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Carta del obispo de Ciudad Real: Tiempo de Adviento

Autor: Gerardo Melgar Viciosa

Comenzamos este domingo 27 de noviembre el tiempo litúrgico del Adviento.

El tiempo litúrgico del Adviento es el tiempo de la espera de la acción divina y del gesto de Dios que viene a nosotros. Es un tiempo para hacer memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal; de preparación para acoger en nuestro corazón y en nuestra vida a Cristo que quiere nacer en todos y cada uno y pide de nosotros acogida desde la fe y el amor a Él; es también tiempo de preparar la última y definitiva venida de Cristo.

Nuestra espera en el Adviento no es la espera de los hombres y mujeres de la Antigua Alianza que no habían recibido aún al Salvador. Nosotros ya hemos conocido su venida hace dos mil veintidós años en Belén; ahora, viendo en nuestra vida su mensaje de salvación, preparamos llenos de esperanza la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y juez universal.

El Adviento es el tiempo litúrgico de hacer memoria, de esperanza y de conversión. De hacer memoria de la primera venida en carne mortal; de esperanza porque esperamos que Cristo nazca y se encarne en cada uno de nosotros y porque esperamos su última venida al final de los tiempos; de conversión porque para recibirle ahora en nosotros y para esperar y preparar su última venida, hemos de transformar nuestra vida.

El tiempo de adviento es un tiempo propicio para mirarnos por dentro y ver si nuestro estilo de vivir está preparando la venida de Cristo a nuestro corazón, si la apertura de nuestra vida al Salvador es algo que nos preocupa y nos pone en un camino de vivencia de sus valores más importantes o, por el contrario, nuestra vida está anclada en las llamadas de la sociedad a luchar por tener más, gozar cuanto podamos y no esperar más ni poner esfuerzo para hacer un hueco importante en nuestro corazón a Cristo que viene a nosotros.

Cristo, que ya vino hace veintiún siglos en carne mortal quiere encarnarse y nacer en el corazón del hombre actual; un hombre cerrado tantas veces en la mundanidad y en el aquí y el ahora como lo más importante, sin pararse a pensar que un día ha de presentarse ante este mismo Señor, que vendrá como juez y nos preguntará sobre la importancia que le hemos dado a Él en nuestra vida.

El Señor nos pide apertura de corazón, llama cada día a las puertas de nuestro corazón para que le abramos y lo hace de manera especial en este tiempo de Adviento, para que le dejemos entrar en nuestra vida, le permitamos encarnarse en nosotros hoy, para que pueda ofrecernos su salvación, transformarnos y ayudarnos a valorar la fe en Él, la importancia de su seguimiento por nuestra parte como el único camino que nos va a llenar plenamente y nos ayudará a encontrar la verdadera felicidad.

El mismo Cristo que apareció en la tierra hecho carne humana, que quiere nacer en nuestro corazón y en nuestra vida; quiere hacerlo en cada corazón y en cada vida de cada ser humano actual. Quiere servirse de nosotros, los que ya le conocemos, que aunque con fallos, le hemos permitido que nazca en nuestra vida, para que lo señalemos como Juan el Bautista, lo mostremos a los demás que, ofuscados por lo material y el hedonismo de la vida, no han sabido descubrirlo ni han permitido que nazca en ellos.

Cristo quiere que todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo puedan descubrir a través de nuestro testimonio de vida que Él quiere hacerse presente en la vida de todos, que él los ama a todos y se interesa por su vida y pide que le abran un poco su corazón, que le dejen entrar y encarnarse en ellos, para que pueda comunicarles la plena salvación de Dios, como lo ha hecho con nosotros.

Seamos verdaderos testigos de la presencia de Dios en nuestra vida, para que preparemos personalmente el encuentro con Él, cuando vuelva en gloria, en su segunda venida. Animemos a otros a abrir su vida y su persona para acogerle y permitir que Él nos demuestre lo mucho que nos quiere y las grandes maravillas que quiere realizar en nosotros.

¡Feliz Adviento para todos!

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo de Ciudad Real

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