionado por científicos como el transmisor de la pandemia de coronavirus que está provocando miles de muertos en todo el mundo.

Entrevistado por Noticias Telemundo, Peter Li, profesor de la Universidad de Houston (Texas) y experto en las leyes de comercio animal de China, asegura no estar sorprendido con que haya sido allí donde se originó el virus.

“Luego de la epidemia del SARS, los científicos chinos exigieron al gobierno que prohibiera la trata de animales salvajes, porque si no, sucedería de nuevo”, cuenta.

En 2003, cuando el SARS se extendió a unos 30 países y mató a más de 800 personas, estos exóticos mercados también fueron cerrados, aunque las autoridades mandaron a reabrirlos apenas dos meses después, incluso cuando una de las especies comercializadas legalmente allí, los gatos civeta, fueron señalados por la comunidad científica como los transmisores del virus.

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Muchos de los virus que afectan a los humanos se originan en animales. Las fuentes de la influenza, por ejemplo, han sido los cerdos y algunas aves. El VIH vino de los chimpancés, mientras se cree que el ébola se originó en los murciélagos. A pesar de esto China mantiene vigente la Ley sobre la Protección de la Vida Silvestre de 1988, que no solo protege a los criadores de animales salvajes, sino que incentiva a su domesticación y cría.

Todo comenzó en los aciagos años 70, cuando bajo la dictadura del líder comunista Mao Zedong más de 36 millones de chinos murieron producto de la hambruna. En 1978, el sucesor de Zedong, Deng Xiaoping, firmó una ley para permitir a los campesinos criar de manera privada. Li asegura que lo hizo para dar un alivio al pueblo desgastado y que no se lanzara a las calles a tumbar el comunismo.

Así nació una industria de alimentos de lujo para consumidores ricos. Pequeñas granjas locales se convirtieron en empresas de cría de estos animales, que sus vendedores anuncian en ocasiones como curadores del cáncer, reparadores de la virilidad masculina y otros beneficios extraordinarios sin sustento científico.

La decisión del gobierno también dio lugar a un mercado negro para especies en peligro de extinción como los tigres, los rinocerontes y los pangolines relacionados con el coronavirus.

Aunque el aporte de esta industria a la economía china es muy pequeño, Li asegura que su capacidad de influencia política es demasiado fuerte para que se prohíba. Así, opina que los intereses nacionales y la seguridad de la población nacional y mundial están en riesgo por una ley que favorece a ese 1%: los más poderosos.

A raíz de la pandemia de coronavirus que se ha extendido a más de 150 países, causando la muerte de al menos 18,580 personas, China suspendió temporalmente la comercialización de estos animales, asegurando que revisará la Ley. Sin embargo, Li dice que no “hay que crearse falsas expectativas” de que esta vez sí será derogada.

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Noticias Telemundo le hizo algunas preguntas al profesor chino, para esclarecer el origen del coronavirus y la responsabilidad del gobierno de su país en su propagación.

Pregunta: ¿Por qué asegura que no es ninguna sorpresa que el coronavirus se haya originado en China?

Respuesta: Cuando el virus conocido como SARS se propagó en el mundo entre 2002 y 2003 y fue relacionado con gatos civetas vendidos y consumidos en el sur de China, cerca de Hong Kong, se determinó que los criadores lo obtuvieron de estos animales salvajes y lo propagaron al resto de la gente. En ese momento, los científicos exigieron al gobierno que prohibiera la trata de animales salvajes, porque si no, sucedería de nuevo.

En 2010, la comunidad científica china encontró de nuevo un coronavirus proveniente de animales salvajes, en Wuhan y Hong Kong, dos lugares en el sur del país, que es el área donde más se consumen estas especies. Los científicos chinos dijeron a reporteros en entrevistas que habían encontrado el virus nuevamente y advirtieron que se debían cerrar estos mercados, pues el coronavirus típico no infecta a la gente, sino que tiene que mutar entre especies de animales.

Eso fue hace diez 10 años. Por eso no estamos sorprendidos.

P: ¿Qué ha aprendido China de otras epidemias generadas en su territorio?

R: Nada. El SARS terminó a finales de junio de 2003 y a mediados de agosto —ni siquiera dos meses después— el gobierno volvió a abrir los mercados húmedos y a permitir la trata de animales salvajes.

NT: ¿Por qué no cerrarlos definitivamente?

R: Por la enorme presión que el gobierno recibe de los intereses comerciales. Los intereses nacionales de China han sido secuestrados a costa de los intereses de la industria del comercio de animales salvajes. Esta industria tiene demasiado poder sobre los procesos de formulación de políticas en el país.

P: ¿Cómo se siente sobre el epíteto de “virus chino”, usado por el presidente de Estados Unidos? ¿Qué diría a quienes culpan del coronavirus a hábitos alimenticios en China?

R: No han sido nuestros hábitos de alimentación los que han generado la propagación de esta pandemia. Han sido los modos de producción. China ha permitido la industrialización la cría de animales salvajes. El consumo de estos ocurre en casi todos los países. El virus viene de la intensa operación de cría, transportación y venta en los mercados húmedos.

En otros lugares como Estados Unidos también se comen animales como las serpientes de cascabel, pero hasta el momento no se han producido enfermedades aquí.

Por otra parte, no se debería culpar a los chinos ni a su cultura. Esto no tiene nada que ver con la cultura de China, porque nunca en los tiempos antiguos hubo tal industrialización.

Y ningún país produce todas las epidemias. En los últimos 200 años muchas han surgido en diferentes países, en diferentes continentes. El sida vino a Asia no desde África sino desde Europa y Norteamérica. ¿Deberíamos decirle el “virus europeo o americano”?

Este no es el momento de culpar a China sino de pelear contra la enfermedad.

P: El inicio de las políticas que permiten comercializar estos animales tuvo un contexto duro: el gobierno se vio forzado a dejar a los chinos que criaran casi cualquier especie para paliar el hambre. Pero ¿cuán cierto es que en el país la gente tiene estos hábitos alimenticios que en Occidente muchos consideran raros?

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R: Cuando Mao Zedong llegó al poder, desarrolló un programa llamado agricultura colectiva, bajo el que las personas no tenían permitido desarrollar actividades económicas individuales y autónomas. No podían tener ni ganado. La gente se volvió muy pobre. Desde el tiempo de Zedong hasta 1978 (él murió en 1976) China se convirtió en uno de los países más pobres del mundo, con una grave crisis de hambruna.

La gente no tenía cómo alimentarse. Entonces, en 1978, los nuevos líderes se dieron cuenta de que si no mejoraban la calidad de vida de las personas, la gente derrocaría al sistema comunista. El nuevo presidente, Deng Xiaoping decidió eliminar la agricultura colectiva y al comienzo de 1980 permitió a los campesinos desarrollar sus actividades como quisieran, incluyendo la cría de animales salvajes.

Pero esta actividad nunca existió en los tiempos antiguos. No es una tradición en nuestro país. La gente común lo que come son tortugas y sapos, que los campesinos pescan en sus cultivos. Pero estos no son peligrosos, porque no atrapan tantos y lo hacen generalmente en las mañanas para mandarlos al mercado. Están saludables cuando la gente los consume, pues no son encerrados en grandes cantidades en jaulas, por 20 ni 30 días.

Algo muy diferente sucede, por ejemplo, con las serpientes. Estas son puestas en cantidades dentro de trampas, algunas de ellas están heridas. Todas juntas comienzan a crear infecciones y diferentes tipos de enfermedades. Entonces las mandan a diferentes ciudades para su venta, y ya están enfermas y mueren.

La cría de animales salvajes es una actividad a la que se dedica solo un pequeño número de campesinos: quizás menos del 5%. La mayoría cultiva cosas como arroz, caña de azúcar, tabaco, ganado. Digo esto porque la gente en China no necesita criar animales salvajes. Yo crecí en China y nunca mi madre trajo una serpiente a casa para cocinarla. Ahora el propósito es que unos pocos hagan dinero, no que la gente coma.

P: ¿Quién se está enriqueciendo con una industria que pone en peligro a todos?

R: Hay más de 14 millones de personas en China dedicadas a la industria los animales salvajes. Eso es más que la población de países como Cuba. Pero no todos son súper ricos, sólo los pocos que son dueños de granjas.

Este pequeño número de dueños representan los intereses de la industria de la cría de animales salvajes y presionan al gobierno para que la mantenga. Quieren hacer creer que es la captura y crianza de estas especies es beneficiosa porque, entre otras razones, ayuda a salvar vidas a partir de las medicinas que se obtienen de ellas.

También alegan que las operaciones de esta industria ayudan al desarrollo económico de China, lo cual no es cierto. Por ejemplo, en 2016 los ingresos de esta industria fueron sólo una gota en el Producto Interior Bruto. Esa contribución no es nada. No vale la pena el riesgo que se corre por tan poco aporte.

P: ¿Podríamos hablar de corrupción de las autoridades para favorecer a los ricos?

R: No puedo decir eso públicamente. Pero sí tengo evidencia que muestra una cantidad excesiva de permisos para la captura, cría y venta de estos animales. Cuando se expiden tantas licencias, algo raro está pasando.

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Tengo un ejemplo escandaloso. El gobierno le otorgó una licencia a un criador en una provincia, permitiéndole criar más de 106 especies de animales salvajes. Ahora bien, para hacer esto correctamente es necesario conocer los hábitos de los animales, su comportamiento, sus potenciales enfermedades, sus requerimientos nutricionales.

¿Cómo un criador —que típicamente ha tenido poca educación, pues se trata de campesinos en su mayoría— puede ocuparse de manera adecuada de 106 especies distintas entre sí y originarias de todos las partes del mundo?

P:  ¿Cómo se cotizan estas especies y quién puede costearlos?

R: Los animales salvajes que las personas adineradas consumen en China son generalmente reptiles grandes como serpientes, pangolines, lagartos monitor… Y también venados y jabalíes salvajes.

Por ejemplo, los criadores compran las serpientes a quienes las cazan, por unos 10 dólares cada 500 kilogramos de peso. El criador vende las serpientes a los restaurantes por unos 70 a 100 dólares. Y el restaurante se las vende a sus clientes por hasta 200.

Solo los ricos pueden pagar esto. Y algunos funcionarios corruptos que no pagan de su propio bolsillo.

P: Una de las tácticas de la industria es hacerle creer a la gente que la carne de estos animales exóticos tiene propiedades extraordinarias.

R: La industria trata de promover estos productos con supuestos beneficios como estimulantes sexuales, para la presión sanguínea, para combatir el cáncer. Los pangolines, por ejemplo, son descritos como especialmente beneficiosos paralas madres que amamantan a sus hijos. Se dice que pueden producir más leche para los bebés. No hay prueba científica de nada de esto.

Los intereses comerciales también han usado siempre el tema de la cultura para seguir con esta industria. Dicen que ir en contra de ella es ir en contra de las tradiciones de China, y esto es algo muy sensible. La medicina tradicional china, por ejemplo, usa muchas partes de animales exóticos. Por ejemplo, el pene de los tigres es usado para supuestamente mejorar la potencia sexual del hombre, aunque esto no está validado por la ciencia.

P: Cuando el coronavirus comenzó a propagarse en el mercado de Wuhan, el gobierno cerró los comercios como este y prohibió temporalmente la comercialización de animales salvajes. ¿Cree que esta vez sea el fin definitivo de esta actividad comercial?

R: Los prospectos de que se prohíba nunca habían sido tan promisorios, por la devastación que el virus ha causado coronavirus no solo en China sino en cada esquina del mundo. El gobierno ha visto que esta industria está poniendo en peligro la salud pública de 1,400 millones de chinos, pero también la de los 7,700 millones de habitantes en el mundo.

El gobierno tiene la obligación de eliminar la ley. Pero tendremos que ver qué pasa cuando sea revisada nuevamente. No se debe tener falsas expectativas. Hay otros componentes en esta ley que probablemente no cambien, como la cría de animales para la medicina tradicional, para mascotas, para suministrar a los zoológicos y para los laboratorios y los ensayos clínicos con fines científicos. Una prohibición que abarque todas las esferas sería demasiado para el gobierno de China.

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