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“Yo en la montaña pasé lo peor de mi vida, pero también lo mejor”

Autor: Puntal

Daniel Fernández nació en 1946. Es ingeniero agrónomo, se casó con Amalia, su novia de entonces, con quien tuvo tres hijos. Fue docente universitario durante ocho años y director de distintas áreas de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República en Uruguay. Vive en un apartamento amplio pero sin ninguna ostentación, próximo al centro de Montevideo. Es un hombre calmo que, a pesar de aparentar una personalidad distante, esconde un carácter muy afable. Uno de los recuerdos que más le emocionan fue lo que sucedió con su amigo íntimo y compañero de estudios en la Facultad de Agronomía, Miguel Shaw, hermano de Daniel, que murió en el accidente. Pocos días antes, los dos compañeros habían preparado un trabajo para la Facultad. Para Miguel, Daniel Fernández había caído en los Andes, por lo que tuvo que terminar el trabajo solo. Pero cuando lo finalizó, el 10 de diciembre, lo pasó a máquina y lo firmó: “Daniel Fernández y Miguel Shaw”. Cuando lo entregó a la cátedra, el profesor le preguntó por qué ponía el nombre de un muerto, Daniel Fernández. Miguel lo miró a los ojos y le respondió: “Él no está vivo, pero tampoco está muerto”.

Así se cierra el capítulo dedicado a Daniel Fernández Strauch del libro de Pablo Vierci “La Sociedad de la Nieve”, que en su página 81 cuenta parte de su vida. Se están cumpliendo 49 años de una historia tan fascinante como perturbadora que tiene ribetes y matices de todo tipo.

Es difícil encontrarle un comienzo. Que el Fairchild FN-227 de la Fuerza Aérea Uruguaya que partió de Mendoza la mañana del viernes 13 de octubre de 1972 y que tras un error humano terminó impactando en uno de los tramos más altos de la cordillera de los Andes es harto conocido.

Para el aniversario 50, en 2022, se está rodando una nueva película que se llamará “La Sociedad de la Nieve”, tomando el nombre del libro escrito por Pablo Vierci. Para el aniversario 50, en 2022, se está rodando una nueva película que se llamará “La Sociedad de la Nieve”, tomando el nombre del libro escrito por Pablo Vierci.

Que de los 45 pasajeros, sólo quedaron 29 luego del impacto y que ellos tuvieron que vivir en las condiciones más extremas para el cuerpo y la mente humana durante 72 días, además del alud que por completo los tapó y los tuvo sepultados en el fuselaje, donde perdieron ocho compañeros más. Que además se vieron obligados a “enfrentarse al horror de alimentarse con la carne de sus compañeros muertos, en un acto desesperado por conservar la vida”, como dice la contratapa del libro de Pierce Paul Read, “Viven, el triunfo del espíritu humano”.

Esos detalles se conocen y no hace falta agregarles una coma más. Sí es aconsejable inmiscuirse en este mundo que cuenta con decenas de libros y documentales donde se muestra cómo trabajando en equipo, el uno para el otro, con amor y solidaridad, más allá de peleas y diferencias, se pudo lograr un objetivo que parecía imposible. Lean el libro “Viven” o “La Sociedad de la Nieve”, ahí todo está, y como dice Daniel Fernández Strauch, son la Biblia misma de la historia. Así nos lo cuenta en exclusiva para Puntal en el aniversario 49 de la historia de supervivencia más increíble de todos los tiempos.

-Son casi cincuenta años y pasaron volando, parece que hubiera sido ayer, los transito igual que cuando volví, no hubo ninguna diferencia en mi vida en nada. En la montaña, la zanahoria que tenía por delante era volver, volví y estaban esperándome, la vida siguió exactamente igual que antes. No hubo velorio en casa, hubo espera.

-¿Cómo fue dejar la Sociedad de la Nieve y volver al mundo común después de todo lo vivido?

-A mí me pasó algo muy raro: volví de la montaña y cumplí la etapa, era volver y estaba todo igual. Me casé y me puse a trabajar y me olvidé de los Andes, pensé que la historia no le interesaba a nadie; es más, en la mayoría de los lugares donde trabajaba, los que estaban conmigo conocían la historia y nunca nadie me preguntó nada y yo tampoco iba a contestar nada. Recién después de que se cumplieron los treinta años se organizó un viaje para jugar el partido que nunca se jugó y ahí fue donde me di cuenta de que la historia le interesaba a todo el mundo. En ese viaje, el Hotel Sheraton había puesto como condición para alojarnos que diéramos una conferencia de prensa. La hicimos y cuando salimos vimos que estaban las cámaras y señales de todo el mundo.

-Esa fue la muestra de que la llama de la historia seguía encendida.

-Justo habíamos levantado la página viven.com.uy, nos llegaron muchos mensajes y me empecé a dar cuenta de que a mucha gente le interesaba, entendí por qué me salvé, que tenía que contar la historia porque ayudaba a mucha gente.

-La Fundación Viven estuvo activa muchos años hasta el cierre, ¿puede volver a funcionar?

-La idea es reflotarla con las nuevas generaciones. Yo no pierdo las esperanzas de volver a abrir y que siga funcionando, es un legado que habíamos construido y quedó en suspenso. Creo que hay etapas en la vida de todos; si a mí a los treinta o cuarenta me decían de abrir una fundación hubiese pensado que estaban todos locos. Cuando la abrimos nosotros estábamos al borde de la jubilación, con la vida prácticamente hecha, y espero que las nuevas generaciones de nuestros hijos y nietos se tome su tiempo y sigan con esa experiencia.

-¿Lo buscan mucho para dar entrevistas y contar la historia o ya no tanto?

-Yo creo que igual que siempre, yo que soy medio reacio a los medios y capaz que menos. Cuando estuve en la Fundación tuve llamadas de todos lados y reuniones, pero ahora estoy más tranquilo.

-La vida después le puso dos cordilleras más y nunca perdió la fe, con la enfermedad de su mujer y el accidente de su hijo.

-Se puede no perder la esperanza, es clave, y no la perdí nunca. Yo tuve dos cordilleras después de la mía, el cáncer de mi mujer y la internación de mi hijo. Eran más difíciles que la que pasé, porque a esa la peleaba yo y en la otra jugaba de afuera. Por suerte se zafó en las dos.

-¿Sienten que en el Uruguay no se les da el reconocimiento que se da en otros países?

-En el Uruguay nosotros habíamos planteado hacer un homenaje a los que no volvieron, un monumento y lugar de meditación donde pudieran ir los familiares, y nunca nos dieron bolilla. Nos daban un lugar, lo cambiaban por otro, y nunca nos dieron nada. Pero en el fondo prefiero que sea como es, en el Uruguay todos saben que soy un sobreviviente y ando por la calle igual que todos. Ese tiempo de fama cuando volvimos fue horrible; uno ve la vida de Messi o Maradona, que salen a la calle y se les tira todo el mundo encima. A nosotros nos pasó algo similar, no a ese nivel, pero era más o menos lo mismo y es espantoso. Sentarte en un restaurante y no poder mirar para ningún lado porque se te venían encima, acá vivimos como seres comunes.

-¿Cuánta responsabilidad se les puede otorgar a los Estados chileno, argentino o uruguayo porque no los siguieron buscando luego de que pasaron diez días?

-Si tú te pones a pensar que se cae un avión en medio de la Cordillera y quien conoce sabe que es muy difícil la supervivencia, nunca se vio un avión en el chapista. Si se cae en la Cordillera y pasan diez días ya está, que se dé una situación como la nuestra es prácticamente imposible que pueda volver a suceder y sucedió. Evidentemente si hubieran seguido buscando no nos hubieran encontrado tampoco, porque en el lugar en que estábamos nos habían buscado, pasaron arriba nuestro y era imposible verlo, blanco en medio de la nieve.

Daniel Fernández es primo de Adolfo y Eduardo Strauch, también sobrevivientes. Juntos lideraron el grupo en la montaña. Daniel Fernández es primo de Adolfo y Eduardo Strauch, también sobrevivientes. Juntos lideraron el grupo en la montaña.

-Muchos han regresado al lugar del accidente y usted no. ¿Por qué?

-Nunca regresé, yo en la montaña pasé lo peor de mi vida, pero también lo mejor. El estado espiritual que encontré no lo tuve nunca más y quiero conservar ese recuerdo, sé que si vuelvo a la montaña ahora es como ir a un cementerio, ver la cruz con mis amigos muertos ahí. Quiero quedarme con el otro recuerdo y no volver más. Yo organicé la ida de todo el grupo en el año 95 con Roy Harley, y a él le dije dos días antes que no iba a ir, pero no lo comuniqué al resto porque iban a empezar a bajarse otros, ese fue el motivo. Me embroman siempre que tengo miedo y demás. Sí quiero que cuando me muera lleven mis cenizas a la montaña.

-Junto a sus primos (Eduardo y Adolfo Strauch) lideraron el grupo en la montaña; fuera de ella ¿cómo era esa relación?

-Éramos una familia muy unida y los primos nos juntábamos en la casa de mis abuelos todos los domingos. Mis padres tenían campo lejos de Montevideo y en algunos inviernos los pasaba en la casa de alguno de ellos, era más divertido que estar en lo de mis abuelos, siempre estuvimos juntos. Con Adolfo éramos compañeros de facultad además.

-A diferencia suya, Eduardo vuelve casi todos los años a la montaña.

-Eduardo es más espiritual, nosotros somos agrónomos y él es arquitecto. Pasa que se hizo muy amigo del montañista mexicano Carlos Peña y lo acompaña todos los años, yo si hubiera sido amigo de él tampoco lo hubiera acompañado.

-Luego de 72 días, ¿cómo fue la primera noche fuera del fuselaje?

-Para mí fue totalmente normal, yo escuchaba la radio esa noche que estaba en el hospital de San Fernando, y me llamaron de la radio el Espectador de Montevideo, me dijeron que querían hacerme una nota. Acepté pero con la condición de hablar con mi familia antes, de todas manera lo hicieron bastante rápido y como a las dos horas pude hablar con todos. El tema es que éramos tres primos y cuando apareció la noticia de Parrado y Canesa sabían que había 14 más pero la probabilidad de que los tres estuviéramos vivos eran muy bajas. Mis padres y mis tíos tiraron la moneda y viajó el papá de Eduardo, los demás tenían los pasajes, pero les dije que no viajaran, que yo volvía el 24, como lo había prometido en el avión.

-¿Sienten que el tema de la alimentación se trató con el respeto que merece?

-Creo que eso fue lo que levantó la historia, porque era el único tema del que se hablaba. Nosotros escribimos el libro “Viven” para terminar con la historia; dijimos ‘escribamos un libro’ y contamos todo, han pasado cincuenta años y sigo contándotela a ti ahora.

-Y ese libro fue con la historia muy caliente todavía.

-Mi cumpleaños es en febrero y yo en ese año 1973 lo festejé es un campo que teníamos cerca de Montevideo, y en las fotos de ese cumpleaños está Pierce Paul Read, el escritor del libro. Ya en febrero estaba haciendo las primeras entrevistas, a menos de dos meses de nuestra vuelta estaba hablando con nosotros. Lo que está en Viven es verdad y lo que no está hay que preguntar, para mí es la Biblia. Aunque creo que el mejor libro de todos sigue siendo “La Sociedad de la Nieve” de Pablo Vierci, es un “Viven” con sentimientos. En el año 73 nosotros contábamos hechos y después empezamos a hablar de valores y todas las cosas que nos fuimos dando cuenta. La historia es única y a todo el mundo le atrae, más afuera de Uruguay, hay que aceptarla y sacar lo bueno de esa historia.

-¿Cómo ha sido la relación con los familiares de las víctimas?

-Conmigo excelente, inclusive en la Fundación siempre tuvimos algún representante, estuvieron los Nicola, la hermana del Vasco Echavarren e inclusive un representante de la Fuerza Aérea. Eso surge de una idea de ellos, que nos invitan a un asado, hablamos de todo, reconocieron el error y lo que habían hecho. Hoy tenemos una muy buena relación, siempre nos tienen presentes.

-En estos casi 50 años, ¿cómo puede calificar el vínculo que une a los sobrevivientes?

-La relación nuestra es una relación rarísima, no hay una manera de definirlo, ni mi mujer, ni mis hijos entienden la relación que tenemos. Porque de repente nos decimos cualquier disparate o cosas que no le toleraría a nadie y entre nosotros no pasa nada, es así. Es una relación difícil de definir, no somos ni hermanos ni amigos, somos mucho más que las dos cosas juntas, no hay una palabra que lo defina.

-¿Por qué piensa que se dio de esa forma?

-Fue por la manera que tuvimos que vivir esos 72 días, ese estado espiritual que logramos, el ayudarnos el uno al otro, el saber que todos dependíamos de todo y que no había secretos, ahí descubrimos el verdadero hombre. Muchas veces en la sociedad común hay que usar una máscara para representarnos, allá no hacía falta, perdíamos muchísimo usándola y eso fue lo que hizo que nos metiéramos uno dentro del otro y que tuviésemos la relación que tenemos hoy. Siempre estamos pendientes de lo que le pasa al otro y sabemos que cuando alguno nos necesita estamos con él, nos seguimos juntando, vivimos todos muy cerca, menos Pedro Algorta, que vive en Buenos Aires pero viene mucho a Uruguay.

-Para el aniversario 50 se viene una nueva película (dirigida por el español J.A. Bayona) ¿qué le parece?

-Es algo que nosotros queríamos, que se hiciera una película en serio. Disney hizo una historia que no deja nada (película del año 1993). Cuando firmamos el contrato con el libro, cedimos los derechos, entre ellos los de cine; cuando Disney los compra, había sólo una cláusula que decía que tenían que darnos el guión para que lo viéramos. Estuvimos reunidos una semana discutiendo ese guión y cuando lo mandamos nos enteramos de que hacía una semana ya había empezado el rodaje.

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