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Trump y Biden llaman a la unidad tras el intento de asesinato del expresidente en un mitin

Autor: EL PAIS

Estados Unidos revivió este fin de semana la pesadilla de la violencia política. Medio siglo después del último atentado a un candidato presidencial, el expresidente Donald Trump fue víctima de un intento de asesinato en un mitin en Butler (Pensilvania). Trump, la figura más divisiva de la política estadounidense, que se ha burlado cuando las víctimas de la violencia política han sido otros, emergió del tiroteo herido leve, con una herida en la oreja y un pequeño reguero de sangre, saludando a sus seguidores con el puño en alto en una imagen icónica para la historia. El atentado fallido sacude la campaña presidencial en vísperas de la convención que coronará a Trump como candidato republicano y líder absoluto del partido. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el propio Trump han llamado a la unidad y han condenado la violencia política. Sin embargo, parece una quimera: destacados trumpistas responsabilizaron del ataque al presidente, en otra señal de la polarización extrema en que se ha instalado la política estadounidense. El fracaso del atentado aleja, eso sí, escenarios mucho más peligrosos y de consecuencias impredecibles.

Las autoridades investigan los motivos del ataque llevado a cabo, según el FBI, por Thomas Matthew Crooks, de 20 años, residente de Bethel Park, una localidad unos 85 kilómetros al sur del lugar del mitin. Aunque estaba registrado como votante republicano, donó 15 dólares al Progressive Turnout Project, un grupo liberal de participación electoral, el 20 de enero de 2021, día de la toma de posesión de Biden.

Las autoridades investigan los fallos de seguridad que permitieron que un tirador se apostase en un tejado cercano con un fusil semiautomático. Un testigo aseguró que había advertido a la policía de la presencia del tirador desde hacía minutos sin que interviniese. Los agentes encontraron dos artefactos explosivos en el coche del tirador y un tercero en su casa. El fusil semiautomático que apareció junto a su cadáver fue comprado por su padre. Biden ha pedido dejar trabajar al FBI y ha anunciado una “revisión independiente“ para aclarar lo sucedido y los posibles errores de seguridad. También ha ordenado reforzar las medidas de seguridad de Trump y de la convención republicana que empieza este lunes.

Estados Unidos vive una campaña electoral insólita. Es la reedición del mismo duelo de hace cuatro años, pero con el papel de presidente cambiado, lo que ya es en sí mismo una anomalía histórica. Uno de los candidatos, Trump, ha sido declarado culpable de 34 delitos y condenado en casos civiles por fraude, difamación y abuso sexual, y está imputado por decenas de cargos más, lo que en otros tiempos le habría descartado. El otro candidato, Biden, es el primer presidente octogenario en la historia de Estados Unidos y aspira a seguir en el cargo hasta que tenga 86 años, pese a las dudas sobre su agudeza mental, exacerbadas tras el debate del pasado 27 de junio, que han llevado a algunos de sus correligionarios a pedir que renuncie a la reelección. Y tras los sobresaltos de la condena, el debate y la sentencia del Supremo sobre la inmunidad presidencial, el intento de asesinato de Trump.

El expresidente se encontraba dando un mitin a cielo abierto en el condado de Butler, al norte de Pittsburgh, en Pensilvania, uno de los Estados decisivos en las elecciones del 5 de noviembre, donde también hacían campaña este sábado la primera dama, Jill Biden y la vicepresidenta, Kamala Harris. Con más de una hora de retraso, Trump había subido al atril con la puesta en escena propia de sus mítines, que desata el delirio de sus seguidores.

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Llevaba solo unos minutos hablando cuando, a las 18.10, hora local (00.10 del domingo en la España peninsular), un tirador abrió fuego desde el tejado de un galpón fuera del recinto del mitin, a unos 150 metros del escenario. El Servicio Secreto disparó enseguida contra el atacante, que cayó abatido. Según se escuchaban los disparos, Trump se llevó la mano derecha a la cara, como si hubiera recibido un impacto, se vino al suelo y fue cubierto por agentes del Servicio Secreto. Resultó herido leve por una bala que le alcanzó la oreja.

Policías fuertemente armados subieron al escenario entre los gritos del público asustado, que trataba también de protegerse. “El tirador ha caído”, gritaban los agentes, después de que uno de los suyos respondiese al fuego desde otro tejado. El expresidente se puso en pie, rodeado de escoltas, y pidió recuperar los zapatos. Fue evacuado del escenario con un reguero de sangre en la cara que salía de la zona de la oreja, con los agentes del Servicio Secreto alrededor, pero en aparente buen estado. Con gritos de “U-S-A”, las siglas en inglés de Estados Unidos de América, sus seguidores celebraban que se retirase por su propio pie y sin aparentes heridas graves. Levantó el puño varias veces antes de salir con sus escoltas hacia un centro médico.

Trump, al retirarse del estrado tras recibir un disparo en la oreja, este sábado.
Trump, al retirarse del estrado tras recibir un disparo en la oreja, este sábado.Evan Vucci (AP)

Zumbido y disparos

“Recibí un disparo de bala que me atravesó la parte superior de la oreja derecha”, escribió horas después Trump en Truth, su red social. “Supe inmediatamente que algo iba mal porque oí un zumbido, disparos, e inmediatamente sentí la bala rasgando la piel. Sangraba mucho y entonces me di cuenta de lo que estaba pasando”, añadió, después de que su campaña informase de que se encontraba bien.

El expresidente agradeció al Servicio Secreto y a las demás fuerzas del orden “su rápida respuesta al tiroteo” y dio el pésame a las familias de las víctimas. Con sus disparos, el tirador mató a un asistente al mitin y otros dos resultaron heridos graves, según las autoridades. “Es increíble que un acto así pueda suceder en nuestro país”, añadió.

Poco después del atentado, el hijo mayor de Trump, Donald Trump Jr., publicó en la red social X la poderosa foto de su padre, con el puño en alto y el rostro ensangrentado ante una bandera estadounidense. “Nunca dejará de luchar para salvar a Estados Unidos”, escribió. Este domingo, la esposa del expresidente, Melania Trump, emitió un comunicado en el que llamaba “monstruo” al atacante. “No olvidemos que las opiniones divergentes, la política y los juegos políticos son inferiores al amor. Nuestro compromiso personal, estructural y vital —hasta la muerte— está en grave riesgo. Los conceptos políticos son simples cuando se comparan con nosotros, los seres humanos”, afirmó en un comunicado publicado en X.

El presidente de Estados Unidos y rival de Trump en las presidenciales, Joe Biden, compareció desde su casa de la playa en Rohoboth Beach (Delaware) unas tres horas después para condenar el atentado: “No hay lugar en América para este tipo de violencia. Es enfermizo. Es una de las razones por las que tenemos que unir este país. No podemos permitir que esto ocurra. No podemos consentir esto”, dijo. Luego, habló por teléfono con Donald Trump, y volvió a la Casa Blanca, para seguir desde allí la crisis. Este domingo ha dicho que la llamada fue corta, pero positiva y ha reiterado la petición de unidad. “Un atentado es contrario a todo lo que defendemos como nación”, ha dicho en la Casa Blanca. “La unidad es el objetivo más esquivo de todos, pero nada es más importante que eso ahora”, ha añadido.

Unidad

Trump se sumó este domingo a las llamadas a la unidad. “En este momento, es más importante que nunca que permanezcamos unidos y mostremos nuestro verdadero carácter como estadounidenses, manteniéndonos fuertes y decididos, y no permitiendo que gane el mal. Verdaderamente, amo a nuestro país, y los amo a todos, y espero poder hablarle a nuestra Gran Nación esta semana desde Wisconsin”, escribió en un nuevo mensaje en Truth. “Gracias a todos por sus pensamientos y oraciones de ayer, ya que solo Dios impidió que sucediera lo impensable. NO TEMEREMOS, sino que permaneceremos firmes en nuestra fe y desafiantes ante la maldad”, indicó también.

Pese a esas llamadas a la unidad y pese a que demócratas y republicanos salieron en bloque a condenar lo ocurrido, algunos miembros del ala dura del partido de Trump responsabilizaron al presidente Biden. El senador J.D. Vance, que suena como posible candidato a vicepresidente, dijo que el tiroteo “no fue un incidente aislado”. “La premisa central de la campaña de Biden es que el presidente Donald Trump es un fascista autoritario que debe ser detenido a toda costa. Esa retórica condujo directamente al intento de asesinato del presidente Trump”, tuiteó. “Seamos claros: esto fue un intento de asesinato ayudado e instigado por la izquierda radical y los medios corporativos que llaman incesantemente a Trump una amenaza para la democracia, fascistas o algo peor”, escribió el también senador Tim Scott.

Esos mensajes reflejan esa polarización política que se ha convertido en caldo de cultivo de la violencia y a la que tanto ha contribuido el propio Trump. El expresidente considera “rehenes” a los condenados por el asalto violento al Capitolio del 6 de enero de 2021, fue el primer presidente que se resistió a la transferencia pacífica y ordenada del poder tras perder las elecciones y se burló de Paul Pelosi, el marido de la expresidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi, que sufrió un ataque en su propia casa con motivación política que le dejó heridas mucho más graves que las sufridas por Trump.

El mitin era el último que daba el expresidente antes de la convención republicana que se reúne desde este lunes en Milwaukee (Wisconsin) para certificar su candidatura a la presidencia por parte del Partido Republicano. Se espera aún que Trump anuncie quién será su candidato a vicepresidente, pues ha apurado el plazo hasta el límite. Ninguno de los favoritos a la nominación (los senadores J. D. Vance y Marco Rubio y el gobernador Doug Burgum) estaba este sábado en el acto.

El impacto que pueda tener el ataque a Trump en la campaña presidencial es incierto, aunque de inmediato las opciones de victoria del expresidente subieron con fuerza en los mercados de predicción. La popularidad de Ronald Reagan se disparó tras sufrir el atentado de 1981 y los analistas creen que eso facilitó su reelección. Ahora es Trump el que se ha convertido en la última víctima de la violencia política en un país en que cuatro presidentes han sido asesinados en sus casi 250 años de historia.

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