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Tras el azote de Ian, los trabajadores latinos en Florida dan prioridad a los demás para sobrevivir económicamente

Autor: Univision

Pasó el día siguiente limpiando su vivienda inundada.

Pero el viernes, Tojil estaba en otro lugar, limpiando los árboles caídos y las tejas del techo de un condominio cercano, a unas pocas millas de distancia, cerca de la bahía de Charlotte Harbor. “Aquí estamos, ayudando a otros. Pero es lo que tenemos que hacer”, dijo Tojil, tomando un breve descanso para hablar con periodistas después de haberse sumergido casi hasta el pecho en las aguas de la inundación para cortar las ramas caídas de un gran roble.

“Estamos ganando para la comida, estamos luchando para nuestra familia”, añadió.

Comienza la lenta recuperación tras el azote del huracán Ian

A medida que la recuperación del huracán Ian se acelera a lo largo de un tramo de 115 millas de la costa oeste de Florida, el sonido del viento y la lluvia ha sido sustituido por el zumbido y el rugido de los generadores y las sierras de cadena, bajo diferentes condiciones meteorológicas y mientras el sol golpea en los ahora cielos despejados.

Se ha confirmado la muerte de más de 27 personas después de que el huracán arrasó esta zona costera de baja elevación y casi al nivel del mar, inundando casas con una marejada ciclónica de hasta 10 pies acompañada de vientos de 150 millas por hora.

En la casa de Tojil en Port Charlotte, su hija, Juana de 19 años, se encontraba en el jardín trasero rodeada de ropa, colchones y cortinas extendidos para que se secaran sobre un arbusto, un sofá y la hierba. Debido a la falta de electricidad, estaba cocinando arroz y frijoles con carne y plátanos en una barbacoa en el jardín, utilizando como leña la madera de una cama rota.

“Dicen que no tendremos electricidad hasta dentro de dos semanas por lo menos, así que tenemos que usar lo que hay”, dijo y explicó que todo el contenido de la casa fue destruido por la lluvia que se coló por el tejado. Con las puertas abiertas, la casa ya empezaba a oler a humedad.

Los pedazos del techo junto con el material aislante estaban tirados en un montón de escombros junto a la acera, mientras que la lámina del techo de alquitrán negro pintado yacía arrugada en el jardín trasero.

En Port Charlotte, muchas casas perdieron los tejados mientras pasaba el ojo del ciclón

“Nos dio miedo porque nunca pasó esto. Hubo mucho ruido (…) pasó el aire y después vino la lluvia, y aquí estuvimos mojándonos”, dijo Juana Tojil, describiendo las cuatro horas de terror que vivieron mientras el ojo del huracán Ian pasaba sobre sus cabezas.

“Toda la noche estuvimos en la oscuridad, bajo la lluvia. Todos juntos allí, los cinco nos encerramos en el baño”, añadió.

“Estuvimos dentro del ojo todo el maldito tiempo, no paraba. Parecía que estaba lanzando pesados sacos de arena contra la casa”, dijo un vecino de 56 años sentado en el porche de un vecino al otro lado de la calle de su casa dañada, donde su tejado negro también yacía en el jardín. “Fue una pura locura. Se sintió como si alguien te pusiera en una licuadora y se quedara contemplándote, riéndose de ti”, dijo.

Durante un recorrido por las calles cercanas, Univision Noticias observó que alrededor del 80% de las viviendas sufrió graves daños en los tejados. Algunas también quedaron con las paredes exteriores reventadas, dejando al descubierto habitaciones y garajes. Algunos de los residentes más afortunados ya tenían equipos de trabajo instalando lonas azules para evitar la lluvia.

Las deudas se acumulan por el alquiler… y un coyote

El alquiler mensual de los Tojil, de 1,700 dólares por la pequeña casa de dos cuartos, vence el sábado. A Tojil le preocupaba que les desalojaran si no pagaban, aunque la casa no fuera habitable. La factura de la electricidad también vencería pronto, a pesar de que no hay electricidad. “Ahorita que pasó eso no tenemos nada. No se si se va a enojar el dueño si no le pagamos”, dijo.

La familia también debe unos 16,000 dólares al coyote que les hizo cruzar la frontera por el desierto de Arizona hace dos años.

Si no pagan esa deuda, las consecuencias serán igual de graves para su madre y sus cuatro hermanos en el departamento de Quiché, Guatemala. “Nos quitan la casa y el terreno, y nos quedamos en la calle”, dijo.

Muchos negocios cerrados por los daños y la falta de electricidad

Aunque hay mucho trabajo para los hombres en la jardinería y la construcción, el panorama es diferente para los que trabajan en pequeños restaurantes familiares y tiendas minoristas que fueron dañados por el ciclón.

Miles de hispanos de bajos ingresos en esta zona de rápido crecimiento de la población en los últimos años, donde antes abundaban los empleos, se encuentran ahora sin trabajo.

El trabajo de Juana Tojil en una taquería mexicana local, donde trabajaba en la cocina cortando carne y verduras también quedó en suspenso, después de que Ian arrancó el tejado e inundó el local. “Entró agua, no hay luz. Tenemos que esperar. Ahorita nos quedamos sin trabajo”, dijo.

Por suerte, su padre tendrá mucho trabajo mientras continúa la recuperación de Ian, probablemente durante meses, quizá años. Pero está todo el día fuera, ayudando a arreglar los problemas de los demás.

“Tenemos que ayudarnos unos a los otros. Porque la vida continúa. No podemos parar”, dice José Varela, uno de los compañeros de trabajo de Tojil, de Puerto Rico. “La verdad, aquí hay mucho racismo, pero si necesitan de nosotros para hacer el trabajo más ‘sucio'”, dijo Varela. “Por eso hay un dicho que decía que un día Estados Unidos sin inmigrantes es un país parado”, añadió sonriendo.

Varela comparó a Ian con lo que vivió en Puerto Rico tras el huracán María en 2017. “Aquí no es como en María, donde la gente se unió”, dijo, describiendo cómo, junto con varias otras personas, limpiaban las calles el jueves para reabrir el paso, con poca ayuda de los residentes locales. “No era que nos estaban pagando. Están dejando todo, como quien dice, al inmigrante. No es una cosa comunitaria”, añadió.

En el condominio Birchwood, al menos, aprecian el trabajo del equipo de limpieza de Tojil. “Son geniales. Mucha gente no quiere hacer ese trabajo exterior y necesitamos que alguien lo haga”, dijo Deborah Scarboro, una de las residentes, una mujer semijubilada de 65 años. “Me alegro de que estén aquí. Porque estaríamos así durante semanas”, dijo, señalando las ramas de los árboles y las tejas del tejado esparcidas por el césped.

Los hispanos de Port Charlotte: tristes, pero esperanzados con el futuro: “todos juntos podemos avanzar”

Mientras tanto, en Hidalgo Crazy Tacos, el restaurante mexicano en el que trabaja Juana Tojil, los propietarios dijeron que esperaban reabrir lo antes posible, tal vez a principios del próximo mes.

“Ahora mismo estamos tristes. Todo el mundo está preocupado por el trabajo”, dijo Juan Pérez, el gerente de 20 años, que se pasó el viernes barriendo los suelos mojados y retirando las baldosas del techo empapadas, tan llenas de agua que se arrugaban fácilmente en sus manos.

“Tenemos facturas que pagar, pero vamos a salir de esta. Se que se puede”, dijo. “Somos como una familia. Esto es como nuestra segunda casa. Pero todos juntos, podemos salir adelante”, añadió.

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