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Tras la proeza de Eliud Kipchoge, cuáles son los otros récords que desafían los límites humanos y pueden caer

Autor: Luis Vinker

Tal vez porque ya nos tenía acostumbrado a sus hazañas, el flamante récord de Eliud Kipchoge sobre las amplias avenidas de Berlín no llamaría tanto la atención. ¿O sí? Una vez más, el prodigio surgido del valle del Rift –al igual que los otros fenómenos del atletismo de fondo- ha pulverizado la marca del maratón y mantiene viva la discusión sobre los límites de la condición física del ser humano. Es cierto que Kipchoge ya ha corrido la distancia mítica de los 42.195 metros en menos de dos horas (lo que se consideraba un “imposible”) pero lo hizo en una prueba sin los atributos reglamentarios, tres años atrás en el Prater de Viena.

Dentro del asombro que causan esas hazañas, esta de Berlín tiene otro dato “no menor”: lo hace a punto de cumplir 38 años. Si bien es una edad que puede resultar la apropiada para el punto de maduración de un maratonista, si tomamos en cuenta los cien corredores más veloces del historial, ningún otro llegó a su mejor marca a esa edad. Y Kipchoge estará cerca de cumplir 40 (“master” o “veterano” se llama a esa categoría) cuando, tal vez, busque una tercera medalla de oro consecutiva en el maratón olímpico.

Aunque Kipchoge había anunciado, a su llegada a Berlín, que se encontraba en una forma óptica y dispuesto “a correr lo mejor posible”, sin colocarle números a esa ambición, cualquiera podía ser escéptico. Su paso por la mitad de la prueba en un parcial de 59m51 liquidó toda duda. “Planeaba correr la primera mitad en 1 hora y 40 segundos, o una hora y 50… Pero me sentía muy bien, iba rápido”. Aunque decreció levemente en los parciales de la segunda etapa, igualmente estuvo con suficiencia por debajo del récord anterior. Cuatro años antes, en Berlin, había pasado en 1h01m06 la primera mitad, acelerando en la segunda (1h00m33) para un total de 2h01m39 y un ritmo de 20,8 kilómetros por hora. Sencillamente, fabuloso. Aquel día y hoy.

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La progresión del récord mundial de maratón en las últimas seis decadas

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Fuente: Archivo Clarín Infografía: Clarín

El maratón, a lo largo de su historia en el deporte olímpico -integra el programa de los Juegos desde su reinstauración en Atenas 1896-, estuvo reservado a “especialistas”, atletas de suprema capacidad de resistencia. A la preparación, al dolor y a la alta competición (y argentinos entre ellos, que alcanzaron varias veces la gloria olímpica).

Un momento revolucionario lo marcó la década del 60, con la irrupción de los africanos –etíopes y keniatas- con Abebe Bikila como nombre símbolo de esa época. Junto al proceso de “descolonización” de Africa, aquellos países se afirmaron desde entonces como la meca del atletismo de fondo, la NBA del atletismo en las medias y largas distancias.

Otro hito fue la aparición del primer hombre por debajo de las 2 horas y 10 minutos, el australiano Derek Clayton, quien lo consiguió hace ya más de medio siglo con 2h09m36 en Fukuoka (1967) para reducir ese récord a 2h08m34 dos años más tarde en Amberes.

La marca mundial permaneció inamovible por varias temporadas. Y recién a mediados de la década del 80 –cuando el maratón dejó de ser “patrimonio de un grupo de especialistas, dotados” para convertirse en el boom masivo que es en la actualidad, con Nueva York como símbolo de esa transformación- también la tabla del alto nivel se movió aceleradamente.

Hace casi una década, el 29 de septiembre de 2003, el keniata Paul Tergat fue el primero en correr por debajo de 2 horas y 5 minutos. Lo hizo en Berlin que, desde entonces, se “apoderó” del récord: se ha mejorado otras siete veces, siempre en la capital alemana.

Para tener otra idea del acelerado avance de esta prueba, citemos que –con aquella marca- hoy Tergat queda 70° en la lista de los más rápidos maratonistas de la historia. Tal es el grado de masividad y avance, en el cual Eliud Kipchoge es rey absoluto. Por sus marcas y por sus resultados.

      Los factores del avance son conocidos:

  • La utilización de circuitos como el de Berlin, ciudad casi a nivel del mar (53 metros es su máxima altitud), trayecto plano, arboledas en varias zonas, avenidas amplias. Y en el despuntar del otoño, con un clima ideal de suaves vientos y temperaturas que oscilan entre los 12° y 18°C.
  • Siete de las primeras 20 marcas del mundo se fijaron en Berlin y las otras, en condiciones de circuito y clima similares (Londres, Milán, Tokio y Valencia).
  • El fulminante avance en la tecnología de calzado. Las Nike/Vaporfly que Kipchoge utilizó en su ensayo en Viena no están autorizadas, pero sí otras marcas con límites en las placas de fibras de carbono que permiten desplazamientos más suaves y más veloces.
  • También hay un considerable avance en los sistemas de preparación de los corredores, todavía no difundidos lo suficiente pero que se puede sintetizar en “menos cantidad, más precisión”, con una gran injerencia de todo lo que rodea al corredor: complementos tecnológicos, asistencia de preparadores físicos, médicos, fisioterapeutas. Y todo lo que también se está notando en otros deportes de alto rendimiento.
  • Los ciclos de preparación en altitud, que permiten aumentar la capacidad del “transporte” de oxígeno. En el caso de los atletas africanos, directamente se trata de su hábitat natural.

Si a esto se le agrega también la condición genética de los corredores de las altiplanicies africanas (a etíopes y keniatas se le agregan ahora jóvenes prodigios de Uganda), el profesionalismo, el nuevo material deportivo y los avances en las dietas, el “combo” está perfecto para comprender estos progresos.

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La progresión del récord

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Fuente: Archivo Clarín Infografía: Clarín

Los otros récords que desafían los límites humanos

El atletismo, al ser un deporte de marcas (como también la natación y, en muchos casos el ciclismo), son pruebas ideales del progreso físico del ser humano. Y la discusión sobre los “límites” siempre estuvo en el candelero.

No obstante, hay muchos especialistas en universidades de punta que consideran que esos límites existen. Y que se podría estar cerca. Los atletas, en su lucha contra el reloj, intentan desalentarlos.

Cuando Kipchoge corrió su maratón por debajo de las dos horas (1h59m40, el 12 de octubre de 2019 en el Prater de Viena) se le apodó el nuevo “momento Bannister” del atletismo. Remitía a 1954, cuando un mediofondista británico –luego eminente cirujano, Roger Bannister- se convirtió en el primer hombre por debajo de los 4 minutos en la milla (1.609,4 metros). Una marca que hoy está al alcance de cualquier mediofondista de cierta calidad.

Los 10 segundos para los 100 metros llanos –quebrados recién en 1968- constituían otra de las fronteras que se fueron vulnerando.

En los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, irrumpió un tal Usain Bolt con todo su potencial de velocidad, llevando las marcas mundiales a 9s69 en 10 metros y 19s30 en 200. Uno de los más difundidos estudios científicos de aquel momento lo publicó Mark Denny (Universidad de California, en Stanford), sentenciando que “los límites están cerca”. Un año después, Bolt colocó sus récords en 9s58 y 19s19 en Berlin –hoy todavía vigentes- y que surgen como el faro para las futuras generaciones de velocistas.

Para los corredores de larga distancia el desafío era similar, aunque Kipchoge expresó varias veces que “no creo en los límites, escucho a mi cuerpo y lo desafío”.

El keniata es muy grande porque, además de ser un superdotado en cuánto a sus condiciones naturales, también se adaptó a todos los desafíos: gana en las carreras “majors” y superprofesionales que constituyen el circuito habitual de los maratonistas, pero también en aquellas que requieren de la habilidad táctica (sus dos oros olímpicos). Se mueve a voluntad bajo el clima y circuito ideal de Londres, Tokio o Berlin, pero también en el calor y la humedad que significaron Rio y Sapporo para sus aventuras olímpicas.

Si bien aquella expedición a Viena no se puede considerar en términos estrictos como un suceso –ya que el récord no tenía ninguna posibilidad de homologación- sí significaba un aviso de sus posibilidades. Utilizando las zapatillas antirreglamentarias, ayudado por 40 liebres y con un auto especial que hasta mejoraba el aire sobre el que corrían, Kipchoge se desplegó por debajo de las dos horas, llegó entero y contó que “estos últimos 200 metros fueron los más felices de mi vida. Sentí que había llegado a la Luna, y había regresado a la Tierra”.

Después fue el período de pandemia, un regreso con derrota en Londres, la recuperación de la supremacía en los Juegos y, ahora, su demostración en Berlin.

Los términos de comparación con otras especialidades son muy difíciles. Se supone que aún los ingredientes de aquellos factores que hacen al progreso del maratón (y que recién citábamos) no están totalmente cubiertos y que hay un campo para seguir avanzando. Hasta el propio Kipchoge sería capaz de hacerlo.

De eso se trata, el atletismo siempre fija límites y sus grandes protagonistas quieren quebrarlos. ¿Hasta dónde dará el físico?

Probablemente la más excepcional marca jamás registrada haya sido la de 8.90 metros en salto en largo que Bob Beamon consiguió en los Juegos Olímpicos de México, en 1968. Sin embargo, décadas después fue superada. Ahora en las tablas permanecen topes como los del cubano Javier Sotomayor (2,45 metros en salto en alto) o los del jamaiquino Bolt en el sprint que se suponen intocables, al menos por un largo tiempo más. No consideramos en esta cuenta a récords en lanzamientos o en varias pruebas femeninas, logrados durante las décadas del 80 y 90, que están en discusión porque las reglas sobre doping no eran tan estrictas. Sería una discusión aparte.

Lo concreto es que el atletismo mundial ha producido impactos de calidad sencillamente asombrosos en los últimos tiempos. Como los 6,20 metros del sueco Armand Duplantis en el salto con garrocha y los 45s94 del noruego Karsten Warholm en los 400 metros con vallas, en los Juegos de Tokio, un registro que sí entraba en la categoría de “imposible”. Tal vez lo de Kipchoge también. Pero él ya nos viene acostumbrando.

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