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Quieren jugar a videojuegos multijugador, pero algunos no tienen ni idea de cómo hacerlo. Y todo es culpa de una horrible falta de empatía

Autor: vidaextra

Llevo algo más de dos décadas jugando a videojuegos y una buena parte de todo ese tiempo ha sido compartiendo salas con otros jugadores. Llevamos tanto haciéndolo que lo hemos trivializado a unos niveles de dejadez absurdos, algo que provoca que se sigan repitiendo y maximizando todos los errores que se han cometido desde que podemos jugar con más personas.

En un mundo ideal, todos deberíamos entrar en los videojuegos de la mano de un mentor (familiar o amigo), un guía y consejero. La realidad es muy diferente. Si bien hay personas que tienen la suerte de contar con uno, la mayoría lo hemos hecho como auténticos enajenados: de cabeza y sin manos. Y no digo que esté mal en algunos casos, pero ahora más que nunca es evidente que es un problema.

Algunos quieren jugar a videojuegos multijugador, pero parecen no estar preparados

Las partidas multijugador no se diferencian demasiado de cualquier otro evento social, ya sea digital o presencial. Es necesario tener nociones de lo que estamos haciendo (reglas, mecánicas, etc.) y cierto nivel de educación, lo que implica un desarrollo de capacidades como la comunicación, el saber estar y la empatía. En otras palabras: ser una persona y no una bestia.

Aunque suene evidente, la realidad es que hay mucha gente que no cumple con los mínimos. Tanto es así que premiamos con dinero y repercusión a creadores de contenido que están lejos de dar el mínimo. Ojo, no digo que debamos ser paladines de luz o caballeros de la Mesa Redonda durante cada segundo de nuestra existencia. Todos podemos tener días malos y pagarlo con quien no debemos.

¿Y a qué viene esta chapa de cuatro párrafos sobre ética? Porque es un tema tan trivializado y aceptado que incluso es moda, así que quiero refrescarlo un poco con la esperanza de que algunas personas le den un par de vueltas antes de ponerse frente a la pantalla de nuevo. Aunque la verdadera razón es que es una contextualización perfecta para mis últimas aventuras.

Juegan a videojuegos, pero no saben apreciarlos

Todo comenzó en Remnant 2. Tras completar el DLC The Awakened King y contaros qué tal está, me propuse continuar la cadena de favores del cooperativo: ayudar a jugadores como otros hicieron conmigo. Además, me vino estupendo porque conseguí varios objetos y armas a las que no pude acceder en mi partida. ¡Todo chachi!

No fue complicado encontrar a otros jugadores en The Awakened King, más teniendo en cuenta que el DLC estaba recién lanzado, aunque suele costarme encontrar a personas que jueguen de forma calmada y explorando todas las ubicaciones. Por regla general, suelo expulsar de mi partida a todos los jugadores que me dejan atrás para avanzar por mi mapa, así que predico con el ejemplo cuando visito otros mundos.

Precisamente este es uno de los puntos que atañen a la introducción: hay que tener muy poca empatía para entrar en el mundo de alguien y avanzar como un loco, matando todo lo matable y recogiendo todos los objetos sin dar la oportunidad de descubrir nada. Literalmente se cargan la experiencia del anfitrión por no ser capaces de asumir su rol en la partida: acompañante, apoyo y guía en caso de que se requiera. Y el “pues no juegues online” no justifica esta falta de empatía.

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Suelo tener el mismo problema en Destiny 2. El martes pasado se lanzó la nueva Temporada de los Deseos. Las misiones de temporada mezclan misiones de historia en solitario con asaltos y aventuras de temporada en cooperativo. ¿Cómo es posible que el primer día haya personas corriendo por las mazmorras sin esperar a los compañeros y saltándose todos los enemigos que no estamos obligados a matar para acabar cuanto antes?

Resulta imposible recorrer los escenarios con calma, explorar todas las estancias y apreciar los paisajes con esta clase de personas. Entiendo a quienes lo hacen a final de temporada en Destiny 2 o cuando llevemos un año pateando los mundos de Remnant 2… ¡Pero en ambos casos era contenido recién lanzado!

Una nueva amiga en Remnant II

Después de algunas decepciones y un par de errores al unirme en Remnant 2, acabé en el mundo de una caminante que estaba empezando el DLC The Awakened King. Sentí alivio al ver que exploraba cada rincón, atendía a mis señales cuando pasaba por alto algo (objetos, caminos…) y se giraba de vez en cuando para comprobar que estaba con ella mientras luchaba y exploraba.

Varios jugadores fueron entrando y saliendo de la partida a medida que alcanzábamos ciertos puntos y derrotábamos a jefes concretos. Mi primer gran enfado (e imagino que también ella) llegó cuando un jugador nos dejó atrás e interactuó con un NPC que no le correspondía. Resulta que había un bug que congelaba tanto al jugador como al personaje cuando se hacía por segunda vez. Mi nueva compañera caminante no pudo completar ese puzle por culpa de un ansias.

Decidí enviarle petición de amistad y el siguiente mensaje (en inglés) tras aceptarla: “NPC bug. Tienes que cerrar y abrir el juego”. A lo que respondió: “Ok, ya me lo imaginaba. Voy a probar”. Esperé un minuto y volví a unirme de forma manual. El NPC seguía roto, así que decidimos avanzar por el camino principal.

Volvimos a tener el mismo problema más adelante. Otro jugador, que además jugaba sin tener en cuenta que hay fuego amigo, trató de adelantarse para conseguir rápidamente un arma escondida en un Faro e hizo que nos saltásemos una llave necesaria para abrir una puerta en la zona superior del mismo. Abandonó la partida en cuando la tuvo lo que quería.

Volvimos a intercambiar mensajes: “Creo que he perdido alguna llave. No puedo abrir la puerta de la torre [Faro] en el que estuvimos antes”, escribió ella. “Sí, necesitas la llave. Creo que puedes conseguirla en una nueva aventura [Reseteando el mundo] o en el mundo de otro jugador”, le dije.

Continué acompañándola y ayudándola siempre que lo necesitaba, tratando de priorizar que ella sobreviviese y que pudiese luchar todas las batallas contra sus jefes. Siempre procuré que ella tuviese la última bala. No era cuestión de que la considerase mejor o peor jugadora (jugaba muy bien), sino porque quería que pelease cada zona como yo lo hice.

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Otro jugador se unió un rato antes de enfrentar a uno de los jefes principales de la expansión. Si bien tendía a dejarnos atrás más de la cuenta, tenía la consideración de dejar que la anfitriona fuese la que recogiese los objetos importantes y entrase primero a los encuentros con jefes secundarios. Y si ella moría, ambos no suicidábamos para poder avanzar con ella. Aunque falló en un momento decisivo…

¡No dejamos a nadie atrás!

Llegamos a un jefe final. Ella entró primero, yo a su derecha y el otro jugador a su izquierda. Tuvimos la maldita suerte de que el jefe estaba cargando la animación del ataque de agarre en cuanto acabó la cinemática, así que nuestra anfitriona no tuvo tiempo de reaccionar antes de acabar empalada por una lanza (literalmente). Fue muerte instantánea.

Mi reacción fue igual de rápida: descargué varios cargadores sobre el jefe para tener su atención y dejé que me destrozase a golpes hasta morir. El otro jugador no tuvo tanta consideración y continuó luchando contra el jefe. Desconozco cómo estaba reaccionando nuestra compañera, pero os puedo asegurar que me pasé un par de minutos increpando a la pantalla. Estaba muteado.

Tras varios minutos y un cuarto de vida, la pantalla se puso en negro y saltó el mensaje de expulsión de la partida. Eché un vistazo a mi lista de amigos y mi compañera ya no estaba conectada. Sencillamente se fue, ya fuese porque tenía cosas que hacer o porque se cansó de que otro jugador estuviese jugando su partida por ella.

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Le envié un último mensaje: “En el último jefe, me dejé matar para que pudieses jugar, ni siquiera tuviste tiempo de aparecer. Ha sido un placer jugar contigo. Si alguna vez necesitas ayuda, cuenta con mi arma”. A lo que ella respondió: “Ok, […] aún no he terminado el DLC y no tengo idea de dónde ir y qué hacer. Quizás lo hayas notado. Muchas gracias por tu ayuda, me lo he pasado muy bien. Espero que podamos volver a unir nuestras armas/arcos pronto”.

A pesar de las malas experiencias con otros jugadores, puedo decir que ese día añadí una nueva compañera de aventuras a mi lista de amigos. Según pude ver tras un vistazo rápido a su perfil, compartimos Remnant 2 y Elden Ring (su obsesión por romper todo con volteretas la delató), así que seguro que volvemos a compartir campo de batalla en un futuro.

Comportarse como una persona y no como una bestia ayuda mucho a la hora de hacer amigos, y ya no hablemos de que otras personas disfruten jugando a nuestro lado. Solo hay que tener un poco de empatía y jugar en equipo. Al fin y al cabo, de eso van los juegos multijugador, ¿no?

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